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21 mars 2026

El 24 de marzo a los 50 años de la infamia :
DEL NEGACIONISMO AL RECHAZO DE LA VERDAD

 

Este 24 de marzo se cumplen 50 años del inicio del terrorismo de Estado. El aniversario nos encuentra en un escenario imprevisto tras décadas de consolidar el ’Nunca Más’. Durante años, el término « negacionismo » fue suficiente para describir a quienes intentaban limar los bordes de la tragedia. Sin embargo, el dispositivo retórico de la ultraderecha gobernante ha mutado. Ya no se trata de negar que existieron los centros clandestinos de detención, los vuelos de la muerte, el plan sistemático o los 30 000 ; se trata hoy de una apuesta mucho más peligrosa : demoler el consenso democrático de 1983, rechazar la verdad histórica y refundar una nación sobre la « tabula rasa ».

Para desarmar esta ofensiva, no basta con el análisis político tradicional ; es necesario hurgar en la estructura que hoy intenta imponerse. La metapsicología freudiana nos ofrece una llave para entender que no todos los "olvidos" son iguales. Existen, a grandes rasgos, tres formas de tramitar aquello que nos resulta intolerable :

  • La Represión (Verdrängung) : La verdad del horror se « olvida » en el inconsciente, pero sigue allí, pulsando, retornando en forma de síntomas, de juicios y de una memoria que no se calla.
  • La Negación (Verneinung) : Se enuncia el hecho solo para cancelarlo. Es una barrera defensiva que todavía reconoce los hechos y hay algo en disputa. Es por ejemplo, « no fueron 30 000 ».
  • El Rechazo o Forclusión (Verwerfung) : Es el salto cualitativo hacia la « tabula rasa ». Aquí no hay represión ni duda : hay una expulsión radical de la Ley del sistema.

Es en esta tercera modalidad donde se sitúa la ultraderecha gobernante. No niegan la dictadura, sino que rechazan el pacto simbólico que atravesó nuestra democracia desde 1983. Al forcluir el paradigma de los derechos humanos y laborales, el pasado deja de ser una deuda para convertirse en una inexistencia.

La democracia argentina no nació solo de las urnas, sino de un pacto civilizatorio : el rechazo absoluto a la violencia estatal como herramienta política. Ese consenso es el que hoy se pretende quebrar. Cuando el presidente habla de hacer « tabula rasa », no propone un perdón cristiano ni una reconciliación social, sino la eliminación del pasado como referencia política, legal y moral para el presente.

La tabula rasa es la herramienta para que el mercado —y una visión monárquica de la libertad— ocupe el lugar que antes ocupaban los Derechos Humanos como reserva ética de la nación. El desmantelamiento de sitios de memoria es un ejemplo de borramiento simbólico. El objetivo final es la deslegitimación de los organismos de Derechos Humanos para instaurar un nuevo orden donde la fuerza, y no la ley, sea el ordenador social. En este 50° aniversario, la disputa ya no es solo por lo que ocurrió en las sombras de la dictadura, sino por los cimientos de la democracia misma.

La « Tabula Rasa » como forclusión democrática

El rechazo de la verdad democrática implica una operación de reescritura de la historia, de los hechos y de una identidad argentina reconocida mundialmente por su lucha por Memoria, Verdad y Justicia.

Cuando el discurso oficial propone una « tabula rasa », está ejecutando una maniobra de forclusión simbólica. El pacto democrático de 1983, cimentado en el juicio y castigo a los militares, funcionó durante décadas como la « Ley del Padre » para la sociedad argentina : una norma que ponía límites a la violencia estatal y ordenaba nuestra convivencia.

Al quebrar el consenso de las últimas cinco décadas, la ultraderecha rompe el espejo donde nos reconocíamos como comunidad. Su tabula rasa es la alucinación de un país sin historia, un vacío donde el poder pretende reescribir la realidad a su antojo. Al clausurar la memoria, el gobierno nos arroja a una Argentina desconectada de su propia biografía traumática : el rechazo de la verdad histórica no es una distracción, es la condición de posibilidad para la crueldad presente.

Como bien enseñaron Freud y Lacan, lo que se rechaza en lo simbólico, retorna en lo Real. Si se rechaza la verdad histórica del Nunca Más, retorna el horror, la violencia, el capricho del Otro y una voluntad de poder sin límites que actúa directamente sobre el cuerpo del sujeto.

Bajo la lógica del rechazo a los consensos democráticos, acciones como el intento de magnicidio, la condena y la proscripción de Cristina Fernández revelan una voluntad de supresión. Se busca, en última instancia, invalidar su existencia política y expulsarla del registro de lo representable. Al forcluir el pacto democrático —que garantizaba la política como el terreno de la palabra y no de la eliminación del adversario—, el cuerpo del otro queda reducido a nuda vida. En este contexto, la advertencia de la expresidenta cobra una vigencia escalofriante : ’No vienen por mí, vienen por todos’. Con la clausura del consenso del ’Nunca Más’, la ultraderecha no solo intenta limpiar el pasado de los culpables del terrorismo de Estado de 1976, sino vaciar de legalidad el presente de sus adversarios. ¡Viva la libertad, carajo !

La encrucijada es de hierro : o logramos reinscribir la memoria como el límite infranqueable de la civilización, o aceptamos vivir en una intemperie donde la falta de Ley simbólica terminará por despojar de derecho y resguardo, una vez más, la vida de casi todos.

Nora Merlin* para Página 12

Página 12*. Buenos Aires, 19 de marzo de 2026

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