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16 juillet 2026

Alejandro Horowicz :
« NECESITAMOS UNA NUEVA INVENCION POPULAR »

par Alejandro Horowicz

 

El ensayista analiza la coyuntura argentina [1] en perspectiva histórica y la relación entre la caída de la calidad educativa, la degradación del sistema político y la llegada de Milei a la presidencia. El 17 de Octubre en clave contemporánea y la necesidad de una nueva invención popular, a 50 años del golpe de Estado de 1976 en Argentina.

« Esto marcha hacia una catástrofe obvia y anunciada. El resultado (del gobierno) es solamente desconocido por quienes resuelven desconocerlo. Para el resto es obvio. Cuando esto empieza a ser crecientemente evidente, incluso para el núcleo duro de quienes lo votaron, comenzamos a ver que, en las encuestas de opinión, las imagenes positiva empieza a caer rápidamente. Ahora bien, esa caída de la imagen positiva no se traduce en un aumento de la imagen positiva de casi nadie ».

El que habla es Alejandro Horowicz. Docente universitario y autor, entre otros, de Los cuatro peronismos (1985) ; El país que estalló (2005) ; Las dictaduras argentinas (2013) ; El kirchnerismo desarmado : la larga agonía del cuarto peronismo (2023), Lenin y Trotsky. Los dragones de Marx (2024) ; y editor y compilador de Plaza Tomada. ¿Qué tiene para decirnos hoy el mítico 17 de Octubre ? (Editorial Marea, 2025), Horowicz explica cómo se vinculan con el presente momentos que han sido una bisagra en la historia. « El estallido de 2001 demuestra la inviabilidad del modelo establecido », sostiene al examinar el periodo previo a la crisis y sus consecuencias. « Este es el desierto que hemos sabido construir, y de este desierto solo se sale de abajo para arriba. Tenemos una sociedad desarmada y despolitizada. Necesitamos una nueva invención popular », reflexiona en diálogo con Página/12.

¿Qué lectura hace de la Argentina de hoy ?

 El gobierno de Milei tiene una lógica manifiesta que ya era clara cuando era candidato. Lo que en un candidato podía festejarse, en un presidente empieza a sufrirse. Y cuando se vuelve evidente que el camino elegido conduce exactamente al lugar al que era obvio que iba a conducir, empieza a aparecer el fenómeno de la desesperanza entre quienes creyeron en ese camino y en ese presidente. Milei reúne a los peores elementos de la casta. Su gobierno marcha hacia una catástrofe obvia y anunciada. No hay ninguna sorpresa en el comportamiento de alguien que siempre tuvo el mismo comportamiento. Hay una obviedad en cualquier análisis histórico-político : nada de lo que sucede puede separarse de lo que sucedió. Sin embargo, esta obviedad no es asumida políticamente por nadie.

¿Qué quiere decir con eso ?

 Milei es la puesta en valor de toda la casta. Cuando uno dice lo que vale Milei, lo que está diciendo es que la casta vale menos que eso. ¿Cómo explicar, si no, que alguien sin trayectoria política, que hasta hace pocos años era un oscuro panelista, haya derrotado a las fuerzas que gobernaron la Argentina durante décadas ? Y no hablo solo de las limitaciones léxicas de un discurso que difícilmente supere las quinientas palabras articuladas, sino de una manifiesta incapacidad para comprender los problemas de la política internacional. Esa es, precisamente, la dimensión del problema.

¿Por qué pone el foco en la esfera internacional ?

 La proximidad de un presidente argentino con Israel resulta llamativa, más allá del gobierno israelí de turno. Esa no es la cuestión. Israel tiene importancia en Medio Oriente, pero la Argentina no juega allí el eje de su política exterior. Eso no significa que no deba mantener relaciones con los países de esa región, sino que, difícilmente, Medio Oriente forme parte de las cinco prioridades de una cancillería con un programa de política exterior.

¿Qué indica el gobierno con ello ?

 Que no tiene ningún programa. Cuando alguien disputa en esa cancha, queda claro en qué canchas no disputa. Ese es el primer punto. Y es un punto del que la política argentina no se termina de anoticiar. Una sociedad que hace cinco décadas no discute absolutamente nada hace mucho tiempo que no vale gran cosa.

¿En qué momento la sociedad dejó de discutir y por qué ?

 Cuando se observan los debates de la sociedad argentina desde 1976 en adelante, uno advierte que pueden dividirse en dos términos. El primero : la idea de que la dictadura burguesa y terrorista iba a resolver las cuestiones del desorden de la sociedad argentina. Eso no lo pensaban cuatro gatos locos : lo pensaba la mayoría de la sociedad argentina y el conjunto de los partidos parlamentarios. Conviene recordar cuando, en 1977, 1978, 1979, los dirigentes de esas fuerzas políticas explicaban que no querían que los militares fracasaran. Pues bien, cuando alguien quiere que una política semejante no fracase, está diciendo qué política respalda. La continuidad del peronismo y del radicalismo desde 1975 en adelante es absolutamente clara, y se ve en los candidatos de 1983.

¿Qué políticas marcan esa continuidad ?

 Luder es el hombre que firmó, en octubre de 1975, el decreto por el cual había que exterminar a la subversión. Lo hizo como presidente provisional del Senado, a cargo del Poder Ejecutivo. En 1983, en su condición de profesor de Derecho Constitucional, nos explicó que, como los militares habían pergeñado una ley -que, por cierto, el Congreso podía derogar-, desde el punto de vista del derecho, habiendo dos leyes en conflicto, la que corresponde aplicar es la que beneficia al reo. Nos informó en 1983 que iba a ser la impunidad absoluta. De modo que, cuando uno mira el comportamiento del peronismo hasta el estallido de 2001, ve claramente una línea que no es una opinión de un candidato, es una política en ejercicio. Cuando uno mira a Alfonsín, ve exactamente lo mismo.

¿A qué se refiere, puntualmente ?

 Alfonsín explicó que había que distinguir entre los que impartieron las órdenes, los que las cumplieron y los que se excedieron. ¿Cómo alguien se excede en una orden de destrucción ad nihilum ? Voy a dejarlo a cargo de la imaginación de cada uno. Esta diferenciación requiere que la orden sea legal. Si la orden no es legal, la responsabilidad de cada uno de los que ejecuta una orden ilegal -y, obviamente, inconstitucional, por no decir anticonstitucional-, es completa. Cualquiera que lea el Artículo 67 de la Constitución Nacional ve que no es atribución del Poder Ejecutivo intervenir militarmente una provincia, y que es una atribución específica del Congreso. Ahora bien, el Congreso funcionaba cuando funcionaba la escuelita de Famaillá, y una delegación parlamentaria la visitó y dijo que era magnífica la tarea que estaban realizando. De modo que la continuidad resulta evidente. El estallido de 2001 no deja dudas.

¿Qué reveló ese momento bisagra de 2001 ?

 El estallido de 2001 demuestra la inviabilidad del modelo establecido. Ahora bien, ese estallido estuvo precedido por dos hiperinflaciones y, entre 1975 y 1991, por un período en el que la inflación nunca fue inferior al 100% anual durante dieciséis años consecutivos. Esto nos lleva a un primer punto, de carácter contable. Cualquier empresa que deba elaborar un balance sabe que, si acumula más de un 100% de inflación en tres años, se encuentra en un proceso hiperinflacionario. En la Argentina, ese nivel de inflación se registraba en apenas un año. Lo que estamos diciendo, entonces, es que durante dieciséis años el experimento económico consistió en una hiperinflación permanente, con una clara intencionalidad.

¿Cuál ?

 Una hiperinflación sirve para reasignar la distribución del ingreso. Si uno observa la participación de los asalariados en el ingreso nacional entre mediados de la década de 1940 y el Rodrigazo de 1975, durante aproximadamente treinta años representó entre el 42% y el 48% del producto. A partir de entonces, el producto per cápita dejó de crecer y comenzó a disminuir, mientras que la participación de los asalariados se redujo prácticamente a la mitad. Esa es la operación que inaugura el Rodrigazo y que José Alfredo Martínez de Hoz, terror mediante, consolida hasta 1991. Por eso sostengo que la continuidad es una evidencia manifiesta, no una cuestión sujeta a debate ideológico. La política argentina no ha hecho más que reproducir, y amplificar, esa misma crisis.

Sostiene que « la caída de la calidad educativa va de la mano con la degradación del debate político » y que esa degradación en buena medida explica la llegada de Milei a la presidencia.

 Cuando uno observa las condiciones con las que un chico sale de la primaria o la secundaria, se queda aterrado. Y entonces entiende por qué Milei tiene en esa masa de jóvenes una de sus principales bases de sustentación. En su mayoría, sus votantes son jóvenes y adultos jóvenes formados en un sistema educativo deteriorado desde hace décadas. Lo que tenemos a la vista es la destrucción del proceso educativo. Y sin una educación crítica no puede haber debate democrático. Esta situación no comenzó la semana pasada.

¿Cuándo empezó ?

 La reforma educativa de Menem marca el punto donde la catástrofe ya no tiene vuelta atrás. Pero digamos que cuando Alfonsín intenta hacer un congreso pedagógico y la Iglesia Católica vence en el congreso pedagógico, no nos está diciendo poco sobre el debate de la calidad educativa. La Iglesia Católica se ha opuesto sistemáticamente a la educación de las mujeres. Hay 250 capellanes militares cómplices de todo el proceso. ¿A Von Wernich lo expulsaron de la Iglesia ? No. Esto es una política sistemática. Dicho con enorme sencillez, aquí lo que queda en pie es muy poquito y hay que ser casi un arqueólogo del conocimiento para ver qué sobrevive.

Si, como dice, queda muy poco en pie, ¿desde dónde puede reconstruirse la política ?

 Cuando uno mira el 2001, uno ve un estallido sistémico, no la resistencia popular. Esto no quiere decir que no exista resistencia popular, pero no es una resistencia política. Para que una resistencia sea política, tiene que saber que las palabras no se defienden solo con palabras. Y cuando detrás de las palabras solo hay otro montoncito de palabras, tenemos un abogado liberal con el código en la mano. Aquí, en serio, habla muy poca gente ; la mayor parte blablea. Y, a la hora de la verdad, ¿cómo nos damos cuenta de que blablean ? En que son intercambiables. Vemos una profundización de la decadencia política ; vemos que, crecientemente, un sector mayoritario de la sociedad no solo descree de las posibilidades de la política, sino que la primera mayoría de la sociedad no vota.

¿Entonces ?

 Si esperamos que de este orden político salga un candidato, estamos entendiendo mal el problema. El secreto es que este orden político produce estos candidatos. Nunca digo que son iguales ; digo que son intercambiables, que no es lo mismo. Intercambiables es una función ; igualdad es una consistencia interna. Yo no tengo ninguna duda de que Kicillof no es Scioli. Y esto la sociedad argentina lo sabe perfectamente. El tema es cuando uno mira las propuestas y ve que solo se diferencian en cómo ganar las elecciones. Cuando alguien dice que va a frenar a Milei en el Congreso, uno se tiene que preguntar si lo están tomando por un idiota genéticamente perfecto, porque cuando Milei tenía una minoría de la minoría parlamentaria, ¿qué fue lo que le impidió ese Congreso ? Nada. Entonces está muy claro que la estructura electoral no corrige nada ; simplemente premia a quienes son integrantes conspicuos de la casta. ¿Y cuál es el concepto que organiza todo esto desde el 76 hasta acá ? El Botín de guerra.

¿A qué se refiere con « el botín de guerra » ?

 Cuando llegaba una patota a tu casa en el 76, en la puerta podía aparecer un camión de mudanza y se llevaban todo. Era público que todo eso se vendía. Sin embargo, en los juicios contra los responsables militares, este tema no fue parte de las causas : nadie tuvo que devolver una moneda. Cuando uno mira el patrimonio que declaran nuestros representantes, llega a una comprobación muy sencilla : o llegaron ahí dejando de ser pobres gracias al botín de guerra, o gracias al botín de guerra llegaron ahí. El botín de guerra es un trofeo que se exhibe. La descomposición personal no es un fenómeno de Adorni. No tengo la más mínima duda de que Adorni no puede explicar nada. Esto no es un caso ; es un patrón.

Su último libro, 𝘗𝘭𝘢𝘻𝘢 𝘵𝘰𝘮𝘢𝘥𝘢. Qué tiene para decirnos hoy el mítico 17 de octubre, reúne una serie de intervenciones que interrogan los episodios del 45 para traerlo al presente y volverlo campo de análisis. ¿Cómo abordar el texto en clave contemporánea ?

 Sabemos que los desiertos son una construcción. Miremos la Campaña del Desierto : no había ningún desierto. Simplemente nos estaban informando qué iba a pasar cuando terminara la Campaña. ¿Qué es lo que está pasando aquí ? Este es el desierto que hemos sabido construir, y de este desierto solo se sale de abajo para arriba. Necesitamos una nueva invención popular. El peronismo fue una invención popular. El 17 de octubre no lo inventa Perón ; el 17 de octubre inventa a Perón. Mientras la sociedad argentina siga buscando un salvador, lo único que va a encontrar es una catástrofe. Tenemos una sociedad desarmada y despolitizada. Lo que tenemos hoy es un orden político en el que una mayoría de la sociedad obedece a rajatabla.

¿Qué revelan aquellos episodios sobre la capacidad ciudadana para empujar cambios políticos ?

 Como eso está documentado, es interesantísimo. Plaza tomada incluye las actas del Comité Central Confederal del 16 de octubre de 1945. ¿Qué nos permiten mirar esas actas ? Una discusión política. Podemos ver entre los dirigentes obreros de ese momento una comprensión de qué está sucediendo. Sin embargo, es muy interesante que esa discusión se libra el 16 de octubre, es decir, los que discuten no deciden. El movimiento ya está en marcha y decidió solo, no esperó que el Comité Central Confederal determinara qué había que hacer. Le impuso al Comité Central sus propios términos. Más plebeyo no puede ser. El 17 de octubre es el día del estallido final. El asunto empezó el 14, el 13, depende en dónde. En Berisso empezaron a moverse bastante antes, y esto fue construyendo un fenómeno de contagio político, que era por abajo. Confiaban en sus propias posibilidades, en su aptitud directa, en su capacidad de transformación política. Inventaron otra cosa. Esa otra cosa que inventaron modificó el orden político, e hizo que entre 1946 y 1975 en la Argentina la cosa fuera bastante distinta, que a nosotros no nos satisfizo cómo era, sin duda.

Previamente se refirió al deterioro educativo. ¿Qué relación encuentra entre esa crisis y la dificultad para formar cuadros políticos ?

 Sin duda, hay relación. Un liberal cree que un cuadro político es alguien que tiene una biblioteca importante leída. No es que eso esté mal : esa persona está políticamente educada, tiene una formación política. Pero eso no quiere decir que sea un cuadro político. Un cuadro político es un cuadro de una política. Si vos no tenés una política, no tenés cuadros políticos.

El problema entonces no es sólo educativo sino también político…

 Lo que vemos hoy, y por eso son intercambiables, es que la política no está en discusión. La política es un arte de ejecución ; es decir, es básicamente la administración de lo dado. Y cualquiera que sirve para administrar lo dado sirve y punto. Aquí no estamos discutiendo la administración de lo dado. Aquí estamos discutiendo las condiciones en que se constituye un orden social vivible para nosotros. Y está muy claro a qué nos condena este orden social. El problema es el desarme de la voluntad de transformación, la derrota no asumida. No digo que no haya pasado nada ni que todo sea igual. Estoy diciendo que un montoncito de palabras no se defiende con otro montoncito de palabras. Para que exista una ley que permite a una mujer, en determinadas condiciones, abortar hubo que mover decenas de miles en la calle para una ley que, en un sentido liberal básico, no merece ser discutida.

¿Qué se necesita para rearmar esa voluntad de transformación de la que habla ?

 Deseo. Si algo nos enseña el psicoanálisis es que los seres humanos tenemos una relación muy complicada con nuestro propio deseo. Cuando uno observa el comportamiento social colectivo de la sociedad argentina, ve un derrumbe del deseo. Pero el deseo también es una decisión política. No hay una decisión de vivir en serio. Cuando uno mira las películas de los zombis, si tuviera que hacer una analogía, siempre se me ocurre que un zombi se parece a un hombre políticamente desarmado : está vivo, pero está muerto.

Bárbara Schijman para Página 12

*Alejandro Horowicz (Buenos Aires, 16 de diciembre de 1949) es un ensayista, periodista, doctor en ciencias sociales y profesor universitario argentino.

Página 12. Buenos Aires, 12 de julio de 2026.

*Alejandro Horowicz es ensayista y doctor en Ciencias Sociales summa cum laude por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dirigió la colección Espejo de la Argentina de Planeta y actualmente es director del proyecto Historia crítica de la literatura argentina. Fue columnista de las revistas Primera Plana, Competencia y Contraeditorial, de los diarios La Opinión, Convicción, Clarín, Sur, Perfil, BAE, Tiempo Argentino y director del mensuario Consignas. Es autor de : Los cuatro peronismos (1985), Diálogo sobre la globalización, la multitud y la experiencia argentina (2003, en coautoría con Toni Negri y otros autores), El país que estalló (2005), Las dictaduras argentinas (2013) y El huracán rojo. De Francia a Rusia 1789-1917 (2019). Desde 1997 es titular de la cátedra Cambios en el Sistema Político Mundial en Sociología de la UBA.

El Correo de la Diáspora, París, 16 de julio de 2026.

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Notes

[1la redacción de El Correo piensa que las reflexiones son válidas también para Francia y otros países

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