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15 juin 2007

La brecha social versus la brecha salarial

 

Por Deborah Hargreaves
The Guardian
. Londres, 11 junio de 2007.

Un banquero de la city de Londres me miró con incredulidad. Recién le había preguntado cómo era posible que alguien a quien le pagan dos millones de libras (dos mil 86 millones de pesos chilenos) y que trabaja a toda máquina, pueda trabajar mucho más todavía si se le ofrecen diez millones de libras. Por cierto, dos millones son más que suficientes para cualquiera. "Obviamente usted trabaja para el (liberal) ’The Guardian’", fue su réplica. El altamente pagado banquero no comprendió la pregunta.

Este intercambio puso ante mí hasta dónde ha llegado el divorcio entre los salarios de los ejecutivos y la realidad. Ya no se trata de dinero. Un alza suculenta de salario (a diez millones de libras) puede abrir las puertas a un escenario no disponible para los que tienen sólo dos millones de libras al año. También se trata de autoestima. Los directores de empresas se comparan entre sí. Si a un ejecutivo le pagan millones, otro querrá igualarlo. Así es como la mayoría de ellos juzga su valor. Cada vez más, los directivos de empresas públicas se clasifican en relación con sus rivales del mundo privado. Fuera de la vista del público, los socios de los fondos privados ganan enormes cifras por transformar las empresas y se guardan celosamente los detalles de esas operaciones.

Y ahora sus pares en el mundo de las empresas que se transan en la bolsa están exigiendo recompensas al estilo de los fondos privados por mejorar sus desempeños. Sus peticiones se refuerzan con amenazas de desaparecer para manejar negocios de inversión privados. A diario llegan nuevas señales. Richard Lapthorne, presidente de Cable & Wireless, firmó un nuevo acuerdo salarial que le permitirá embolsarse once millones de libras en tres años. Las compañías de telecomunicaciones han propuesto eliminar los topes de salarios para sus ejecutivos británicos e internacionales, lo que significaría que podrán ganar más de 20 millones de libras cada uno hacia 2010. Mientras, en Marks & Spencer, al altamente respetado director ejecutivo Stuart Rose fue premiado con pagos en efectivo y acciones por 7,8 millones de libras esterlinas.

No soy contraria a un pago decente por un buen desempeño. Las empresas han pasado tiempos difíciles y han visto recuperarse el precio de sus acciones. No todos quieren ser directores ejecutivos y es un trabajo duro. Pero muchas recompensas salariales reflejan pura codicia. Su constante incremento significa que se están saliendo de cualquier proporción en relación con los de más abajo. En el informe sobre salarios de "The Guardian" de 2006, el jefe de la compañía minera Xstrata, tenía un salario 544 veces superior al del minero promedio. Cuando la paga de los principales ejecutivos de Gran Bretaña se hace tan desproporcionada versus lo que ganan quienes están más abajo, llega el momento de preguntarse qué hacer. Los accionistas deberían estar vigilantes y preguntar si sus ejecutivos realmente tienen futuro en los fondos privados de inversión.

La solución puede estar en el comité de remuneraciones. Éste consiste en un pequeño grupo de miembros del directorio que elabora los acuerdos salariales. Conformado por directores no ejecutivos cuyo trabajo es representar los intereses de los accionistas. El problema es que muchos de estos no ejecutivos son directores en otros directorios y tienen paquetes salariales parecidos. El sistema puede ser autosustentable y funciona un poco de la siguiente manera : te lleno la billetera y tu llenas la mía. Estos comités necesitan una inyección de sentido común y unos cuantos miembros para quienes los salarios de millones no sean la norma.

Pero ¿es demasiado pedirles a los directores que muestren liderazgo moral ? Deben entender que pagarse a sí mismos aumentos de 20% cuando los salarios promedio suben 3,5% es impresentable. No estoy en favor de la intervención gubernamental, excepto para asegurar que los impuestos se paguen en forma igualitaria por todos... lo que a menudo no es el caso en los fondos privados de inversión. Pero esa amenaza sigue siendo un último recurso. Los altos directivos británicos seguro entienden que están poniendo en peligro su credibilidad con sus actuales recompensas. El sentido común debiera prevalecer antes de que sea demasiado tarde.

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