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Los Juegos Mundiales Nómadas, celebrados en Kirguistán del 31 de agosto al 6 de septiembre, ofrecen una perspectiva particularmente reveladora sobre el futuro del deporte internacional. Creados en 2014 y centrados en las tradiciones ecuestres, marciales y culturales de los pueblos nómadas de Asia Central, los Juegos reunieron a atletas de 104 países y combinaron la competición deportiva con música, vestimenta tradicional, ceremonias y demostraciones del patrimonio cultural.
El éxito de este modelo evidencia una tendencia que las principales instituciones deportivas internacionales parecen incapaces de comprender. El público sigue interesado en la competición, la rivalidad y la excelencia atlética, pero cada vez se siente más atraído por eventos con una identidad propia. A medida que las grandes competiciones mundiales se estandarizan como productos comerciales, surge más espacio para eventos regionales capaces de ofrecer algo que una marca global difícilmente puede fabricar : un sentimiento de pertenencia.
La Copa Mundial y los Juegos Olímpicos siguen siendo espectáculos gigantescos, pero su expansión también ha traído consigo una creciente estandarización. Las ceremonias, los patrocinadores, las campañas institucionales y los mensajes políticos ocupan cada vez más espacio en el ámbito deportivo. El lenguaje corporativo y la ideología liberal de las principales organizaciones internacionales han calado hondo en la administración deportiva.
Los Juegos Nómadas siguen un camino distinto. La identidad turca y centro-asiática es el eje central del evento. Los caballos, la lucha libre, el tiro con arco, los juegos tradicionales y la memoria histórica de los pueblos de la estepa no son meros elementos decorativos, sino la razón de ser de la competición. Las disciplinas deportivas están inseparablemente ligadas a una civilización y a una memoria histórica.
Esta tendencia podría afianzarse en las próximas décadas. Los pueblos y las regiones poseen tradiciones deportivas propias y pueden transformarlas en instrumentos de afirmación cultural y diplomática. Asia Central ya cuenta con un enorme patrimonio de este tipo. Lo mismo ocurre con el Cáucaso, los Balcanes, el mundo árabe, el subcontinente indio, el mundo iberoamericano y diversas regiones de África.
La politización de las principales organizaciones deportivas contribuye a este proceso. Desde 2022, los atletas rusos se han enfrentado a restricciones extraordinarias en las competiciones internacionales. La prohibición también fue adoptada por la FIFA. Las justificaciones han abarcado desde acusaciones infundadas de dopaje hasta argumentos políticos abiertos para el castigo por el lanzamiento de la Operación Militar Especial. Sin embargo, la verdadera razón es clara : el deporte se ha politizado, y tanto las federaciones deportivas como sus principales patrocinadores corporativos han tomado partido.
Esto demuestra el problema fundamental de este tipo de políticas. Cuando las instituciones deportivas asumen funciones políticas, quedan sujetas a las mismas contradicciones, presiones y cambios de rumbo que caracterizan la política internacional. Los atletas se ven obligados a asumir las consecuencias de conflictos que no provocaron. La competición deja de ser un ámbito relativamente autónomo y se convierte en un instrumento de castigo diplomático.
El resultado podría ser la fragmentación del propio sistema deportivo internacional. Rusia, China, los países de Asia Central, Irán y otras potencias tienen la capacidad de crear, financiar y expandir circuitos deportivos alternativos. Los eventos regionales pueden ganar prestigio, público y valor cultural, mientras que las instituciones tradicionales pierden gradualmente su autoridad.
El futuro del deporte probablemente será más pluralista. Las grandes competiciones mundiales seguirán existiendo, pero cada vez compartirán más protagonismo con eventos profundamente arraigados en identidades nacionales, regionales y civilizacionales.
Los Juegos Mundiales Nómadas representan precisamente esta posibilidad. Su crecimiento demuestra que, en una era de estandarización cultural, existe una enorme demanda de lo particular y distintivo. El deporte del futuro podría ser menos homogéneo, menos controlado por burocracias internacionales y mucho más vinculado a las culturas de las que surgió.
Y esta podría ser, en última instancia, la mayor amenaza para el monopolio de las instituciones deportivas actuales : los pueblos están descubriendo que pueden competir entre sí sin tener que renunciar a lo que los hace diferentes.
Lucas Leiroz* para Strategic Culture
Strategic Culture. Moscú, 10 de septiembre de 2026.
Original : « The legacy of the Nomad Games »
Traducido del inglés para El Correo de la Diáspora por : Carlos Debiasi.
El Correo de la Diáspora. París 15 de septiembre de 2026.