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6 mai 2026

AHI VA TU CUERPO AL FUEGO, JORGE DONN

 

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La enorme mesa roja, el hombre bellísimo en pantalones negros, descalzo, el torso desnudo, bailando el Bolero de Ravel en la plaza del Trocadero, con la Torre Eiffel detrás. Es de noche, hace calor. La escena y la imagen es tan icónica que me resulta imposible saber cuándo la vi por primera vez. ¿Acompañé a mis padres a ver Los unos y los otros en 1981 ? Ignoro si la película era apta para todo público, o si dejaban entrar a los niños al cine, pero seguro que ellos la vieron, porque todo el país lo hizo. ¿O la recuerdo por la serie de televisión basada en la película y que se vio por ATC ? ¿O, ya en democracia, por el estreno para televisión en Función Privada, con Carlos Morelli y Rómulo Berruti tomándose un champán para festejar el acontecimiento ?

Morelli y Berruti definían al director Claude Lelouch como un demagogo y un seductor, siempre se le criticó su sentimentalismo y su afán de enamorar al público, pero creo que si Los unos y los otros enamoró a la gente con locura, fue porque se enamoraron de Jorge Donn. Ese bolero ritual era dionisíaco y triunfal de una manera que nadie terminaba de entender, y provocó un fenómeno popular inédito.

El 11 de agosto de 1982, después del éxito de la película, Jorge Donn actuó con Marcia Haydée en el Opera de la calle Corrientes y fueron campeones del mundo, con el público rompiendo las puertas del teatro para poder entrar y la policía despejando el tumulto, aún en dictadura, agonizante, pero dictadura al fin. Dos mil personas quedaron afuera. Donn después bailó el Bolero en el Colón, y ese ostinato en crescendo [1] marcó, sin duda alguna, el crepúsculo de la dictadura con su energía erótica, vital, obsesiva, parte del exorcismo necesario después de Malvinas.

Jorge Donn era glorioso y expresivo, divino y terrenal ; era, como dice el título del documental de Flora Dávila y Mariano Báez que se estrenó en el Bafici, un Instrumento de Dios*. Dávila, una de las directoras, no había nacido cuando se estrenó Los unos y los otrospero cuando vio la película se obsesionó ; con Mariano Báez se pusieron a investigar y este año mostraron la película en el Bafici. La última función en la Lugones fue a sala llena, con gente parada, y la conversación con el público y la familia de Donn se hizo en el bar del San Martín.

La coreografía del legendario Maurice Béjart para el Bolero fue creada para una bailarina, una mujer, tal como se explica en Instrumento de Dios, y siempre se bailó así. Pero después de escuchar muchas sugerencias, Béjart se dio cuenta de que esa llamarada, interpretada por un hombre, podía ser incandescente. Se la ofreció a su bailarín favorito y su pareja, Jorge Donn, y lo demás es historia : un hito para la danza masculina, que tuvo en esa interpretación uno de sus momentos más populares, y también para la cultura gay, que alcanzó una apoteosis vista por millones de personas. Sin embargo, muy pocos de los que corrían detrás de Donn por la calle cada vez que visitaba Argentina tenían alguna idea de danza y del significado de ese Bolero con el género trocado, o que Maurice Béjart era un artista revolucionario. Sabían nada más que una película francesa hablaba de cómo varias generaciones atravesaban guerras y sobrevivían, y que el fauno que encarnaba la resiliencia era argentino.

Instrumento de Dios capta ese fuego y la fascinación que provocaba Jorge Donn. Explica su directora « no es una biopic : es un drama que empieza cuando se conocen Donn y Béjart, es una historia de amor y creación. Incluso cuando la relación romántica sufre y finalmente se transforma en otra cosa, el amor y la creación subsisten. Quisimos mostrar su personalidad y esencia antes que darle importancia a la rigurosidad histórica ». En la película se ve a Donn en muchas facetas : la dulzura del chico recién llegado a Europa, el director del Ballet del Siglo XX de Béjart, rebelde en la televisión francesa, honesto con « Guerrero Marthineitz [A solas] », siempre reflexivo e inteligente respecto de su arte, subido sobre la espalda de Béjart en un abrazo, con arranques de divo, con fragilidad. Nunca antes se mostró, en una película, a esta pareja icónica de una manera tan franca. Maurice Béjart amó a Donn, su lienzo elegido, le escribió más de treinta ballets.

Otro milagro de la aparición de Jorge Donn como una estrella en los 80 es que su fama desplegó un poderío de hombre gay glorioso y atrevido, un cuerpo deseado y peligroso. Hay que recordarlo tomando de la mano al Polaco Goyeneche en el programa de Juan Carlos Mareco, la versión de « Naranjo en flor » y ese beso desvergonzado ; cuando le dijo a la gente en el estudio « el silencio es la palabra más linda que existe. Vayan y planten un árbol ».

A los 16 años Donn se fue del país detrás de Béjart. Había bailado para él en el Colón como estudiante, le rogó unirse a la compañía, Béjart le dijo que no tenía lugar. A Donn no le importó : había visto otra forma de danza, diferente de los rigores clásicos, y quería ser parte de la mística. Pidió dinero, se tomó un barco y se fue a Bruselas, llegó en 1963. Béjart se conmovió y le dio una beca. Pasó el tiempo y se enamoraron. Béjart le llevaba veinte años. Nadie parpadeaba por la asimetría en la relación, otra época.

En Instrumento de Dios está ese joven con algo de ángel del Renacimiento y algo de demonio simbolista a la Mijail Vrubel. Pasea por Benarés con Béjart y baila ante el Ganges, adopta a la compañía como su familia, desayuna en la cama con Blonde on Blonde de Bob Dylan, actúa en Venecia. La fidelidad emocional de Donn con Béjart es conmovedora. En la película dice que no quiere bailar para nadie más, que cuando Béjart se retire, él también lo hará. Instrumento de Dios no entra en detalles pero sabemos que cuando Béjart se interesó artísticamente por otros bailarines fue el desastre. Hay un enorme misterio y una gran tristeza cuando Donn, a los 40, se despide de su cuerpo y de su salud. La vida del bailarín es corta, lo sabe, pero perder la danza le resulta terrible porque estaba enfermo de sida, eran los 80, y se iba a morir.

Donn bailó hasta la muerte. Con Cipe Lincovsky hicieron casi cuarenta presentaciones de Nijinsky, Clown de Dios en Japón, donde era tan famoso que incluso inspiró un manga. Cipe dice : yo lo tenía en brazos, y él se iba, y yo no lo notaba. Bailó su último Bolero en junio de 1992 y después, ya muy enfermo, se fue a Suiza, donde estaba Béjart. Murió el 30 de noviembre de 1992 escuchando milongas y tangos. Béjart le sostenía la mano. Donn llevaba el anillo de bodas de la madre de Béjart, muerta cuando Maurice tenía siete años.

En la película, la bailarina Shonach Mirk, compañera en el Ballet del Siglo XX, cree que su unión con Béjart fue tan intensa que Donn nunca pudo desprenderse de su influencia y encontrar quién quería ser. Es una declaración fuerte. Flora Dávila, sin embargo, piensa : « No llegó a independizarse más allá de sus escapadas, con Balanchine en Nueva York, por ejemplo. Incluso decidió morir en Lausanne junto a Maurice. Yo me pregunto, ¿es necesaria esa independencia ? Tal vez su mejor versión, la que quería ser, era a través de alguien más. Es raro el espejo en el arte. Ese brillo que ven los otros permite ser. Él lo dice : la diferencia con otros niños que bailan en la casa, fue que a él, su madre lo miraba. Y Jorge bailaba para ella ».

* Instrumento de Dios tendrá funciones en el Museo MALBA de Buenos Aires y se estrenará el año que viene en Europa. Se pueden visitar las redes sociales de Jorge Donn gestionadas por su hermana Delia y Héctor Marciano, y ver el material de Jorge Donn Legado en YouTube.

Mariana Enriquez

Página 12. Buenos Aires, 3 de mayo de 2026

El Correo de la Diáspora. París, 6 de mayo de 2026.

Notes

[1Ostinato (del italiano, « obstinado ») es una técnica de composición basada en la realización de variaciones sobre la repetición de un motivo musical (el ostinato propiamente dicho). De ahí su nombre en italiano, que significa ‘obstinación, empeño en repetir lo mismo’. Maurice Ravel utiliza un ostinato rítmico como base de su famoso Bolero.

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