Accueil > Empire et Résistance > « Gringoland » (USA) > Somalia una invasión peligrosa e ilegal de los Estados Unidos The US-backed (…)
Por Salim Lone *
The Guardian . Londres, 7 de enero de 2007
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Sin remordimiento ante los desastres en Irak, Afganistán y el Líbano, la administración Bush acaba de abrir un nuevo frente en el mundo musulmán. Con el apoyo americano, tropas etíopes invadieron Somalia en una nueva guerra ilegal de agresión.
Pero esta maniobra para voltear un régimen islamista que había aportado la paz en Somalia por primera vez desde hace 16 años corre el riesgo de terminar mal. Ante el saqueo que se reinició, el Gobierno transitorio publicó el estado de urgencia. Señores de la guerra apoyados por distintos clanes que habían aterrorizado Somalia hasta a su expulsión por los islamistas, se reiniciaron a recortarse feudos en la capital Mogadiscio. Mientras tanto, la Unión africana que había ayudado a la instauración del Gobierno transitorio exigió la retirada inmediata de las fuerzas etíopes, igual que Kenia, siendo este un aliado de los Estados Unidos y de Etiopía.
Estos países consideraron que la invasión era una violación evidente de la ley internacional y la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que Washington había apoyado al principio, y que prohíbe formalmente la utilización de tropas de países vecinos en una posible operación de mantenimiento de la paz en Somalia. En despecho de todo eso, la administración Bush apoya la ofensiva etíope.
Como en el caso de Irak en 2003, los Estados Unidos justifican su política por la lucha para erradicar el terrorismo. En realidad, el objetivo es poner otro pie en una región estratégica instalando otro régimen cliente en Somalia. En violación del embargo sobre las armas publicado por la ONU para Somalia, apoyaron a los mismos señores de la guerra alguna de la cual había sido responsable de los ataques contra los soldados americanos en 1993. Esta política se elaboró contra el dictamen de todos los expertos independientes que consideran que tal guerra podría desestabilizar toda la región.
La propia Etiopía sigue siendo muy inestable. Varios conflictos están en curso, incluidas rebeliones de algunas comunidades que se consideran hoy marginalizadas por el poder establecido por el Primer Ministro Méles Zenawi. Éste beneficia del apoyo de los Estados Unidos aunque haya perdido las elecciones a principios del 2006. Es sin embargo poco probable que esta incursión en Etiopía, contrariamente a la guerra contra la Eritrea, no permita a Zenawi reunificar a la población detrás él.
Para alcanzar sus objetivos, Washington ha otra vez forzado la mano al Consejo de Seguridad que adoptó una Resolución que corre el riesgo de reforzar su reputación de haberse vuelto un organismo anti musulmán. Éste autoriza la entrada en Somalia de una fuerza de mantenimiento de la paz para proteger al Gobierno transitorio que esta débil y aislado, pretendiendo hacerlo "para mantener la paz y la seguridad".
Pero según los principales medios de comunicación que cubrieron recientemente Somalia, este país finalmente conoció un determinado respiro después de años de caos y terror desde 1991. Una fuerza multinacional se volvió repentinamente necesario por que son islamista los que aportaron la estabilidad al país, cosa que no hicieron tanto por la violencia pero congregando la mayoría de la población detrás de su programa de restablecimiento del orden en línea con la Sharia (ley musumana), que es de toda manera un marco universalmente aceptado en Somalia.
Seguro que los islamistas no son angelitos. Pero su violencia parece bien moderada al lado de la de los señores de la guerra que los Estados Unidos siguieron apoyando en violación al embargo publicado por la ONU.
Los Estados Unidos tienen razón de estar preocupados con respecto al terrorismo. Pero el mejor antídoto en el caso somalí es la estabilidad que la unión de los tribunales islámicos había por lo tanto aportado. Los islamistas conservan el apoyo de una mayoría de la población que ahora está en contra de las intervenciones estadounidenses y etíopes. Como eso es el caso en conflictos que implican países occidentales y países musulmanes, el establecimiento de la paz pasa por un diálogo con los islamistas para hacer de tal manera que no tengan más razón de caer en el terrorismo.
* Salim Lone fue el portavoz de la ONU en Irak en 2003. Actualmente, escribe para el diario de Nairobi, Daily Nation. Su comentario se publicó originalmente en The Guardian de Londres, el 30 de diciembre de 2006.
Traducción del francés para El Correo de : Carlos Debiasi
International lawlessness
The US-backed invasion of Somalia to topple its Islamists is a dangerous, illegal act of aggression.
by Salim Lone
The Guardian. Saturday December 30, 2006
Undeterred by the horrors and disasters in Iraq, Afghanistan and Lebanon, the Bush administration has opened another battlefront in the Muslim world. With US backing, Ethiopian troops have invaded Somalia in an illegal war of aggression.
But this brazen US-sponsored bid to topple the popular Islamists who had brought Somalia its first peace and security in 16 years has already begun to backfire. Looting has forced the transitional government to declare a state of emergency. Clan warlords, who had terrorised Somalia until they were driven out by the Islamists this year, have begun carving up the city once again. And the African Union, which helped create the transitional government, has called for the immediate withdrawal of Ethiopian forces from the country, as did Kenya, a close US and Ethiopian ally.
They had little choice : the invasion was a clear violation of international law and a UN security council resolution, which the US itself pushed through earlier this month, that explicitly forbade troops from any neighbouring country from joining even the new peace-keeping force it authorised for Somalia. That still did not prevent the Bush administration from issuing a strong statement of support for the Ethiopian offensive.
As with Iraq in 2003, the US has cast this as a war to curtail terrorism. The real goal of course is to gain a direct foothold in another highly strategic and oil rich region by installing a client regime in Somalia. The US had already been violating the UN arms embargo on Somalia by supporting the warlords who drove out the UN peace-keepers in 1993 by killing 18 US soldiers, in order to push out the Islamists. That effort failed and an Ethiopian invasion remained the only way to oust a group with popular support. All independent experts warned against such a war, saying it would destabilise the region.
Ethiopia itself is highly unstable. Thought of as a Christian nation, it has a sizeable Muslim population which has begun to assert itself after marginalisation in the power structure. Prime Minister Meles Zenawi heads a dictatorial regime which has held on to power with US support after losing last year’s elections. But this war, unlike its conflict with Eritrea, will not unify the country behind Meles.
To achieve its goals, the US once again ensnared the UN security council, which cravenly adopted a resolution which will further cement its reputation as an anti-Muslim body. It authorised a regional peace-keeping force to enter Somalia to protect the weak and isolated transitional government and "restore peace and stability". But all major international news organisations had reported that the country experienced this year its first respite from the utter lawlessness and terror that prevailed since 1991. A multilateral force was suddenly deemed necessary only because it was the Islamists that had brought about this stability - and they had done so not through violence but primarily through rallying people to their side by creating law and order through the application of sharia law, which Somalis universally practise.
The Islamists are not angels. But their collective pool of terror acts is dwarfed by the terrorism of the warlords that the US has been supporting in blatant violation of the UN arms embargo.
The US has every right to be concerned about terror. But the best anti-dote to terrorism in Somalia is stability, which the Union of Islamic Courts provided. The Islamists have strong public support, which has grown in the face of US and Ethiopian interventions. As in other Muslim-western conflicts, the way to secure peace is to engage with the Islamists to ensure that they have no reason to turn to terror.
* Salim Lone was UN spokesman in Iraq in 2003 and is a columnist for the Daily Nation in Kenya.