En memoria de Carlos Debiasi
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No para de sonarme en la cabeza esa frase de “hoy estamos y mañana no se sabe”, porque justo habían estado con Estelle en casa el mes pasado compartiendo el domingo y como era él tan dado y lleno de vida, con ese estilo champeñano que lo caracterizaba, hablando de proyectos y de los próximos meses, es muy duro y triste pensar que esos encuentros con él no podrán volver a repetirse.
Conocí a Carlos hace unos veinte años, primero virtualmente, intercambiando correos electrónicos con opiniones y puntos de vista parecidos, hasta que en un encuentro presencial nos juntamos. Ahí me dijo : “vos sos de los pocos que contestan los correos” y nos reíamos. Al poco tiempo (algo difícil en Francia), me invitó a comer a su casa y así comenzó una hermosa amistad, caracterizada con encuentros que se repetían y donde no parábamos de hablar un minuto.
Carlos era un tipazo, sensible y sin vueltas, apasionado y maravillado como un niño por todo trabajo artesanal que descubría con gran asombro que se seguía realizando en Argentina (y en Italia), pese a los tiempos actuales. Siempre estaba preocupado por nuestro país, por lo que les dejamos a las próximas generaciones y eso lo reflejaba en su forma de ser : permanentemente tratando de difundir el conocimiento y hacer entender realidades tan diferentes, traduciendo materiales novedosos en uno y otro idioma que publicaba El Correo. En Francia siempre trataba de vincular a la gente, acercándola, protegiéndola de los potenciales riesgos presentes y futuros.
Con Carlos se nos va una forma de ser y de vincularse tan imprescindible en estos tiempos de la inmediatez virtual y de las relaciones fugaces que el mejor homenaje que se le puede hacer es inspirarse en sus gestos para nuestra cotidianidad.
Facundo Solanas