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Los documentos Santa Fe 1 y 2 preanunciaron el asesinato de Torrijos y la invasión a Panamá. La « Estrategia para la Seguridad Nacional », que presentó la Casa Blanca en diciembre, anunció con claridad la agresión contra Venezuela. Con esos ejemplos los países latinoamericanos tienen derecho a hablar de imperialismo con respecto a los Estados Unidos.
Los documentos de Santa Fe 1 y 2 (1980 y 1986) delineaban la estrategia de Estados Unidos que comenzó con el asesinato del General Omar Torrijos (1981) en Panamá y luego con la invasión a ese país (1989). De la misma manera, la subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, impulsó el Maidán (2013) en Ucrania, para involucrar a Rusia en un largo conflicto armado con ese país. Una estrategia similar sigue ahora Donald Trump en su escalada contra Venezuela. Y al igual que los documentos que preanunciaron el asesinato de Torrijos y la Invasión a Panamá, la “Estrategia para la Seguridad Nacional” que presentó la Casa Blanca por escrito en diciembre, anunció con claridad la agresión contra Venezuela.
Los documentos de Santa Fe se difundieron cuando el presidente de Estados Unidos de América James Carter firmó con el presidente panameño Omar Torrijos la devolución del canal de Panamá. El contenido era tan imperialista y truculento que muchos pensaron que se trataba de una fakenews conspiranoica. Pero describían letra por letra lo que hizo Estados Unidos con Panamá tras el reemplazo de James Carter por Ronald Reagan en la Casa Blanca.
Santa Fe 1 y 2 son muy parecidos a los lineamientos establecidos en el documento que difundió la Casa Blanca a mediados de diciembre, en los que expresó la intención de intervenir en la región según sus intereses. Analistas internacionales dieron como ejemplo de ese intervencionismo agresivo, la sumisión del gobierno argentino por la deuda externa y la intromisión de Trump en las elecciones argentinas y hondureñas, así como el despliegue de la poderosa flota de guerra en el Caribe, frente a Venezuela.
Con esos ejemplos, y con muchos antecedentes similares en la historia, los países latinoamericanos tienen derecho a hablar de imperialismo con respecto a los Estados Unidos.
Victoria Nuland impulsó el Maidán en Ucrania y el golpe de Estado para instalar a un presidente antirruso. Y luego motorizó el incumplimiento de los acuerdos de Minsk con Moscú. El movimiento implicó la balcanización de Ucrania, que tenía una historia y una cultura con muchos puntos en común con Rusia. A Washington no le preocupaba el desmembramiento ucraniano si con eso conseguía involucrar a Rusia en una guerra formal.
Era evidente que Ucrania no podía ganar ese conflicto y que iba a una masacre frente a Rusia. Pero en Washington calcularon que una guerra con miles de muertos afectaría la economía y provocaría la desestabilización del presidente Vladimir Putin, con la consiguiente desintegración de Rusia en varias regiones. Incluso [Estados Unidos de América] destruyó los gasoductos que proveían de gas ruso a Europa, aun cuando implicara la crisis de la economía alemana y europea.
El tiro le salió por la culata porque Rusia reorientó sus gasoductos hacia Irán y China, y su economía creció en vez de achicarse. Y el liderazgo de Putin se fortaleció. Una Europa decadente y ya desconectada de Rusia, mantiene la ilusión del derrumbe ruso, y sus gobiernos instalaron una ola militarista y rusofóbica.
Más preocupado por China, Trump quiere ahora presionar a Ucrania para que acepte la paz con Rusia y ceda los territorios del Dombás y Crimea —casi un tercio del territorio ucraniano—, ocupado por Rusia con la aceptación de sus habitantes que en inmensa mayoría son rusohablantes.
El mismo día que se producía un alto el fuego en Ucrania, Trump se reunió con el presidente de ese país y anunció el bombardeo a un puerto venezolano. Trump se cansó de decir desde el llano que, si era presidente, ya se hubiera apoderado del petróleo de ese país, pero ahora usó la excusa de combatir al narcotráfico, cuando Venezuela nunca estuvo en el mapa de ese delito.
Esa misma semana, China realizó un gran despliegue naval en el mar de China, frente Taiwán. Fue una advertencia de cualquier intervención en su zona de influencia, ante el rearme japonés y los discursos separatistas del nuevo gobierno taiwanés, ambos apoyados por la Casa Blanca. Estados Unidos, China y Rusia están disputando sus zonas de influencia.
Pero Washington no la tiene fácil. El liderazgo de Trump es mucho menos fuerte que los de Putin y Xi-Jinping, como quedó demostrado en las últimas elecciones. La economía de EEUU no está bien.
Por eso, la disputa en Venezuela no se define por la fuerza de las armas sino por la fortaleza de los liderazgos del presidente venezolano Nicolás Maduro y de Trump. El norteamericano no se puede arriesgar a una invasión de infantería. La sociedad no soportaría la llegada de cientos de ataúdes como en la guerra de Vietnam. Si no ataca por tierra, sólo le queda la provocación permanente a la que por ahora Venezuela no respondió. Si el liderazgo de Maduro soporta esas provocaciones, Estados Unidos no tiene muchas más cartas, a menos que arriesgue una invasión que tendría consecuencias imprevisibles en la sociedad estadounidense.
Luis Bruschtein* para La Tecl@ Eñe
La Tecl@ Eñe. Buenos Aires, 2 de enero de 2026.