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El 42% de los US$ 160.000 millones de deuda interior brasileña tiene intereses indexados a la cotización de la moneda estadounidense. Otros US$ 15.000 millones están sujetos a la inflación: su gestión definirá el éxito o el fracaso de Luiz Inácio Lula Da Silva.
Luiz Inácio Lula Da Silva decidió despejar las dudas sobre su programa de gobierno y mostrar el equipo con el que responderá a la esperanza de cambio que reclaman los brasileños.
Lula ha cumplido al pie de la letra todo lo que había prometido para la transición. Ha confeccionado un gabinete con técnicos, profesionales y políticos teniendo en cuenta más su capacidad que su ideología.
Ha puesto al frente del Banco Central a un banquero, Henrique Meirelles (ex CEO de Bank Boston), y ha entregado a los empresarios nacionales el Ministerio de Industria y Comercio: Luiz Fernando Furlan, es el vicepresidente de la mayor central empresarial brasileña, la Federación de Industrias de Sao Paulo (Fiesp), a la que Lula se enfrentó cuando era un tornero mecánico al frente del sindicato de metalúrgicos de Sao Paulo, en las duras huelgas del final del régimen militar.
Su objetivo será plasmar la ecuación "más producción = más empleo".
Lula da Silva defiende la necesidad de responder a los compromisos financieros de Brasil y mantener una macroeconomía sana, pero sin renunciar a lo que ha sido la base de su triunfo: la esperanza de un futuro mejor para la mayoría social, que espera, expectante, que su destino empiece a cambiar.
Toda América Latina se mantiene expectante por saber el rumbo que va a seguir un líder tan carismático como Lula.
El cantante negro Gilberto Gil ocupará la cartera de Cultura. A los 61 años, ganador de un premio Grammy, es uno de los creadores del movimiento musical Tropicalia, que unió la bossa nova con el rock and roll, el reggae y otros ritmos. Es un activo militante del Partido Verde.
Antes de cada nombramiento, Lula ha consultado a asociaciones civiles, empresarios y expertos y, sobre todo, a intelectuales de universidades.
Los nombres del nuevo ministro de Economía y Hacienda, Antonio Pallocci, y de la nueva ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, salieron del ala moderada del PT.
No tiene nada que ver con el PT el productor rural Roberto Rodrigues, ministro de Agricultura, el sector que genera un 25% del PIB y es marco de importantes negociaciones por el tratado hemisférico de comercio Alca.
Sí son del PT los cuatro cargos del área social y allí destaca la ministro de de Asistencia y Acción Social, Benedita da Silva, ex gobernadora de Río de Janeiro.
Designaciones como la de Benedita da Silva alimentan la esperanza de buena parte de los más de 60 millones de brasileños que votaron a Lula. Benedita, de 60 años, rompió moldes y fue la primera mujer negra senadora federal y gobernadora de un estado.
En tanto, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que presidirá el Senado, comunicó que no entrará en el Gobierno. El PT no habría aceptado las condiciones y exigencias del PMDB, partido que fue aliado de Fernando Henrique Cardoso (quien era un afiliado y dirigente del PMDB hasta que cofundó el PSDB).
Lula tiene un equipo y un estilo diferentes, pero todavía no ha explicado su proyecto de país.
Luego está lo de la deuda pública, una explosiva herencia que deja Cardoso, cuyo manejo determinará el éxito o el fracaso del presidente Lula da Silva en los próximos cuatro años.
En 2003, Lula deberá refinanciar US$ 62.000 millones en deuda interior y US$ 11.200 millones de la exterior, según el Banco Central: el 50% de los títulos en circulación en el mercado.
Las apremiantes emisiones de deuda nueva para pagar vencimientos de deuda vieja hacen a Brasil andar por territorio minado, donde el factor confianza es uno de los activos de mayor valor.
Según el Tesoro Nacional, hay para el año entrante un "razonable margen de maniobra", porque los vencimientos son escalonados. Pero, según algunos analistas, ese escenario dependerá de las políticas de Lula y su capacidad para mantener la confianza.
El 42% de los US$ 160.000 millones de deuda interior tiene intereses indexados a la cotización de la moneda estadounidense, cuyo alza es una amenaza constante. Otros US$ 15.000 millones están sujetos a la inflación y su alza es ahora otra amenaza cierta.