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13 mars 2003

La financiación de la política en Chile

 

Por Juan Pablo Cárdenas Squella
Zócalo Nacional
11 de marzo 2003

La corrupción que ha asomado es apenas la punta del témpano. Si por unas modestas concesiones para la revisión técnica se han pagado millones de pesos, cosa de imaginarse lo que puedan estar cancelando las grandes multinacionales para que nuestros ejecutivos del cobre mantengan disminuido el precio internacional, produciendo mucho más de lo aconsejable.

La corrupción en la política en general se le imputa a la necesidad de contar con recursos para el financiamiento de las actividades partidarias y de los procesos electorales. Como se ha dicho tantas veces, ser elegido senador, diputado o alcalde muchas veces cuesta más que todo lo que se va a percibir como remuneración fiscal durante el período en que se ejerza el cargo. Es público y asumido que en los últimos comicios parlamentarios y municipales hubo candidatos que gastaron de dos a cinco millones de dólares en propaganda y cohecho electoral. Un ministro pobre es ahora un pobre ministro, por lo que las carteras que tienen ítems de gastos reservados son, por cierto, las más apetecidas por las cúpulas partidarias. Asimismo, un operador político siempre preferirá guarecerse bajo la sombra de un secretario de estado que tenga acceso a esta caja grande, de la cual no se rinde cuenta pública y que sirve para pagar todo tipo de favores y arreglar a esa casta de hombrecitos que pululan en los gobiernos de turno, que nunca le han ganado a nadie y que sólo se conforman con que los pongan ’donde hay...’

De esta forma, cuando no se tiene recursos propios (hay algunos que sí) no queda más remedio que desviar fondos que el presupuesto público dispone para otros fines. Coimas para ganarse concesiones en obras públicas, recortes derivados de los altos sueldos que perciben quienes tienen la suerte mayor : ser ejecutivo de las empresas públicas. Es decir, con derecho a buen ingreso fijo mensual, más comisiones, gastos de representación y bonos en premio a las utilidades, para cuya obtención se ’justifica’ el despido de trabajadores y, en ciertos casos, la adulteración de los balances.

La otra fuente de financiamiento político hay que encontrarla en las grandes y medianas empresas, nacionales o extranjeras. En el pezón de aquellos hombres de esfuerzo (así se autodenominan) y que en cada evento electoral reparten casi a todo los candidatos, aunque los sobres o cheques más contundentes vayan para los garanticen un mejor pasar : menos impuestos, mayor flexibilidad laboral, oportunidades de nuevos negocios, en que no los hostiguen con estudios de impacto en el medio ambiente y otras trabas que inhiben las inversiones.

La corrupción que ha asomado es apenas la punta del témpano. Si por unas modestas concesiones para la revisión técnica se han pagado millones de pesos, cosa de imaginarse lo que puedan estar cancelando las grandes multinacionales para que nuestros ejecutivos del cobre mantengan disminuido el precio internacional, produciendo mucho más de lo aconsejable. O lo que le pudo haber pagado el Señor de los Cielos, el difunto narcotraficante, para que se les entregaran carné de identidad y cobertura general para instalarse en Chile. O de lo que se ufana que pagó el Presidente de Tribasa , cuya quebrada empresa ya había estafado al fisco mexicano, para ganarse las concesiones viales en nuestro país que no alcanzó a terminar.

Porque el silencio también se compra es que hay dirigentes y partidos tan ponderados en sus críticas respecto de los recientes episodios de corrupción. Lo que explica todo es el tejado de vidrio que hoy cobija al conjunto de la clase política, salvo las muy honrosas excepciones. Es en la complicidad de quienes maman en uno o otro lado, donde tiene explicación que, después de 12 años, aún no se legisle para regular el financiamiento de los partidos y limitar los gastos electorales. Quienes se aprontan a llegar o regresar a La Moneda quieren mantener las prebendas de sus antecesores : Esto suele ser lo más atractivo de ese valor democrático de la ’alternancia en el poder’. Hoy por ti, mañana por mí.

Argenpress.info

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