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Aunque tozuda, la postura chilena es de extrema debilidad y por ello teme a que el problema se internacionalice, sobre todo en una etapa como la actual en que Chile es observado como un país que sólo mira hacia Estados Unidos y Europa y abandona cualquier esfuerzo integracionista regional. No se olvida la cancillería chilena que hay antecedentes favorables a Bolivia.
Por Hernán Uribe
Piensa Chile. Chile,
En 1879 Chile tenía una superficie de 576 mil kilómetros cuadrados, pero en la mal llamada Guerra del Pacífico que se inició ese año y finalizó en 1883 creció al apoderarse de 180.000 km2 pertenecientes a
Bolivia y Perú. Este último perdió las extensas provincias de Tarapacá y Arica y el primero la de Antofagasta cuyo territorio limitaba con el Océano Pacífico.
Esa guerra de conquista propiciada por una pujante y agresiva burguesía chilena y que contó con el respaldo económico de Inglaterra, potencia imperial de la época, es la causa primaria del enclaustramiento boliviano, cuya reivindicación marítima se renueva en estos días finales de 2003.
Algo que pasa, del sofisma al cinismo, es el ’argumento’ invocado, entre otros, por Augusto Pinochet, de que Bolivia nunca tuvo mar.
Hechos históricos, léase confirmados, contradicen de plano tal planteamiento. Bolivia se independizó en 1825 y en 1829 el presidente Andrés Santa Cruz fundó la provincia de Antofagasta y enseguida la ciudad-puerto del mismo nombre.
Hasta la mencionada guerra, Chile limitaba al norte con Bolivia, aunque es verdad que, desierto de Atacama (132.000 km2) de por medio, las fronteras eran imprecisas y es por ello que en 1866 se firma
entre ambos países un tratado de límites por el cual Chile reconoce la soberanía boliviana en la región de Antofagasta y se fija el límite septentrional (para Chile) en el paralelo 24.
El conflicto que estalló un siglo y cuarto atrás, debió llamarse Guerra del Salitre y del Guano (estiércol de aves) ya que fueron
empresas chilenas las que comenzaron la explotación de ambos productos (apreciados fertilizantes) en territorios bolivianos y peruanos. Fue la imposición de impuestos y el peligro de una expropiación de las industrias chilenas, lo que desató realmente las acciones bélicas.
Se trató, entonces, de un ataque invasor que en Chile se convertiría,
por obra y gracia de la propaganda, en una ’guerra patriótica’. ¿Por
qué ese calificativo ? Que los soldados chilenos pelearon con bravura
es una verdad, pero también es cierto que lo hicieron- sin quererlo-
para defender los intereses de los multimillonarios de la época.
Al margen de que Chile incrementó su territorio, el gran beneficiado
con la explotación del nitrato de sodio (salitre) fue el imperialismo
inglés. Después de la guerra, los capitalistas británicos compraron
depreciados bonos emitidos por el gobierno de Perú y adquirieron así
nuevos yacimientos. John Thomas North fue motejado como el ’rey del
salitre’, y lo era, ya que en 1886 controlaba el 70 por ciento de esa
riqueza teóricamente ahora chilena.
La guerra comenzó el 14 de febrero de 1879 precisamente en territorio
boliviano y con la ocupación de Antofagasta por tropas chilenas
trasladadas por vía marítima. Tan pronto como en 1880 se firmó entre
Bolivia y Chile un Tratado de Tregua y en 1904 el denominado Tratado
de paz , por el cual Chile se quedó con la provincia de Antofagasta y
Bolivia perdió su costa, por ende su salida al mar. Es claro que,
vencida, esa cláusula le fue impuesta con el poderoso argumento de
las armas, Santiago Carrillo dixit. Chile pudo de esa manera limitar
al Norte con Perú y en eso fue previsor pues Lima jamás ha renunciado
a la eventualidad de recuperar lo que fueron sus territorios sureños.
Esos son los factores históricos que le dan poderosa fuerza moral a
Bolivia para deshacer algo que se impuso por la fuerza. Mas, tampoco
se puede satanizar a Chile si rememoramos que en la segunda mitad del
siglo XIX la mayoría de las naciones europeas tenía colonias en todos
los continentes luego de haber agredido y ocupado a centenares de
naciones sin ninguna justificación ética, como no fuera la falsedad
mayor de ’civilizar’ y cristianizar.
Es asimismo el tiempo en que Estados Unidos se ha apoderado de la
mitad del territorio de México restándole nada menos que dos millones
de km2. La guerra era admitida como un método normal y apropiarse de
lo ajeno regía en aquella suerte de desorden internacional. En
Shangay, China, ocho naciones habían construido instalaciones en el
puerto y en la entrada del recinto habían colocado un letrero
ominoso : ’Prohibido el ingreso de chinos y perros’...
Todo aquello era practicado por naciones que se decían ’democráticas’
y los nacientes países latinoamericanos procuraban imitarlas.
Cerca del fin de año aún permanece en los medios políticos y
periodísticos chilenos la tempestad que desató en noviembre pasado el
presidente venezolano Hugo Chávez cuando dijo ’sueño con bañarme en
una playa de Bolivia’, frase de corte metafórico que fue un claro
respaldo a la reivindicación boliviana de recuperar su litoral en el
Pacífico.
Como Chávez habló en la Cumbre Iberoamericana efectuada en la ciudad
boliviana de Santa Cruz de la Sierra y en presencia del presidente
chileno Ricardo Lagos, el gobierno de este último, se molestó de tal
manera que llamó a su embajador en Caracas e insinuó hasta un
congelamiento de las relaciones diplomáticas.
Chávez, empero, mantuvo la calma y en diciembre en su programa radial
’Aló Presidente’, proclamó en dos ocasiones que Chile le quitó el mar
a Bolivia mediante una guerra. ’Bolivia tuvo mar y tiene derecho al
mar y Chile no debe desfigurar una verdad histórica’, afirmó.
Después de Chávez, la demanda boliviana ha recibido el respaldo del
ex presidente yanqui Jimmy Carter, del propio secretario general de
la ONU, Kofi Annan y del canciller de Brasil, Celso Amorim quien
adujo que si bien es un problema bilateral, lo es también de interés
regional. ’Preocupa avance boliviano. Bolivia y Venezuela complican a
canciller’ escribe el 24 de diciembre el diario chileno ’El
Mercurio’, el cual reconoce que la tesis oficial de Santiago de que
’no hay problemas pendientes con Bolivia’ se está desmoronando.
Aunque tozuda, la postura chilena es de extrema debilidad y por ello
teme a que el problema se internacionalice, sobre todo en una etapa
como la actual en que Chile es observado como un país que sólo mira
hacia Estados Unidos y Europa y abandona cualquier esfuerzo
integracionista regional. No se olvida la cancillería chilena que hay
antecedentes favorables a Bolivia. En 1979-al cumplirse el centenario
de la guerra- la Organización de Estados Americanos (OEA) respaldó la
salida al mar por 25 votos a favor y en contra el solitario de Chile.
En 1983, los cancilleres del Movimientos de los No Alineados
apoyaron, de nuevo, sin vacilaciones la petición de La Paz.
Como es sabido, las relaciones diplomáticas entre Santiago y La Paz
están rotas desde 1962 (con una reanudación breve durante las
dictaduras de Pinochet y Banzer), pero ello es sólo una de las
secuelas de la Guerra del Salitre, ya que son frecuentes los
conflictos con Perú, incluidos los espionajes mutuos.
El anuncio de una alianza estratégica entre Brasil y Argentina es
ahora, en vísperas del 2004, un golpe sin defensa por parte de Chile,
que emerge como un recalcitrante ’yes man’ de Washington en un
periodo en que se constatan relevantes cambios políticos en la
geografía del subcontinente latinoamericano.
Este artículo viene de PiensaChile.com
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