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4 de agosto de 2005

Estados Unidos y la geopolítica del petróleo

 

Por Salvador González Briceño
FORUM,29 de julio del 2005

Washington está cumpliendo un sueño fundacional: ’Hacer de ese país un líder mundial y hegemónico con la consolidación de sus intereses en el planeta, que ocurre en el contexto de la llamada Pax imperial americana’. A esta y otras interrogantes responden Miguel García Reyes y Gerardo Ronquillo Jarillo en Estados Unidos, petróleo y geopolítica. Las estrategias petroleras como instrumento de reconfiguración geopolítica.

Desde los tiempos de la acumulación originaria, el régimen de producción de capital se caracteriza por el atropello, la violencia y la rapiña. Antes fueron la Conquista, la esclavitud, el robo y el asesinato. Ahora son las guerras indiscriminadas que se ejecutan en nombre de la democracia y la libertad, a la sombra de poderosos ejércitos modernos, como Estados Unidos que arrasa con países enteros como Afganistán en Asia Central e Irak en el Medio Oriente (tan
Humor por Sergio LANGER

sólo en este país la guerra ha costado ya 100 mil muertos), a fin de apropiarse de amplias zonas estratégicas y enormes yacimientos petroleros.
El actor principal de esta política de rapiña -la nueva geopolítica global del imperio de los siglos XX y XXI- que a sangre y fuego crea escenarios dantescos en los países invadidos es: Estados Unidos de América (EUA).

Autoerigido en el factotum mundial, EUA encabeza una ofensiva neoimperialista contra el mundo por la enorme dependencia que mantiene del exterior para seguir moviendo los motores de su maquinaria industrial. Los orquestadores de esta política estadunidense de agresión son los llamados halcones, miembros del actual gabinete del presidente George W. Bush, y de la petrocracia texana que encabeza George H. Bush. La estrategia utilizada y desarrollada a partir de una reconfiguración geopolítica del mundo según las mayores reservas petroleras, ha llevado a la Casa Blanca a la consolidación de la llamada Pax americana y a la proclamación de un nuevo orden internacional.

¿Cómo ha surgido EUA, montado en el caballo de la tercera revolución industrial, como potencia única en el mundo de la posguerra fría (después de la caída de la Unión Soviética) y como virtual ganador, a beneficio de sus poderosas empresas trasnacionales, del mercado petrolero en lo que se define como el nuevo orden petrolero mundial?

EUA está cumpliendo un sueño fundacional, ’hacer de ese país un líder mundial y hegemónico con la consolidación de sus intereses en el planeta que ocurre en el contexto de la llamada Pax imperial americana’. A esta y otra interrogantes más responden ampliamente los especialistas en geopolítica petrolera mundial, Miguel García Reyes y Gerardo Ronquillo Jarillo en el interesante libro, Estados Unidos, petróleo y geopolítica. Las estrategias petroleras como instrumento de reconfiguración geopolítica, una coedición de Plaza y Valdés y el Instituto Mexicano del Petróleo, de reciente publicación.

EUA es una potencia militar, científica, industrial y comercial, pero también es, a juicio de los especialistas, ’un enano energético’. Y el petróleo sigue siendo, después de 100 años que lleva como materia prima básica, pese al desarrollo de fuentes alternas de energía, el combustible que mueve a las fábricas y a los automóviles, mientras que el gas natural, por su parte, es el que se utiliza para producir electricidad y el confort que brinda la calefacción.

Así, ’de los casi 20 millones de barriles diarios de petróleo que requiere Estados Unidos cada día (la cuarta parte del total mundial) y de los 45 mil millones de pies cúbicos de gas (también la cuarta parte del consumo mundial), importa del exterior el 75 por ciento, lo que le genera un alto grado de dependencia’ (p. 100). La vulnerabilidad en materia energética ha hecho que, sobre todo a partir de la crisis petrolera de los años setenta (en 1973 el embargo petrolero y en 1979 el ajuste de precios por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), los energéticos se convierten en asunto de seguridad nacional para EUA. Un asunto de sobrevivencia.

Por supuesto que no sólo EUA depende de grandes importaciones de petróleo para su desarrollo. También los grandes países industrializados, como Japón, India, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá. Unos más que otros. Japón, por ejemplo, requiere importar 98 por ciento del total de hidrocarburos que consume. Y si EUA consumiera sus reservas le alcanzarían sólo para 10 años, a Canadá para nueve y a Europa para nueve también. Con datos duros: su ’el mundo consume cada día aproximadamente 82 millones de barriles de crudo, 31 millones de barriles equivalentes a gas natural, 43 millones de barriles equivalentes de todas las demás fuentes juntas’ (p. 86), el mundo industrializado quema ’el 58 por ciento de la demanda global de crudo’, en tanto que ’el 35 por ciento corresponde a las naciones en desarrollo y China, y el siete por ciento para los países exsocialistas’ (pp. 86, 88).

Todo se genera porque ’en el área de las reservas probadas de petróleo y gas hay una distribución irregular de las mismas, lo cual es causa de muchos problemas políticos y económicos internacionales, muchos de los cuales derivan en enfrentamientos de índole geopolítica’ (p. 79), según el análisis de García Reyes y Ronquillo Jarillo. Es decir, ’de un billón 200 mil barriles de reservas probadas de petróleo, el 66 por ciento se localizan en el Cercano y Medio Oriente’ (ibid.). Por eso no es gratuito que ’la mayoría de las guerras internacionales del siglo XX donde participó EU, tuvieran como trasfondo la disputa por los energéticos, sobre todo los hidrocarburos’ (p. 413). Ahí están aquellos conflictos internacionales donde EU ejerce como hegemón en: Corea del Norte, Venezuela, Afganistán, Irak, Chechenia, Asia Central y la República exsoviética de Georgia.

Política petrolera y desarrollo industrial

EUA resultó un gran benefactor de la segunda revolución industrial de 1870 (al igual que la primera que surge en Europa en 1770) con el invento del motor de combustión interna y la producción en serie del automóvil (el fordismo), un salto tecnológico ’donde el petróleo y el gas se convierten en las principales fuentes generadoras de energía; con ello, los transportes, la industria y el ámbito doméstico se vieron ampliamente favorecidos’ (p. 111). El otro gran salto que benefició a la industria fue la tercera revolución científico-tecnológica. La escasez de hidrocarburos ’impulsó la bioingeniería, las telecomunicaciones y la robótica. Estas tres áreas del conocimiento humano se convirtieron en la base del tercer paradigma científico-tecnológico de la humanidad’ (p. 128).

Las fábricas ahorran energía sin tener que bajar su productividad; los robots sustituyen mano de obra elevando la producción a más bajo costo y a gran velocidad; la bioingeniería revoluciona las industrias alimentaria, química y farmacéutica, permitiendo, a la vez, un ahorro de recursos energéticos no renovables. En tanto las telecomunicaciones inciden en el diseño de las computadoras y de los satélites y viceversa, porque ’la utilización de ordenadores avanzados, chips semiconductores y fibras ópticas se aplican a las telecomunicaciones’ (cfr. Pp. 128-129).

Con la crisis de los años 70 que impulsó el avance tecnológico, o tercera revolución científico-industrial, ’las más beneficiadas fueron las empresas trasnacionales, entre ellas las petroleras, mismas que comenzaron a diseñar estrategias de dominación del mercado mundial. Sus dos grandes obstáculos eran la OPEP y la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). En los años noventa, ya sin la URSS y con una OPEP debilitada, las trasnacionales promovieron un nuevo orden petrolero mundial, en el cual ellas y los países consumidores tienen el control total del mercado petrolero mundial’ (p. 275, nota).

Por supuesto que no todo fue fruto del avance tecnológico ni de la política agresiva de las trasnacionales. También coadyuvaron políticas de Estado, principalmente encabezadas por los gobiernos (republicanos y demócratas) de EUA, en una lucha de varios frentes, jugándosela a eliminar enemigos como la OPEP y a derrotar competidores como la propia URSS. De igual modo que aplicando políticas, en el marco del proceso globalizador (léase Ronald Reagan en EU y Margaret Tatcher en Gran Bretaña), de privatización de amplios sectores económicos en los países (como los energéticos) y la apertura sin más a la inversión privada y extranjera; es decir, políticas de ajuste estructural que facilitaran la integración y un adelgazamiento del Estado en aquellas economías emergentes que contaran con reservas de petróleo y gas, y permitieran la incursión de las petroleras trasnacionales. Fue el caso de, por ejemplo, empresas como Chevron, Standard, Movil y Unocal, todas de EUA; AGIP de Italia; Taurus de Suecia; Elf Aquitaine y Total de Francia, y Lukoil de Rusia, de acuerdo con datos del libro referido.

En este proceso jugó un papel importante la presencia de George H. Bush, primero como vicepresidente de Reagan y luego como presidente de EU, porque él fue quien, como cabeza de la petrocracia texana, diseñó y puso en práctica su propia estrategia petrolera. Algunos de sus logros fueron: ’transferir a las compañías privadas de su país la parte de la cadena productiva de la industria local, que se encargaba de la refinación y la petroquímica; asegurar el abastecimiento de hidrocarburos para su país; abrir la industria petrolera de la URSS y de las naciones socialistas al capital privado estadunidense y tomar el control del Medio Oriente y zonas aledañas’ (p. 223).

Pero el demócrata William Clinton no se quedó atrás en proyectar el avance de las empresas petroleras de su país y en ayudar a debilitar a la OPEP. Así, las trasnacionales estadunidenses entraron al Cáucaso, Asia Central y el Mar Caspio; también a China y el Medio Oriente. Y en materia de geopolítica impulsó el fortalecimiento político de Rusia y la Comunidad de Estados Independientes (CEI); el acercamiento de las repúblicas exsoviéticas al mundo capitalista; la desintegración, balcanización, de Yugoslavia y la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Europa Central.

George W. Bush, por su parte, no sólo le dio continuidad a la estrategia petrolera de su padre, sino que pronto consiguió cambios geopolíticos importantes con el uso de la fuerza, haciéndole la guerra al Islam, con el pretexto de combatir el terrorismo internacional luego de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. ’Con la guerra en Afganistán, de la cual Bush salió victorioso, EU pudo posicionarse en el Cáucaso y en Asia Central exsoviética, ambas regiones pletóricas de hidrocarburos. Entre sus aliados de la región ahora destacan Afganistán, Uzbekistán, Georgia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Pakistán, Kirguistán y Tayikistán’ (p. 227). Y con la guerra en Irak, Bush consiguió otro tanto: derrocar a Sadam Hussein (a quien nunca le encontraron las armas de destrucción masiva de que se le acusó y presunto motivo por el cual se invadió aquel país), posicionar a las empresas trasnacionales estadunidenses en el área rica en petróleo y gas, y debilitar a las petroleras rusas, europeas y asiáticas en la región.

’Así las cosas -comentan los analistas en geopolítica-, en la actualidad el acontecer diario en el mercado petrolero internacional, así como los cambios geopolíticos que están ocurriendo, deben entenderse fundamentalmente en función de las actividades bélico-diplomáticas que realiza el Pentágono junto con los halcones de la Casa Blanca’ (p. 273). Todo en aras de edificar y consolidar el poderío unilateral de un país como hegemón del siglo XXI, preocupado por consolidar también la Pax imperial americana y dominar así las principales fuentes energéticas del mundo, sin importar a quien haya que destruir.

En estos y otros asuntos, como por ejemplo: la distribución de las reservas petroleras del mundo, el estatus de los países productores y los consumidores de energía, la refinación, una breve historia del mercado petrolero, de la construcción detallada del nuevo orden petrolero, del colapso de la Unión Soviética, de la determinación de los precios del petróleo, la situación de las exrepúblicas soviéticas, las escuelas de geopolítica, la agenda petrolera de EU y la situación de México y Petróleos Mexicanos en el contexto mundial, sobre estos y otros temas abunda el libro con gráficas y datos que trata sobre la geopolítica petrolera mundial, la causante de muchos de los cambios impulsados en el entorno internacional de hoy.

Con la voracidad imperial de EUA, que arrasa con países y sus recursos sin importar los costos humanos, pareciera que estamos retornando (según análisis del propio García Reyes, en entrevista con ) ’a los tiempos de la fase imperialista del capital, la del expansionismo colonialista de las grandes potencias que se dio entre 1870 y 1964’. Los tiempos de la barbarie que están de regreso, si no es que siempre han estado presentes, porque es el modus operandi del capital desde sus primeros pasos.

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