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24 septembre 2003

Allende otra vez : En el umbral de un nuevo periodo histórico

 

Por Aníbal Quijano
ALAI-AMLATINA, 16/09/03, Lima.

En los últimos treinta años, ha habido dictaduras más prolongadas y más brutales, dentro y fuera de América Latina. ¿Por qué, entonces, tantos en todo
el mundo se alistan hoy a conmemorar precisamente el ominoso comienzo de esta particular historia ? El que produjo el régimen de Salvador Allende no era el más radical, ni el más profundo, de los procesos de cambios históricos que tenían lugar en ese mismo momento en América Latina. ¿Por qué, entonces, concitó por sobre todos los otros la esperanzada atención de todo el mundo ? ¿Y puesto que era un régimen establecido según todas las reglas de la democracia liberal y vuelto a legitimar del mismo modo, dos años después, en
elecciones municipales, por qué el Estado de Estados Unidos,
cuya hegemonía no era entonces contestada entre los socios del
mundo imperialista, decidió, junto con sus socios chilenos,
destruirlo de manera sangrienta, alegando que lo hacía nada
menos que en defensa de la democracia ?

Treinta años no son siempre suficientes para producir una
perspectiva eficaz que desoculte los sentidos históricos de
los procesos y de los sucesos ocurridos en su curso. Al
cerrarse éste, sin embargo, ahora no es difícil advertir que
estas no son tres décadas cualesquiera, sino el tiempo de un
específico período histórico cuya singular importancia apenas
comenzamos a entrever, porque las implicaciones de los cambios
históricos que ha producido apenas están comenzando a
desplegarse, inclusive un modo diferente de producir nuestro
conocimiento de la historia. Puesto que no dispondré aquí del
espacio necesario para presentar y discutir de modo
sistemático las respectivas cuestiones, me restringiré a
señalar y abrir las que pueden ser consideradas como
decisivas.

Crisis y globalización de la contrarrevolución

Este período histórico se abrió con la más profunda y duradera
de las crisis, que aún no termina, del actual patrón de poder
mundialmente dominante. Y se desarrolló, hasta aquí, como un
victorioso proceso contrarrevolucionario. Esta última
dimensión del proceso no consiste sólo, y quizá no tanto, en
la derrota y en la desintegración del "campo socialista" como
rival principal del imperialismo y junto con él, inclusive de
las entonces minoritarias corrientes y organizaciones
antagonistas del capitalismo. Consiste también, y ante todo,
en la aceleración y en la profundización abruptas de las
tendencias centrales de este patrón de poder, a partir de
aquellas derrotas de sus rivales y antagonistas. Eso no podía
dejar de implicar, y ha implicado, la rápida intensificación
de la dominación política imperialista y de la explotación
capitalista del trabajo, a escala mundial. En otros términos,
este proceso ha producido la derrota social y política
extremas de los dominados y explotados del mundo. Se trata,
por eso, de un proceso mundial de contrarrevolución del
imperialismo capitalista. Tal es el carácter básico de lo que
la prensa capitalista llama "globalización". Y el Golpe de
Pinochet, el 11 de setiembre de 1973, que llevó a la muerte de
Salvador Allende y a la destrucción del régimen de la Unidad
Popular en Chile, fue el evento mayor con el cual se inició
este específico período histórico y en particular su dimensión
contrarrevolucionaria(1).

El contexto histórico que produjo la crisis

Lo que la prensa gringa bautizó como "stagflation", la
inusitada combinación de estancamiento productivo con
inflación, inédita en la historia capitalista, estalló ese
mismo año de 1973, casi al mismo tiempo que la formación de la
OPEP y poco después del Golpe de Pinochet.

La asociación histórica entre dichos acontecimientos no es difícil de establecer.

La OPEP era una señal dramática, por la importancia del
petróleo para el capitalismo, de la intensificación de la
lucha mundial por la desconcentración del control del poder,
recomenzada al término de la Segunda Guerra Mundial como
proceso anticolonial y antiimperialista en Asia, Africa y
América Latina, y que en algunos pocos casos había avanzado
hacia una alguna redistribución real de dicho control (China,
Cuba, o Bolivia tempranamente derrotada entre 1952 y 1964).

En América Latina en particular, ambas dimensiones de ese
conflicto aparecieron asociadas. Los "nacionalistas" y los
"socialistas" se daban la mano, pues tenían un interés común :
el control del Estado. De un lado, las luchas guerrilleras
que después de Cuba se extendieron a Colombia, Venezuela,
Argentina, Uruguay, Bolivia, pugnaban por una redistribución
del control del poder. Y los propios trabajadores, de manera
mucho más profunda y radical en el caso de la Asamblea Popular
de Bolivia, víctima de un Golpe Militar un año antes que el de
Pinochet. De otro lado, las corrientes "modernizadoras" y
"desarrollistas" de las capas medias y de algunas fracciones
burguesas, pugnaban también por lograr alguna desconcentración
del control del poder, como en los casos de la Democracia
Cristiana, sobre todo en Chile y Venezuela, y del militarismo
reformista y nacionalista, como en los casos de Velasco
Alvarado, Rodríguez Lara, Juan José Torres, Torrijos, en Perú,
Ecuador, Bolivia, Panamá, respectivamente, todos empeñados en
prevenir procesos revolucionarios.

Simultáneamente, los trabajadores explotados de todo el mundo,
y en particular en el "Centro" del universo capitalista, no
sólo continuaban sino extendían y profundizaban sus propias
luchas por negociar mejor las condiciones y los límites de la
explotación y, en primer lugar por aumentar salarios y mejorar
sus condiciones de trabajo. De ese modo, la disputa mundial
se desarrollaba en dos canales y en dos niveles simultáneos.
De una parte, entre los grupos burgueses del mundo, por la
desconcentración o la redistribución del control del capital y
del plusvalor entre grupos burgueses de desigual acceso al
control del poder capitalista. Mientras de otro lado las
luchas de los trabajadores de todo el mundo ponían en cuestión
la distribución del plusvalor entre la burguesía y los
explotados, a escala mundial, pero en especial en el "centro"
del capitalismo.

La creciente agudización de esos dos tipos y niveles del
conflicto social y político mundial - que ya había comenzado a
generar sus efectos desde 1969 con la decisión norteamericana
de anular los acuerdos de Breton Woods sobre la relación
dólar-oro y con la creciente extensión de la inflación
mundial, que llegaba ya al doble dígito en Estados Unidos por
primera vez en su historia - desembocó a fines de 1973 en la
brusca caída mundial de la tasa de ganancia y, con ella, en el
también abrupto estancamiento de la producción, mientras
continuaba creciendo la inflación.

La magnitud y la profundidad de la crisis en la estructura de
acumulación capitalista, de un lado aterró a los grupos
capitalistas que ocupaban el "Centro" del control mundial del
patrón de poder, esto es, a los principales grupos
imperialistas. Pero del otro lado, sin duda generó en sus
rivales del "socialismo real" la ilusión de avanzar en la
disputa por la hegemonía mundial, y entre las corrientes y
organizaciones anticapitalistas, la ilusión de que, por fin,
estaba cerca la revolución socialista como efectiva liberación
del poder. Para tales corrientes, la liberación del trabajo
era, con seguridad, la cuestión predominante, seguida de la
"liberación nacional". Pero si se recuerda bien, los
movimientos de liberación femenina, los movimientos
antirracistas, antihomofóbicos, los movimientos de jóvenes,
estaban ya en pleno desarrollo. Y el propio patrón
eurocéntrico de producción y de control del conocimiento
estaba ya en cuestión. Al estallar la "stagflation", todo ese
contexto entró en combustión. Era, de ese modo, un momento de
genuina crisis del poder, en todas sus dimensiones. ¿Por qué
esta crisis se desarrolló y, aunque parcial y temporalmente,
se resolvió como una victoriosa contrarrevolución capitalista
global ?

Texto completo en :
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Servicio Informativo "Alai-amlatina"
Agencia Latinoamericana de Informacion - ALAI
Correo : info@alainet.org
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