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19 septembre 2005

¿A dónde vamos en Chile en este nuevo ciclo expansivo ?

 

Los trabajadores debemos en estos años crecer organizacional y políticamente, para empezar a pesar definitivamente en nuestra historia. Una historia que desde los años de la dictadura y de la resistencia han impuesto sin contrapeso mayor las clases dominantes, el gran capital nacional y extranjero.

Por Manuel Hidalgo
Attac
Lunes, 12 de Septiembre de 2005

A través de los medios de comunicación, los sectores populares han recibido información de la favorable evolución y de las mejores perspectivas que están teniendo tanto el escenario económico internacional como el de la economía chilena, en particular, a contar del año pasado. La comprensión, sin embargo, de los reales alcances que tiene la coyuntura que se abre, no es mayor. Existe, por ello, el peligro de que la historia una vez más transcurra sin que la acción de los trabajadores y ciudadanos organizados tenga mayor incidencia en su devenir, y lo que es peor aún, que sean las ambiciones e intereses empresariales las que terminen por diseñar sin mayor contrapeso el futuro mediato del país.

Al interior de las grandes empresas, la lucha de los asalariados, luego de 6 años sin mayor reajuste real en sus sueldos y de fuertes reestructuraciones de personal, que conllevaron masivos despidos en los años 2000 y 2001 sobre todo, vuelve a encontrar un terreno más favorable. Las ventas y las utilidades de ese sector, -que genera el 80% del producto, aunque emplea a no más del 10% de la fuerza de trabajo-, vuelven a empinarse a tasas que a veces llegan hasta los dos dígitos.

Más allá de ellas, en el vasto sector de las medianas, pequeñas y microempresas, en que sobrevive el 85% de la fuerza de trabajo, el "chorreo" de este recuperado impulso de la actividad económica, aún no se percibe mayormente. Y existen fundadas dudas de que más adelante el "arrastre" del sector moderno y exportador pueda llegar a movilizar significativamente a este otro "mundo" aún sumergido de la economía chilena. No es por ello extraño que un sector mayoritario de la población siga manifestando reservas acerca del buen momento económico que se vive.

Pero analicemos un poco más esta nueva coyuntura económica.

PIB, Empleo, Salarios Reales y Productividad Media del Trabajo
(Tasas promedio anuales)

PeríodoPIBEmpleoSalarios RealesProductividad Media
1990-1997 7,7% 2,5% 3,6% 5,2%
1998-2003 2,7% 0,8% 1,8% 1,9%
2004 6,1% 1,8% 1,8% 4,3%

Fuente : Instituto Nacional de Estadísticas y Banco Central.

La economía chilena se encuentra transitando el segundo año de un nuevo ciclo expansivo, que se inició a fines de 2003 y que ya se reflejó en algunos resultados macroeconómicos de 2004. Como se sabe, el PIB creció en un 6,1%, empujando por el salto que pegaron las exportaciones -más de 32 mil millones de dólares, casi un 49% más que el récord anterior de 21 mil 500 millones de dólares del año 2003-. Las exportaciones mineras, en particular, casi se doblaron : 16.459 millones de dólares, a consecuencia fundamentalmente del fuerte mejoramiento del precio del cobre -que pasó de un promedio anual de 80 centavos de dólar la libra, a 130 centavos de dólar la libra.

Los determinantes del inicio de este nuevo ciclo expansivo, una vez más, han sido los precios de nuestras materias primas en el mercado mundial y el flujo de recursos externos hacia la economía chilena. En otras palabras, el empujón para salir del atolladero, por enésima vez, vino desde afuera.

Precio promedio del cobre
(en centavos de dólar la libra)

1990-19971998-200320042005(*)
107,8 75,3 130 150

Fuente : Comisión Chilena del Cobre (*) estimación

Entrada Neta de Inversión Extranjera Directa, Chile 1990-2004
(Millones de US$)

1990-1995prom. anual 1996-2000prom. anual 2001 2002 2003 2004
1.498,7 5.667,0 4.199,8 2.549,9 4.385,4 7.602,8

Fuente : "La inversión extranjera en América Latina y el Caribe, 2004", CEPAL.

En este sentido, las autoridades políticas y económicas del tercer gobierno de la Concertación desestimaron utilizar la política fiscal como herramienta para salir de la coyuntura recesiva vivida desde 1998, o utilizar más ampliamente el crédito internacional ventajoso del que gozaba el país, para acelerar la reactivación. Por el contrario, aplicaron la norma del "superávit estructural", como demostración de disciplina fiscal, para seguir ganando la confianza de los inversionistas y de la banca internacional ; mientras el "pulso" económico del país languidecía hasta mediados de 2003. Y con él, se prolongaba el sufrimiento de los cientos de miles de desempleados.

Para fortuna de esas autoridades, que lo jugaron todo al "impulso del exterior", éste finalmente llegó en el segundo semestre del 2003. El nuevo rebote de la economía mundial creó un escenario que ha tenido a Chile entre sus principales beneficiarios en América Latina. Ya durante 2003, el alza del precio del cobre y el fuerte ingreso de capital financiero a la bolsa local se tradujeron en una cuantiosa afluencia de dólares y una apreciación sostenida del peso. Lo que indujo una caída de la inflación por debajo inclusive de la meta del Banco Central, permitiéndole reducir las tasas de interés hasta el 1,75% en enero 2004.

Las bajas tasas de interés se mantuvieron durante buena parte de 2004, alentando a un mayor despliegue de la demanda interna, que finalmente empezó a reaccionar en el segundo semestre de 2004. En particular, la inversión fue agarrando fuerza de allí en adelante, hasta alcanzar cifras peak durante el primer semestre de 2005. La tasa de inversión que alcanzó a ser un 25,2% del PIB en 2004, llegaría a un 28% en el 2005, un récord histórico. Se comprende entonces que la expectativa empresarial es de al menos dos ó tres años más muy favorables para la economía chilena. Es por ello que hablamos de un nuevo ciclo expansivo y no tan sólo de una buena coyuntura.

En el transcurso del primer semestre de 2005 se han afirmado así los soportes de este nuevo ciclo expansivo. Por un lado, precios altos de nuestras materias primas, en particular del cobre, que se mantendrán por unos años más. Por otro, renovado impulso de las inversiones en el sector moderno de la economía chilena, aprovechando una muy favorable coyuntura financiera internacional y la excelente clasificación de riesgo país que se tiene.

Los desafíos a nivel macro

El tema es ¿cómo vamos a aprovechar este ciclo ? ¿Se ampliará la base del crecimiento y extenderá la modernización productiva ? ¿Se avanzará en una integración política y económica regional más allá de los intereses de las transnacionales ? ¿O nos limitaremos a seguir haciendo más de lo mismo… ?. Como reconoce el reputado economista Felipe Larraín, "llevamos casi dos décadas de crecimiento sostenido, pero los niveles de desigualdad son similares a los que teníamos a fines de los ochenta". Y seguimos sin superar la vulnerabilidad estructural de un crecimiento basado en la exportación de materias primas cuyos precios no controlamos.

Sin emprender una verdadera estrategia de desarrollo productivo que vertebre el crecimiento del sector exportador y moderno con el devenir de las pequeñas, medianas y microempresas, los problemas de falta de empleos de calidad y mayor calificación de la fuerza de trabajo seguirán impidiendo tener un país menos desigual y crecerá por el contrario la tensión entre "dos Chiles" que es hoy ya claramente perceptible.

El amplio activismo que en cuanto a suscribir acuerdos comerciales y TLCs que ha desplegado la cancillería chilena, sin casarse -es cierto- con ninguno de los polos dinámicos del comercio mundial y sí abriéndose con todos, corre el riesgo -en ausencia de esa estrategia de desarrollo- de profundizar un efecto diferencial, benefactor para el sector exportador y liquidador de quienes deben enfrentar la competencia importada.

Por otra parte, en dirección a un desarrollo industrial y tecnológico mayor, a fortalecer nuestra seguridad alimentaria y energética, lo mismo que a un posicionamiento político de mayor soberanía en el nuevo orden internacional que está emergiendo, resulta urgente un mayor compromiso de Chile con la integración sudamericana. Sin suscribir y llevar adelante acuerdos mayores en este plano, con un decisivo rol de los estados y de articulación de sus esfuerzos, para encarar un plan mínimo de desarrollo regional, que vaya más allá de establecer marcos regulatorios para la iniciativa privada de quienes operan en la región, no se estará dando el salto que es posible y necesario dar en ese momento histórico.

Se requiere, por tanto, profundizar el curso de reposicionamiento de la diplomacia chilena que se ha venido dando en el último año, asumiendo la perspectiva de la integración sudamericana de una manera más profunda e integral. Ello pasa por encarar esa integración como proceso político, económico, social y cultural. Por construir una sólida institucionalidad política sudamericana, por conferir a todos los habitantes de la región una ciudadanía sudamericana como base de ella ; por articular una estrategia que enfrente nuestras mayores carencias económicas y sociales, con una perspectiva de largo plazo ; por potenciar y abrir mayores espacios al conocimiento y reconocimiento de la diversidad, de la enorme riqueza cultural de nuestros pueblos indígenas, afroamericanos y mestizos.

Un norte para la lucha reivindicativa de los asalariados

En el plano más "micro", a nivel de las empresas y en el mundo del trabajo, los trabajadores asalariados : ¿a qué apuntaremos ?

Una primera cuestión, sin duda, será lograr mayores reajustes reales de remuneraciones. Es una aspiración lógica y que encuentra su fundamento en el aumento de la productividad laboral que se ha alcanzado en los últimos años, en particular, en la gran empresa. Aún hasta el presente, las empresas están ahorrando empleo e intentando producir más con los mismos trabajadores. Tendencia que se ha reforzado luego de las últimas reformas laborales, que en la perspectiva empresarial han derivado en un costo salarial más rígido (seguro de desempleo, disminución de la jornada de trabajo).

Ganar más es, pues, una primera dirección. Aunque no será fácil que ello se produzca única o principalmente por la vía de aumentos de las remuneraciones fijas. Y existe una tendencia que previsiblemente se acentuará a que sea cada vez más a través de compensaciones variables. Es decir, a través de bonos de productividad u otros sujetos a resultados.

Una segunda dirección necesaria es luchar agresivamente por aprender más, por elevar sustantivamente nuestro nivel de calificación técnica y/o profesional. Este es el momento para hacerlo. Más que nunca las facilidades y franquicias que el estado otorga para financiar la capacitación se han ampliado y seguirán ampliándose. Las empresas, sobre todo las grandes, disponen de un volumen importante de recursos para esto. El tema está en que los trabajadores y los sindicatos disputen un rol más protagónico en este empeño. Que entren directamente a plantear sus intereses y necesidades al respecto y a preocuparse por encontrar la mejor oferta educativa que las pueda satisfacer. Que no dejen toda la iniciativa en este plano al empleador.

Sólo si al cabo de estos próximos 4 ó 5 años se ha elevado en forma importante nuestra calificación podremos enfrentar con mayor tranquilidad el futuro. Porque sólo por esta vía se puede aspirar a aumentos sustantivos de nuestras remuneraciones, al mismo tiempo que acrecentar nuestra "empleabilidad" ; es decir, ampliar nuestro margen de maniobra frente al riesgo del desempleo.

Una tercera dirección es tener más tiempo para vivir. Esto es esencial. A pesar de que la jornada semanal de trabajo se redujo a contar del 1º de enero de este año a 45 horas, lo cierto es que los trabajadores y trabajadoras chilenas consumen una enorme parte de sus vidas en sus centros laborales (y desplazándose hacia ellos, en el caso de Santiago). Las infracciones más extendidas de la legislación laboral son sin duda las que tienen que ver con el exceso de horas de sobretiempo y el trabajo en días de descanso semanal obligatorio (y legalmente irrenunciable).

La tensión más allá de lo racional que el sistema crea en los trabajadores por "ganar más", los induce a la complicidad con estas infracciones y a ceder en este aspecto a los ofrecimientos de sus empleadores. Los costos en salud física, mental y familiar muchas veces no se perciben en lo inmediato, pero aparecen irremediablemente tarde o temprano. Y entonces el trabajador o trabajadora se da cuenta que de nada sirvió tan tremendo sacrificio, porque no hubo tiempo para gozar lo que se conseguía, o porque se consumió toda la vitalidad consiguiendo ese mayor ingreso y ya no hay ni fuerzas ni amigos, ni familia con la que disfrutar de ello.

Es por todo eso que luchar por una mayor reducción de la jornada, por ejemplo, a las 40 horas semanales, sin rebaja de remuneraciones, es una legítima y necesaria bandera de lucha. Que no se contrapone y que puede sumarse a la existencia de jornadas parciales de trabajo

Participar más, es una cuestión fundamental. Sin una mayor participación de los trabajadores al interior de sus propias organizaciones, no cabe esperar el salto en el desempeño de los sindicatos que se requiere. La inmensa mayor parte de las organizaciones sindicales depende la iniciativa casi exclusiva de su núcleo directivo. Y los dirigentes no aciertan con la fórmula para incorporar a sus socios en un quehacer más diverso y permanente. Pesan en ello las visiones equivocadas, estrechas y reduccionistas del quehacer sindical que imperan en los trabajadores.

Por otra parte, es necesario también que los sindicatos ganen mayores espacios de participación en las decisiones que sobre el personal toman sus empleadores. Porque, por cierto, los cambios del entorno en que las empresas se mueven no han terminado y vivimos, por el contrario, en un mundo cada vez más turbulento y cambiante. Y si no queremos seguir experimentando esos cambios en perpetua condición de víctimas, no nos queda más que ganar capacidad de incidencia en cómo nos ajustamos a ellos y cuáles asumimos y cuáles no.

En definitiva, los trabajadores debemos en estos años crecer organizacional y políticamente, para empezar a pesar definitivamente en nuestra historia. Una historia que desde los años de la dictadura y de la resistencia han impuesto sin contrapeso mayor

las clases dominantes, el gran capital nacional y extranjero. Sin constituir un nuevo movimiento popular, dotado de renovada confianza en sí mismo, provisto de una conciencia mayor de la complejidad que reviste la etapa actual de lucha contra el capital, articulado en su diversidad de actores y proyectado más allá de las estrechas fronteras nacionales, no será posible soñar con un cambio más radical y profundo para este rincón de la América del Sur. Que como todos los pueblos hermanos de América y el mundo se merecen un lugar en la superación del neoliberalismo y en la construcción de un "otro mundo, posible y necesario".

* Manuel Hidalgo V. Es economista, asesor sindical y adherente de Attac

Agosto 2005.

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