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18 février 2004

Unión Europea : con la cola entre las patas

 

Por Heinz Dieterich
Rebelión, 15 de febrero del 2004

A la sombra del viejo colonialismo europeo se ventiló el vandalismo cultural del nuevo. A pocas cuadras de la inmensa fortaleza colonial La Cabaña ---testimonio del martirio de esclavos e indígenas caribeños--- los disputantes se reunieron en el restaurante la Divina Pastora, con el fin profeso de los procónsules del imperialismo europeo, de aclarar su papel en el boicot cultural a Cuba.

El embajador alemán había visitado la XIII Feria Internacional del Libro de La Habana, no como embajador sino como "persona", y lo que vio en la sección alemana lo dejó impresionado. Más de treinta editoriales y una serie de conjuntos culturales habían desafiado el bloqueo cultural impuesto por el gobierno de Berlín, causándole un problema de legitimidad al Ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer y a la Unión Europea (UE).

El imperialismo europeo, cuya estrategia de marketing en América Latina se basa en su presentación como el alter ego sofisticado, cultural y benigno de los brutales mercantilistas gringos, se había desenmascarado como lo idéntico de lo supuestamente disímil. Tal como los gringos están bloqueando las medicinas para el pueblo cubano, violando su derecho a la salud física, así los europeos le negaron a un pueblo hambriento de lectura el derecho humano a la salud mental que es el acceso al acervo de la cultura universal.

La invitación a los organizadores alemanes anti-boicot de la Feria, de acudir a la Embajada para charlar con el honorable funcionario era, por lo tanto, inevitable. Como era igualmente inevitable que los alemanes la rechazaron, para no ser desleal con el pueblo cubano. Hablar dentro de la Feria causaba el mismo problema y finalmente, la diáspora alemana y el poder metropolitana se reunieron bajo la benevolente mirada de la Divina Pastora, para lindar asperezas.

Con anticipación, el agregado cultural alemán había explicado ---off the record--- que la responsabilidad de la agresión cultural a Cuba había sido de Joschka Fischer, el inescrupuloso y oportunista militante callejero del 68, convertido, junto con Danny "el rojo" Cohn Bendit, en voceros del proyecto neofascista de George Bush.

"Hemos escrito un sinnúmero de cartas al Ministerio, explicando porque no debía tomarse esta decisión", dice el Agregado, pero los compromisos de Fischer con la derecha de la Unión Europea y con Washington pesan más. Protestó, sin embargo, el término "vandalismo cultural", porque algún apoyo sí se había dado, comentario con que se refirió a algunos boletos aéreos supuestamente financiados por ellos.

No menos preocupado por la imagen de la sofisticada y cultural Europa se mostró la Delegación de la Comisión Europea en Cuba, porque hasta en el Nuevo Herald de Miami fue reseñada la perfidia de la UE bajo el título "Candente polémica con la Unión Europea".

En un comunicado del 6 de febrero, la Delegación negó lo innegable : "que la Unión Europea jamás ha decidido un bloqueo cultural contra Cuba y que sigue dispuesta a apoyar actividades culturales en Cuba dentro del marco vigente definido por las autoridades cubanas".

Tal especulación con la corta memoria de la opinión pública mundial es asombrosa. Apenas el 5 de junio de 2003, los hipócritas de la UE, "profundamente preocupad(os) por la continua y flagrante violación de los derechos humanos" en Cuba, decidieron poner en marcha una serie de sanciones diplomáticas, entre ellas, la reducción de visitas bilaterales, de la presencia oficial europea en actividades culturales cubanas, la revisión semestral de sus relaciones con la isla y la invitación a los disidentes cubanos a la celebración de actos nacionales en Europa.

Dicha declaración fue, a su vez, la culminación temporal de una política iniciada hace alrededor de ocho años, cuando Aznar, heredero del franquismo español, recibió financiamiento para su campaña electoral de la mafia terrorista de Miami, a cambio de la promesa de participar protagónicamente en la destrucción de la Revolución Cubana.

A mediados de 2003 esa política arreció, con Otto Reich declarando en la patria de Berlusconi, coincidiendo con la Ministra de Relaciones Exteriores de Aznar, Ana Palacio, que "el régimen de Castro entró en la fase terminal" ; y Collin Powell, advirtiendo el 8 de junio, en Puerto Rico, que los Estados Unidos podrían unirse a la Unión Europea en "una estrategia común contra Cuba".

Central en ese engranaje subversivo de la "estrategia común" son Javier Solana, Joschka Fischer, ambos neófitos de derecha, y un tecnócrata alemán que es uno de los principales asesores de Solana en el entorno del Consejo de Ministros de la UE. El 1 de julio, ese tecnócrata recibió a Larry Klayman, Director de la organización anticubana estadounidense Judicial Watch, quien, acompañado de una serie de cubanos exiliados, trató de conseguir en Bruselas que la UE y Bélgica establezcan una política mundial de sanciones y embargos económicos contra Cuba, "tal como se aplicaron contra África del Sur".

Finalmente, el 2 de diciembre, el Consejo de Ministros de la Unión Europea aprobó por unanimidad una propuesta presentada por España que condicionaba su futura política frente a la República de Cuba al respeto a los derechos civiles y "el progreso verdadero hacia la democracia y el pluralismo" en la isla.

La declaración establece que a partir de entonces, la Unión Europea "evaluará el desarrollo de las políticas internas y externas cubanas, en particular la ratificación y observación de los convenios de derechos humanos" ; asimismo, una eventual "ayuda humanitaria estará sujeta a un acuerdo previo sobre su distribución y sobre las ONG que deberán contribuir a dicha distribución".

La aplicación de esta "posición común" sería controlada por el Consejo de Ministros y su evaluación se efectuaría después de seis meses. El gobierno derechista español de José María Aznar expresó su beneplácito ante el apoyo "claro y manifiesto" de Los Quince y la Casa Blanca saludó "este importante cambio de las palabras a los hechos" de sus aliados europeos.

El apoyo del dinosaurio menor a su hermano mayor estadounidense no sorprende. La componenda imperial se avecinaba desde tiempo atrás, cuando el comisario europeo encargado de las relaciones con Estados Unidos, León Brittan, declaró en Nueva York que la UE no aceptaba la ley Helms-Burton, pero que estaba dispuesta a presionar junto con EU a Cuba a "democratizarse".

Fue dentro de este contexto generalizado de agresión, que el 21 de agosto del 2003, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania (AA) informó que ese país europeo ---que iba a ser el invitado especial en la Feria Internacional del Libro de La Habana en enero del 2004--- no participaría oficialmente en el evento, debido a la "situación general" de los derechos humanos en Cuba, la "reciente encarcelación de 75 opositores y la reintroducción de la pena de muerte".

La Fundación Príncipe Klaus, de Holanda no se quedó atrás. En el año 2000 había aportado noventa mil euros a la Bienal de La Habana ; en 2003 anunció que cancelaba la ayuda financiera a la VIII Bienal que se realizaría de noviembre a diciembre, 2003, para expresar su desacuerdo con la "situación represiva" en la isla.

El expresidente estadounidense James Carter, el gobierno y la monarquía española, el expresidente checo Václav Havel, el Parlamento Europeo, la ex Secretaria de Estado Madeleine Albright, miembro de la Junta Directiva de la Bolsa de Nueva York y presidenta del National Democratic Institute (NDI), el brazo internacional del Partido Demócrata, Lech Walesa, la Organización de Estados Americanos (OEA) y sectores del gobierno francés y del Partido Socialista son otros eslabones del engranaje subversivo.

En la agresión contra Cuba, el bloqueo cultural de la Feria del Libro en La Habana fue un error del Ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer y del canciller Gerhard Schroeder, porque demostró que su servilismo y brutalidad en la política exterior no se diferencian en nada de la del imperialismo estadounidense.

Han generado también fricciones con sectores del capital alemán que participa o está interesado en participar en la explotación del níquel, de la industria del cemento, de la tecnología de transporte automovilístico (Mercedes Benz) y ferrocarrilero, de la infraestructura aeroportuaria (Varadero y La Habana) y de la química (Messer). De hecho, varias empresas alemanas apoyaron de una u otra forma a la Feria.

Los diplomáticas alemanes están ansiosos por renovar el status quo ante del 5 de junio de 2003 y resienten su aislamiento total de las actividades oficiales del Estado cubano. Revelan también que "los colegas" en las embajadas de Italia y España "se sintieron amenazados" por las grandes manifestaciones encabezadas "por los cabecillas Fidel y Raúl Castro (Anfuehrer)" y agredidos por las pancartas que tildaron a Aznar y Berlusconi de neofascistas.

Son sensibles los señoriítos del capital internacional cuando las víctimas de su política incomodan por un momento las amenidades de su parasitaria existencia lujosa en los empobrecidos países de la Patria Grande.

Quieren los frutos de la explotación, la serenidad que proporciona la buena conciencia y la desaparición de los miserables de sus ghettos de placer cotidiano.

Es mucho pedir en una ecumene neoliberal formada a la imagen de sujetos políticos como Fischer, Schroeder, Aznar y Bush.

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