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13 décembre 2005

Panorama de Noviembre de Brasil

 

Por Valdemar Menezes *
Adital
. Brasil, martes, 13 de diciembre de 2005

La disputa política por el sillón presidencial tuvo nuevas peripecias con la derrota del gobierno en la tentativa de impedir la prórroga de la CPI de los Correos hasta abril de 2006. La prórroga sería bienvenida, si fuese de hecho para investigar las irregularidades existentes en el sistema electoral brasileño. Por ejemplo : rastrear todo el esquema de Marcos Valério, involucrando a varios partidos, inclusive el PSDB (de donde se sabe que fue originada esta modalidad) hasta los esquemas de ACM en Bahía y otros, que se ramifican por todo el País, inclusive en el Nordeste - sobre todo en el caso de las elecciones para gobernadores y parlamentarios. Pero, no hay un interés en realizar esto. Si la táctica es interesante desde el punto de vista electoral, para los opositores, no resuelve el problema que a Brasil le gustaría ver resuelto. Y así se hace evidente la falta de seriedad de la oposición.

Las divergencias dentro del gobierno, entre la ministra Dilma Roussef y el ministro Antônio Palocci, sobre la conducción económica ya eran esperadas para cuando se aproximase la hora de las urnas. La dictadura de la racionalidad económica tiene sus límites, en una sociedad democrática, pues llega el momento en que ese tal elemento perturbador - el pueblo (a quien los tecnócratas le tributan un odio particular) - tiene que manifestarse. Y entonces ahí, se pueden desordenar todos los esquemas. Es por ello, que siempre es una equivocación escamotear la política como elemento secundario en un gobierno responsable. Por lo pronto, en un sistema democrático la política (no la politiquería) es el arte de conciliar intereses, pero no al punto de sacrificar los de la mayoría para atender a los de los grupos más poderosos, es decir, de los detentores del capital, como se ha hecho históricamente. (Ahora, sobre todo con el PIB del 3º trimestre a -1,2%)

Ciertos críticos en una cosa tienen razón : sólo un gobierno de izquierda habría podido realizar un programa económico ortodoxo, en Brasil, sin provocar una explosión social, después de ocho años de neoliberalismo total del "tucanato". Si la oposición consigue sacar a Lula del poder por las urnas (ya que intentar realizarle un "impeachment’’ sólo lo fortalecería) tal vez venga a descubrir que se dio un tiro en el pié. ¿Quien controlará a los movimientos sociales ? Algunos opositores ya tienen la fórmula (probadas en gobiernos de los estados) : represión y mano dura. ¿Será que esto resultará ? Mirando a los vecinos, es muy dudoso.

La elite económica brasileña, que siempre controló los destinos de este País, incluso cuando tuvo que soportar en la presidencia de la República a titulares no confiables (Getúlio, Jango y Lula), estaba eufórica, en la convención tucana, animada con la perspectiva de colocar un representante "pura sangre" en el comando del País. Resta saber como van a convencer a los sectores populares y a la clase media. Por lo que se sabe, sus compromisos históricos han sido : agronegocio, privatización del patrimonio público, tercerización del Estado, privilegiamiento de los planes de salud privados, de la enseñanza privada, de la jubilación privada, de la seguridad privada, defensa del modelo mexicano (hoy un protectorado estadounidense) y alianza estrecha con Estados Unidos. O sea : su alternativa al actual gobierno es destrabar lo que Lula impidió que se realizase en esas áreas citadas y hacer volver lo que regía en el gobierno de FHC, o sea, volver a la plena libertad de los mercados. Es la restauración de los Borbones. Los discursos de la convención recordaban a la vieja UDN, inclusive en la cantinela moralista para convencer a la clase medio por el oído. Todo bien : resta saber se esa es la pauta del pueblo y de la clase media.

La impresión de que el juicio de casación de José Dirceu fue dictado sólo por la disputa política con miras al 2006, fue reforzada con la reacción de descontento de la oposición durante el discurso de defensa del diputado, y fundamentalmente, con la proclamación del resultado de la votación que lo enjuició. El ambiente era de desolación, fastidio y tristeza, según todos los medios de comunicación. Nadie tuvo la osadía de celebrar. Ello porque los que lo enjuiciaron dieron la impresión (la imagen de la TV fue muy reveladora) de que tenían conciencia de estar cometiendo una violencia y una injusticia, ante la realidad de que no existían pruebas para justificar el acto. Parecían cumplir la decisión como una obligación, para atender a sus caciques. No es para menos, según los defensores de Dirceu : estaban callándole la boca a más de 500 mil electores y repitiendo la truculencia de la dictadura contra un liderazgo político auténtico (no exento de errores, claro está), construido durante toda una vida de combate en favor de la justicia social. El clima predominante en la sesión reflejaba el respeto al aura de un personaje destacado e influyente que no titubeó en arriesgar la vida por sus ideas, pagando con la prisión, la tortura y el exilio ese compromiso, cuando fue necesario hacerlo.

Traducción : Daniel Barrantes

* Periodista

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