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17 de noviembre de 2004

Michelle Bachelet o María Soledad Alvear Valenzuela , una de las dos ex ministras de Ricardo Lagos será la próxima presidenta de Chile

 

La próxima presidenta de Chile será una mujer. Dos ex ministras de la Concertación que gobierna ese país desde el retorno de la democracia están en carrera hacia La Moneda. Una es socialista y la otra democristiana. Michelle Bachelet y María Soledad Alvear Valenzuela quieren ser el relevo del presidente Ricardo Lagos. Sólo una de ellas llegará a la meta tras las internas.

Por José Luis Martinez
La República. Montevideo 17 de noviembre del 2004

Dos mujeres de la Concertación en carrera hacia La Moneda

Con un fuerte espaldarazo del Partido por la Democracia (PPD) y ampliamente favorecida por las encuestas, la ex ministra socialista de Defensa, Michelle Bachelet, inició con paso firme su carrera hacia La Moneda, como sucesora del presidente socialista Ricardo Lagos.

Mientras tanto, en la Democracia Cristiana (DC), principal partido de la coalición gobernante, aún no existe claridad sobre quién competirá internamente con la ex secretaria de Defensa por la carrera presidencial. Bachelet y el PS-PPD intensificarán sus esfuerzos ahora para que el Partido Radical Social Demócrata se sume a ese bloque. Los radicales dicen que, para no caer en el apresuramiento del PPD, toda definición presidencial aún no se hará, mientras tanto siguen negociando la plancha parlamentaria con la DC y el bloque PS-PPD. La decisión del PPD no dejó indiferente al sector de la DC que respalda a la ex canciller Soledad Alvear, ante los apetitos electorales del presidente de esa agrupación, Adolfo Zaldívar.

Los denominados alvearistas observan hoy con preocupación cómo la ahora abanderada del bloque PS-PPD tiene "camino libre" para seguir posicionando su opción, mientras la carta presidencial DC deberá esperar a que se dé luz verde a un nombre.

La ex ministra de Defensa

La ex ministra de Defensa ha sido toda la vida una disciplinada militante del ala izquierda del PS, pero sabe que tras su paso por Defensa logra adhesión más allá de su partido. Conscientes que Alvear Valenzuela quiere ser la carta de centro, colaboradores de Bachelet consideran clave no perder amplitud y mantener así la brecha de popularidad que le otorga la nominación. Un día después de que el Presidente anunciara el cambio de gabinete, el equipo de colaboradores de Bachelet comenzó a buscar oficina. Durante las semanas previas, planeando el futuro desembarco del ministerio de Defensa y la salida del gobierno, que se hacía cada vez más inminente, varios miembros de su círculo le habían ofrecido alternativas, según informó la prensa chilena.

Algunos le plantearon instalarse en Chile 21, la principal fundación del ala izquierda de la Concertación y que fue centro de operaciones de Lagos durante la campaña de 1999. Otros le ofrecieron adaptar algunas oficinas en la nueva sede del PS. La candidata rechazó todas las propuestas y dijo que preferiría una oficina particular en el centro de Santiago o en zona alta de Providencia, en un edificio más bien moderno y bien iluminado. revelo el diario La Tercera. La determinación de Bachelet no responde a un capricho, sino a una de las definiciones de esta nueva etapa. Pese a que pertenece al PS desde 1970, cuando estudiaba medicina en la Universidad de Chile, y que ha sido toda su vida una disciplinada militante del ala izquierda del partido, juzgó que el peor error a estas alturas sería dar la impresión de que su candidatura pertenece únicamente al socialismo. La decisión más estrechamente ligada con el modo en que se convirtió en figura presidencial de la Concertación. Bachelet entró al gabinete de Lagos como ministra de Salud. Y si bien comenzó a destacar después de cumplir la orden del Presidente de acabar en 90 días con las colas en los consultorios, su irrupción en la primera línea del oficialismo tuvo lugar el 6 de enero de 2002. Ese día Lagos decidió dar un golpe a la cátedra y la nombró titular de Defensa. De un día a otro se convirtió en la primera mujer chilena y latinoamericana en tener el mando de las Fuerzas Armadas, y la primera socialista en ejercer el cargo durante la transición.

Hija del general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, detenido tras el golpe por haber colaborado con Salvador Allende y muerto en marzo de 1974 en la cárcel tras haber sido torturado, la propia ministra pasó por Villa Grimaldi en 1975 y debió partir al exilio. En 1996, para entender a los uniformados, se inscribió en un posgrado en la Academia de Estudios Estratégicos de las FFAA, se graduó como mejor alumna y obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de la Defensa de EEUU, por donde también pasó el diputado del Frente Amplio José Bayardi.

La hija de un general que había muerto bajo el régimen militar se había vuelto una experta en el mundo castrense y reconciliado con sus enemigos, y ahora le tocaba ser su superior jerárquica de acuerdo con la Constitución.

Dotada de un carisma especial, pocos meses después de asumir en Defensa las encuestas comenzaron a registrar un explosivo aumento de popularidad que se consolidó a comienzos de este año, cuando los sondeos la situaron como el personaje político mejor evaluado y la mejor dispuesta para enfrentar a Lavín en una eventual elección. Mirando los números, Bachelet y sus colaboradores calcularon que su adhesión popular sobrepasaba ampliamente a la izquierda de la Concertación, y concluyeron que su estilo y su historia habían cautivado a otras zonas del electorado, incluso fuera de los límites de la Concertación.

Ser la carta del PS sería como renunciar a esa amplitud, y darle una ventaja a Alvear Valenzuela, que busca presentarse como la mejor preparada para conquistar el centro del electorado.

La ex canciller

Por otra parte, hace cuatro años María Soledad Alvear Valenzuela eligió la Cancillería como plataforma para La Moneda. Sacó dos TLC y ratificó su capacidad gestora, pero la diplomacia escondió el carisma que había mostrado en la segunda vuelta de Lagos. Ahora intenta recuperarlo, pero también destacar su propia trayectoria para diferenciarse de Bachelet.

Hacia fines del 99, Alvear Valenzuela era la ministra mejor evaluada de Frei, acumulaba un 64% de aprobación. Como titular de Justicia, había sacado adelante la compleja Reforma Procesal Penal. Fue por eso que Lagos decidió, en noviembre de ese año, incorporarla a su comando. Sorpresivamente empatado con Lavín en los sondeos, y consciente de que tendría que encarar una segunda vuelta, el entonces candidato formó un equipo secreto que se adelantara a ese escenario.

El ministro socialista José Miguel Insulza, el diputado Carlos Montes y el sociólogo y consultor Eugenio Tironi definieron que si los malos pronósticos se concretaban, Alvear Valenzuela debía ser el rostro central de una campaña nueva. Sondeada por primera vez antes de la elección, se negó a renunciar al gobierno, pero el 12 de diciembre, sorprendida por el sombrío resultado y presionada por el propio Presidente Frei, aceptó. Como generalísima de Lagos, tuvo en sus manos la coordinación de toda la campaña. El 16 de enero de 2000 celebró en el Hotel Carrera la victoria, y sólo unos días después fue privilegiada: podría elegir el cargo que quisiera en el futuro gabinete. Tras evaluarlo con su esposo, Gutenberg Martínez y sus consejeros, optó por la Cancillería como plataforma presidencial. Ahí era posible protegerse de las críticas, manejando temas de Estado y alejada de la contingencia. Pese a eso, tuvo dificultades para acomodarse al cargo. Carecía de experiencia. Enfrentó la resistencia de los miembros del servicio exterior. Y se trenzó en una dura pugna con el subsecretario Heraldo Muñoz, un viejo amigo de Lagos que se sentía con mejor derecho de ocupar su puesto.

Pese a esos problemas, supo sobreponerse y los buenos resultados comenzaron a llegar. En abril de 2002 firmó el TLC con Europa. En junio del 2003 otro con Estados Unidos. Y aunque Lagos comenzó a restarle protagonismo al tomar en sus manos la conducción de la crisis de Irak y los problemas con Bolivia, los sondeos siguieron mostrando su fortaleza, pese al fenómeno Bachelet.

Los resultados de los sondeos mostraron luego un estancamiento de la canciller, y una violenta subida de Bachelet. Sus asesores anotaron el riesgo de que esta última se escapara en las encuestas, pero decidieron mantener el rumbo mientras la ventaja no superara los 10 puntos. Alvear Valenzuela intentó mostrarse menos solemne. Concedió entrevistas, asistió a programas de TV, pero la brecha no se redujo.

El pasado 6 de setiembre saltó al ataque. Aprovechando el lanzamiento del libro de Alvaro Vargas Llosa, que sería presentado por ella y Joaquín Lavín, preparó un discurso que fue más bien una autoproclamación. Criticó frontalmente a Lavín, enfatizó que estaba en carrera y dio a entender que tenía la trayectoria para ser candidata.

Pero para muchos ese evento adelantó el cambio de gabinete, porque mostró que María Soledad Alvear Valenzuela no estaba dispuesta a respetar al pie de la letra la orden de Lagos de no adelantar la carrera presidencial hasta después de las municipales.

Una de estas dos ex ministras, según las encuestas, sería la próxima presidenta de Chile, luego que ambas se disputen la candidatura presidencial en la interna de la Concertación que viene gobernando ese país tras la salida de la dictadura del general Augusto Pinochet.

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