Accueil > Les Cousins > Brésil > Lula y la izquierda : Los cabellos blancos de un presidente
El pasado lunes por la noche, el presidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula da Silva, fue homenajeado por la revista Istoé, que lo eligió Brasileiro do Ano. Significativamente, la revista entregó otras distinciones : IstoÉ Dinheiro e IstoÉ Gente, que puestos en su propio contexto podrían significar dos premios redundantes.
Por Jorge Majfud
El Correo. Estados Unidos, 13 de diciembre de 2006
El texto de AFP, repetido por una docena de diarios del continente, dice : "’Las cosas evolucionan de acuerdo con la cantidad de cabellos blancos y la responsabilidad que uno tiene’, dijo Lula, de 61 años, señalando sus canas en un improvisado discurso". Y más adelante : "’Si uno conoce a un izquierdista muy viejo es porque debe estar con problemas’, dijo el presidente arrancando carcajadas y aplausos del público formado por empresarios políticos y artistas".
En algo llevan razón sus palabras : los viejos izquierdistas como seu Luiz ya no son izquierdistas porque resolvieron sus problemas. No obstante, aunque se refuta a sí mismo, el mensaje fue leído sin ambigüedades por todo un continente y por los hilarantes empresarios : el presidente convertido a la sensatez se refería a los problemas psicológicos e ideológicos de quienes ya no piensan como él. Lo cual constituye la tesis central y el único recurso dialéctico de libros como Manual del perfecto idiota latinoamericano : la mera calificación de las facultades mentales del adversario.
Analicemos brevemente el silogismo planteado.
En la antigüedad, para reclamar respeto se aludían a las blancas barbas. Seu Luiz tiene barba pero el nuevo pudor ideológico le impide aludir a su pasado remanente y al dramático travestismo ideológico que supone el encanecimiento de aquellas barbas, más de una vez en remojo. El antiguo aforismo que pretende recordar y confirmar la sabiduría -política- de los hombres que peinan canas, sólo nos garantiza que dicho discurso proviene de un anciano. En este caso, de un anciano en el poder. En Informe sobre ciegos (1961), Ernesto Sábato decía, por boca de un canalla : "al sustantivo ’viejito’ inevitablemente anteponen el adjetivo ’pobre’, como si todos no supiéramos que un sinvergüenza que envejece no por eso deja de ser sinvergüenza, sino que, por el contrario, agudiza sus malos sentimientos con el egoísmo y el rencor que adquiere o incrementa con las canas". Canalla, pero irrefutable. Por culpa de este tipo de canallas, un "pobre viejito" como el recientemente fallecido General Augusto Pinochet debió ser cremado para que su tumba -según sus familiares- no se convierta en un santuario de protestas y profanaciones. En India la cremación tiene una finalidad semejante : así se evita la continuación del samsara, la indeseable reencarnación del fallecido.
América Latina posee una larga historia de caudillos que ascienden al poder por la escalera de la izquierda y luego se sostienen aferrándose al pasamano de la derecha. Entre los recursos narrativos más recurrentes del poder de turno ha estado siempre la falsa alternativa del "justo medio". A las confesiones aplaudidas por los empresarios en San Pablo, el compañero Lula, agora o seu Luiz, agregó que, como en toda conducta humana, lo ideal es el "camino del medio" y el "equilibrio".
Entre México y Buenos Aires existe una distancia con un inequívoco punto medio. El problema es calcular ese punto medio en un orden político, social, donde se disputan el negro y el oscuro como si fuesen dos opciones radicales. ¿Cuál es el punto medio cuando un niño llora de hambre o ni siquiera tiene fuerzas para llorar ? ¿Cuál era el camino del medio cuando Hernán Cortés quemaba ciudades enteras y decapitaba hombres y mujeres indefensas ? ¿Cuál era el camino del medio cuando hasta ayer los dictadores militares o caudillos más pequeños en nuestro continente disponían de países enteros como un hacendado dispone de su ganado ? ¿Existe un sabio camino del medio entre los violadores de los Derechos Humanos y aquellos radicales que por años reclamaron la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad cuando pensaban que habían recuperado la democracia ? ¿Se puede ser medio criminal, medio violador, medio hipócrita ? ¿Qué significa equilibrio para una sociedad que produce indistintamente palacios y favelas ?
Los dilemas que se usan en política para establecer un equilibrio, un punto medio, casi siempre son falsos ; como el juego de regateo en un mercado, que deja contento al cliente que paga de más al lograr un precio algo más bajo que el inicial propuesto por el vendedor. Por supuesto que todos valoramos el equilibrio entre los reclamos y los logros humanos, pero el problema surge cuando tomamos este precepto y lo generalizamos a rajatabla por una razón de conveniencia personal o de clase o de gremio : no es lo mismo un equilibrio entre las posibilidades materiales y el deseo, que el equilibrio entre la justicia y la violación de los derechos.
Cuando el mismo presidente Lula subió al poder con su utópico slogan Fome Zero (Hambre Cero), no estaba proponiendo un camino del medio sino una opción radical. Radical e inexcusable en un país donde el Estado invierte millones para proteger mansiones improductivas mientras las cifras de niños muertos antes de los cinco años es de 35 cada mil, bastante mayor que la de países como Panamá (24 cada mil) o Chile (9 cada mil). El natural fracaso de una propuesta radical como la de Fome Zero no debería significar cambiarse hipócritamente de bando sino morir insistiendo en un derecho humano, irrenunciable, honrosamente radical. En este caso, la derrota ante la realidad no es tan vergonzosa como el discurso ideológico que pretende justificarla con frases dictadas por los constructores y los narradores de esa misma realidad.
Claro, cambiar no es malo. Todo lo contrario. La historia de las posiciones religiosas, científicas, filosóficas y políticas es rica en todo tipo de cambios, con frecuencia cambios dramáticos. En el mundo de las pasiones y del pensamiento estos virajes son comunes y a veces célebres : es el caso de Jean-Paul Sarte o de Mario Vargas Llosa. Del primero, Octavio Paz dijo que tantos cambios afeaban su obra. Del segundo se dijeron cosas peores, quizás porque, al menos hasta ayer, se consideraba que la cultura era un campo de batalla que sirve o se resiste al poder de turno. Renegar o no tomar posición era una forma de traición. En el caso de Ernesto Sábato los cambios y las rupturas han sido dramáticas y abundantes. De forma extraña, todas estas contradicciones filosóficas -para no llamarlas simplemente políticas- se asociaron a una coherencia existencial y, finalmente, a la coherencia, a secas.
Ahora, atribuir los cambios a una mayor sabiduría simplemente es un engaño de las apariencias que peinan canas. Einstein revolucionó las ciencias físicas con veinticinco años. Diez años después, en 1915, logró una de sus últimas proezas intelectuales : la generalización de su Teoría de la Relatividad. Desde entonces hasta que murió en 1955 se pasó toda la vida negando las posibilidades de gran parte de la física cuántica, aquella que tendría más éxito que su frustrada búsqueda de una teoría determinista y unificadora, al mejor estilo de la ciencia del siglo XIX -en lo que respecta al determinismo- y de la filosofía del siglo V a. C., en lo que respecta al precepto epistemológico de la verdad unitaria. Una broma común dice : "Si los padres saben más que los hijos, ¿por qué el padre de Edison no inventó la bombita de luz ?".
Las canas, señor Presidente, pueden significar más experiencia, sí. Pero no garantizan mucho más que eso. Más experiencia puede ser una buena base para la sabiduría o para una de las formas de la estupidez, como lo es la misma creencia de que la experiencia produce ideas. Esta superstición ha sido refutada en todos los laboratorios del mundo pero se mantiene viva gracias al orgullo senil de quienes ya no tienen ideas.
Señor presidente, resulta patético justificar un travestismo ideológico con las ideas del pato Donald al mismo tiempo que se señala sus propias canas como si fuesen las canas de Einstein -ya que no las de Marx-. ¿Qué nuevo acto de fe es necesario para creer en sus nuevas opiniones ? ¿Qué nuevo acto de hipocresía es necesario para reírse a carcajadas junto con sus comensales del Gran Empresariado Tercermundista en otro de sus clásicos delirios de grandeza ? Dejarse crecer el pelo blanco no ayuda mucho en la comprensión de una ecuación geodésica. Sólo lo asemejaría a usted aún más a Benny Hill.
Sinceramente, señor presidente, no me interesa defender aquella izquierda que lo llevó al poder de su país. Soy demasiado escéptico y probablemente demasiado cínico como para creer en discursos de izquierda, de centro o de derecha. Tal vez me repugne menos la demagogia de un discurso callejero que la hipocresía de una cena con champagne. Pero si vamos a analizar la profundidad de los pensamientos de esa sabiduría encarnada ahora por usted, podríamos comenzar por las siguientes conclusiones :
– 1. que habitualmente los hombres y mujeres de izquierda se vuelvan viejos y viejas de derecha no garantizan a nadie su sabiduría ; rigurosamente, del silogismo planteado sólo se deduce que
– 2. la derecha está, como cualquier viejito canoso, más cerca del poder y de la muerte que la izquierda. Por lo cual habría que felicitar a los viejitos izquierdistas por su espíritu juvenil.
* Jorge Majfud. Escritor uruguayo (1969). Graduado arquitecto de la Universidad de la República del Uruguay, fue profesor de diseño y matemáticas en distintas instituciones de su país y en el exterior. En el 2003 abandonó sus profesiones anteriores para dedicarse exclusivamente a la escritura y a la investigación. En la actualidad ensaña Literatura Latinoamericana en The University of Georgia, Estados Unidos.
Ha publicado :
– ’Hacia qué patrias del silencio’ (novela, 1996),
– ’Crítica de la pasión pura’ (ensayos 1998),
– La reina de América (novela. 2001),
– La narración de lo invisible (ensayos, 2006).
Es colaborador de La República, El País, La Vanguardia, Monthly Review, Rebelion, Resource Center of The Americas, Revista Iberoamericana, Tiempos del Mundo, Jornada, Milenio, Página/12, etc. Es miembro del Comité Científico de la revista Araucaria de España. Ha colaborado en la redacción de diferentes enciclopedias. Sus ensayos y artículos han sido traducidas al inglés, francés, portugués y alemán. Ha sido expositor invitado en varios países. En 2001 fue finalista del Premio Casa de las Américas, Cuba, por la novela La reina de América. Ha obtenido recientemente el Premio Excellence in Research Award in humanities & letters, UGA, Estados Unidos, 2006.