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Hoy llega a Santiago y mañana a Buenos Aires, en "una visita de Estado y una conversación política", respectivamente. Quiere una moneda común para el Mercosur en cuatro años y un Banco Central en el futuro.
Por Dario Pignotti
Página 12. Desde Brasilia, 26 de Abril de 2007.
Si Luiz Inácio Lula da Silva fuera argentino, su voto para octubre sería cantado : "La continuidad favorece la integración regional". Relajado, con una reelección ganada claramente y con un 63% de imagen positiva, el presidente brasileño se dedica a lo que más le gusta, la política y los proyectos de fondo. Como el de reformular la educación de Brasil con una fuerte inversión de varios miles de millones de dólares o el de reforzar la luna de miel con sus socios. En el palacio del Planalto, fumando continuamente delgados cigarritos, Lula habló con diarios argentinos y chilenos horas antes de partir en una gira que lo lleva a Santiago hoy y a Buenos Aires mañana, con matices diferentes.
"Argentina es el principal socio comercial de Brasil en el Mercosur," explicó el presidente. "Argentina y Brasil tienen una importancia muy grande en lo que pueda ocurrir en Sudamérica. Si a Chile voy en un viaje de Estado, a la Argentina voy a tener una conversación política, para colocar nuestra pauta al día, es algo que tenemos que hacer constantemente".
Para Lula, un triunfo del kirchnerismo en octubre sería "favorable" para la integración continental. "Creo que la favorece. Es difícil para el presidente de un país hacer juicios sobre otro, pero yo deduzco por los cuatro años de convivencia con el presidente Néstor Kirchner, que Argentina y Brasil nunca tuvieron una relación tan provechosa como la que tenemos ahora. Nunca. ¿Tenemos problemas ? Los tenemos, del mismo modo que en Argentina también hay problemas entre los hinchas de Racing y Boca Juniors. Lo que importa es que los gestos que hemos hecho han sido productivos y Brasil y Argentina tienen conciencia de que esa relación tiene que ser cada vez más fuerte. Por lo tanto la continuidad de esta relación sería extremadamente importante. Creo que Kirchner ha hecho un gobierno muy bueno para Argentina, tal vez haya gente que piense que podría haber sido mejor, pero vamos a analizar lo que ocurría antes de Kirchner. Yo estuve en Argentina en 2002 y vi lo que ocurría. Creo que Eduardo Duhalde fue un bien extraordinario para Argentina, y que Kirchner también fue un bien extraordinaria para Argentina. Hubo recuperación de la autoestima, la economía volvió a crecer y las cosas están funcionando."
La integración continental y el Mercosur realmente entusiasman a Lula : "Estamos viviendo un momento auspicioso en América del Sur, extraordinario. La evolución política en América del Sur es la novedad del planeta del siglo XXI, es donde están ocurriendo las novedades políticas, es fantástico. Nuestro desafío es saber si seremos competentes para transformar esas novedades en conquistas para nuestros pueblos. Yo tengo cuatro años más de mandato, ciertamente habrá continuidad en Argentina, en Chile Michelle Bachelet tiene tres años más de gobierno por delante. De vez en cuando digo a los compañeros presidentes que no podemos permitir que nuestras diferencias del siglo XIX afecten las convergencias del futuro. La única divergencia que quiero tener con mis socios de América del Sur es sobre fútbol. A veces sueño en hacer un partido entre una selección del Mercosur contra una selección europea o de los EE.UU. (Y entonces su canciller, Celso Amorim, acota que debería jugarse "por los subsidios agrícolas".)
Si el proceso se integración avanza, ¿por qué el conflicto entre Argentina y Uruguay no pudo resolverse en Brasilia y hubo que ir a La Haya ?
– Podrían resolverlo en Buenos Aires, en Santiago de Chile o en Montevideo, no en Brasilia (riendo). Yo pienso que es necesario construir instituciones fuertes. Estamos caminando hacia un parlamento del Mercosur, ya tenemos un tribunal arbitral. No tengan dudas que en algún momento vamos a crear un mecanismo que resuelva conflictos entre nosotros, es parte de la evolución política. No tiene sentido recurrir a la OEA o a la Corte de La Haya.
Usted y Kirchner prometieron relanzar el Mercosur en 2003. Pero cuatro años después, el bloque enfrenta el impasse de una posible salida de Uruguay.
– Creo que no hay una impasse. Muchas veces exigimos cosas en un tiempo muy corto. Piensen que la Unión Europea demoró cincuenta años para unificarse, para ir acertando las cosas. Los problemas que tenemos son apenas indicadores que nos dicen que tenemos que ser más generosos con aquellos que precisan más.
¿Qué expectativas tiene frente al proyecto del gasoducto desde Venezuela ?
– Soy más que optimista, creo que es una necesidad. Es curioso que las personas en Sudamérica vean el gasoducto ruso que atraviesa toda Europa y les parezca normal, y cuando nosotros decimos que queremos construir uno aquí lo encuentren anormal. Tenemos que tener autoestima y comprender que lo debemos construir. Debemos definir la participación de cada uno de los países, y dejar de decir que porque somos pobres no podemos hacerlo. Es importante recordar que Italia construyó un gasoducto durante la Guerra Fría y contra la voluntad de los EE.UU. Por eso estamos trabajando fuertemente en el proyecto, tenemos 52 técnicos trabando en Venezuela, discutiendo la factibilidad, la cuestión ambiental. Espero estar vivo para poder verlo.
El otro proyecto lanzado desde Venezuela, el de un ’Banco del Sur’, ¿puede contribuir al desarrollo de las economías menores ?
– Puede ser, si definimos correctamente qué queremos del ’Banco del Sur’. Ese banco ¿será un banco del tipo del FMI, para ayudar a los países en crisis ? ¿O será un socio para impulsar el desarrollo como es nuestro ’Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social’, la ’Corporación Andina de Fomento’ o el ’Banco Interamericano de Desarrollo’ ? ¿Cuál será la participación de cada país ? Porque un banco de esa magnitud debe tener un criterio de cotas. Nosotros sugerimos una reunión de ministros de Economía para discutir estos temas. Brasil tiene todo el interés en participar del banco. Yo trabajo con la idea de que en los próximos cuatro años podamos construir una moneda única del Mercosur, estamos avanzando en la discusión con Argentina para hacer nuestro intercambio comercial con nuestras propias monedas. ¿Podremos caminar hacia un Banco Central único ? Podremos, pero eso lleva tiempo, porque debe haber una adaptación técnica y una comprensión política del tiempo que demora.
Entre Chávez y Evo Morales
La energía en América Latina tiene dos nombres, el del venezolano Hugo Chávez y el del boliviano Evo Morales. Brasil tiene situaciones diferentes con ambos países, vecinos de frontera y socios en el Mercosur.
¿Le preocupa la influencia de Chávez en la región ?
– Chávez ha sido un socio excepcional, en lo político, en lo comercial. No tenemos ningún problema con Venezuela, creo que Argentina y Chile tampoco lo tienen. Debemos ver lo que ocurre desde otro ángulo, antes de Chávez Venezuela era dependiente en un ciento por ciento de la relación con los EE.UU. Chávez se dio prioridad a América del Sur. Me parece extraordinario que haya un gobierno en un país con el potencial energético que tiene Venezuela que esté mirando hacia la integración. Le dije el otro día a Chávez en la reunión de Isla Margarita que es como si estuviésemos en una carrera de Fórmula 1 y Chávez fuese un coche que corre a 300 km/h y los otros van a 280. Cuando ponemos los pies en la tierra vemos que los EE.UU. tienen una importancia muy grande para nuestras economías y percibimos que es preciso construir otras alianzas. Muchos nos reclaman que no avanzamos lo suficiente y yo me pregunto ¿qué éramos diez años atrás ? No había casi diálogo, la relación era eminentemente comercial, había disputas para ver quien era más importante. En América no precisamos de un líder, necesitamos una relación muy fuerte entre estados.
Brasil habla con EE.UU. sobre biocombustibles y Chávez alza la bandera en contra. ¿Se siente comprendido por Chávez ?
– Sí, yo entiendo sus motivos políticos. Es parte de un juego. Mucha gente imaginó que en Isla Margarita iba a haber una guerra y no la hubo.
Usted dijo la semana pasada que tuvo una charla "firme" con Evo Morales y le advirtió sobre posibles represalias de Petrobras si no es indemnizada por las refinerías nacionalizadas.
– Me parece extraordinario que Bolivia haya elegido un presidente como Evo Morales. Allá hay problemas semejantes a los que tuvimos en Brasil, donde no estaba previsto en la sociología brasileña que un metalúrgico fuera electo. Yo generé mucha desconfianza en los países vecinos. Ricardo Lagos, Eduardo Duhalde, se habrán preguntado quién era ese Lula. Mucha gente se pregunta si Evo está preparado y yo creo que sí. La nacionalización del gas no es una cosa de Morales, es importante recordar que el plebiscito fue antes de su gobierno y que el pueblo la aprobó. Me parece natural que Evo quiera nacionalizar el gas, tiene que reivindicar un precio justo y los países que le compren sólo pueden comprar si el precio es justo. He conversado mucho con Evo, le dije a Kirchner y a Chávez que debemos ayudar a Bolivia. En una de las charlas que tuve con George Bush (en Camp David, el 31 marzo) le planteé que no retirase las preferencias comerciales de Bolivia. Si el poco dinero que entra en los países pobres es retirado, habrá más problemas, no combatiremos nuestras deficiencias si no hay crecimiento económico y distribución de renta. Debemos facilitar nuestra relación con Bolivia y dejar de pensar que alguien es enemigo nuestro.
La defensa del biocombustible
Los dos encuentros entre el presidente brasileño y el de Estados Unidos en menos de un mes, ambos para promover los biocombustibles, agitaron la escena regional. El cubano Fidel Castro fustigó el proyecto, por considerarlo una amenaza a la seguridad alimenticia mundial y una posible causa de millones de muertes por hambre. Esquivando toda mención directa a Brasil, Castro hizo notar su contrariedad por un acuerdo de implicancias geopolíticas mundiales.
Luiz Inácio Lula da Silva explicó que si bien "respeto la soberanía de cada país y cada presidente dice lo que quiere a la hora que quiere, yo no hago juicio sobre los discursos de los compañeros presidentes. Si no se meten con Brasil, no juzgo, sólo voy a juzgar si se meten con Brasil." Pero aún así defendió el proyecto de biocombustible, potencialmente muy rentable para Brasil, en términos firmes. "¿Cuál es la realidad de Brasil ? Tenemos 440 millones de hectáreas para agricultura y sólo el 1% de esa superficie es utilizada para producir etanol. El 29% es para pastoreo, el cuatro para soja y todavía tenemos 80 millones de hectáreas para plantar lo que queramos, sin avanzar sobre la Amazonia."