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2 janvier 2003

Lula, expectativa continental

 

Editorial del diario El Comercio

Brasil para América Latina siempre fue una esperanza, una incógnita y una frustración. Se consideró que con su inmensa dimensión geográfica podía liderar al díscolo continente que resultó desperdigado y desorientado después de la independencia ; también que la distancia idiomática y cultural no eran óbice para que, cruzando imponentes cordilleras, vastísimos valles y sorteando indómitos y caudalosos ríos, surgiera una hegemonía destinada a convocar grandes procesos continentales.

Por eso, a pesar de las distancias -impuestas desde el principio por la Bula papal de 1493- los países de menores espacios en América Hispana han esperado en vano que el pedazo mayor del continente convoque a otros cauces históricos. Guardando las proporciones históricas, antes de que nuestros países fueran -lo siguen siendo en muchos casos- cautivos de experiencias populistas, Brasil fue el asidero de esperanzas programáticas que le endilgaron un protagonismo similar a los que desempeñaron Francia y Alemania para Europa después de las dos grandes guerra. Lamentablemente solo se registra una prelatura brasileña en el sistema represivo que se modeló luego del ejercicio político de la dictadura que imperó en Brasil a raíz de 1964.

En aquella época, sobre el fundamento de la teoría de la Seguridad Nacional y las crueles experiencias francesas de la Guerra de Argelia se inauguró en el continente el proceso de terror político más descomunal que la historia recuerde, al son de los tambores externos que tocaban el fin de la guerra fría. Con estos antecedentes, expectativas y lastre, asume la presidencia del Estado Federal más grande de América Latina el presidente José Inacio Lula Da Silva. Sabe de los grandes pesares de la historia de su país y el continente : populismo, represión y corrupción. Como pocos conoce del presente de nuestros pueblos : miseria, desesperación e incredulidad ; por eso, como los antiguos y enigmáticos caudillos de su pueblo debe aceptar el liderazgo de una geografía desesperada de la cual es parte un continente de las dimensiones de Brasil.

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