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Por Emir Sader
ALAI-AMLATINA, 08/10/2002, Río de Janeiro.-
Lula estuvo a punto de ganar en la primera vuelta. La últimas encuestas oscilaban entre el 48 y el 50% de los votos válidos. La única encuesta a boca de urna le dio 49% (el responsable confesó que el dato real era 49.5%, pero que fue redondeando hacia abajo).
Hubo, en los últimos días, y especialmente al final, un
vendaval a favor de los candidatos del PT en todo Brasil.
Candidatos sin chance de pasar a una segunda vuelta,
consiguieron llegar hasta ahí, otros asumirán el liderazgo en varios estados. Una parte de esos avances representó recuperar atrasos en relación a Lula, en otros significó la subida de los candidatos locales y de Lula.
La expectativa permaneció hasta el último momento, porque la encuesta se mantuvo dentro de un margen de error, de 3%. La
votación electrónica hizo las cosas más lentas, hasta que se
fue delineando que faltaban puntos, algo en torno al 3% para
una victoria en la primera vuelta, algo increíblemente
posible.
Ahora Brasil encarará una segunda vuelta que se transformó en
un verdadero plebiscito sobre las dos perspectivas que
dividieron el país desde 1989. En aquel año Lula y Collor
disputaron la segunda vuelta, con victoria de éste. En 1994,
Lula y Fernando Enrique Cardoso (FHC) dividieron la opinión de
los electores, con victoria de este último en la primera
vuelta, lo que se repitió cuatro años después.
En todas esas elecciones Brasil se dividió entre el privilegio
del ajuste fiscal y de la estabilidad monetaria, por un lado,
y el privilegio de lo social. El resultado del 6 de octubre
representó, ante todo, un rechazo mayoritario al proyecto de
Cardoso. Su fracaso se reflejó en el hecho de que su
candidato no consiguió ni un cuarto de los votos, esto es, ni
uno de cada cuatro brasileños votó a favor del gobierno.
Todos los otros candidatos se opusieron al gobierno de Cardoso
y recogieron más del 75% de los votos.
Este gobierno termina agotando su programa, fracasando en la
tentativa de estabilizar la moneda, que está muy frágil, como
los actuales ataques especulativos lo demuestran. Las
políticas sociales, los derechos de los trabajadores, el
empleo -todo fue sacrificado a favor de una estabilidad que ni
siquiera fue conseguida-. Cardoso abandona un gobierno en que
dispuso durante ocho años de mayoría absoluta en el Congreso
para hacer todo lo que bien entendía, tuvo el apoyo de los
grandes medios de comunicación y de las fuerzas económicas
internacionales y aún así gobernó con mayor cantidad de
medidas provisorias que los gobiernos de la dictadura militar.
Lula obtuvo 38 millones de votos, el candidato del gobierno,
Serra, consiguió la mitad. Faltaron 3,5% de los votos para
que Lula venciera en la primera vuelta. La perspectiva de
alianzas es muy favorable al candidato del PT. El ya recibió
el apoyo de Ciro Gomes y del Partido Socialista, que tuvo a
Garotinho como candidato. Sin embargo, especialmente los
electores de este último, son mucho más evangélicos que
socialistas, lo que no garantiza que su casi 18% de votos vaya
para Lula. El 12% de Ciro Gomes debe en su mayoría ser de
Lula.
Las condiciones son muy favorables para Lula. Serán tres
largas semanas para los que participamos en estos meses -como
en mi caso que junto con Frei Betto y Leonardo Boff,
recorrimos todo el país participando en un sin número de
debates- y tenemos conciencia del momento histórico que
representa la probable victoria de Lula. Apenas en el plano
simbólico ya representaría romper, por primera vez en la
historia de Brasil, con la reproducción de las élites
tradicionales.
Además de eso, representará la primera gran tentativa de
romper con el neoliberalismo, encarnada en el programa de Lula
de alianza con el sector productivo contra el capital
financiero. No se trata de una salida brusca del
neoliberalismo, pues resulta imposible por las trampas de la
financierización de la economía dejadas por el neoliberlismo.
El primer año de un gobierno de Lula no será fácil. Lula
tendrá que renegociar con los bancos, especialmente con
aquellos que tienen la mayor parte de los papeles de la deuda
latinoamericana -el Morgan y el City-, al tiempo que buscará
avanzar en su programa social, basado en la expansión del
mercado interno de consumo popular, apoyado en las pequeñas y
medianas empresas y en la reforma agraria.
Comenzará un período abierto de la historia brasileña, marcada
hasta aquí por la hegemonía del Consenso de Washington,
personificado en Brasil por el gobierno de FHC. Se quebrará
la continuidad hegemónica de las élites tradicionales y el PT
se convertirá en el primer partido de izquierda a gobernar
Brasil. Puede llegar a gobernar también, por primera vez, el
mayor estado del país, Sao Paulo, donde el crecimiento de su
candidato, el exguerrillero José Genoino, le convirtió en
favorito para la segunda vuelta. La ampliación de la bancada
del PT y de otros partidos de izquierda, sin embargo, no
permitirá al gobierno de Lula tener mayoría, por lo que se
verá obligado a establecer alianzas con los partidos de
centro.
La victoria de Lula el 6 de octubre y aquella probable y
definitiva el 27 abre una nueva página en la historia de
América Latina. La izquierda brasileña se prepara para
corresponder a las expectativas y a los desafíos del nuevo
siglo. Hace parte esencial de su programa el fortalecimiento
del Mercosur, de ahí que el primer viaje programado por Lula
será a la Argentina, demostrando como no habrá solución
duradera para la crisis brasileña sin solución para la crisis
argentina y sin rechazo al ALCA y fortalecimiento de la
integración latinoamericana.
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