recherche

Accueil > Les Cousins > Brésil > La fiesta de los primos

30 octobre 2002

La fiesta de los primos

 

EL LULAZO BRASILEÑO

Por Graciela Petkoff

Brasil nos da un ejemplo de democracia, mientras los argentinos vivimos absortos la pelea de los peronistas, que no miden las consecuencias que paga todo el país.

Mientras Brasil vive una fiesta de la democracia, nosotros, sus vecinos argentinos debemos escuchar, de boca del sociólogo francés Alain Touraine, que somos ’un barco en malas condiciones, sin piloto real, en un mar bravo’.

En algún punto de nuestro orgullo, nos lastima la opinión de este estudioso de los procesos de democratización de América latina que nos visita por estos días para dar consejos a nuestros gobernantes.

Para Touraine la Argentina debió ir a elecciones tras la caída del gobierno de Fernando de la Rúa sin más dilaciones, para evitar el marasmo político que está padeciendo por estos días y que, según su visión, responde a la falta de legitimidad democrática del actual presidente, Eduardo Duhalde, ungido por la Asamblea Legislativa.

Pero también es cierto que el partido político con mayor raigambre popular es el que está hoy en el poder en la Argentina : el peronismo o, mejor dicho, una parte del peronismo. Y ahí radica el problema.

La crisis de representatividad que hundió el bipartidismo entre peronistas y radicales, tras casi veinte años de ejercicio ininterrumpido de la democracia, también dio de lleno al que fue el movimiento popular más importante de América Latina.

Alejados del calor popular de otrora, los caciques del partido Justicialista se sacan los ojos, sin medir las consecuencias que todo el país paga por sus peleas. A la gente, en la calle, no le interesa saber qué resorte del poder partidario dominan Carlos Menem o Eduardo Duhalde, los principales contendientes de esta batalla, porque ha descubierto que el juego que esconden pasa por acumular más poder o no perder el que tienen.

Pero sí se advierte que esta pelea ha terminado por contaminar a los demás poderes del Estado y nuevamente se advierten signos de peligro en lo que se llama ’la gobernabilidad’. Tras amenguar la crisis con la Corte, Duhalde cree que ha entrado en una burbuja económica favorable que podrá mantenerse hasta marzo y no ve razones para, ahora sí, dedicarse con todo ahínco a agrupar fuerzas contra su adversario. ’Encontré un país incendiado, al borde de la guerra civil y hoy está en aguas más tranquilas’, dice en voz alta. Está convencido de que a mediados de noviembre, a mas tardar, estará listo el acuerdo con el FMI, que le dará un respiro. Pero la convulsionada interna peronista hizo sonar las alarmas en Washington, y esta semana el ministro Roberto Lavagna deberá explicar cosas que no tienen respuesta.

Porque la pelea llegó a tal extremo que no se sabe si se cumplirán los plazos electorales, y los acreedores le pedirán certezas.

En el Congreso, la suerte de proyectos como el presupuesto del 2003, el nuevo sistema indexatorio sobre alquileres y créditos, y la propia convocatoria a elecciones generales que presentó el presidente Eduardo Duhalde depende del ritmo de la disputa peronista.

Para complicar las cosas más aún, el pleito se llevó a la Justicia Electoral. Las dos partes tendrán los mejores argumentos, pero, como siempre ocurrió, la Justicia nunca terminó por resolver un problema político. Por el contrario, cuando se recurre a la justicia es porque la fractura es un hecho inevitable. Nadie puede garantizar cómo terminará la pelea. Podemos comprobar, sí, que nos termina involucrando a todos, y que nos lleva a un retroceso. Por eso, más que aplaudir la fiesta de la democracia que vive hoy Brasil, podríamos imitar el comportamiento de los contendientes.

Argenpresse,del 28/10/02

Retour en haut de la page

El Correo

|

Patte blanche

|

Plan du site