recherche

Accueil > Les Cousins > Cuba > ¿Es irreversible la revolución cubana ?

29 mars 2006

¿Es irreversible la revolución cubana ?

 

Por José Steinsleger
La Jornada
. México, 8 de marzo de 2006.

I

Primera llamada, primera. El triunfo de la revolución cubana sobre la tiranía de Batista y las oligarquías nativas fue consecuencia de la unidad final de las fuerzas nacionalistas, populares y antimperialistas en pos de su liberación efectiva (1868-1959). Sin esta unidad, otro sería el cuento.

El grado de calidad de la revolución tuvo que debatir, necesariamente, la liquidación del régimen social clasista, madre de todas las injusticias. Saint-Just resucitó en Fidel : "Ciudadanos, el crimen tiene alas, va a extenderse por el imperio, a cautivar el oído del pueblo" (Convención Nacional, París, 27 de diciembre de 1793).

Recordémoslo : toda sociedad humana está cruzada por fuerzas que dentro o fuera del poder están interesadas en mantener y/o combatir el orden establecido (status quo). Rasgo característico : el amplio y complejo abanico de premisas que convenimos en llamar de "izquierda" y "derecha".

En la segunda mitad del siglo pasado se vivió (y con particular intensidad en 1989-90) la llamada "crisis de las ideologías". Variopintas posiciones "de centro", algunas muy "posmo", ocuparon universidades y centros de "excelencia académica" que enseñaban técnicas para pintar un cuadro con una linterna. Nada nuevo. Este tipo de crisis pueden estudiarse en los sucesos de 1794 y 1851, años decisivos de la contrarrevolución francesa.

Apuntemos otro dato interesante : "el muro" se cayó, pero casi nadie desea identificarse con la "derecha". Los actores políticos se dicen "de centro", "de centro izquierda" o de la "izquierda dentro de la democracia y la ley". Finalmente quedan los teóricos de la revolución, sujetos que a veces resultan amorosos y otras plomo líquido.

El debatido "problema" de la/las izquierdas consistiría en algo más simple que "el fin de los metarrelatos" : los personajes que desde sus filas ejercen la sabiduría canónica respecto al deber ser de la revolución. Menos acuciosas, la derecha y la izquierdas "dentro de la ley" se regocijan con el protagonismo enfermo de la izquierda tipo "comandante-en-jefe-ordene".

Por eso, los reaccionarios retienen (o retoman) el poder. Por eso, en libertad o tiranía, los conservadores de izquierda pueden más que los sabios autopersuadidos de que el futuro será necesariamente socialista, sin entender lo que pasó ayer o está pasando ahora. Me refiero, naturalmente, a los izquierdistas sin ángel ni misterio que nutren sus conocimientos de los "clásicos", apropiándose de sus glorias y aciertos. Las masas también los conocen y desconfían de ellos.

Así, no resulta casual que cuando aparecen personajes como Fidel Castro o Hugo Chávez les resulta difícil entender que estos líderes jamás hubiesen aparecido sin la historia rebelde de sus pueblos. En 1959, los "representantes del proletariado" se tomaron su tiempo para descifrar si en Cuba había revolución. Y hasta que La Habana no bendijo la revolución bolivariana, la izquierda derechista comulgaba con la derecha izquierdista : "Chávez, golpista", "Chávez, populista". Quienes en la izquierda viven acumulando tribunas, miedos, foros, tarjetas de crédito y transgresiones sin vuelo, nunca tienen tiempo para sopesar su historia nacional.

Segunda llamada, segunda. La Habana, 17 de noviembre de 2005, aniversario número ¡60 ! del ingreso de Fidel Castro a la universidad. El estadista más insigne del siglo XX se dirige a los componentes de su propio poder, construido una y otra vez en 47 años de revolución y, en particular, a millones de estudiantes.

El hombre que según la CIA padece enfermedades terminales (80 años el próximo 13 de agosto) habla más de seis horas. Fidel dice cosas que ningún revolucionario cubano se atrevía a decir. "Es tremendo el poder que tiene un dirigente cuando goza de la confianza de las masas", dijo. De acuerdo. Pero ¿a quién le toca fijar los límites ?

Desde un lugar de descanso en la costa oriental de China, en plena "revolución cultural" (mayo de 1966), Mao Tse Tung escribe con vuelo filosófico a su esposa Chiang-ching : "... Me han impulsado hasta la cima de la montaña para exhibirme y, al parecer, no hay forma de no hacer lo que ellos quieren... Como decía Li-Ku : ’es fácil romper lo que está alto... es difícil sobrellevar el nombre que uno ha conquistado...’ dí a entender que no estaba de acuerdo con las alabanzas de nuestro amigo" (Lin Piao, ministro de Defensa).

Mao cavila : "¿Qué se puede hacer ?... En el mundo hay más de cien partidos (comunistas) y la mayoría no creen ya en el marxismo ; han fracturado a Marx y a Lenin : ¿qué nos ocurrirá a nosotros ?... Yo tengo la impresión de que ciertas alabanzas no son inapropiadas y te lo digo para ponerte en guardia : ellos, en cambio, quieren acabar con el partido y mi persona".

En la Universidad de La Habana Fidel develó cosas que todos sabían. Y esto sí es un problema. ¡Un gran problema !

Tercera llamada, tercera. ¡Acción ! (si llegó hasta aquí, no se pierda la segunda parte de esta serie excitante acerca de Cuba y su revolución.)

II

Miércoles, 15 de marzo de 2006

Los hombres congregados frente a un cartel que ofrece trabajo se frotan las manos y patean el suelo para combatir el frío mañanero. Cigarrillos y mates levantan el ánimo. Rompiendo el silencio, un veterano de 30 y pico de años pregunta :

 ¿En qué anda, compañero ?

En lo mismo que usted.

 ¿Tenés experiencia ? ¿Qué edad tenés ?

Veintiuno. Soy técnico.

 ¡Estudiao ! ¿Y qué buscás acá ?

Quiero trabajar de obrero.

 A ver, mostrame las manos. ¿Pensás que ser obrero es lindo ?

Los estudiantes debemos estar junto a los trabajadores.

 No me digas. ¿Y para qué ?

¡La unidad obrero-estudiantil, compañero !

 Mirá que saliste boludo. ¡Andá a estudiar !

El amigo de la cola no consiguió lo que buscaba y a mí me enchufaron en un gabinete de dibujantes. Los obreros almorzaban "abajo" y nosotros "arriba", en una pajarera de vidrios panorámicos. Con la cabeza pegada al tablero, mascullaba : "algo está saliendo mal..."

Los fines de semana asistía a funciones de teatro experimental o visitaba a una estudiante de filosofía, porque en aquella época todas las estudiantes lindas estudiaban filosofía. Mi protonovia admiraba a Simone de Beauvoir, pero siempre respondía "después". Mis fantasías ideológicas eran inenarrables. Por ejemplo, creía que las cosas existían porque las pensaba.

Por libre asociación, recuerdo el día en que años después, paseando por Cojímar (pueblo de pescadores cercano de La Habana), entré en un restaurante con mi familia. Amablemente, el capitán de meseros preguntó :

 ¿El señor paga con pesos o divisas ?

Mire, compañero : superemos los prejuicios del pasado. No me trate de "señor". ¡Yo soy un aliado de la revolución !

 Entendido. ¿El aliado de la revolución paga con pesos o divisas ?

Estudiar, optar, viajar, dudar de si somos no somos, navegar en las abstracciones de la cultura no es cosa de proletarios. Cuando mucho, se trata de privilegios que, en determinadas condiciones, los proletarios pueden anhelar. Teniéndolas... ¿qué enciende a los cubanos de a pie cuando luego de escudriñar a los turistas concluyen, ¡pero-mira-caballero-que-bien-viven-por-allá !

Del marxismo leí algunos textos, incluyendo aquellos facilísimos enredos de la Harnecker. Pero oigamos a quien entonces oíamos boquiabiertos : "Tengo infinidad de ejemplos -dijo Fidel en noviembre pasado- de que no se dio pie con bola en muchas cosas que hicieron quienes se suponían teóricos, que se habían empapelado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás".

En el centro del diamante revolucionario, rayando la pizarra con las uñas, Fidel añadió : "Este país puede autodestruirse por sí mismo ; esta revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos ; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra".

¿No que el partido era "inmortal" ? Legendarios, los naipes del líder casi siempre habían pronosticado el devenir : Sierra Maestra, Girón, Africa del sur, el caos de Europa oriental, la lucha por Elián, el pantano yanqui en Irak, la inviabilidad de una invasión militar a la isla.

"¿Creen ustedes que este proceso revolucionario socialista, puede o no derrumbarse ?". Previsibles "¡No !" sostuvieron la trinchera estudiantil. Insistente, arreció : "¿Lo han pensado alguna vez ? ¿Lo pensaron en profundidad ?" El caballo corcoveaba. Sin anestesia, el bisturí de Fidel diseccionaba la piel de la revolución.

Apenas ayer, el voto masivo de los cubanos había elevado y consagrado la irreversibilidad del socialismo a mandato constitucional. Y ahora, tras cuatro decenios en los que oficialmente se dijo A, el hombre decía B : nada y nadie puede garantizarlo. Y en su caso, advirtió que si el magnicidio ya no era (posiblemente) una carta viable, el imperio jamás dejaría de seducir al enemigo real : los dirigentes intermedios de masas.

Ahora sí, ante la voluntad ecogenocida de la Casa Negra y los congresistas de Washington, la desintegración de la sociedad más digna del mundo equivaldría a la derrota total de la humanidad.

A un mulato de Matanzas que despotricaba contra la revolución señalé :

 En todas tus peroratas no tocaste a Fidel.

¿Fidel ?

 Sí. ¿Por qué no hablas mal de Fidel ?

¡Polque Fidel es nuestro padre !... ¿Oite ?

Dirigente estudiantil, político, revolucionario, pensador, comandante en jefe, gobernante, estadista, padre. Pesada mochila. Sesenta y dos mil corrientes terapéuticas han debatido sin tregua el rol simbólico de la figura del padre. Una de éstas sostiene que el padre cumple una función religiosa : unir lo simbólico, lo imaginario y lo real.

Un día lejano ya, papá preguntó en qué consistía el socialismo.

 Lo que define al socialismo es su concepto de hombre y no su concepto de sociedad, repondí.

Hueso difícil de roer, inquirió : ¿te refieres a las personas o a los dirigentes ? Cuando papá murió, recordé un bello relato de Paul Auster en el que asegura que la muerte despoja al hombre de su alma. "En vida -dice- un hombre y su cuerpo son sinónimos ; en la muerte, una cosa es el hombre y otra su cuerpo."

En la siguiente entrega hablaré de quienes esperan que el padre de la revolución cubana muera... para matar al abuelo.

III

Miércoles 22 de marzo de 2006

En el Departamento América del Comité Central, Manuel Piñeiro Losada (1934-98) suspende la lectura de un manojo de cables y saluda con calidez : "¡Bienvenido a la familia revolucionaria !" En la blanca barba de Barbarroja, el ocre nicótico revela al fumador militante. Buen indicio.

El saludo del comandante me deja perplejo. Luego supe que en Cuba la idea de "familia" es muy amplia. Puedes andar ya por la cuarta familia y la contraseña afectiva no cambiará : "¿cómo está la familia ?" Y si el cubano te dice : "no hay problema", prepárate : oirás de problemas en la familia revolucionaria, en la familia contrarrevolucionaria y en la familia indiferente a los problemas del bloqueo y la revolución.

¿Es un mito el bloqueo ? Sin cash, en vísperas de la partida, agasajé a queridos amigos en uno de los mejores restaurantes de La Habana. A la hora de pagar, la tarjeta de crédito rebotó. El día anterior, Citibank se había tragado a Banamex. El gerente me dijo : "confío en usted. Puede irse". Ahora bien : sumemos este clavo al clavo de 80 mil millones de dólares que el bloqueo yanqui le ha representado a Cuba desde octubre de 1962.

La revolución cubana ha educado y formado el criterio de millones de personas que confían en sus semejantes. También hay de las que igual les da lo uno y lo otro. Pero si un orden social deja de velar por el ser humano y relega todo al dictamen del "mercado", ¿qué forma ? ¿Una sociedad individualista o de individuos ?, ¿una sociedad consumista o de consumo ?

Nadie puede prever cuál es la vía idónea para mejorar y reforzar el socialismo. En todo caso, si el aumento del consumo es igual a "aburguesamiento", se escoge un concepto de clase distributivo (de mercado) en lugar de definir la clase según las relaciones de producción.

En la historia de la humanidad, la gente ha trabajado para mejorar su nivel de vida. En este sentido, el socialismo dista de ser una parusia. Es una propuesta concreta para combatir el capitalismo y en esta lucha Cuba ha dado pasos de siete leguas.

En la Universidad de La Habana, Fidel Castro dijo : "No importa cómo seamos cada uno de nosotros, cuán diferentes seamos cada uno de nosotros, pero entre todos nos hacemos uno".

El problema es que la familia revolucionaria cubana (como toda familia) no es una. Ha tenido hijos leales y traidores, héroes y bobos, abeles y caínes, habiendo padecido, en más de una ocasión, el desatino voluntarista y elitista divorciado de los intereses cotidianos de las masas.

Mínima historia del hijo bobo. Siendo la más compleja, me remito al ensayo Los contraguerrilleros culturales, de Eliades Acosta Matos, publicado en la compilación Vivir y pensar en Cuba (Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2002).

Acosta desmenuza el libro José Martí : la invención de Cuba (sic), de Rafael Rojas (Ed. Colibrí, Madrid, 2000). El director de Encuentro, revista subvencionada por la CIA, propone olvidar a Martí "como vía de liberación y aligeramiento" (sic), calificándolo de "mesiánico". Y persuadido de que "la cosa se viene", Rojas sueña con lucir colmillo de oro tlaxcalteca en el Paseo del Prado y el Malecón.

Mínima historia del hijo traidor. Funcionario menor de la embajada de Cuba en una capital latinoamericana, Periquito desaparece. Desconcertado, el embajador conjetura :

 La policía encontró su coche cerca de la embajada americana. ¿Qué tú crees ?

 Quizá arrojó la toalla.

 ¡Pero qué coño dices, chico ! Periquito cumplía su primera misión diplomática. Su expediente está limpio. ¡El enemigo acecha !

 Y los cantos de sirena también.

 Ven acá... ¿tú conocías bien a Periquito ?

 Parecía loco. Sólo hablaba de la revolución.

Al día siguiente, un dizque "ex capitán de inteligencia" cubano daba declaraciones a los medios de Miami : Periquito.

Mínima historia del hijo fiel. Moisés Hassán Pérez, segundo secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas, responde a Blanche Petrich : "... a partir de las palabras de nuestro comandante en jefe hay una conciencia superior sobre el tema".

Blanche pregunta por qué los universitarios no ofrecieron respuesta cuando el líder les preguntó si conocían las desigualdades sociales.

Exultante Hassán : "No era una pregunta para responder en el escenario. El impacto de esas palabras lo que hizo fue duplicar, ¡multiplicar !, nuestro compromiso..."

Blanche : ¿Admiten la autocrítica ?

El dirigente contestó : "La conciencia crítica de nuestra revolución es la de nuestro comandante en jefe (La Jornada, 10/2/06)".

Marx echó un lagrimón. Compañero... ¿a qué rincón relega usted la conciencia crítica de las masas y la enorme vitalidad de la revolución cubana en la lucha por la democracia socialista, ejemplo de los pueblos oprimidos del mundo ?

En longitud de onda distinta a la del joven dirigente, Fidel había observado : "Se hace crítica y autocrítica, sí, pero nuestras críticas suelen ser casi de un grupito..." Y añadió algo imposible de ventilar sin conocimiento de causa : "No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado ; la mentira afecta el conocimiento ; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar".

Retour en haut de la page

El Correo

|

Patte blanche

|

Plan du site