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Por Rogéria Araujo *
Adital. Brasil, 30 de julio del 2004
Con el fin de encontrar una solución para acabar con la exclusión educacional que afecta a miles de campesinos en todo Brasil, representantes de diversos segmentos de la sociedad, estarán reunidos de 2 a 6 de agoto en el municipio de Luziânia, en Goiânia, durante la II Conferencia Nacional por una Educación en el Campo.
Entre varios asuntos, la Conferencia quiere exigir un nuevo modelo de educación que satisfaga las necesidades y respete las diferencias en el campo. El dirigente del Movimiento de Pequeños Agricultores (MPA), Ademar Guimarães, afirma que los actuales moldes educacionales colocan en riesgo la propia existencia del campesino, obligándole a adoptar hábitos urbanos e insiriéndole en una realidad que no es la suya.
"La educación actual no es compatible con la realidad de los campesinos. La educación que tenemos hoy no lleva en consideración la variedad de cultura que nosotros tenemos en Brasil. Es como si existiera solamente una cultura. Y lo que es más grave : una cultura urbanizada", afirma Ademar, que participará del curso Pedagogía de la Tierra, uno de los muchos que habrá en la Conferencia.
Según su análisis, las políticas públicas del actual gobierno han hecho muy poco para adecuar la educación al campesino y todos los esfuerzos aún provienen de los propios movimientos populares. Son las iniciativas de ese sector que están ayudando a disminuir el índice de analfabetismo en la zona rural.
Cuando se cierra una escuela en el campo, señala, los niños son obligados a ir a otras escuelas más lejanas y allí sufren un choque cultural pues se encuentran con otros modos de vestir, otros hábitos alimentares. "Eso crea un conflicto muy grande en esos niños que, a veces, pierden parte de su identidad", comenta.
Si por otro lado, el Gobierno construye una nueva escuela en el campo, en general ella ofrece muy pocas oportunidades a sus alumnos. La mayoría, según destaca Ademar, no posee infraestructura, ni condiciones adecuadas e incluso los profesores son mal preparados. De esa forma esas escuelas acaban, ’deseducando’ a sus alumnos.
La esperanza está en la formación de profesores calificados para el campo y en la propia resolución del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) que abre una perspectiva para la creación de un nuevo modelo de educación.
"Pero todavía nos falta algo de buena voluntad o entonces una visión más amplia de lo que es el proceso de educar. El Gobierno no considera las diferencias regionales. Es una educación creada por técnicos que no conocen la realidad", afirma.
Universidad Campesina
En el sertão paraibano (región seca del interior del Nordeste brasilero), una experiencia dirigida especialmente a los agricultores, muestra como puede ser positiva la realización de trabajos educacionales en el campo. La Universidad Camponesa (Unicampo) ha estado funcionando como un proyecto piloto en la Escuela Agrícola del Municipio de Sumé, y recibe agricultores de 27 ciudades de la región.
Actualmente, son 35 agricultores e hijos de agricultores que participan de los cursos de formación basados en los principios del educador Paulo Freire. Alumnos que van de 22 a 28 años ya han estudiado materias como Humanística, Técnica e Social.
"En Humanística tratamos los aspectos de la identidad, lo que es ser campesino y en que contexto social él esta inserido. La parte técnica trabaja más sobre los recursos actuales usados en la agricultura, sistema de producción, etc. Ya la parte Social es orientada hacia la cuestión de la organización, de la cooperación, del trabajo colectivo", explicó el asesor del proyecto y profesor de la Universidad Federal de Campina Grande, Jean-Philippe Tonneau.
El curso del primer grupo de alumnos duró 30 semanas, entre septiembre y diciembre del año pasado. Este año, el mismo grupo ha comenzado otra etapa del proyecto. El profesor explica que en esta fase más profunda, ellos empiezan a aprender como se elaboran proyectos. "Aquí trabajamos con temas como uso de los recursos naturales, uso sistémico de la tierra, reforma agraria, la importancia de la educación en el desarrollo, ecoturismo y la producción cultural. Todo eso para que ellos puedan hacer el proyecto y presentarlo al conjunto de las comunidades", ha señalado.
El resultado, afirma Tonneau, es sorprendente y el grado de participación de los agricultores no podría haber sido mejor. " Uno percibe que existe un enorme deseo de hacer, de construir, de servir a las comunidades. Hemos tenido un retorno muy bueno", comenta.
El proyecto Universidad Campesina ha sido presentado al Núcleo de Estudios Agrarios y Desarrollo (Nead). Participan de la actividad representantes del Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo (Cirad), Empresa Brasilera de Investigación Agropecuaria (Embrapa), Confederación Nacional de los Trabajadores en Agricultura (Contag), Proyecto Don Helder Câmara.
* Rogéria Araujo es periodista de Adital.