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3 novembre 2006

El granjero, el coronel y la penetración solapada de Brasil.

 

Por Eusevio Val
La Vanguardia
. Cataluña, 3 de Noviembre de 2006.

Peter Zimmerman y su hermano Paul son la quinta generación de una estirpe de granjeros del Medio Oeste estadounidense, uno de los graneros del mundo. Son nueve hermanos : siete varones y dos mujeres. En esta soleada pero gélida tarde de otoño, Peter está arando un campo de maíz recién segado. Conversa con La Vanguardia en la cabina de un tractor enorme -cuesta 275.000 dólares, tanto como una casa- que araña la tierra con una rapidez y eficacia prodigiosas. En otro campo, un primo utiliza una segadora recolectora que hace una radiografía simultánea del estado de la tierra y proporciona un informe completo de cómo hay que tratarla en cada zona para obtener el máximo rendimiento.

La finca de la familia Zimmerman, ubicada en Waseca, en el sur de Minnesota, tiene 800 hectáreas. Cultivan maíz y soja. Gracias a la poderosa maquinaria, se bastan ellos solos para cuidar los campos. Pero necesitan empleados -16 fijos y hasta diez temporales- para llevar las dos explotaciones de cría de cerdos, en las que nacen 110.000 lechones al año.

Peter, de 43 años, casado y con cuatro hijos, cursó estudios universitarios de agronomía. Su trabajo le parece "tremendamente gratificante". Ahora debe suplir la falta de Paul, dos años más joven, quien compagina el cuidado de la granja con sus responsabilidades como teniente coronel de la Guardia Nacional de Minnesota, un cuerpo voluntario y a tiempo parcial. Paul está destinado ahora en Iraq y no regresará hasta la próxima primavera.

Los hermanos Zimmerman decidieron hace un par de años poner dinero en una compañía, Brazil Iowa Farms, que se dedica a comprar fincas en Brasil y a explotarlas. Más de trescientos granjeros estadounidenses lo han hecho. Ya poseen unas 9.000 hectáreas en las que cultivan algodón, maíz y soja. El cerrado brasileño es una nueva frontera agrícola. Tiene características del Medio Oeste norteamericano del siglo XIX, pero con las tecnologías disponibles en el siglo XXI. El terreno y los costes de producción son aún baratos, más aún si la inversión se financia a los tipos de interés bajos que ha habido en EE.UU. durante los últimos años. "Queríamos expandir nuestra explotación, pero físicamente no podíamos hacerlo aquí, así que miramos hacia otros sitios -explica Peter-. Brasil ofrece unas oportunidades tremendas. Era apasionante para un granjero estar ahí y ver lo que es posible hacer". Peter y su hermano se sintieron tentados a trasladarse a vivir "allí abajo", como han hecho algunos, pero desistieron por motivos familiares.

Peter piensa que el actual sistema de subsidios federales que reciben los granjeros norteamericanos -por producción, preservación del paisaje y proyectos medioambientales- es indispensable. Suponen más del 40 por ciento de los ingresos. Peter estaría de acuerdo en suprimirlos si se hiciera de verdad a escala mundial. "Yo no voy a rebajar voluntariamente mi competitividad para que otro país pueda subirla -argumenta-. No tiene sentido". En las elecciones legislativas del 7 de noviembre el tema está ausente porque los dos partidos comparten prácticamente la misma receta de contentar a los granjeros.

La familia Zimmerman es de tradición republicana, si bien ahora hay de todo. Peter y Paul lo siguen siendo. Otro hermano, que trabaja en la ONU en Nueva York, es demócrata. "Las veladas familiares son muy interesantes", bromea. Peter se considera un "realista que piensa que no todo el mundo tiene que estar de acuerdo" con él. Con la Administración Bush está decepcionado. Sin embargo, continuará votando a los republicanos. "Mi filosofía de vida no ha cambiado y no veo a los demócratas haciéndolo necesariamente mejor", argumenta. Según él, desde el 11-S se han perdido muchas oportunidades de lograr consenso mundial. "George W. Bush es un buen hombre, con las convicciones correctas, pero su error de juicio fue rodearse de demasiada gente que pensaba como él -comenta-. Debía haberse rodeado de gente con ideas más abiertas".

Una reciente conversación con su hermano llevó a Peter a comparar Brasil e Iraq. Aquél le dijo que, al principio, su unidad sufrió bajas, pero ordenó no precipitar represalias para no enardecer los ánimos. La táctica funcionó. Según Peter, el ejército estadounidense ha pecado de prepotencia en Iraq. Tampoco en Brasil los granjeros norteamericanos deben dar lecciones a los autóctonos. "Hay que escuchar y ser humildes", concluye.

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