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Otra vez el diario español El País vuelve a la carga sobre Cuba. En esta ocasión la andanada de ficciones sobre la Isla lleva la firma de ese mentiroso de gacetilla en que se ha convertido el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante.
Por La Jiribilla / Rebelión
En un artículo publicado en ese periódico hace una semana bajo el título de "Aguas tiñosas", el autor de Tres tristes tigres, da luz verde a sus inventivas (o invectivas) delirantes para referirse al tema de los escritores cubanos que residen fuera de la Isla, los cuales, según afirma, tienen que estar muertos para figurar en los catálogos de las editoriales cubanas. Por lo visto, Infante, despistado en Londres, ignora, o prefiere ignorar, que solo en el período comprendido de 1988 a 1995, revistas cubanas como La Gaceta de Cuba, Unión, Temas, entre otras publicaron a 40 autores emigrados, la mayoría de ellos vivos. Otro tanto ha sucedido en las editoriales cubanas, las cuales, además de publicar a clásicos como Lydia Cabrera, Carlos Montenegro, Lino Novás Calvo y Severo Sarduy, incluyeron en sus catálogos a José Kozer (2000) y Mireya Robles, Rene Vázquez Díaz y Mayra Montero (2002), etc. De los 78 escritores publicados hasta el 2002 por las editoriales cubanas -si Cabrera Infante en salvaguarda del prestigio de El País aún no los ha mandado a matar- el 64,7% son contemporáneos.
Otras de las pifias en que incurre el autor de Puro humo para sustentar su tesis es el caso de Lydia Cabrera, de quien afirma que su libro El Monte fue editado solo una vez después de su muerte. El enajenado Infante desconoce también que dicha obra fue impresa por primera vez por Letras Cubanas en 1981, diez años antes de que falleciera su autora y que ha sido reeditada en dos ocasiones, en 1993 y 1996. Como si fuera poco, en el compendio de errores e infundios publicados por El País, Cabrera Infante afirma que cuando Labrador Ruiz "murió en Miami no se publicaron los hechos de su vida, sino que uno de esos miñones del Ministerio de Cultura escribió un perfil de Labrador en el exilio que era una obra maestra ¯de la mendacidad". Sin duda, la deteriorada memoria de Infante debe confundir nada menos que a Reynaldo Arenas con el miñón a que hace referencia. Es él quien en uno de los capítulos de Antes que anochezca, señala: "Otros escritores vivían en situaciones aún más penosas; ese era el caso de Labrador Ruiz, uno de los grandes de la novela contemporánea; vivía y vive todavía de los servicios sociales. Tenía escritas sus memorias y no había encontrado nunca un editor". El propio Cabrera Infante, a quien su odio hacia la Revolución parece haberle atrofiado el ingenio, persiste en alimentar el mito de ser un autor prohibido en la Isla, aún cuando editoriales cubanas le han solicitado infructuosamente los derechos de algunos de sus cuentos. En vida, Cabrera Infante -cuya "carrera literaria" en los últimos años se limita artículos como el citado; verdadera antología de retruécanos y sandeces contrarrevolucionarias-, prefiere los cheques que le ofrece El País a cambio de sus infamias.