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27 janvier 2005

El Salvador y Guatemala.
¿Donde están los niños, hoy adultos, secuestrados durante las guerras civiles ?

 

Par Dina Coloma *
DIAL D 2779. Lyon, 16 au 31 janvier 2005.

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Imagínese que su país esté en guerra ; imagínese que usted es un niño. Imagínese que su familia esté confrontada todos los días a violaciones de los derechos humanos ; imagínese que lo llevan lejos de sus padres, sus hermanos y hermanas por esos que le prometieron protegerlo, imagínese que no vuelvan a ver nunca más a su familia.

¿Difícil de imaginar eso ? Entonces piense en la realidad vivida por cientos de niños, hoy jóvenes adultos, en Guatemala y El Salvador.

En Guatemala, entre 1978 y 1984, miles de niños "desaparecieron". Muchos fueron llevados en campos militares y nunca más se ha oído hablar ellos. Algunos pudieron escaparse hacia países vecinos y otros fueron colocados en orfelinatos donde no se hablaba su lengua materna. Se cambiaron sus nombres y una nueva existencia comenzó para ellos.

En El Salvador, entre 1980 y 1991, se asesinó a cientos de niños en las masacres perpetradas por las Fuerzas Armadas ; a otros se los llevaron después del asesinato de sus padres o después de haberse encontrado separados de sus familias por ataques armados llevados contra sus pueblos. Algunos se los llevaron hacia orfelinatos ; se tomaron otros para adopción en El Salvador o en el extranjero, en particular, en los Estados Unidos, Francia, Alemania y en el Reino Unido.

Todos necesitan aún apoyo para llegar a curar sus heridas, incluir el pasado y a esperar que se haga justicia por sus sufrimientos y sus pérdidas. Es una responsabilidad que incumbe a las autoridades de cada país, no solamente a las propias familias. Las familias hicieron lo que pudieron hasta ahora ; necesitan apoyo para seguir avanzando.

Casi veinte años más tarde, he tenido la ocasión de entrevistarme con algunos de estos niños - hoy jóvenes adultos - que tienen en común el mismo estremecedor objetivo : conocer el pasado para enfrentar el futuro.
"Fue un momento inolvidable de mi vida, un momento que cambió nuestras vidas", dice Andrea Dubón, interrogada a San Salvador el 29 de septiembre de 2004.

Andrea Dubón tiene veintinueve años. Casada y madre del pequeño José Vladimir nacido en 2002. Cuando se la encuentra por primera vez, sin conocer su pasado, no se pueden imaginar las pruebas que pasó. Irradia optimismo ; su sonrisa es contagiosa, tiene enormemente de energía. Es una de los aproximadamente 150 jóvenes adultos a haber formado parte de los niños "desaparecidos" en el conflicto armado de El Salvador, luego "encontrados" y reunidos con sus familias biológicas durante estos últimos años.

Tiene hoy un trabajo y una familia, pero se ha unido a otros "niños encontrados" y formado un Comité que organiza una serie de acciones. Juntos, recogen fondos y se ponen en contacto con otros jóvenes adultos - de los niños separados de sus padres y adoptados en otros países. Se esfuerzan también para motivar a otras personas para que participen en acciones destinadas a permitir la continuación de estos esfuerzos de una importancia crucial.

Se separó a Andrea de sus padres a la edad de siete años, durante lo que se llamó se "Guinda de Mayo", una operación llevada por el ejército al final del mes de mayo y a principios del mes de junio de 1982 (guinda significa correr, huir - la expresión toma como referencia a los ataques que forzaron a la gente a huir corriendo de sus casas de donde vivían).

La llevaron con otros niños a un hogar para niños a Santa Tecla. El choque de lo que había vivido le había hecho olvidar todo su pasado. Sin embargo, se acordaba muy bien de los acontecimientos vividos por ella y por su familia. Durante un ataque de las fuerzas gubernamentales, aviones habían tirado bombas sobre el pueblo y una ellas había estallado cerca de su casa. Andrea había perdido un brazo y fragmentos de metal la habían herido en la pelvis y las caderas, impidiéndole de tenerse de pie. Por último, al término de un proceso doloroso de intervenciones quirúrgicas, rehabilitación y terapia, pudo de nuevo caminar. Una terapia le ayudó también a superar los traumatismos sufridos.

Andrea ha pasado doce años a Aldeas Infantil SOS a Santa Tecla. Ella y los otros niños se preguntaban a menudo que había pasado con sus familias y soñaban con encontrar a los suyos. Su sueño finalmente se convirtió en realidad en 1994, cuando el director del hogar le anuncia que sus padres, sus hermanos y hermanas estaban vivos y esperaban con impaciencia de verla. Se reunió con su familia el mismo año - un acontecimiento que califica de inolvidable en su vida, un momento que cambió la vida de todos.

Andrea reconoce que si no hubiera sido separada de su familia y llevada a Aldeas, no habría podido probablemente beneficiarse de la educación que recibió. No obstante, considera que haber sido privada del amor de sus padres y su familia fue una experiencia muy dura porque " la familia es la cosa más importante."

En 2002, un libro escrito por cinco "niños encontrados", entre los cuales Andrea, se publicó. « Historias para tener presente » es el relato emocionante de su experiencia de niños prisioneros de en un conflicto por el cual eran demasiado jóvenes para incluirlos ; separados de sus familias, han vivido años preguntándose dónde estaban sus raíces. El libro contiene testimonios directos y preciosos para incluir el horror de este período de la historia de El Salvador y los daños causados a demasiado inocentes ; al leerlo, uno no se puede impedir de pensar que todo eso no habría debido producirse.

Los autores cuestionan la capacidad del Gobierno para asumir la responsabilidad de tomar a cargo a las personas encontradas y se preguntan sobre las medidas adoptadas para encontrar a los que se cuenta siempre como personas "desaparecidas".

"Yo estaba tan triste y apenado. Yo no tenía a nadie hacia quienes me acercarme." - Antonio Imul/Brito Terraza, interrogado a Guatemala el 11 de octubre de 2004. Antonio tiene veintiocho años, pero solo tenía seis años cuando su vida estalló. Fue cuando en una de las numerosas operaciones llevada por el Ejército y los Escuadrones de Defensa Civil (de la muerte), se separó a Antonio de sus padres. Las familias habían sido desplazadas de sus pueblos y debían sin cese desplazarse en las montañas del departamento de EL Quiché.

Se acuerda que soldados habían venido a Chajul, habían acorralado a los habitantes y habían lanzado un ataque. Algunas personas habían presentido el peligro y huyeron. Su madre lo había enviado a ocultarse en las colinas lejos del campamento ; estaba solo y había pasado la noche allí. Los soldados mataron a su madre, a sus dos hermanos y a once personas más.

Los soldados lo habían encontrado al día siguiente y lo habían traído al campamento, donde solo había militares. Le habían dicho que iban a matarlo, pero él no sabía lo que eso quería decir. No obstante, un patrullero, es decir, se autorizaba a un miembro de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) que había abogado su causa frente del Oficial responsable y fue autorizado de guardar a Antonio. Había llevado al niño con él y lo guardó durante un año ; luego el niño había sido mandado a vivir con un "abuelo", el padre del hombre que lo había salvado, con quien se quedo a vivir.

Antonio había crecido planteándose muchas cuestiones sobre su familia ; no sabía si su padre y sus hermanos estaban vivos o muertos. "Estaba tan triste y apenado." No tenía a nadie hacia quien ir", explica." Oyó un día hablar de "¿Dónde están los niños ?", una organización implicada en la búsqueda de niños desaparecidos en el conflicto armado. Fue a su oficina y dejó sus datos.
Una feliz coincidencia ocurrió en 2002 cuando durante una fiesta organizada para celebrar los reencuentros de niños desaparecidos con sus padres, alguien mencionó el caso de Antonio y que una nueva serie de informaciones y pistas surgieron entonces. Una investigación siguió y se encontró a Pedro Brito, el padre de Antonio, en la localidad Esfuerzo 2000 a Ixcan, en el Quiché.

Antonio y su padre finalmente se encontraron el 15 de enero de 2004. "Me sentí tanto feliz porque antes de tenía el sentimiento de estar tanto solo", declaró. Tras estos reencuentros, permaneció en contacto con su padre "adoptivo". Su padre expresó su gratitud al hombre que había salvado su hijo y que se había ocupado de él.

Se podría pensar que es mejor no remover demasiado el pasado ; que no conviene volver de nuevo sin cesar sobre el pasado en vez de ir para adelante. Los Gobiernos lo creen. Pero nos equivocamos y se ellos también se equivocan. El mayor deseo de estos "niños", que solo representan una parte de un conjunto mucho más extenso, es todavía de encontrar a sus familias. Algunos lo hicieron, pero cientos de otros esperan siempre de ver su sueño realizarse.

Para saber más : ver el libro "Historias para tener presente" y una serie de otras publicaciones están disponibles a la Asociación Pro-Búsqueda en el sitio : http://www.probusqueda.org.sv

Para obtener más amplia información : hay que contactar el Servicio de prensa de Amnistía Internacional en Londres, al + 44.20.7413.5566, o consultar el sitio : http://www.amnesty.org


* Investidadora ante Amnistía Internacional, con fecha del 18 de noviembre de 2004, destinado al sitio news.amnesty (Índices AI : AMR 02/001/2004).

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