Accueil > Les Cousins > Mexique > Economía moral : La pobreza en México (2000-2004)
Abrumador balance para el neoliberalismo salvaje de Fox
La economía moral es convocada a existir como resistencia a la economía del "libre mercado" : el alza del precio del pan puede equilibrar la oferta y la demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente
Por Julio Boltvinik
La Jornada. México, viernes 11 de noviembre de 2005
Las personas pobres aumentaron de 79.2 a 85 millones
El gobierno de Fox está en campaña que se expresa en numeroso espots y anuncios impresos que, entre muchas otras falacias, sostienen que entre 2000 y 2004 la pobreza ha bajado en el país de manera acelerada. En este espacio he planteado exhaustivamente los dos elementos centrales de mi crítica a los datos originales y a los procedimientos que generan los cálculos en los cuales se basa la afirmación sobre la baja de la pobreza :
– a) El método utilizado por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) y su Comité Técnico, además de contener inconsistencias internas, es minimalista y, por tanto, conlleva una violación explícita de los derechos humanos de la población, ya que les niega su derecho a satisfacer todas las necesidades humanas, excepto la alimentaria.
– b) Incluso con ese método, la pobreza parece bajar porque la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2002 y de 2004 no son comparables con las de 2000 y anteriores ; además, la muestra de hogares en el medio rural está fuertemente sesgada, lo que convierte la evolución reciente de las condiciones de vida en dicho medio en un verdadero cuento de hadas. [1]
Como resultado de las deficiencias de las ENIGH 2002 y 2004, la doctora Araceli Damián, profesora de El Colegio de México, y yo, nos habíamos abstenido de usarlas para continuar la serie de cálculos de la pobreza en México que, utilizando el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP) inicié hace 12 años. Recientemente decidimos hacerlo y, a partir de esta entrega, presentaré algunos de los resultados que hemos obtenido.
Al utilizar el MMIP superamos el primer grupo de objeciones a los cálculos del gobierno federal, ya que este método tiene tres diferencias sustanciales con el "oficial" :
– 1) Es multidimensional, esto es, toma en cuenta, además de los ingresos corrientes del hogar, el acceso a servicios públicos gratuitos, la posesión de activos básicos del hogar, la disponibilidad de tiempo, y los niveles educativos (y asistencia escolar) de sus miembros.
– 2) No es minimalista. En cada dimensión se fijan umbrales que se basan en las disposiciones constitucionales y legales y en las luchas populares, elementos que expresan, todos juntos, el sistema de necesidades básicas prevaleciente en el país.
– 3) Es consistente internamente.
Pero al usar las ENIGH, arrastramos inevitablemente sus deficiencias. Por tanto, los resultados hay que tomarlos con amplias reservas, particularmente los del medio rural. Los cálculos los hemos hecho, hasta ahora, sólo para las encuestas del año 2000 y la del 2004.
Para el análisis de la estratificación social con base en el nivel de bienestar, hemos venido utilizando seis estratos (tres de pobres y tres de no pobres) que van desde los indigentes hasta la clase alta. Esto genera cuadros complejos que, para esta primera entrega he simplificado. El cuadro que se anexa presenta el número de personas (en millones) tanto en 2000 como en 2004 en sólo tres estratos : indigentes, pobres no indigentes y no pobres, así como el total de pobres que se obtiene sumando los dos primeros estratos. Me centraré en esta primera entrega en el análisis de la evolución del número de personas que viven en la pobreza según la medición integrada de la pobreza (MMIP). En próximas entregas presentaré cuadros con cifras relativas al relacionar la población de cada estrato con la población nacional, así como la desagregación de los componentes del MMIP : la pobreza de ingresos-tiempo (LPT) y la de NBI (necesidades básicas insatisfechas). La de LPT, a su vez, es resultado de modificar los ingresos del hogar a la luz de la pobreza de tiempo. La pobreza por NBI resulta del promedio ponderado de los índices de vivienda (espacio y calidad de materiales), acceso a los servicios de salud y a la seguridad social, educación de adultos y menores, recolección de basura, bienes durables, condiciones sanitarias, energía doméstica y teléfono (este último sólo en el medio urbano).
Entre 2000 Y 2004 la pobreza integrada (MMIP) en México pasó de 79.167 a 85.016 millones de personas, un aumentó de 5.850 millones que equivale a un aumento porcentual de 7.4%. Durante el mismo periodo, la población total del país aumentó en 6.506.000 de personas, la mayor parte de la cual se tradujo en crecimiento de la pobreza, ya que los no pobres aumentaron en sólo 657.000 personas. Esto significa que mientras la incidencia de la pobreza (proporción de pobres en la población nacional) en el año 2000 era de 81.07, la llamada incidencia marginal (el aumento del número de pobres dividido entre el aumento en la población) fue de 89.9% (9 de cada 10). Cuando la incidencia marginal es mayor que la incidencia inicial, la proporción de pobres crece. Así se llegó en 2004 a 81.62%.
En pocas palabras, en el periodo 2000-2004 la pobreza en el país aumentó, lo que refuta la afirmación insistente del gobierno de Fox y del Banco Mundial de que la pobreza ha descendido fuertemente en el periodo. Cambiando la metodología y usando las mismas fuentes, las muy cuestionadas ENIGH, la tendencia resulta la opuesta. Veamos cuál fue el comportamiento del número de pobres en los medios urbano y rural.
En el medio urbano (localidades de 2.500 o más habitantes), los pobres aumentaron de 55.077 millones a 61.237 millones, un incremento de 6.16 millones experimentado en una población que creció en sólo 6.11 millones. Es decir, una incidencia marginal de la pobreza superior a 100 por ciento : (100.8 %), lo cual nos indica que la incidencia de la pobreza urbana aumentó. En efecto, pasó de 75.7% a 77.6% entre 2000 y 2004.
El modelo de desarrollo hacia afuera, que los neoliberales han implantado en el país, está centrado en la expansión de las actividades industriales que son casi exclusivamente de carácter urbano. Por tanto, el incremento observado en la pobreza urbana demuestra que, al menos durante el gobierno de Fox, este modelo está fracasando, lo que se corrobora con el hecho de que el empleo en la industria manufacturera a todo lo largo del gobierno de Fox ha venido cayendo.
La historia rural es diferente. La pobreza baja ligeramente, pasando de 24.090 a 23.779 millones, un descenso de 311 mil personas. La incidencia marginal es negativa, igual a menos 128%, indicando un descenso en la incidencia que, en efecto, habría pasado de 97% a 94.2%. Como mostré en la entrega de Economía Moral del 28 de octubre pasado, la evolución de las condiciones de vida en el medio rural que resulta de comparar las ENIGH de 2000 y de 2004, resulta de carácter fantástico sobre todo en varios indicadores de necesidades básicas insatisfechas en el medio rural nacional, lo que indica un sesgo serio en la muestra levantada y/o errores graves en el operativo de campo. Aunque la baja en la pobreza integrada parece moderada, no ocurre lo mismo en la indigencia, que cae de 19.850 millones a 17.058 millones, una baja de 2.792 millones, como consecuencia de una baja rápida por ingresos y un desplome (o milagro) en la indigencia por NBI, que disminuye en casi cinco millones (4.7), pasando de 17.154 a 12.449 millones, una baja de 27.4 por ciento en sólo cuatro años, atemperadas un poco por el aumento en la indigencia de tiempo. (La evolución de las pobrezas de ingresos, NBI y tiempo, no se muestran en el cuadro. Las analizaré en próximas entregas.) En síntesis, el incremento de 5.849 millones de pobres en el periodo se explica en 105.3 por ciento debido al incremento de la pobreza urbana que fue de 6.16 millones, ya que la pobreza rural disminuyó en 311 mil personas.
La historia de la indigencia, la parte más aguda de la pobreza, que en el MMIP defino como aquella población que no cumple, en promedio, ni siquiera la mitad de las normas, es similar en cuanto a los papeles del medio urbano y el rural. Mientras en este último medio se presenta una fuerte baja de la indigencia, de casi 2.8 millones de personas, en el medio urbano la indigencia crece de 21.054 a 24.203 millones, un aumento de 3.149 millones que contrarrestan más del 100 por ciento de la baja rural, por lo que a nivel nacional se observa ligero incremento en la población indigente de 357 mil personas.
Los pobres no indigentes constituyen el estrato de pobreza que creció más rápido a nivel nacional, y lo hizo en ambos medios, lo que llevó a que el total nacional aumentara de 38.263 a 43.757 millones, incremento de 5.493 millones que se repartió en 3.011 y 2.483 millones en el medio urbano y rural respectivamente. Si en el año 2000 la estratificación social entre indigentes, pobres no indigentes y no pobres, en millones cerrados, era 41-38-19, marcando un ligero predominio de la indigencia, en 2004 los pobres no indigentes son ya el estrato más numeroso : 41-44-19.
Debe hacerse notar que la pobreza urbana y la pobreza no indigente, que constituyen los grupos poblacionales en más rápido crecimiento, son precisamente los que están casi totalmente excluidos de las políticas de lucha contra la pobreza. En efecto, las políticas focalizadas del gobierno de Fox, igual que las del gobierno de Zedillo, sólo están dirigidas a la pobreza extrema (que ahora se llama pobreza de capacidades). Del total de hogares beneficiarios de Oportunidades (3.47 millones estimados en la ENIGH2004), como mostré en la entrega de Economía Moral del 4 de noviembre pasado, el 69% vivían en el medio rural, a pesar que, como se muestra en el cuadro, había 24.203 millones de indigentes en el medio urbano contra sólo 17.056 en el rural, haciendo evidente el sesgo rural del programa.
Pauperización de la pirámide social urbana
En la entrega anterior mostré la evolución de la pobreza en México por el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP) en el periodo 2000-2004. Me referí sólo a los resultados agregados del método en su conjunto, a lo que llamé pobreza integrada. A diferencia de los cálculos oficiales, producidos por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso), que sostienen que la pobreza bajó en el país aceleradamente en el periodo, mis resultados, que pueden verse en el cuadro comparando en la primera columna de 2000 con la correspondiente de 2004, muestran un incremento en el número total de pobres de 79.167 a 85.156 millones [2], un aumento de casi 6 millones de personas pobres. También se mostró que los dos tipos de pobreza que están creciendo más rápido -la pobreza urbana y la pobreza no indigente- son las desatendidas (o poco atendidas) por los programas de la Sedeso. Hoy desagrego las cifras (corregidas, véase nota al pie) en los componentes del MMIP (véase cuadro), que, como expliqué en la ocasión anterior, son : ingresos, NBI (necesidades básicas insatisfechas) y tiempo disponible. Este se combina con los ingresos para dar lugar a la pobreza de ingresos tiempo o LPT. LPT y NBI se combinan para obtener la pobreza integrada (MMIP).
Las cifras nacionales de 2004 muestran que en todos los componentes aumentó el número de pobres. Mientras el número de personas viviendo en la pobreza de ingresos-tiempo pasó de 75.075 a 80.847 millones, incremento un poco mayor a 5 millones, en NBI la cifra de pobres pasó de 68.507 a 74.447 millones, un crecimiento de casi 6 millones. De esta manera, la elevación en la pobreza integrada que mide el MMIP se explica por el aumento muy similar de los dos componentes principales. Algo similar se aprecia en el aumento de LPT, que se explica por movimientos de orden de magnitud similares en la pobreza de ingresos y en la de tiempo (mientras la de ingresos aumentó en poco más de 4.8 millones al pasar de 70.053 a 74.447 millones, la de tiempo creció en 5.8 millones). Veamos si esta homogeneidad se mantiene al mirar los resultados de la indigencia y la pobreza no indigente a nivel nacional, y en la composición de los cambios en los medios urbano y rural.
El crecimiento del número de personas pobres (MMIP) se explica, sobre todo a nivel nacional, por el aumento en 5.4 millones de los pobres no indigentes, que pasan de 38.263 a 43.645 millones, mientras los indigentes aumentan sólo en 600 mil personas. La relativa estabilidad del número de indigentes a escala nacional se explica por una fuerte baja de la indigencia por NBI (cercana a los 3 millones de personas), una muy leve disminución en la indigencia de ingresos (poco más de 600 mil personas) que, sin embargo, al combinarse con un aumento muy sustancial de la indigencia de tiempo, de más de 3 millones de personas, se traduce en un aumento de la indigencia de ingresos-tiempo de casi un millón de personas.
Sin embargo, estos resultados de la indigencia a nivel nacional se derivan de comportamientos antitéticos entre el medio urbano y el rural. Como puede apreciar el lector en el cuadro, el número de personas que viven en la indigencia en el medio urbano aumentó en todos los componentes en cifras que, en los casos mínimos, rondan los 2 millones de personas, lo que explica un aumento muy fuerte en la indigencia urbana integrada (MMIP) de casi 3.5 millones de personas, equivalente a 16.6 por ciento. En agudo contraste, la indigencia rural en NBI disminuye dramáticamente : de 17.154 a 12.449 millones de personas (una baja de 4.7 millones de personas). Por su parte, cae la indigencia rural de ingresos de manera menos dramática, en 2.7 millones, lo que conduce a una baja de casi 3 millones en la indigencia rural integrada (MMIP), casi exactamente lo opuesto de lo ocurrido en el medio urbano. Ya comenté en la entrega anterior que es muy dudosa esta evolución casi milagrosa del medio rural durante cuatro años de un gobierno que no se puede caracterizar por su impulso al desarrollo rural. Una manera de apreciar esta dramática evolución, que sólo se puede lograr por errores o manipulaciones estadísticas, es sumando los pobres no indigentes y los no pobres del medio rural por NBI, que constituyen la población no indigente. Esta población pasó en sólo cuatro años, dos terceras partes del sexenio, de 7.69 millones a 12.793 millones, aumento de 5 millones equivalente a 66 por ciento. Es decir, que a este ritmo, en 2006 el gobierno foxista habría duplicado la población no indigente del medio rural, logrando en seis años lo mismo que la nación habría alcanzado en toda la historia previa del país. Es evidente que las cifras rurales están distorsionadas y que la evolución que muestran es falsa.
La pobreza no indigente, por su parte, aumentó en ambos medios y en todos los componentes, como se aprecia en el cuadro. Mientras en el medio rural esto se explica porque una parte sustancial de los que dejaron de ser indigentes pasaron a ser pobres no indigentes (otra parte habría pasado a ser no pobre) -una fuerte, aunque inverosímil mejoría en la estratificación social-, en el medio urbano el crecimiento de los pobres no indigentes se explica por la baja absoluta de los no pobres (que pasaron de 17.731 a 17.561 millones, una baja de 170 mil), de tal manera que todo el crecimiento poblacional más los que dejaron de ser no pobres, se tradujo en el aumento de la pobreza tanto indigente como no indigente, un empeoramiento notable en la estratificación social. Esta imagen coincide con el comportamiento de otros indicadores agregados asociados al estancamiento de la economía, el desempleo, la precarización del empleo y la creciente polarización social.
Recordemos que la pobreza por NBI es el resultado de combinar las carencias de educación, salud y seguridad social, vivienda, condiciones sanitarias de la vivienda (dimensiones centrales del bienestar humano), con otras complementarias como bienes durables básicos en el hogar, acceso a fuentes de energía, teléfono y servicio de recolección de basura. En contraste con la dimensión de ingresos, en la cual pesan de manera dominante los ingresos obtenidos en el mercado, y del tiempo disponible que resulta del tiempo comprometido en el mercado y de las cargas de trabajo doméstico, la satisfacción de varias de las dimensiones de NBI se encuentran fuera del ámbito del mercado y están asociadas a servicios públicos gratuitos (educación y algunos servicios de salud) o servicios de carácter colectivo no estrictamente mercantil (algunos servicios de salud y toda la seguridad social). Como se observa en el cuadro, si bien la pobreza por NBI y por ingresos tienen niveles similares, la indigencia por NBI es radicalmente más baja que la de ingresos y es aún mayor la distancia respecto a la indigencia de ingresos-tiempo, particularmente en el medio urbano (14.221 contra 32.213 millones).
El mercado produce más carencias extremas que la provisión pública de carácter no mercantil. Esto es algo muy conocido en la bibliografía sobre estados del bienestar, donde es central el concepto de desmercantilización. En la próxima entrega empezaré a explorar cada uno de los componentes del MMIP y explicaré no sólo los resultados, sino el sentido conceptual de las carencias identificadas.
Génesis del método Medición Integrada de la Pobreza
En las dos entregas pasadas (11 y 18/11/05) he presentado los resultados de medición de la pobreza que la doctora Araceli Damián González y yo hemos obtenido para el periodo 2000-2004, utilizando el Método de Medición Integrada de los Hogares (MMIP). Al dar prioridad a los datos que desmienten la propaganda foxista de que la pobreza ha bajado en el país y muestran que las ENIGH (encuestas nacionales de ingresos y gastos de los hogares) de dichos años no son comparables, sobre todo en el medio rural, he pospuesto las explicaciones del procedimiento seguido en el MMIP, que abordaré en ésta y la próxima entrega.
El MMIP que aplico actualmente, que llamo MMIP mejorado, lo desarrollé entre 1990 y 1992 a partir del MMIP original o matricial. Este surgió de un experimento llevado a cabo por Beccaria y Minujin en 1987 con datos de Buenos Aires, en el que buscaban responder la pregunta de si los métodos de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) -a la que llamo ahora variante original por lo que se verá después- y de ingresos o línea de pobreza (LP), variante canasta normativa alimentaria, identificaban los mismos hogares como pobres ; la respuesta, que fue negativa, derivó en la aplicación simultánea de ambos métodos. El resultado fue una tabla de contingencia (matriz) en la que la población se clasifica en cuatro categorías : pobre por ambos métodos, no pobre por ambos, pobre sólo por NBI, y pobre sólo por LP, que identifiqué en 1990 como un nuevo método y promoví su aplicación por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de manera amplia en América Latina. El MMIP original tiene características interesantes. Una es que en ciertas circunstancias permite la distinción entre la población recientemente empobrecida (en países en recesión se asocia fuertemente con los pobres sólo por LP) y el tipo de pobreza más estructural (pobre por ambos métodos). Permite también distinguir la pobreza de "bienes públicamente suministrados". Sin embargo, tiene puntos débiles, como su incapacidad para producir ninguna medida agregada de pobreza que vaya más allá de la incidencia de pobreza (proporción de personas pobres en la población), y aquellas debilidades derivadas de la variante original de NBI y de CNA de la LP en las que se basó (que ahora veremos).
Para superar las limitaciones de la versión original diseñé la Variante Mejorada del MMIP, que combina :
– 1) la variante mejorada de NBI,
– 2) la variante de canasta normativa generalizada de la LP, y
– 3) un indicador de pobreza de tiempo para obtener un índice de pobreza integrado por hogar, que permite calcular todas las medidas agregadas de pobreza. El índice puede ser desagregado en sus componentes.
Veamos cada uno de los tres componentes arriba citados.
La variante mejorada de NBI la desarrollé a partir de la variante original de NBI, en la cual distintas dimensiones del bienestar (necesidades) son analizadas horizontalmente para cada hogar mediante indicadores directos, logrando una imagen del nivel de vida de cada hogar. El procedimiento de identificación de los pobres es el siguiente : cada indicador se transforma en uno dicotómico, es decir, en un indicador con sólo dos opciones : por arriba del umbral (situación a la que se puede dar un puntaje de 0), y por debajo del umbral (con un puntaje de 1), y se consideran pobres todos los hogares que tienen uno o más indicadores por debajo del umbral (es decir, cuya suma de puntajes es mayor que 0). Esto permite calcular la proporción de pobres en la población, o incidencia de la pobreza. Sin embargo, a consecuencia de esta dicotomización y de la no existencia de un procedimiento para ponderar los indicadores, no permite calcular la brecha o intensidad de la pobreza, ni en el ámbito del hogar ni en el agregado. Por lo tanto tampoco permite calcular ninguna de las otras medidas agregadas de la pobreza. Además, dado que se identifican como pobres aquellos hogares con uno o más rubros por debajo del umbral, la incidencia de la pobreza no es independiente del número de indicadores incluidos ; al crecer éstos aumenta la pobreza, lo cual es un rasgo muy negativo para un método de medición. Se suele construir con muy pocos indicadores, usualmente : vivienda, agua, alcantarillado y asistencia de niños en edad escolar a la escuela primaria. Ha sido utilizada ampliamente en América Latina (pero no en México) para elaborar "mapas de la pobreza".
Las características que distinguen la Variante Mejorada de NBI de la anterior son :
– 1) permite calcular la brecha de la pobreza y las medidas agregadas de pobreza más elaboradas,
– 2) la incidencia de la pobreza ya no es una función del número de indicadores incluidos,
– 3) opera con mayor número de indicadores de carencia ;
– 4) se introduce un procedimiento de expectativas para decidir los niveles de los umbrales, que implica un concepto relativo de pobreza, ya que los umbrales de un rubro determinado (por ejemplo, hacinamiento) varían según los niveles logrados en una sociedad determinada. Los indicadores de cada necesidad o satisfactor son ponderados para obtener el índice general de cada hogar.
A diferencia de la variante de canasta normativa alimentaria (CNA) de la LP (que define una lista de cantidades de alimentos específicos y calcula su costo, para después, mediante un procedimiento no normativo, sino empírico, estimar el costo de los demás bienes y servicios, sin siquiera enumerarlos), el método de canasta normativa generalizada, CNG, define normativamente la lista (y cantidades) de todos los bienes requeridos por el hogar y calcula su costo, convirtiéndose éste en la LP. No está sujeto a la crítica que he hecho a la CNA de medir exclusivamente la pobreza alimentaria. Aquí retomé la experiencia que había desarrollado en Coplamar en el periodo 1981-1982, donde usamos este procedimiento para definir la LP. El primer paso en la metodología CNG-LP es determinar la lista de bienes y servicios requeridos por un hogar de cierto tamaño. El segundo es precisar sus cantidades (pasando así de lista a canasta) durante un periodo determinado (por ejemplo, un año). Las cantidades requeridas en el caso de los artículos durables son diferentes (mayores) que su uso anual. Por ejemplo, un hogar requiere una estufa de cocina pero usa, consume o deprecia sólo 0.10 estufas al año, si la estufa dura 10 años. En los bienes no durables (y en los servicios) ambas cantidades son iguales. Es el vector del uso anual lo que constituye la CNG (llamada Canasta Normativa de Satisfactores Esenciales, CNSE, por Coplamar).
Además de las economías de escala asociadas con el tamaño del hogar [3], asunto no resuelto por la CNG de Coplamar, el problema de los fundamentos de esos requerimientos normativos sí lo resolvió. Este es el conflicto más complejo en los estudios de pobreza y donde menos consenso hay. Al definir la CNSE de Coplamar, partimos de dos criterios. Por una parte, la realidad de México, que se refleja en la lista de bienes y servicios de consumo frecuente o generalizado en los hogares. Por la otra, la legislación mexicana, que refleja una mezcla de realidad y objetivos. En este aspecto, consideramos tanto los derechos sociales que la ley establece para todos los habitantes como los específicos de clase, que la ley determina para la población asalariada. Estos fueron operacionalizados en bienes y servicios y agregados a la lista de bienes de consumo generalizado, llegando así a una lista de bienes y servicios, que podríamos llamar bienes, servicios y derechos socialmente generalizados.
La línea de pobreza que se obtiene se compara entonces con el ingreso del hogar. Aquí Coplamar adoptó un procedimiento simplificado. La línea de pobreza se definió para los promedios nacionales de tamaño y estructura de edades de los hogares. Una alternativa mejor consiste en definir la línea de pobreza para cada hogar según el número, edad y sexo de los miembros que la componen. Un procedimiento intermedio es calcular una línea de pobreza per cápita o por adulto equivalente y compararla con el concepto correspondiente para cada hogar [4].
La pobreza de tiempo se mide con un índice de exceso de trabajo extra doméstico (ET). La norma sobre el número de horas que una persona disponible puede trabajar doméstica y/o extra domésticamente a la semana se fija en 48. Todos los adultos de 15 a 69 años se consideran disponibles para ambos tipos de trabajo, con excepcióndelos discapacitados,yde 28 horas a la semana que dedicarían al estudio los estudiantes de 15 o más años (es decir, están disponibles 20 horas a la semana para el trabajo). El tiempo requerido para el trabajo doméstico se calcula en función de tres variables : número de miembros del hogar, presencia de menores de 10 años y un índice de la intensidad del trabajo doméstico elaborado con tres indicadores (necesidad de acarrear agua, disponibilidad de equipo doméstico ahorrador de trabajo y acceso a cuidado diurno o escuela de los menores). El tiempo semanal total disponible (una vez descontado el tiempo requerido para sueño, aseo y cuidados personales, y consumo de alimentos) menos los requerimientos de trabajo doméstico (netos del trabajo desempeñado por personal pagado), resulta en el tiempo disponible para el trabajo extra doméstico, que es entonces comparado con el tiempo observado en el hogar para obtener ET, el cual se define de manera que varíe entre 0.5 y 2.0, con la norma en 1.0. Valores por arriba de 1.0 indican pobreza de tiempo, mientras valores por debajo de 1.0 indican tiempo libre disponible por arriba de las normas. El ingreso corriente se divide entre ET para obtener un nuevo concepto : "ingreso sin trabajo extra doméstico excesivo desempeñando (o contratando) el trabajo doméstico requerido. La transformación no se lleva a cabo cuando el hogar es pobre de ingresos y ET es menor que 1, puesto que el "subtrabajo" en los hogares pobres se considera forzado y no elegido. El nuevo concepto de ingreso se compara, entonces, con la LP para identificar la pobreza de ingreso-tiempo. Araceli Damián llevó a cabo una evaluación amplia de los parámetros usados en esta metodología usando encuestas del uso del tiempo y de ingresos y gastos. Concluyó que los parámetros usados coinciden en órdenes de magnitud con la práctica social y la metodología identifica correctamente la privación de tiempo de los hogares.
Por ultimo, el índice agregado de NBI en cada hogar se combina con su índice de ingresos-tiempo, mediante una media ponderada donde el criterio de ponderación es el costo de los rubros de NBI y de la CNSE, siendo en general el ponderador del segundo de alrededor de 2/3 y el del primero de 1/3.
Réplica a las críticas al Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP)
En entregas recientes de Economía Moral (11 y 18/11/05) he presentado el panorama de la pobreza en México y su evolución entre 2000 y 2004, calculados con base en el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), así como una explicación somera de la génesis y características del mismo (25/11/05). Hoy analizo las críticas que se han hecho a dicho método y mi réplica. En primer lugar, Fernando Medina, autor principal del estudio INEGI-CEPAL (que calculó la pobreza en México entre 1984 y 1992) en la primera institución, así como un dictaminador anónimo de un artículo sometido para publicación en una revista académica mexicana, sostienen que la atribución de valores métricos a las opciones de solución de indicadores como materiales de la vivienda u opciones de abastecimiento de agua, cuando la escala original es nominativa (no métrica), contraviene reglas de la teoría de escalas de medición y, por lo tanto, es inválida.
La atribución de valores métricos es necesaria para superar las deficiencias de la variante original de NBI, elemento clave en la construcción del MMIP mejorado, como se explicó en la entrega del 25/11/05. La crítica expresa la postura ortodoxa de algunos estudiosos de la estadística. Sin embargo, estos mismos autores aceptan la introducción y uso métrico de variables dicotómicas. Es fácil mostrar que los valores otorgados a opciones de solución como las que he usado pueden derivarse de la combinación de variables dicotómicas, lo cual hace inconsistente la crítica. Además, la atribución de valores métricos es una práctica común en ciencias sociales. Por ejemplo, el coeficiente de Gini (la medida más usual de la desigualdad) y el Indice de pobreza, de Amartya Sen, son ambos resultados de la transformación de escalas ordinales en métricas. El peor error se comete al dicotomizar las variables.
En estos indicadores ordeno las soluciones de peor a mejor, otorgo puntajes a cada solución para construir así una escala de bienestar objetivo y selecciono como solución normativa mínima la que evita el daño al menor costo. Lo que hago al otorgar estos valores es construir una escala de bienestar objetivo.
En poverty monitoring : An International Concern (R. Van der Hoeven y R. Anker, Mc Millan, Londres, 1994), libro resultado de un seminario realizado en Santiago de Chile en 1991, se incluye un análisis comparativo de mi autoría (con el título de "Medidas de pobreza e indicadores alternativos de desarrollo") entre el MMIP mejorado (entonces en proceso de desarrollo) y el Indice de Bienestar Vital de Meghnad Desai. A lo largo del seminario argumenté a favor de un enfoque integrado que tomase en cuenta todas las fuentes de bienestar de los hogares. Los editores redactaron así, en un único párrafo, como parte de un capítulo de conclusiones (texto no discutido en la reunión), la polémica en torno a mis propuestas :
"Boltvinik argumentó con fuerza a favor de combinar los enfoques de necesidades básicas y de línea de pobreza en una Medida Integrada de Pobreza (MMIP), a manera de obtener los beneficios de ambos enfoques en un índice único. Los participantes estuvieron, en general, en contra de esto.
Se mostraron :
– (a) incómodos sobre los supuestos subjetivos requeridos para combinar estos dos conceptos ;
– (b) preocupados de que tal índice compuesto escondiera innecesariamente sus partes componentes, cada una de las cuales es importante y se necesita para cambiar políticas en las áreas relevantes ; y
– (c) preocupados porque cambios en el MMIP pudiesen consistir en cambios compensados en sus subcomponentes" (p. 208, énfasis en el original).
En el seminario nadie puso en duda la base fundamental del MMIP : la identificación de múltiples fuentes de bienestar en los hogares que los métodos parciales (LP y NBI) desconocen. Las "incomodidades" y "preocupaciones" de estos interlocutores no van al centro del asunto y son fácilmente rebatibles. La atribución de carácter subjetivo a todo proceso que suponga elementos normativos es característica del enfoque de la mayor parte de los economistas ortodoxos, como Gary Fields y Ravi Kanbur, quienes estuvieron en el seminario. Ellos consideran subjetiva también la definición de la línea de pobreza. La preocupación de que la medida integrada escondiera sus partes componentes es un argumento común de resistencia a la introducción de medidas compuestas que es totalmente ajena a la práctica de su aplicación, en la que he resaltado, justamente, la evolución contrastante de las dimensiones de NBI y de LP, así como de las intersecciones entre ambas. Igualmente, los trabajos de Araceli Damián sobre la interacción entre pobreza de ingresos y de tiempo han demostrado el valor del método para conocer las interacciones entre sus componentes. La última preocupación es un poco extraña. Si los componentes del nivel de vida se mueven en direcciones opuestas y se compensan, esta medición estaría reflejando un movimiento compensado de la realidad. No reflejarlo, como hacen los métodos de medición parciales, equivale a ocultar una faceta de la realidad.
En dos dictámenes de un artículo, que no era mío por cierto, sometido para publicación en una revista académica mexicana, los dos dictaminadores criticaron muy escuetamente el MMIP. Uno acusó al MMIP de usar los códigos de procesamiento de las encuestas o censos (los códigos usados para identificar en las bases de datos la respuesta en cada cuestionario) como valores numéricos, lo cual obviamente es una tontería. El primer dictamen critica al MMIP por "reducir el rango de variación de la variable (mediante el rescalamiento) sin justificación teórica y metodológica sólida y convincente", mientras el segundo expresa lo mismo diciendo que se construyen "rangos arbitrarios para los indicadores".
En primer lugar, es necesario aclarar al lector que lo que hago no reduce el rango de variación de la misma variable, ya que lo que hago es construir una variable bienestar objetiva. Es parte de la misma operación descrita antes, al explicar la atribución de valores numéricos a variables nominativas u ordinales.
A diferencia de las soluciones al abasto de agua o de eliminación de excretas, el ingreso, el espacio de la vivienda y la educación vienen expresados desde el principio en valores métricos (pesos per cápita al mes, cuartos por persona, grados educativos aprobados). La rescalación se aplica (sólo) en estos casos a los valores por arriba de la norma para que el rango de variación (de la nueva variable de bienestar objetivo así obtenida) sea de 0 a uno. La fórmula de rescalación requiere identificar un valor de la variable observada en la cual se alcance el máximo conceptual de bienestar objetivo, más allá del cual el bienestar marginal (adicional) derivado de aumentos al ingreso, la educación o los cuartos es cero. En el procedimiento de rescalamiento hay una función (relación matemática) implícita de bienestar objetivo que implica un aumento proporcional del bienestar a los cambios en el valor del bien en el rango arriba del umbral hasta el máximo conceptual, y a partir del umbral hacia arriba un bienestar marginal igual a cero.
En segundo lugar, el (o la) dictaminador(a) tienen razón al decir que no he presentado una justificación teórica y metodológica sólida para respaldar tal rescalamiento. Es una falla de comunicación que asumo. Sin embargo, las bases conceptuales de la idea de poner límites al efecto en el bienestar objetivo de adiciones sucesivas a los recursos fueron discutidas por Aristóteles, son la base del modelo de la vitamina de Warr, utilizado por Doyal y Gough, y de la idea fundamental de la utilidad marginal decreciente del utilitarismo original. No es una idea arbitraria : está en el fondo de todas las teorías sobre las necesidades humanas. Maslow hace notar cómo la creciente satisfacción de las necesidades básicas en Estados Unidos, de hecho la creciente opulencia, que él observó a mediados del siglo pasado, no estaba llevando a la autorrealización. Lleva, en cambio, a un consumismo estéril y enajenante.
No rescalar supone que el valor de una unidad monetaria adicional es el mismo para Slim o Gates que para un pobre de la Mixteca oaxaqueña. En mi tesis doctoral he criticado a Amartya Sen porque no pone techo superior a los recursos que pueden ser utilizados por una misma persona para generar capacidades valiosas, lo que tiende a ser un justificativo de la desigualdad social y he criticado el axioma de la no saciedad de la teoría neoclásica del consumidor.
La esencia de las teorías de las necesidades humanas que examiné en mi tesis doctoral es que hay una diferencia radical entre la necesidad y la apetencia (o preferencia), que se expresa en que la insatisfacción de las primeras lleva a la enfermedad (física y mental) y la de las segundas no. Cuando Slim o Gates reciben una unidad extra de ingresos no cambia ni su vida ni su consumo, que desde hace muchas unidades de ingreso estaba ya saturado. Cuando la unidad extra la recibe un hogar de la clase media alta puede comprar un artefacto extra, o unas prendas extras de ropa ; su vida queda igual, aunque su consumo haya aumentado. Cuando un hogar en pobreza moderada recibe una unidad extra de ingresos, quizás el padre pueda ir al dentista ; su vida cambia, porque ha evitado que un daño siga progresando, y su consumo aumenta. Cuando un hogar en pobreza extrema recibe una unidad adicional de ingresos, su vida puede cambiar radicalmente : los miembros del hogar podrán evitar el grave daño de la desnutrición y su consumo aumenta. Una unidad adicional de ingresos en cada periodo tiene significados que van desde no darse cuenta, en el caso de Slim y Gates, hasta evitar la desnutrición entre los pobres extremos. Hacer que estas diferencias no pasen desapercibidas es el propósito del rescalamiento, de la construcción de escalas de bienestar objetivo.
Donde poner el límite es la pregunta más difícil, sobre todo para los ingresos. Para los años de educación o los espacios en la vivienda, el asunto es más fácil. En el primer caso, porque los estudios tienen un límite en el doctorado (a menos que la persona acumule títulos o doctorados). En el segundo caso, porque una vivienda demasiado grande resulta disfuncional para sus propios propietarios. A falta de una respuesta totalmente fundamentada para ubicar el límite de los ingresos, quedarse mudo y no poner límites es un error mucho más grande que fijar un límite (que nunca es arbitrario, sino que se funda en una concepción del mundo).
La filosofía básica que he adoptado para la medición de cualquier fenómeno es que, en caso de dificultades, la mejor opción es la que minimiza el error. Por esa razón, en el desarrollo del MMIP preferí atribuir valores a las opciones intermedias entre la peor y la norma, sabiendo que con ello disminuía el error que se comete al usar variables dicotómicas y valorar con cero todo lo que no alcance la norma, cuando sabemos que las soluciones intermedias son menos malas que la peor.
Por ultimo, Oscar Fresneda critica el eclecticismo conceptual del MMIP, que al ser una mezcla de un método directo (medición fáctica de la insatisfacción de necesidades) y un método indirecto (medición potencial de la satisfacción), si bien puede tener ventajas prácticas, tiene limitaciones conceptuales. La respuesta fundamentada a Fresneda es muy extensa y se me ha acabado el espacio, por lo que tendrá que esperar a una próxima entrega.
Notas :
[1] Las entregas de Economía Moral que presentan el primer punto son las de las siguientes fechas : 19/8/03 y 24/7/05 ; las que presentan el segundo son del 20/8/03, 30/7/04, 19/8/05 y 28/10/05.
[2] En las cifras que hoy presento en el texto y en el cuadro hay una leve diferencia con las mostradas en la entrega anterior. Ello se debe a que descubrimos (Araceli Damián y el que escribe) que en nuestras bases de datos de 2004 había ocho hogares muestrales (antes de expandir para obtener el universo) que habían quedado eliminados de los cálculos por falta de datos en algún indicador del MMIP. La mayor parte se pudo corregir, pero quedó un hogar sin corrección, en los cuales el problema parece provenir de la base de datos original de la ENIGH2004. Nuestro universo de personas es menor en 12 mil personas que el que aparece en las tabulaciones de la ENIGH2004 realizadas por el INEGI. Los nuevos datos de pobreza son más altos que los presentados la semana pasada en 140 mil personas. La diferencia se ubica exclusivamente en los indigentes urbanos, acentuando levemente las conclusiones obtenidas en la entrega previa de Economía Moral. Por un error en dicha entrega se cambiaron los puntos decimales por comas y se introdujo una errata en el aumento de la suma de pobres entre los dos años : dice 8.850 en lugar del dato correcto que es 5.850. Una disculpa al lector.
[3] Hay algunos rubros de gasto en los cuales estas economías de escala son obvias. Por ejemplo, los espacios de la vivienda crecen menos que proporcionalmente al número de miembros, lo cual se reflejará en su costo per cápita descendente. Lo mismo pasa en algunos servicios de la vivienda, como la electricidad o el gas para cocinar. La CNSE de Coplamar se construyó sólo para el hogar promedio nacional, por lo cual no resolvió (ni enfrentó) el problema de las economías de escala.
[4] Hay, sin embargo, un fuerte contrargumento para usar la línea de pobreza nacional promedio, ya que expresaría la condición de pobreza de acuerdo con los promedios de estructura demográfica y de tasa de participación en el mercado de trabajo. Quizás un ejemplo puede ayudar a aclararlo. Un hogar compuesto por una pareja que no tiene hijos podría ser clasificado como no pobre si se usa una línea de ingresos per cápita. Pero es posible que no hayan querido tener hijos por temor a no poder hacer frente a los gastos, no sólo porque las necesidades monetarias serían mayores, sino porque la mujer tendría quizás que dejar su trabajo para cuidar a los niños. ¿Son realmente no pobres ?