Accueil > Les Cousins > Cuba > Desarrollo Humano Evaluando a Cuba (II) y (VI)
Por Manuel David Orrio
Rebelión
Virtualmente imposible es evaluar el Desarrollo Humano de un país sin referirse a la situación de la mujer, involucrada desde más de un siglo atrás en una tenaz lucha por alcanzar la total igualdad de derechos con los hombres, enfrentada en muchos casos a culturas y religiones donde un machismo más que ortodoxo puede hacer de ellas una propiedad de menor valor al de una res.
Cuba, aunque nunca llegada en su historia a esos extremos, no es excepción en el combate de las féminas por alcanzar la plena igualdad ; si bien puede decirse que en su caso tiene una loable tradición de logros, signados entre otros por haber sido el primer país de América donde fueron elegidas a escaños parlamentarios, allá por 1940.
No es noticia que el triunfo revolucionario de 1959 representó la gran oportunidad femenina para batallar por su plena realización como seres humanos ; nada más una breve consulta a los documentos históricos así lo demuestra, para no caer en la invitación a recorrer el país y constatar in situ cuán importante es hoy la presencia de la mujer en todo el devenir político, económico y social de la nación.
No obstante, un esfuerzo es constatar una realidad, y otro evaluarla. Si por un lado es cierto que los avances femeninos en la igualdad de géneros son incuestionables, también lo es que la mujer cubana no ha avanzado todo cuanto pudiera en alcanzar una plenitud comparable a los índices de los países de más alto desarrollo humano, pese a contar de hecho con todos los instrumentos jurídicos y participativos necesarios para ello.
Evaluar esa realidad, en las condiciones isleñas, pasa además por la dificultad de no poder contar con estadísticas completas que ofrezcan la posibilidad de una comparación internacional a fondo. En este aspecto, se resiente el hecho que Cuba no haya brindado información al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre los dos principales indicadores para justipreciar la igualdad de géneros, los cuales son el Índice de Desarrollo de Géneros (IDG) y el Índice de Potenciación de Géneros (IPG).
Para que el lector comprenda la importancia de ambos, vale apuntar que el IDG mide el grado de disparidad entre mujeres y hombres, mientras el IPG se ocupa de valorar la potenciación relativa de ambos géneros en las esferas de actividad política y económica. O sea, si el primero ofrece un informe sobre el estado de la discriminación sexual, el segundo aporta el ritmo de avance en la eliminación de ésta.
Pese a estas carencias se tiene a la mano una curiosidad digna de apunte. Si se parte de comparar el Índice de Potenciación de Géneros de Cuba declarado por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) isleña para 1997, resulta que éste, aún en el 2001, hace de la tierra de José Martí el quinto país de América Latina en cuanto al ritmo de avance en la eliminación de las discriminaciones de género, sólo superada, en ese orden, por Bahamas, Costa Rica, Barbados y Trinidad-Tobago.
Para calcular tanto el IDG como el IPG se precisan otros indicadores que a través de su incorporación a determinadas operaciones matemáticas ofrecen el dato evaluador. Entre estos se encuentran la esperanza de vida al nacer, las tasas de alfabetización de adultos y de escolarización, así como la tasación del aporte de hombres y mujeres a la formación del Producto Interno Bruto (PIB) . Por lo tanto, y de acuerdo con los informes del PNUD, puede presumirse que para uno y otro índices ocurre, en cuanto a diferencias de género, lo mismo que en la determinación del PIB a los efectos de obtener el Índice de Desarrollo Humano. Cuba "se cae" en su potencial económico, pero está en lugares destacados en cuanto a su capacidad social, gracias a sus políticas de crecimiento con equidad.
No se poseen cifras avaladas sobre el aporte de hombres y mujeres a la formación del PIB cubano, pero sí se tienen respecto a los otros indicadores mencionados, y en todos ellos las mujeres aventajan a los hombres. Por lo tanto, puede presumirse que no sólo las féminas isleñas no se encuentran en una situación especialmente desventajosa respecto a aquellos, sino que, a los efectos de una comparación con América Latina, sus avances generales clasifican entre los primeros de la región.
Al mismo tiempo, otros datos de no menor importancia para justipreciar una efectiva participación de la mujer en la vida política y económica del país, presentan este elogiable cuadro : Cuba es la primera de América y la sexta mundial en cuanto a parlamentarias, con 36 % de los escaños ;del total de ocupados en la economía al cierre del 2001, las damas desempeñaban el 68,2 % de los cargos técnicos y el 31,2 % de los puestos dirigentes, posiciones en las que igualan o superan a la mayoría de las naciones latinoamericanas, aunque su Talón de Aquiles se encuentra en su presencia en los cargos gubernamentales de nivel ministerial, donde su participación sólo alcanzaba el 10,7 %, para ser la decimoséptima de América Latina. Por otra parte, aunque no se dispone de cifras avaladas, pudieran ser las primeras de esta región en cuanto a graduadas como profesionales universitarias o técnicas de nivel medio, independientemente de que estén o no ejerciendo sus calificaciones, sea porque ya se jubilaron, por no estar laborando en puestos afines a sus capacidades, o por haber elegido el "oficio" de amas de casa.
No sólo aparece como Talón de Aquiles de las féminas cubanas su baja participación en cargos gubernamentales de nivel ministerial, o las carencias estadísticas mencionadas, las cuales impiden a ellas mismas un autorreconocimiento científicamente determinado de sus logros alcanzados o por alcanzar. En tal sentido, sería útil que la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba determinara y publicara anualmente los índices de desarrollo y potenciación de géneros, como bases fundamentales del país para conocer sus avances o retrocesos en la eliminación de las discriminaciones por origen de sexo.
Este periodista, además, observa una tendencia nada agradable : de hecho, la incorporación de la mujer al empleo se encuentra estancada desde 1981, a juzgar por las cifras oficiales disponibles, más allá de que esa incorporación mantenga índices demostrativos de su participación elevada como el personal más calificado.
Si se comparan los datos de los censos de población y viviendas de 1970 y 1981 con las estadísticas oficiales de la ONE para el 2001, se observa que si bien la incorporación de la mujer al empleo se duplicó relativamente entre 1970 y 1981, literalmente se estancó entre 1981 y el 2001.
Para los tres momentos comparados las mujeres representaban aproximadamente la mitad de la población total y alrededor del 50 % de la población en edad laboral. Según los censos de 1970 y 1981, elevaron su participación en el empleo de 11,4 % de la población en edad laboral a 21,8 % que al cierre del 2001 sólo se había elevado al 22,3. O sea, que en 20 años la participación femenina en el empleo creció en términos relativos en solamente 0,5 %, sin que cambios demográficos de importancia se produjeran en la Isla, al menos en lo referido al tema.
Hasta donde esta preocupante tendencia significa una seria limitante para avanzar en la plena realización política, económica y social de las cubanas, es algo a responder por investigadores y planificadores de políticas. A ojo de buen cubero, aproximadamente millón y medio de la población femenina en edad laboral permanecería en condiciones de ama de casa, en país donde la puerta de entrada a la plena igualdad pasa, precisamente, por estar empleado.
La mujer cubana, como todo en Cuba, es luces y sombras. Entonces, a echar luz sobre las sombras.
Fuentes : Informe de Desarrollo Humano PNUD 2003 ; Anuarios Estadísticos de Cuba de 1986 y 2001 ; Perfil Estadístico de la Mujer Cubana en el Umbral del Siglo XXI, ONE,1999.
Todo parece indicar que junto a los retos de producir alimentos abundantes y baratos para toda la población, así como recuperar para ésta una capacidad en transportes de la que hoy carece, son las comunicaciones y el acceso a la información uno de los puntos donde se evidencia un importante retraso de Cuba, a tenor de los principios y conceptos asociados al Desarrollo Humano.
Tan es así, que el proverbial humorismo cubano ha llamado la atención sobre este importante problema social en uno de los más populares chistes de los últimos años, según el cual las siglas identificatorias de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (ETECSA), quieren decir en verdad que "Estamos Tratando de Establecer Comunicación Sin Apuro".
Los humoristas criollos suelen ser cáusticos, pero veraces. Las estadísticas del más reciente Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) avalan a los chistosos, al aparecer la Isla como uno de los países latinoamericano-caribeños de menor avance en materia de comunicaciones y acceso a la información por parte de sus ciudadanos, no obstante presentarse como una de las naciones donde el interés por el desarrollo científico-técnico es inobjetable.
Cuba, junto a Chile, está a la cabeza de América Latina y el Caribe en un índice como el gasto en Investigación y Desarrollo del Producto Interno Bruto (PIB), 5 %, y ocupa el tercer lugar en científicos e ingenieros ocupados en esas áreas, sólo superada por Argentina y Costa Rica. Igualmente, es la líder regional respecto a patentes concedidas por millón de habitantes, todo lo cual invita tanto a la descripción como al análisis, sobre todo si se parte de la premisa de considerar a las comunicaciones como básicas para avanzar en las condiciones de un mundo globalizado. Carlos Lage, vicepresidente cubano, ha expresado en más de una ocasión que para crecer 1 % en el PIB es necesario hacerlo en no menos de 3 % en aquellas, una afirmación bien descriptiva del carácter de la situación y de lo que significa para la mayor de la Antillas, urgida de alcanzar altos y estables incrementos productivos.
Describir el problema pasa por mencionar lo siguiente : al cierre del 2001, la Isla sólo aventajaba en líneas telefónicas por mil habitantes a Saint Kitts y Nevis, Honduras, Nicaragua y Haití ; era la última de la región en celulares por millar de personas y 20 países de 33 la aventajaban en teléfonos públicos por cada mil residentes, mientras que en usuarios de Internet ocupaba el penúltimo lugar regional, para nada más estar por encima de Haití. De idéntico modo, en todos estos índices se encontraba por debajo del promedio para América Latina y el Caribe, así como en la tenencia de televisores.
No puede describirse esta situación sin ubicarla en su contexto histórico pasado y reciente. Puede hablarse de descuido de las comunicaciones antes de 1990, por cuanto es un dato revelador que la existencia de líneas telefónicas por millar de habitantes en ese año igualaba a la de 1959. Hoy por hoy, si bien Cuba posee un número aceptable de televisores por familia, también es revelador que los avances en ese campo tienen que ver principalmente con la sustitución masiva de equipos en blanco y negro por sus similares de visión en colores, para no hablar de que en la Isla casi nadie accede a los sistemas UHF. Según informes oficiales, la tierra de José Martí debe contar con 90 líneas telefónicas por millar de residentes para el 2004 y 200 en la capital de la República, un nivel que si bien representa un logro apreciable, aún se mantiene lejos del promedio latinoamericano- caribeño.
Por otra parte, ocurre en cuanto al acceso a Internet algo parecido. Cuba decuplicó sus usuarios entre 1998 y el 2001, pero debe multiplicar por cinco semejantes resultados para igualarse al promedio de la región. Y debe de realizar un verdadero cruce del Rubicón si quiere ubicarse al nivel regional en telefonía celular, un camino que pudiera brindar a la Isla muchas posibilidades aún no explotadas, dado que la misma representa un notable ahorro en la instalación de líneas telefónicas, así como en el empleo de recursos económicos.
Tales retos no pueden hacer perder de vista las realidades que impiden materializar los sueños. Durante más de un decenio, la Isla ha atravesado por una de las peores situaciones económicas de su historia, signada por la desaparición del campo socialista y el arreciamiento de la política de sanciones unilaterales de los Estados Unidos de América. Sus prioridades en ese escenario comienzan por alimentar a la población, brindar aceptables e incluso destacables servicios de salud y educación, y echar adelante un modelo económico sustentable bajo circunstancias internacionales nada propicias, donde más de 50 naciones han visto aumentar sus niveles de pobreza ante la indiferencia de un Primer Mundo opulento, que ni siquiera cumple con sus compromisos de ayuda oficial para el desarrollo y literalmente sabotea a productores agrícolas como Cuba mediante políticas de subsidios a sus agricultores, devenidos así exportadores "competitivos" por obra y gracia de las mismas.
Sin embargo, valdría la pena analizar de manera abierta si sólo esas circunstancias se erigen en obstáculos para que los cubanos accedan plenamente a las corrientes de información, tal y como se entienden desde los principios y conceptos asociados al Desarrollo Humano. No es infrecuente que ante tantas murallas externas sean preteridas las internas. No es infrecuente que la atención a factores foráneos conduzca a olvidar un acto de inteligencia que destacados músicos cubanos denominaron "mirarse por dentro", sobre todo cuando la cruda realidad dice hasta cuánto esos "factores foráneos" son bien definidos amenazas a la seguridad nacional.
Cuba es agredida por una nación cuyo gobierno habla abiertamente de guerra informática. Hecho bien terco, dicho sea de paso. Como también lo es que la experiencia revolucionaria de Cuba permite avalar al pie de la horca una antigua máxima romana :"la fortuna ayuda a los audaces." Por ello, pensemos serenamente si no vendría mal, en materia de comunicaciones y acceso ciudadano a las corrientes de información, nada más que un ligero toque de audacia.