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Por Jacques Létourneau
Alternatives. Canadá, el 2 de noviembre de 2006.
Durante el verano, la retirada momentánea de la vida política activa de Cuba del presidente Fidel Castro reanudó otra vez el debate sobre el porvenir de la Revolución Cubana. Mientras los grupos anticastristas de Miami descargaban su rabia habitual contra Cuba, con el apoyo de Washington, muchos observadores señalaron con razón, que a pesar de las incertidumbres que representaba el porvenir de la isla tras la muerte de Castro, el sistema político cubano ya estaba en plena transformación. Hundido desde unos quince años en plena crisis tras el derrumbe de la URSS, el gobierno cubano realizó los compromisos económicos necesarios con relación al « periodo especial » para permitir a la sociedad que respire un poco.
Al contrario de los países del este, Cuba no se derrumbó como un castillo de naipes. Además, desde algunos años, sucedió a la crisis una verdadera « resurrección política » de Cuba en el continente latinoamericano. En beneficio de las « nuevas izquierdas », volvió a ascender de categoría la Habana colocándose en el centro de un nuevo movimiento antiimperialismo y anti-neoliberal. ¿Sobrevivirá la « Revolución » a su arquitecto ? De todos modos, lo que podemos desear es que la transformación se produzca del interior, sin que haya ninguna injerencia o obligación emanando del exterior.
Reformas de envergadura
Sería ingenuo pensar que aquella herencia se apoye en un hombre solo. Lo reconoce el mismo Fidel Castro concediendo en una entrevista con Volker Skierka, que « además de estar preparada [su] sucesión, ya está funcionando desde cierto tiempo. [...] la vida del país está en manos de muchísimos jóvenes y del grupo un poco menos numeroso de veteranos de la Revolución ». Es esta nueva generación de dirigentes quién puso en marcha las reformas que permitieron atravesar los años 90.
El fin de la guerra fría y la brusca desaparición de la URSS iban a cambiar mucho la situación de este país para el cual la mayor parte de las relaciones comerciales estaban orientadas hacia los países del Este. Cuba vivía bien, en la medida en que más de 80 % de sus intercambios comerciales se hacían con el bloque socialista. A pesar de una ruptura radical, el sistema político cubano resistió a las presiones externas e internas, que tanto a nivel político como económico, exigían una liberalización completa. Calificadas como « periodo especial » por las autoridades, las reformas económicas y políticas estarán precedidas por una serie de asambleas publicas en las cuales unas decenas de miles de Cubanos y Cubanas discutirán de las dificultades y de los remedios necesarios para garantizar la perennidad del régimen cubano.
Se lanza entonces Cuba en una importante reforma de la Constitución la cual rozará los fundamentos propios del socialismo cubano. Iniciados por la joven Guardia del Partido, se introducen cambios económicos importantes con el fin de otorgarlo un sitio más importante al mercado. Intelectuales y economistas se volcan entonces en la posibilidad de una cohabitación entre el mercado y el socialismo. Las reformas son de envergadura y provocan una liberalización en sectores clave como la agricultura, la pequeña empresa familiar, el turismo y el trabajo para el cual el gobierno permite el desarrollo de algunas zonas francas.
Es también durante aquel periodo cuando se legaliza el dólar americano, provocando así una gran disparidad en el seno de la población entre los que viven con los pesos y los que tienen acceso a los dólares US. Podemos asistir en aquel momento a una inversión de la pirámide social en la cual los profesionales van a ingresar menos que los trabajadores diarios, que están principalmente presentes en la industria turística.
Esta apertura al mercado preserva sin embargo tres sectores considerados de gran importancia, o sea, la educación, la salud y el ejército, que quedarán alejados de todo cambio económico.
A nivel político la reforma de la Constitución jubila la retórica marxista-leninista. Aunque el Partido Comunista sigue deteniendo el monopolio exclusivo de la representación, suprime la nueva Constitución la referencia al marxismo haciendo desaparecer nociones como la dictadura del proletariado o el centralismo democrático. De alguna manera, el nacionalismo cubano y la lucha contra el imperialismo vuelven a ser combates de primera importancia, como en los orígenes de la Revolución cubana. En cambio, no significaron esos cambios más apertura a nivel político, ya que Cuba queda un país en que la libertad de expresión se mantiene limitada a las únicas instancias reconocidas por el poder. La ausencia de una sociedad civil fuerte e independiente aparece como una debilidad mayor en la construcción de una verdadera democracia política.
La ambivalencia de la transición
Estas reformas mayores emprendidas en los albores de las dificultades económicas quedan sin embargo inciertas. La segunda reforma constitucional de 2002 rinde de alguna manera « irrevocable el carácter socialista del sistema político y social establecido en la Constitución », así como lo defiende Christian Nadeau, del Observatorio de las Américas, en el Estudio socioeconómico y político : Cuba (1989-2005). Para Fidel Castro, las elecciones decididas a propósito de la economía de mercado fueron cuestión de contexto. « Castro no quiere menos mercado ; no quiere mercado del todo » considera por su parte Volker Skierka, biógrafo de Castro. No es ajeno este cambio de tono al endurecimiento del régimen en cuanto a la disidencia política. En marzo de 2003, une serie de detenciones y ejecuciones han ido reactivando el debate a propósito de la cuestión fundamental de las libertades individuales. Recientemente, el Partido lanzó una campaña destinada a contrarrestar la corrupción importante que hace estragos en el país. Conducida por las juventudes comunistas, esta « batalla de las ideas » dirigida hacia la población tiene como objetivo la promoción de los valores fundamentales de la Revolución. Estos « trabajadores sociales », como se les llaman en Cuba, están de alguna manera lanzados al asalto de un proceso de educación política.
Pero este regreso a los valores políticos del pasado no excluye problemas fundamentales como el de la expansión descontrolada de la economía paralela o del asunto espinoso de las libertas políticas. Es lo que subrayaba con razón el escritor cubano Leonardo Padura, residente en La Habana, en una entrevista dada al Correo Internacional : « La crisis económica de los 90 no fue únicamente una cuestión material. En este sentido, pienso que los cambios emprendidos son profundos e irreversibles. La confianza monolítica y absoluta que teníamos en el socialismo y las mentiras con las cuales nos colmaron durante treinta anos se derrumbaron con el muro de Berlín. Así hemos descubierto la verdadera cara del socialismo europeo. »
A este propósito seria bastante sorprendente que regrese en el tiempo la Revolución cubana. Pero al contrario de lo que dice el poeta Padura, es menos cierto que el socialismo en boga en Cuba, al menos en las oficinas del poder, sea de inspiración europea. Durante los últimos anos, Cuba multiplicó las relaciones económicas con China y aprovecha de una posición muy favorable en las nuevas relaciones que tiene con América Latina, y en particular con el gobierno de Hugo Chávez. El petróleo venezolano contra los médicos cubanos y el aumento significativo de los intercambios con China refuerzan el posicionamiento de los ortodoxos dentro del aparato de Estado. Muchos expertos consideran que Cuba pudiera estar tentado por el modelo chino o vietnamita compaginando así liberalismo económico y autoritarismo político.
Otros piensan que la posible desaparición de los hermanos Castro pondrá término al infame embargo que sufre Cuba desde hace más de cuarenta años. Condenado muchas veces por la ONU y mantenido sin embargo por Washington, aquel bloqueo mantiene de manera deliberada una presión que casi imposibilita toda reforma destinada a poner en pie una verdadera democracia social y política en Cuba. A semejanza del Brasil de Lula y de su política matizada, que se apoya en el dialogo y las relaciones económicas con Cuba, ¿Sabrá el Canadá alejarse de la cabezonería estadounidense y exigir la creación de condiciones que pudieran facilitar la transición ?
Traducción del francés para El Correo de : Pierre Molines.