Portada del sitio > Los Primos > Chile > Chile es el mito neoliberal del crecimiento económico
Publicamos a continuación una declaración del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, organización que enfrentó en su momento a la dictadura de Augusto Pinochet. Por la importancia de los datos que aporta reproducimos a continuación su texto.
Pocas veces como en las últimas semanas del año se ha apreciado con tanta nitidez en nuestro país la relación entre política y economía, donde lo distintivo o singular en verdad no ha sido la tan difundida corrupción (que en realidad es la regla en sistemas como el imperante) sino la agudización de las disputas y las fisuras entre y dentro de la derecha y la concertación, lo cual a su vez es producto del tema de fondo que ya hemos mencionado con anterioridad; el agotamiento de las bases de sustentación del modelo económico chileno, que trae consigo la ’natural’ secuela de cesantía, pobreza, endeudamiento y continuas alzas en el costo de los productos y servicios básicos de la población. La desaceleración de la economía chilena no es algo coyuntural, sino que estaría más bien representando, o sería parte de un largo proceso de colapso del patrón de acumulación neoliberal a escala mundial, que incluye alzas y caídas en su desarrollo decreciente. Esta misma situación generó un cambio importante en la situación de la correlación de fuerzas en la llamada ’clase política’, enfrentada a los efectos sociales y electorales de la crisis. En la derecha hace rato que el conflicto se resolvió a favor de la UDI, no obstante en la Concertación la trizadura es más profunda y tiene más efectos en la contingencia al ser esta última la actual administradora civil del modelo neoliberal.
De estas grietas en el consenso neoliberal en la coalición gobernante surgen entonces los llamados ’autoflagelantes’, el ’grupo de los 15’, etc., o individuos como el senador Nelson Avila (PPD), pero que se mantienen en el campo político del oportunismo, ya que no tienen interés en potenciar un movimiento popular que los pueda sobrepasar, pero sí capitalizar electoralmente la coyuntura, lo que en el caso de Avila es más que evidente.
Para el gobierno, recomponer el cuadro económico es pieza clave en la recuperación de la cohesión interna de su coalición, y que esta no sea derrotada en las próximas elecciones, mal que mal todavía se ve favorecido por el hecho de no existir una presión suficiente desde el lado del pueblo, lo cual le permite un inmenso margen de maniobra. Sin embargo, dichas maniobras van en la misma dirección de lo que causó la crisis que se vive, fortalecer la concepción del crecimiento como aumento de las ganancias empresariales, a partir de dar más facilidades al Capital (rebaja de impuestos, flexibilización laboral) y profundizando el carácter dependiente de nuestra economía (basada en la exportación de materias primas). A ’nuestros gobernantes’ no les cabe en la cabeza otra opción, ni menos escuchar las demandas de los trabajadores, los estudiantes y pobladores, la gran masa de nuestra población, al contrario, sigue optando por apretarles cada vez más el cinturón para resolver los problemas que sus propias políticas generan.
Los hechos más trascendentales en la profundización del modelo, y por tanto de sus secuelas, fueron en este año los tratados de libre comercio con la Unión Europea y ahora con los EEUU., es decir un acuerdo entre un tiburón y una sardina. Claro que Lagos y sus ministros estrellas (Alvear de Relaciones Exteriores y Eyzaguirre de Hacienda) están eufóricos con estas ’victorias’, en un año, dos tratados con las dos mayores potencias del mundo!! Chile, dicen, ya está en las ’ligas mayores’.
¿Por qué EEUU se apresuró ahora a firmar este acuerdo con Chile a pesar de los desacuerdos iniciales? La respuesta está en la misma realidad latinoamericana y la crisis del neoliberalismo a escala regional en Argentina y otros países del cono sur. Además, la resistencia del gobierno de Chávez en Venezuela al golpismo proyanqui, la reciente elección de Lula en Brasil y de Gutiérrez en Ecuador, que sin ser opciones revolucionarias representan -o intentan representar- movimientos sociales que resisten decididamente al neoliberalismo en cada país. Por eso es que Chile es visto por el imperio como el más incondicional y sumiso aliado en el cono sur, y una cabeza de playa en un territorio que presenta inestabilidad para sus propósitos de largo plazo. Ahora, ¿cuáles son los alcances de tratados como el firmado con Europa y ahora con EEUU?, sobre todo cuando la actividad comercial y financiera ha sido totalmente desregulada bajo la ideología neoliberal?
Un acuerdo de libre comercio con la principal potencia económica y militar equivale a que un almacén de barrio enfrente la competencia de un gran centro comercial tipo mall. Los efectos de esto no son sólo económicos, se extienden incluso a la vida social, los modos de vida y las costumbres de los ciudadanos, que ahora son sólo consumidores.
La comparación es muy ilustrativa. La diferencia entre EEUU y Chile es enorme en el tamaño de la economía, la población, etc... Para Chile, Estados Unidos es su primer socio comercial, en tanto que Chile es para Estados Unidos el número 38, y nada más que eso... Un acuerdo de este tipo sólo acrecentará las diferencias, perpetuando nuestra condición de país exportador de materias primas y con mano de obra de bajo costo, tal como ya ocurre con el acuerdo firmado con Canadá. A pesar del discurso triunfalista de los gobernantes y los empresarios, que dicen que este tipo de acuerdo generará más crecimiento y por lo tanto más empleo, lo concreto es que en el marco del neoliberalismo, el crecimiento significa más ganancia de los grupos económicos y sus empresas, y con la actual distribución de la riqueza y las precarias condiciones de empleo que imperan en Chile, lógicamente quiénes serán los verdaderos beneficiados serán los mismos de siempre.
Hay que oponerse a este tipo de acuerdos a como de lugar, sobre todo cuando asuntos trascendentales para el destino de nuestro país siguen siendo discutidos y resueltos entre cuatro paredes, prácticamente en secreto entre burócratas chilenos y estadounidenses, lo cual en verdad es muy coherente con el sistema en general, pero también con la ausencia de un movimiento social y político desde el pueblo que se haga oír e intervenga en situaciones de tal relevancia para sus intereses. De ahí la urgencia de la recomposición del campo popular cuanto antes, reconstruyendo los sujetos sociales (trabajadores, pobladores, estudiantes), articulando y coordinando sus luchas a nivel nacional a partir de un programa o plataforma que haga converger dichas fuerzas. Sólo entonces podremos hablar de movimiento popular, ’el movimiento se demuestra andando’, dicen, y para allá hay que avanzar en estos tiempos tan complejos.