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Por Michael Phillips en Washington y
Matt Moffett en Rio de Janeiro
The Wall Street Journal/La Nación, 2 de mayo del 2005
Brasil rechazó US$ 40 millones provenientes de Estados Unidos para el alivio del sida, en oposición a los requerimientos estadounidenses de que los destinatarios de la ayuda firmen un documento prometiendo condenar la prostitución.
La decisión de Brasil intensifica la lucha global contra el trasfondo moral de la asistencia económica al exterior del presidente George W. Bush y sus aliados conservadores en el Congreso, especialmente cuando se trata del sexo, las drogas y la prevención del sida en países en vías de desarrollo.
Brasil es visto como un modelo en la batalla contra la propagación del sida, y los funcionarios brasileños dicen que esto se debe en parte a que el país acepta y está abierto al trato con prostitutas, hombres homosexuales, drogadictos y otros grupos de alto riesgo.
Los brasileños dicen que si acceden a las exigencias de EE.UU. y obligan a los grupos que implementan los programas contra el sida, incluyendo a las asociaciones de prostitutas, a condenar la prostitución, su trabajo se verá seriamente perjudicado.
"No podemos controlar [la enfermedad] con principios que son maniqueos, teológicos, fundamentalistas y Shiitas", dijo el Pedro Cheques, director del programa contra el sida más importante de Brasil y presidente de la comisión nacional que tomó la decisión de rechazar nuevos fondos de EE.UU. mientras persista el requerimiento contra la prostitución.
Dijo que los miembros de la comisión, incluyendo ministros, científicos, representantes de la iglesia y activistas externos, consideraron a las exigencias estadounidenses como una "interferencia que perjudica a la política brasileña con respecto a la diversidad, a los principios éticos y derechos humanos".
Aparentemente Brasil es el primer destinatario importante en tomar una posición tan definitiva contra los esfuerzos de EE.UU. para ligar su asistencia económica al exterior de miles de millones de dólares con su respuesta conservadora a los males de la sociedad.
Algunos legisladores republicanos en Washington están ejerciendo presión para que se eliminen los subsidios a quienes no apoyen la visión del presidente respecto a promover la abstinencia sexual, condenar la prostitución y oponer el suministro de agujas limpias para los que usan drogas en forma intravenosa.
Mientras tanto, la Casa Blanca ha enviado más dinero federal a grupos en el exterior que ofrecen orientación religiosa junto a sus programas de salud.
"Obviamente, Brasil tiene derecho a actuar como quiera con respecto a este tema", dijo el senador republicano Sam Brownback de Kansas. Dijo que esperaba que el dinero fuese desviado a países cuyas políticas sean similares a las de la administración de Bush y el actual Congreso con mayoría republicana.
La semana pasada, las autoridades brasileñas escribieron a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), una de las mayores distribuidoras oficiales de ayuda estadounidense, explicando la decisión para rechazar el resto de la ayuda, la cual comenzó en 2003 y estaba vigente hasta 2008 por un total de US$ 48 millones.
El dinero estadounidense representó una pequeña parte de la iniciativa total de Brasil contra el sida. Alrededor de un 90% del financiamiento total de Brasil para los programas contra el sida proceden de sus propios ingresos. Entre el 7% y el 8% proviene del Banco Mundial y el resto de EE.UU. y otros gobiernos. Chequer dijo que el gobierno brasileño aumentará su financiamiento para compensar por los fondos estadounidenses perdidos.
La vocera de Usaid Roslyn Matthews dijo ayer que la agencia sigue evaluando la decisión brasileña. "Esta es una situación en evolución", dijo. "Estamos en proceso de determinar los próximos pasos".