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30 octobre 2004

Brasil camina hacia la segunda vuelta en las urnas con los ojos en San Pablo y Porto Alegre.

 

Por ADITAL
Brasil, 28 de octubre del 2004

El País camina hacia la segunda vuelta en las urnas en algunos municipios, este domingo, con los ojos clavados, sobre todo, en los resultados de San Pablo y Porto Alegre, dos ciudades gobernadas por el PT (partido de Lula da Silva) y que amenazan caer en las manos de la oposición. Sea cual fuere el resultado, no hay dudas de que una vez contados los votos, se inicia la lucha decisiva con miras a las elecciones presidenciales del 2006. Los próximos dos años serán de fustigamiento implacable contra el gobierno de Lula y no hay dudas de que el establishment intentará por todos los medios de volver a colocar el gobierno en manos más confiables y seguras para sus intereses.

De un modo general, el Partido de los Trabajadores (PT) habrá salido bien de las elecciones, con la ampliación de su influencia sobre amplias fajas de la población, sobre todo en municipios del interior, pero también estará a la cabeza de importantes capitales, como Belo Horizonte, Recife y Fortaleza. Sin embargo, podrá tener en contra tres centros políticos de la mayor importancia, tanto desde el punto de vista de densidad política y económica, como de valor simbólico : San Pablo, Porto Alegre y Río de Janeiro (cuyo alcalde, del Partido del Frente Liberal, de oposición, ya fue reelecto en el primer turno).

Una posible derrota en Porto Alegre, donde el PT gobierna desde hace 16 años, sería bastante desalentador para el partido y posibilitaría, sin ninguna duda, un debate complejo sobre las causas de esa desenlace. ¿Por qué los portoalegrenses resolverían entregar el gobierno a la oposición, cuando supuestamente, las propuestas de los petistas serían mejores ? ¿Cuál es el motivo del desgaste de la administración petista ?

Son respuestas que interesan directamente al PT, pero también a la sociedad, las que si están bien encaminadas, podrán enriquecer mucho el debate político, sobre todo dentro de la izquierda.

En el caso de San Pablo, el trauma no es tan grande, puesto que la ciudad ya experimentó la alternancia del poder con el PT, pues ya fue gobernada por el partido (1989-1992), con la ex-alcalde Luiza Erundina, hoy afiliada al Partido Socialista Brasilero. El Estado de San Pablo, a pesar de ser la cuna del PT, ha mostrado resistencias al partido. La capital es una megalópolis compleja, donde el populismo de derecha todavía tiene sustento, como lo demuestra el ’malufismo’. Perder el poder ante el Partido de la Social Democracia Brasilera (PSDB), sobre todo ante José Serra, el antagonista de Lula en la elección presidencial del 2002, tiene un sabor amargo para los petistas y complica el juego electoral para el PT.

Queda claro que la victoria de Serra es perfectamente asimilable y no puede ser vista como una noqueada por el PT. Pero se engaña quien la subestime. Las fuerzas del antiguo bloque de poder se articulan en forma decidida para recuperar terreno perdido. Nadie espere que los dos próximos años sean fáciles para Lula. El establishment, que en el 2002 fue sorprendido por el juego de cintura del PT (pues esperaba un combate convencional dentro de los parámetros estereotipados de la izquierda), no está dispuesto a continuar siendo esquivado. Claro que si Lula hubiese aplicado la táctica esperada, difícilmente dejaría de estar desacreditado como administrador, ya que a esta altura, grande sería la inestabilidad en la que habría sido lanzado el País, como consecuencia de las turbulencias resultantes del aislamiento internacional que seguirían a la ruptura. Con el agravante de no poder ofrecer nada a los que lo eligieron, desacreditándose ante ellos.

El PT se vio así obligado a aceptar los compromisos asumidos por el gobierno anterior y su política macroeconómica para poder tomar aliento. Salió con honor de esa situación apremiante para sorpresa de los adversarios, y puso al País de pié, conquistando prestigio interno y externo. Salvó la gobernabilidad.

Aún, no habiendo ofrecido el combate que el establishment esperaba, el PT no merece la confianza por parte de éste. Su continuidad en el gobierno significa prolongar las dificultades que impiden el libre juego de las fuerzas neoliberales en el ámbito interno y externo. Ahí están los acuerdos comerciales, cuyos nudos continúan atados, dejando impaciente a los articuladores internos y externos del ALCA y de los acuerdos gelatinosos con la Unión Europea. Ahí están las amenazas de chantaje por parte de los grandes conglomerados económicos, que exigen un marco regulatorio realizado según la regla y compás de sus intereses, como condición para poder invertir en el País. Nadie ignora que Brasil está lleno de cuellos de botella en su infraestructura y sin recursos para inversiones en esa área. Son intereses poderosísimos que creen que están perdiendo dinero por causa de los ’escrúpulos’ del PT y su política ’jurásica’ de protección del parque industrial nacional y de su negación a la caída total de las barreras internas a la competencia extranjera. O sea, la guerra contra el gobierno de Lula será implacable, desde el lunes en adelante, hasta la batalla decisiva en el 2006.

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