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Por María Cristina Rosas
Etc. México, 24 de noviembre, 2009.
El día de ayer, las autoridades mexicanas dieron a conocer el cierre de las misiones diplomáticas ante los gobiernos de Angola y Pakistán, argumentando, como ya es costumbre, razones presupuestales. Cabe destacar que la embajada de México en Pakistán fue abierta hace apenas dos años, subsanando, al menos en parte, la ausencia de legaciones diplomáticas en una zona sumamente conflictiva. El caso de la embajada mexicana en Angola es aun más lamentable : la misión diplomática fue abierta en el país africano, hace apenas cinco meses. Tanto en Pakistán como en Angola existe molestia por las decisiones del gobierno mexicano, mismo que envía señales sumamente confusas.
Pakistán, vecino de India y Afganistán, tiene una estratégica situación geográfica. El país mantiene excelentes relaciones con la República Popular China, lo que no es un tema menor, considerando los frecuentes desencuentros entre México y Beijing. Asimismo, Pakistán comparte con México el interés por lograr una reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en particular del Consejo de Seguridad, oponiéndose, claro está, a que se amplíe el número de miembros permanentes -léase con el posible ingreso de India por rivalidades históricas ampliamente conocidas. En Pakistán el gobierno mexicano cuenta -o contaba-, por lo tanto, con un estratégico aliado en aras de bloquear las aspiraciones de Brasil, de convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad en "representación de América Latina", a cambio del apoyo mexicano a Islamabad contra las pretensiones -similares- de India.
Angola, uno de los países que ha venido registrando importantes tasas de crecimiento en la región del África Subsahariana, es una nación petrolera, como la mexicana, interesada en concertar posturas a nivel internacional en el terreno de los hidrocarburos, amén de que, por tratarse de un país luso-parlante, se erigía en un enlace capaz de hacerle llegar el mensaje a Brasil de que México se interesa en los países africanos. Igual que Pakistán, Angola tiene importantes relaciones con la República Popular China, a la que le vende petróleo, y podría ser un enlace más en beneficio de la diplomacia mexicana, en la búsqueda de vínculos menos conflictivos con Beijing.
En marcado contraste con la pérdida de rumbo por parte de la política exterior mexicana, Brasil se alista para grandes cosas. El Presidente Luiz Inacio Lula Da Silva está por visitar Israel y los territorios palestinos, reforzando la diplomacia multidimensional que tantos éxitos le ha valido a los brasileños. Con las Olimpiadas (2016) y la Copa del Mundo (2014) en la bolsa, Brasil puede plantarse prácticamente en cualquier lugar del mundo con la certeza de que será escuchado, sea para hacer negocios, atraer inversiones, concertar posturas en torno a la solución de los grandes problemas internacionales, etcétera.
Para colmo de males -para México, claro está- Brasil fue electo por la Asamblea General de la ONU como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad, para el período 2010-2011 en sustitución de Costa Rica. Así, México deberá convivir y concertar con la diplomacia brasileña en el órgano más importante de Naciones Unidas a lo largo de 2010 y no será fácil. En otros tiempos se diría que "los dos gigantes de América Latina" podrían hacer grandes cosas en ese foro. Sin embargo, dado el lamentable estado en que se encuentra la diplomacia mexicana, sólo se hablará de "un gigante latinoamericano".
Brasil llega al Consejo de Seguridad, por décima ocasión en la historia de la ONU, con una agenda clara. Desea contribuir a la conciliación en territorio haitiano, donde encabeza la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) con mil 700 personas, entre efectivos militares, civiles y policías, liderando además a los 17 países participantes en la citada misión. Asimismo, desea abonar a la solución de la crisis que padece Guinea Bissau, país luso-parlante ubicado en la costa occidental africana, que entró en una fase crítica tras la muerte, el pasado 2 de marzo, del Presidente Joao Bernardo Vieira, muy posiblemente a manos de sus propias fuerzas armadas. Asimismo, Brasil también quiere contribuir a la gestión de los procesos de paz en Medio Oriente, razón por la que Lula estarávisitando Israel y Palestina en breve.
Otros temas que Brasil estará impulsando en el Consejo de Seguridad incluyen la promoción del respeto al derecho internacional humanitario ; el fortalecimiento de las operaciones de mantenimiento de la paz -en las que tiene una activa participación con efectivos militares y civiles- ; y una agenda amplia de seguridad, con énfasis en la relación entre la seguridad y el desarrollo.
A diferencia de México, que apenas ha logrado ligar una cuarta participación en el Consejo de Seguridad de la ONU desde el nacimiento de la institución, Brasil ha estado en ese importante órgano en los siguientes períodos : 1946-1947, 1951-1952, 1954-1955, 1963-1964, 1967-1968, 1988-1989, 1993-1994, 1998-1999 y 2004-2005. Sólo Japón iguala la permanencia de Brasil en tantas ocasiones en el Consejo de Seguridad.
Con Brasil en el Consejo de Seguridad, las carencias de la diplomacia mexicana serán más evidentes. Es cierto que México ha impulsado en el Consejo de Seguridad, entre otros temas, el combate al tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras, el debate en torno al problema de los niños soldados, y también la crisis haitiana. Sólo que en este último caso, con el brote de influenza en el primer semestre del año, las relaciones entre México y Haití se deterioraron cuando las autoridades de esa nación caribeña rechazaron un embarque mexicano de asistencia humanitaria.
Mientras eso ocurría, Brasil aprovechaba para insertarse estratégicamente en espacios tradicionalmente reservados a la diplomacia mexicana como América Central. Hace unas cuantas semanas se comentaba, en este mismo espacio, la gestión brasileña ante la crisis en Honduras, cuando la embajada de Brasil en Tegucigalpa, albergó al depuesto Presidente Manuel Zelaya. Centroamérica forma parte de la zona de seguridad de México, por lo que las acciones de Brasil en el área no hacen sido reforzar la imagen de indefensión y parálisis de la política exterior mexicana.
Es verdad que la crisis económica golpea sin miramientos a los diversos países del orbe, y que ante ello es necesario redefinir prioridades. Sin embargo, a Brasil también le ha pegado la crisis económica, y no por ello ha optado por esconder la cabeza al estilo de las avestruces. Al contrario : los problemas del mundo encontrarán soluciones sólo si los países se atreven a enfrentarlos, con los recursos de que dispongan, utilizándolos, claro está, con inteligencia y oficio político. En otros tiempos, México también padeció crisis terribles : ahí está, sólo para poner un ejemplo, la crisis centroamericana de los años 80, la cual coincidió con la década perdida. México enfrentaba un escenario económico catastrófico, más un devastador terremoto. Ello no evitó, pese a todo, la brillante actuación de la política exterior de México en América Central a través, entre otras iniciativas, del Grupo de Contadora, al lado de Venezuela, Colombia y Panamá, proceso que derivó, a la postre, en los procesos de paz en el área.
Aun cuando las finanzas de la cancillería mexicana se encuentran muy castigadas respecto a las de otras dependencias de la administración pública federal, el problema más serio de la política exterior del país no es financiero, sino estratégico. A falta de un proyecto de nación que defina claramente el camino a seguir, se opta por improvisar y resolver las cosas sobre las rodillas, algo que le ha hecho mucho daño a las relaciones internacionales de México. La cancillería cubana, con menos recursos que la mexicana, es activa, ingeniosa y se anota numerosos éxitos en el mundo, sea a través de sus programas de cooperación científica y médica con otras naciones, o bien, con el apoyo que en especie brinda a naciones desvalidas a través del envío de maestros, médicos y otros especialistas, donde más se les necesita. Pero a diferencia de Cuba, México enfrenta una clara falta de voluntad política. Por eso es que Brasil merece una felicitación : especialmente por sus logros, mientras México sigue debatiendo si le conviene o no mantener sus embajadas en Angola y Pakistán.