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11 janvier 2004

Zapatismo, año 10

 

Por Ignacio Ramonet
La Voz de Galicia, 4 de Enero del 2004

Hace diez años, el 1 de enero de 1994, retomando la bandera de Emiliano Zapata, héroe principal de la revolución mexicana de 1910, y cuando todos los politólogos consideraban que la era de las guerrillas había concluido en América Latina, hacían espectacular irrupción en la escena política el subcomandante Marcos y los zapatistas.

¿Por qué ese día precisamente ? Porque ese primero de enero entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio Norteamericano ( North American Trade Agreement , NAFTA) firmado por Estados Unidos, Canadá y México, que consagraba la inserción de este país en la economía de mercado y en la lógica de la globalización liberal. Eso significaba el freno definitivo a la repartición del agro, la transformación de todas las tierras, incluso la de los ejidos, en mercancía para comprar o vender. Y la marginalización final de los indígenas.

¿Quiénes son los zapatistas ? Esencialmente indios de Chiapas que levantan la cabeza después de cinco siglos de sumisión, de resistencia silenciosa y de rebeliones aplastadas : « los sin rostro, los que andan de noche, los que moran en la montaña, hombres y mujeres auténticos ». Y que empuñan las armas para tomar la palabra y no el poder, para combinar la dignidad indígena y la lucha por la democracia en México, llamando al respeto de las identidades en pie de igualdad. Hartos de vivir en unas condiciones de tal humillación social que su rebelión hizo temblar a toda América Latina.

En efecto, aquella irrupción zapatista retumbó mucho más allá de las fronteras. En parte porque su mensaje lo expresaba, con ironía y finura, un nuevo héroe político romántico, escondido detrás de su pipa y cubierto por un pasamontañas : el subcomandante Marcos.

¿Por qué eso de « subcomandante » ? Porque el comandante es el pueblo, y que todo dirigente popular está a las órdenes del pueblo. ¿Y quién es Marcos ? A esta pregunta, el subcomandante contesta : « Si quieres saber quién se esconde tras el pasamontañas, coge un espejo y mírate en él. El rostro que descubres es el de Marcos. Porque todos somos Marcos ».

Desde que surgió el movimiento zapatista nada es ya como antes. Este movimiento, como un espejo, devuelve la imagen del país que en realidad existe, con el aspecto diforme que el neoliberalismo le ha dado. Marcos piensa que, junto con los partidos políticos y los sindicatos, la sociedad civil y el movimiento social han pasado a ser los nuevos actores del cambio, portadores de fuerzas eficaces de transformación. En esto, Marcos y los zapatistas son los grandes precursores del movimiento antiglobalización y los anunciadores del Foro Social Mundial.

« Red de voces que nacen resistiendo y que reproducen esa resistencia a través de otras voces, hasta entonces mudas y solitarias », los zapatistas no han estado directamente presentes en las protestas de Seattle, Porto Alegre, Génova, Barcelona, Florencia, Saint-Denis (ni estarán en Bombay dentro de dos semanas), pero han servido de argamasa ideológica para coordenar grupos, movimientos y militantes dispersos.

Parten de un hecho, a saber, que el sistema político en la era de la globalización confunde y mezcla las identidades de clase, lo cual permite el completo desarrollo del ciudadano, de la sociedad civil y del movimiento social no adscritos a una corriente política predeterminada. No sucede ya como en el antiguo movimiento obrero que dependía por completo del Partido Comunista. Sino que la sociedad civil y los movimientos sociales, junto con los grupos políticos y los sindicatos, son ya los actores más potentes del cambio contemporáneo.

Desprovistos de dogmatismo, tanto la sociedad civil como el movimiento social pueden movilizar en su favor las fuerzas de paz, de la convicción y de la razón.

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