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27 février 2011

Un tirano llamado Kadhafi

par Akram Belkaïd *

 

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Cuando un tirano enfrenta la cólera de su pueblo, largo tiempo contenida, comienza siempre por recurrir a la violencia. Seguro de su propio derecho y de su impunidad. Ordena a sus esbirros matar, saquear y torturar con el objeto de impedir toda reincidencia. Y si, por ventura el ejército y las fuerzas de seguridad se resisten a obedecer sus abyectas órdenes recurre al tesoro nacional y paga a mercenarios para que hagan el trabajo sucio. Se repite casi siempre el mismo escenario que preludia la misma cadena de acontecimientos. Tarde o temprano el tirano reconoce la determinación de su pueblo y que, aunque sean aparentes, es necesario realizar ciertas concesiones. Se inicia entonces el momento de los discursos amenazadores y al mismo tiempo complacientes. Es el « padre del país » dirigiéndose a las ovejas descarriadas, que apela a la mayoría silenciosa, que promete cambios y reformas que uno se pregunta porque no se realizaron antes. Es su dignidad ofendida incapaz de comprender la llamarada de violencia, que finge asombrarse de que los manifestantes hayan llegado a salir a las calles para hacerse escuchar.

Es el intento de una seudo sabiduría que dice, después de mí el diluvio y que enarbola la tarjeta del miedo amenazando con la guerra civil y la pena capital. Y para remachar aún mejor el clavo termina por blandir la imagen del regreso del colonizador sin olvidar la amenaza islamista aunque nadie haya escuchado pregonar el menor eslogan religioso contra su inicuo régimen.

Cuando se halla acorralado, cuando está perdiendo celeridad, el tirano se convierte en comediante. Trata de conmover, de seducir y se apoya en el temor de su pueblo frente a lo desconocido. Juega a recordarle lo que ha hecho por él, las glorias pasadas. Como un mitómano atiborrado de drogas y de euforizantes se pavonea y jura que jamás dejará su puesto. Y es claro, según su propósito, las masas « entusiasmadas » salen a aclamar a su líder, de manera similar a como los pobres imbéciles invadieron las calles de Túnez para cantarle loas a Ben Alí la noche de su discurso del 13 de febrero. « Yo los he comprendido. Ahora tengan ustedes confianza en mí » afirma el tirano que no advierte que el fuego está ya quemando su palacio. Pero todo es en vano, quiéralo o no su suerte está echada. Tarde o temprano luego de algunos discursos más tendrá que huir para no perecer bajo el filo de un sable o de algunas ráfagas de armas automáticas. En todo esto pensaba el martes último mientras escuchaba fluir el discurso de Kadafi. Un momento patético, infinitamente grotesco como cuando el “líder” apareció la víspera en la televisión, con un paraguas en la mano, para demostrar que no había abandonado el país, contrariando los rumores que le hacían refugiado en Venezuela. Ese discurso… qué delirio y al mismo tiempo qué crueldad, que monstruosidad verbal e intencional Es el ejemplo típico del dictador que no duda en incendiar y ensangrentar a su país con tal de salvar su sillón. En ese discurso convivían Bokassa, Idi Amin Dada y el senador Palpatine. Era como para desternillarse de risa si la situación no hubiera sido tán trágica y no hubiera habido tantos muertos.

Pregunta : y en tan triste situación ¿qué hará el mundo árabe ? Dirigido aún por una importante cantidad de canallas y de cleptópatras, se va a arreglar para no decidir nada. En el terreno de las democracias nacientes, Túnez debe administrar su transición y enfrentar las artimañas de las milicias del antiguo régimen, mientras que Egipto está lejos de haber sorteado el problema. En cuanto a los demás regímenes ¿cómo podrían abandonar a uno de los suyos ? ¿Cómo podrían aceptar que se crease tal precedente ? ¿Se ha visto a algún régimen árabe socorrer a otro pueblo árabe en peligro de muerte ?. Se reconocerá también que la Unión del Magreb árabe (UMA)ha muerto definitivamente en este mes de febrero de 2011, es decir a veintidós años de su nacimiento. Que se llamen árabes, bereberes o simplemente magrebíes, Kadafi y su banda familiar de sicópatas son nuestra vergüenza.

Segunda pregunta : ¿qué va a hacer occidente ante este asunto ? Ese occidente que calló durante largo tiempo durante los acontecimientos tunecinos y egipcios tendrá que escoger entre petróleo y moral. Entre gas natural y honor. Entre venta de armas y rectitud. Se sospecha bien cual será su elección. Para salvar las apariencias decidirá un embargo y algunas sanciones para calmar a la galería. Pero ¿puede enojarse con quién es dueño del tres por ciento de las reservas mundiales de oro negro ? Repasemos algunos documentos de archivo. Escuchemos al ministro francés que dijo que Kadafi era un socio serio de la UE. Escuchemos a Berlusconi confesar su admiración por su amigo libio. Escuchemos a la administración Bush festejar a quién renunció al terrorismo. Volvamos a ver las imágenes del déspota recibido con gran pompa en París en diciembre de 2007. Ah ! Esa carpa instalada en pleno parque del hotel Marigny, a escasos metros del Elíseo, qué hermosa bofetada a la patria, la de los derechos del hombre.

Pobre Libia, pobres libios, nos preguntamos que mal hicieron para merecer ese destino. Desde ahora nadie sabe qué va a pasar pero una cosa es cierta : Kadafi ha masacrado a su pueblo y merece comparecer ante la justicia internacional. Afirmar lo contrario solo perseguiría propósitos dilatorios, complacientes o simplemente cómplices.

Le Quotidien d’Oran. Oran, Argelia, 24 de febrero de 2011.

Traducción del francés para El Correo de  : Susana Merino.

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