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		<title>Bolivia : el progresismo en la telara&#241;a del caudillo.</title>
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		<dc:date>2025-08-17T07:00:00Z</dc:date>
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		<dc:language>fr</dc:language>
		<dc:creator> Emilio Cafassi</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Bolivia, hasta hace apenas dos d&#233;cadas, parec&#237;a condenada a la eterna inestabilidad, al despojo de sus mayor&#237;as ind&#237;genas y al fest&#237;n de &#233;lites criollas que gobernaban en nombre propio. La irrupci&#243;n del Movimiento al Socialismo (MAS), primero en las urnas y luego en la arquitectura institucional, fue un vendaval (...) Emilio Cafassi&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://www.elcorreo.eu.org/Bolivie" rel="directory"&gt;Bolivie&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Bolivia, hasta hace apenas dos d&#233;cadas, parec&#237;a condenada a la eterna inestabilidad, al despojo de sus mayor&#237;as ind&#237;genas y al fest&#237;n de &#233;lites criollas que gobernaban en nombre propio. La irrupci&#243;n del Movimiento al Socialismo (MAS), primero en las urnas y luego en la arquitectura institucional, fue un vendaval que desbarat&#243; el viejo orden. No se trat&#243; solo de un cambio de gobierno, sino de un viraje hist&#243;rico : por primera vez, la voz de campesinos, obreros, comunidades originarias y sectores olvidados se convirti&#243; en ley. El MAS inaugur&#243; un ciclo que no solo modific&#243; la distribuci&#243;n de la riqueza, sino que devolvi&#243; dignidad a quienes durante siglos fueron condenados a la marginalidad.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;h3 class=&#034;spip&#034;&gt;El reeleccionismo como tal&#243;n de Aquiles del progresismo&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La Constituci&#243;n de 2009, con sus 411 art&#237;culos, fue bastante m&#225;s que un texto legal : se erigi&#243; como piedra angular de un Estado plurinacional que se atrevi&#243; a reconocer en su seno la diversidad de lenguas, culturas y cosmovisiones. All&#237; donde antes se negaba incluso la existencia de los pueblos originarios, emergi&#243; un pacto jur&#237;dico que hizo de los principios ancestrales -&lt;i&gt;Ama Sua, Ama Llulla, Ama Qhilla&lt;/i&gt; (no robar, no mentir, no ser d&#233;bil)- la br&#250;jula &#233;tica de la convivencia colectiva. Se ensancharon derechos sociales, se multiplic&#243; el acceso a la salud y la educaci&#243;n, se distribuyeron oportunidades laborales y se recuperaron recursos naturales estrat&#233;gicos para destinarlos al servicio de las mayor&#237;as.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aquel hurac&#225;n popular arrastr&#243; viejas certezas olig&#225;rquicas y, en su lugar, sembr&#243; una esperanza in&#233;dita en la regi&#243;n. Bolivia dej&#243; de ser la caricatura de un pa&#237;s condenado a golpes de Estado y servidumbres externas : se convirti&#243; en un laboratorio pol&#237;tico que irradiaba a los movimientos progresistas desde los Andes hasta el R&#237;o de la Plata. En el coraz&#243;n de ese ciclo lat&#237;a una convicci&#243;n simple y radical : que la democracia no es solo votar, sino reconocer, dar voz y redistribuir ; abrir cauces a la palabra silenciada y entregar poder real a quienes hab&#237;an sido hist&#243;ricamente postergados.&lt;/p&gt;
&lt;h3 class=&#034;spip&#034;&gt;Golpe e interregno&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La fuerza de aquel proceso no fue lineal ni estuvo libre de acechanzas. En 2019, la conjura de &#233;lites pol&#237;ticas, econ&#243;micas y medi&#225;ticas, en connivencia con la OEA y con el benepl&#225;cito de potencias extranjeras, interrumpi&#243; brutalmente el ciclo democr&#225;tico. Lo que hab&#237;a nacido como revoluci&#243;n de las urnas se top&#243; con la vieja maquinaria del golpe, reciclada en discursos modernizados pero con la misma entra&#241;a olig&#225;rquica y racista de siempre. La represi&#243;n, las masacres de Sacaba y Senkata y la persecuci&#243;n a dirigentes sociales exhibieron con crudeza hasta qu&#233; punto los poderes f&#225;cticos no estaban dispuestos a tolerar una Bolivia plural y soberana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, el golpe no puede entenderse sin atender a la excusa que lo precipit&#243;. La oposici&#243;n y la OEA tejieron la narrativa del fraude a partir de la interrupci&#243;n del sistema de transmisi&#243;n de resultados (TREP). Aquella pausa de 24 horas, seguida de un vuelco porcentual que otorg&#243; a Evo Morales la victoria en primera vuelta, fue presentada como prueba irrefutable de manipulaci&#243;n. Las protestas masivas, la deserci&#243;n policial y la &#8220;sugerencia&#8221; de los militares completaron la escena : la renuncia forzada del presidente y un quiebre institucional tan calculado como brutal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero detr&#225;s de la excusa se escond&#237;a tambi&#233;n una constataci&#243;n inc&#243;moda : Evo Morales buscaba un cuarto mandato, aun cuando un refer&#233;ndum en 2016 -impulsado por &#233;l mismo- hab&#237;a rechazado la reelecci&#243;n indefinida. Fue el Tribunal Constitucional, bajo su influencia, el que lo habilit&#243; con el argumento de que impedirlo violaba sus derechos pol&#237;ticos. Ese exceso de poder personaliz&#243; el proceso, erosion&#243; la legitimidad y profundiz&#243; la fatiga de un gobierno que ya rozaba los 14 a&#241;os. La excusa golpista se mont&#243;, as&#237;, sobre un terreno abonado tanto por la intransigencia olig&#225;rquica como por la &lt;i&gt;hybris&lt;/i&gt; de un l&#237;der que confundi&#243; la fuerza de un proyecto colectivo con su propia permanencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, aquella fractura no alcanz&#243; a sepultar el esp&#237;ritu popular. Apenas un a&#241;o despu&#233;s, el voto volvi&#243; a abrirse paso, devolvi&#243; al MAS la conducci&#243;n del pa&#237;s y dej&#243; al desnudo la farsa del golpe. El triunfo de Luis Arce en 2020 no fue una elecci&#243;n m&#225;s : fue el restablecimiento de la voluntad democr&#225;tica y la prueba de que, pese a la violencia y la desinformaci&#243;n, las mayor&#237;as conservaban memoria y horizonte. En Bolivia, la democracia no era concesi&#243;n de las &#233;lites, sino una conquista que el pueblo defend&#237;a incluso en sus noches m&#225;s oscuras.&lt;/p&gt;
&lt;h3 class=&#034;spip&#034;&gt;Fractura y desencanto&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Las elecciones del domingo confirmaron la erosi&#243;n de aquel ciclo. Lo ocurrido no fue simplemente una votaci&#243;n : fue un espejo deformado donde se reflejaron tanto las heridas del progresismo como las grietas de la democracia boliviana. La derecha, dividida en proyectos rivales, logr&#243; asegurarse la segunda vuelta gracias a un regalo inmerecido : la fragmentaci&#243;n del MAS, convertido en archipi&#233;lago de liderazgos enfrentados y desconfianzas mutuas. La vieja maquinaria popular que en otro tiempo arrastraba multitudes como un hurac&#225;n apareci&#243; ahora exhausta, sin br&#250;jula com&#250;n, relegada a un cuarto lugar que revela m&#225;s que mil diagn&#243;sticos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El ex vicepresidente, &#193;lvaro Garc&#237;a Linera, fue tajante en su reciente art&#237;culo en el diario argentino &lt;i&gt;P&#225;gina 12&lt;/i&gt; : &#8220;un gobierno progresista o de izquierdas pierde en las elecciones por sus errores pol&#237;ticos&#8221;. Y en este caso, esos errores se concentran en la gesti&#243;n econ&#243;mica : una inflaci&#243;n de alimentos que bordea el 100%, colas interminables para conseguir combustible y un d&#243;lar que duplic&#243; su valor en el mercado paralelo. Ese deterioro cotidiano golpea donde m&#225;s duele : en los bolsillos de quienes alguna vez vieron en el MAS un garante de dignidad y estabilidad. Pero a la crisis material se sum&#243; la pol&#237;tica : la guerra intestina entre un presidente sin &#233;pica, empe&#241;ado en desplazar a Evo de la escena, y un l&#237;der hist&#243;rico que ya no puede ganar elecciones pero s&#237; dinamitar el tablero si se lo margina. Fue, en palabras de Garc&#237;a Linera, &#8220;el resultado final de este miserable fratricidio&#8221; : la demolici&#243;n de la obra colectiva m&#225;s ambiciosa que conoci&#243; Bolivia en d&#233;cadas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Evo, en cambio, eligi&#243; otra lectura : celebrar el voto nulo como una victoria. &#8220;Votamos, pero no elegimos&#8221;, escribi&#243; tras conocerse que el 19% de los bolivianos hab&#237;a optado por esa v&#237;a. Sumado al voto en blanco, la cifra ascend&#237;a al 22%, con una participaci&#243;n del 88%, similar a la de anteriores comicios con voto obligatorio. Para &#233;l, esos sufragios expresaban un mensaje de rebeld&#237;a contra la corrupci&#243;n y la &#8220;privatizaci&#243;n con justicia prebendalizada&#8221;. En sus palabras, Bolivia exige &#8220;recuperaci&#243;n econ&#243;mica, estabilidad, crecimiento y m&#225;s democracia&#8221;. Morales insisti&#243; en que el voto nulo no era apat&#237;a ni indiferencia, sino una forma de interpelaci&#243;n pol&#237;tica. De haberse sumado esos sufragios a los obtenidos por los candidatos vinculados al MAS, la cifra alcanzaba el 30,4% : una masa significativa que, sin embargo, qued&#243; desarticulada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como lo mapea &lt;i&gt;Le Monde Diplomatique&lt;/i&gt;, lo que alguna vez fue la fuerza pol&#237;tica m&#225;s poderosa de la historia boliviana hoy se ha fracturado en cuatro pedazos : un MAS oficialista encabezado por Del Castillo, herido de muerte en las urnas ; Andr&#243;nico Rodr&#237;guez, el heredero desheredado ; Eva Copa, fugaz estrella proyectada desde El Alto ; y &#8220;EVO Pueblo&#8221;, la marca personal del l&#237;der cocalero, sin habilitaci&#243;n legal pero con un n&#250;cleo duro de fieles. El drama boliviano radica en esta paradoja : el instrumento que naci&#243; para unificar a los pueblos ind&#237;genas y plebeyos termin&#243; celebrando el rechazo antes que la representaci&#243;n. Un gesto simb&#243;lico que, como advierte el peri&#243;dico, se convierte en triunfo moral de Evo, pero al precio de dejar la cancha libre a las derechas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La paradoja es brutalmente dram&#225;tica : el MAS, que alguna vez encarn&#243; la fuerza transformadora de los humildes, aparece hoy reducido a facciones rivales, consumido en la melancol&#237;a de sus glorias pasadas. Y mientras el voto de protesta se celebra como victoria moral, las derechas, con discursos revanchistas y racializados, se aprestan a desmontar dos d&#233;cadas de conquistas. Bolivia, que ense&#241;&#243; al continente que la democraticidad pod&#237;a ser sin&#243;nimo de dignidad, se asoma ahora al abismo de ver su democracia reducida a la penumbra de su propio desencanto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A comienzos de este siglo, Bolivia, Ecuador y Venezuela ensayaron lo que parec&#237;a una refundaci&#243;n democr&#225;tica. No incluyo a Chile y Uruguay : en el primer caso, el proyecto surgido de la constituyente fue rechazado en las urnas ; en el segundo, el congreso del Frente Amplio dej&#243; la iniciativa en un limbo al derivarla al Plenario Nacional. Pero en los tres primeros pa&#237;ses, las nuevas constituciones se presentaron como cartas magnas in&#233;ditas en la regi&#243;n : m&#225;s extensas, m&#225;s audaces, m&#225;s inclusivas. Incorporaron derechos sociales hasta entonces relegados, reconocieron la plurinacionalidad y la interculturalidad, y otorgaron estatuto jur&#237;dico a la Pachamama. Venezuela inaugur&#243; la democracia participativa con mecanismos de revocatoria para todos los cargos ; Ecuador puso en el centro el &lt;i&gt;Sumak Kawsay&lt;/i&gt;, el &#8220;Buen Vivir&#8221; como horizonte de vida comunitaria ; Bolivia reconoci&#243; a sus 36 naciones ind&#237;genas y consagr&#243; la justicia plural y los derechos de la Madre Tierra. En el muy sint&#233;tico cuadro, se marcan sus ejes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero en el coraz&#243;n mismo de esas conquistas se incubaba una tensi&#243;n no resuelta. Todas las constituciones reforzaron el rol del Estado en la econom&#237;a y ampliaron los mecanismos de democracia directa, pero al mismo tiempo extendieron -y en algunos casos borraron- los l&#237;mites a la reelecci&#243;n presidencial. En Venezuela, la reforma de 2009 abri&#243; la puerta a la reelecci&#243;n indefinida ; en Ecuador, la reforma de 2015 hizo lo propio, hasta que un refer&#233;ndum en 2018 la revirti&#243; ; en Bolivia, el Tribunal Constitucional dictamin&#243; en 2017 que la repostulaci&#243;n indefinida era un derecho humano, habilitando as&#237; la controvertida candidatura de Evo Morales en 2019.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese movimiento pendular -entre la democratizaci&#243;n radical y la concentraci&#243;n de poder- termin&#243; debilitando las propias conquistas. Lo que en un inicio se concibi&#243; como ampliaci&#243;n de derechos se transform&#243;, en el imaginario opositor, en coartada para perpetuaciones personalistas. Y as&#237;, el ciclo progresista que naci&#243; bajo la promesa de ser &#8220;m&#225;s&#8221; democracia termin&#243; denunciado, a veces con raz&#243;n, como una democracia reh&#233;n de su caudillo.&lt;/p&gt;
&lt;h3 class=&#034;spip&#034;&gt;La tentaci&#243;n del reeleccionismo&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El reeleccionismo no es una simple anomal&#237;a institucional ni un capricho de liderazgos carism&#225;ticos : constituye la piedra angular de un deterioro profundo en la arquitectura republicana y en la distribuci&#243;n del poder. Quienes lo defienden suelen relativizarlo con el argumento de que &#8220;lo importante son los intereses que se tocan&#8221; y no la permanencia de un rostro en la boleta. Pero esa argumentaci&#243;n ignora lo esencial : que la democracia no se reduce a elegir gobernantes, sino a garantizar la circulaci&#243;n del poder, la rotaci&#243;n de cargos, la revocabilidad de los mandatos y la fiscalizaci&#243;n ciudadana, entre muchas otras posibles acciones ciudadanas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La rotaci&#243;n es quiz&#225;s el instituto m&#225;s eficaz para erosionar el caudillismo, quebrar la reproducci&#243;n de jerarqu&#237;as y contener la burocratizaci&#243;n. Cuando la reelecci&#243;n se instala como norma, la pol&#237;tica se personaliza y se degrada : la sociedad deja de discutir instituciones y programas, para discutir individuos. Basta recorrer desde la reforma radical-menemista de 1994 en Argentina, hasta el presente con Bukele, que convirti&#243; a El Salvador en vitrina de modernidad autoritaria, con trenes y criptomonedas como tel&#243;n de fondo de represi&#243;n masiva, exilio period&#237;stico y demolici&#243;n de contrapesos, pese a que una d&#233;cada atr&#225;s se defin&#237;a como chavista. El destino del reeleccionismo ilimitado es siempre el mismo : un cesarismo plebiscitario que confunde legitimidad electoral con legitimidad democr&#225;tica, y termina por corroer ambas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las izquierdas, sin embargo, no han asumido este debate. Tanto los partidos marxistas-leninistas (comunistas, trotskistas, mao&#237;stas) como los democr&#225;ticos y socialdem&#243;cratas han construido dispositivos institucionales de baj&#237;sima democraticidad. Todos ellos, en mayor o menor medida, reproducen formatos olig&#225;rquicos mediante el dominio de minor&#237;as o &#233;lites. Explorar en detalle esas derivas exigir&#237;a otros an&#225;lisis ; aqu&#237; basta se&#241;alar que la ra&#237;z del problema es com&#250;n : el desprecio por la rotaci&#243;n como principio vital de la democracia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La experiencia hist&#243;rica latinoamericana demuestra que los pueblos pagan caro la ilusi&#243;n de l&#237;deres &#8220;insustituibles&#8221;. All&#237; donde se quebr&#243; la rotaci&#243;n, se consolidaron el caudillismo, la burocratizaci&#243;n y la corrupci&#243;n. El argumento de que impedir la reelecci&#243;n &#8220;corta procesos de transformaci&#243;n&#8221; encubre una verdad m&#225;s honda : ning&#250;n proyecto emancipador puede sostenerse en la eternidad de una figura, sino en la democratizaci&#243;n radical del poder hacia las bases, v&#237;ctimas de las decisiones de los l&#237;deres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El centro de la democratizaci&#243;n no reside en prolongar mandatos, sino en multiplicar sujetos. Una ciudadan&#237;a con capacidad de recambio y de control permanente sobre sus representantes es m&#225;s fuerte que cualquier l&#237;der reelecto. Lo contrario no es pol&#237;tica democratizadora : no multiplica sujetos, no consulta a los afectados por las decisiones ; es apenas una ficci&#243;n que se disfraza de popular para encubrir un monopolio : la concentraci&#243;n de las llaves del Estado en una sola mano. Y toda mano que se eterniza en el poder, aunque haya nacido con consignas populares, termina sirviendo a las mismas l&#243;gicas de dominaci&#243;n que proclamaba combatir. &#191;Hace falta pensar en Bukele o en Ortega ?&lt;/p&gt;
&lt;h3 class=&#034;spip&#034;&gt;El laberinto del caudillo&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El progresismo latinoamericano alcanz&#243;, en los albores del siglo XXI, lo que parec&#237;a imposible : transformar la letra muerta de las constituciones en un arsenal vivo de derechos sociales, culturales y colectivos. Pero al mismo tiempo, abri&#243; un pasadizo por donde se filtr&#243; la vieja sombra del personalismo. En nombre de la continuidad de los proyectos emancipadores se corrieron los l&#237;mites de la reelecci&#243;n presidencial. Lo que comenz&#243; como garant&#237;a de estabilidad frente a las ofensivas de las &#233;lites termin&#243; convertido en atajo para perpetuar liderazgos. As&#237; se reprodujo el caudillismo paternalista, que induce a creer en dirigentes insustituibles y facilita tanto la concentraci&#243;n como la eternizaci&#243;n del poder. Y de este modo, el mito del dirigente indispensable volvi&#243; a instalarse en el coraz&#243;n de las nuevas arquitecturas institucionales, sin oposici&#243;n alguna de las izquierdas y progresismos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bolivia encarna con crudeza esa paradoja. El MAS no fue derrotado &#250;nicamente por la derecha, sino tambi&#233;n por la incapacidad de separar la fuerza de un proyecto de la permanencia de un hombre. Evo Morales, que en su hora de esplendor fue s&#237;mbolo de dignidad para los postergados, termin&#243; convertido en el espejo de esa confusi&#243;n : la idea de que sin &#233;l no hab&#237;a proceso, de que la historia misma no pod&#237;a continuar sin su nombre en la boleta. La hybris personalista no solo erosion&#243; la legitimidad, sino que brind&#243; a la oposici&#243;n la excusa perfecta para reactivar la maquinaria del golpe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy, mientras el voto nulo se celebra como victoria moral y la derecha se frota las manos, el dilema que se abre en Bolivia atraviesa a toda la regi&#243;n : &#191;puede el progresismo reinventarse sin l&#237;deres eternos ?, &#191;puede articular nuevas mayor&#237;as sin convertir la democracia en reh&#233;n de la reelecci&#243;n indefinida ? La respuesta no admite dilaciones : lo que est&#225; en juego no es la biograf&#237;a de un l&#237;der, sino la persistencia de conquistas colectivas que costaron generaciones enteras de lucha.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si la reelecci&#243;n es pol&#237;ticamente antidemocr&#225;tica, tambi&#233;n es culturalmente autoritaria. Refuerza los roles jer&#225;rquicos, consolida la separaci&#243;n entre dirigentes y dirigidos, alimenta la burocratizaci&#243;n -y con ella, la corrupci&#243;n-, infunde en el &#8220;dirigente profesional&#8221; una superioridad imaginaria, desalienta cualquier evaluaci&#243;n cr&#237;tica de costos y beneficios, organiza la red de cooptaci&#243;n y protege a sus usufructuarios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El destino del ciclo progresista se juega en esa encrucijada : dejar atr&#225;s el personalismo para que las constituciones de la esperanza sigan siendo br&#250;jula y no mausoleo. De lo contrario, en Am&#233;rica Latina, cada conquista popular seguir&#225; condenada a perderse en el torbellino del caudillo que la escritur&#243; a su nombre.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#034;texteencadre-spip spip&#034;&gt;&lt;strong&gt;*Emilio Cafassi&lt;/strong&gt; (Profesor Titular e Investigador de la Universidad de Buenos Aires). cafassi@uba.ar&lt;/div&gt;&lt;center&gt;&lt;h3 class=&#034;spip&#034;&gt;Reformas constitucionales latinoamericanas&lt;/h3&gt;&lt;/center&gt;&lt;table class=&#034;table spip&#034;&gt;
&lt;thead&gt;&lt;tr class='row_first'&gt;&lt;th id='id04c7_c0'&gt;Ejes &lt;/th&gt;&lt;th id='id04c7_c1'&gt;Venezuela (1999) &lt;/th&gt;&lt;th id='id04c7_c2'&gt;Ecuador (2008) &lt;/th&gt;&lt;th id='id04c7_c3'&gt;Bolivia (2009) &lt;/th&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/thead&gt;
&lt;tbody&gt;
&lt;tr class='row_odd odd'&gt;
&lt;td headers='id04c7_c0'&gt;Innovaci&#243;n Principal&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c1'&gt;Democracia Participativa&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c2'&gt;Derechos de la Naturaleza&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c3'&gt;Estado Plurinacional&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr class='row_even even'&gt;
&lt;td headers='id04c7_c0'&gt;Reconocimiento Ind&#237;gena&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c1'&gt;S&#237; (Derechos culturales)&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c2'&gt;S&#237; (Plurinacionalidad e Interculturalidad)&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c3'&gt;S&#237; (Plurinacionalidad y Autonom&#237;a)&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr class='row_odd odd'&gt;
&lt;td headers='id04c7_c0'&gt;Mecanismos Democr&#225;ticos&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c1'&gt;Revocatorio, Refer&#233;ndum&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c2'&gt;Consulta Previa, Mecanismos de participaci&#243;n&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c3'&gt;Revocatorio, Refer&#233;ndum, Justicia Plural&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr class='row_even even'&gt;
&lt;td headers='id04c7_c0'&gt;Recursos Naturales&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c1'&gt;Propiedad del Estado&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c2'&gt;Propiedad inalienable del Estado&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c3'&gt;Propiedad del Pueblo, administrado por el Estado&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr class='row_odd odd'&gt;
&lt;td headers='id04c7_c0'&gt;Reelecci&#243;n (Original)&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c1'&gt;1 per&#237;odo inmediato&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c2'&gt;1 reelecci&#243;n inmediata&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c3'&gt;1 reelecci&#243;n consecutiva&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
&lt;tr class='row_even even'&gt;
&lt;td headers='id04c7_c0'&gt;Idea rectora&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c1'&gt;-&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c2'&gt;Sumak Kawsay (Buen Vivir)&lt;/td&gt;
&lt;td headers='id04c7_c3'&gt;Pachamama&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;
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