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10 mars 2013

Unasur, Mercosur, Alba y los esfuerzos integracionistas en el postchavismo.

par Guillermo Almeyra *

 

Hugo Chávez era, con mucho, incluso con sus errores y carencias tan grandes como su figura histórica, el más radical y firme de todos los llamados gobiernos “progresistas” de América Latina y de todos los políticos de dicho sector en nuestro continente. Era capaz de evolucionar, se sentir la influencia popular, de responder a las adversidades con lucha y tenacidad y, aunque se apoyaba en un aparato –en especial, en las fuerzas armadas- no dependía del mismo ni para llevar a cabo la política que se trazaba ni para hacer política. En un continente de caudillos, y siendo él mismo un caudillo que medía todo con referencia a su persona y veía la organización de los trabajadores como emanación propia (por eso decía que “los sindicatos son contrarrevolucionarios”), no era sólo un caudillo.

A diferencia de Rafael Correa, Cristina Fernández, Dilma Rousseff o José Mujica, era anticapitalista e intentaba, desde el poder, producir -y controlar- un todavía vago “poder popular” (que las fuerzas armadas y el aparato se encargaban de asfixiar). A diferencia de Evo Morales, no era un edificador de un Estado capitalista más moderno, desarrollista y extractivista pues, aunque aplicaba una política en la que todo sigue basado en la exportación de petróleo a Estados Unidos y aunque promovía la industrialización, buscaba a tientas y sin todavía lograr mucho un Estado no capitalista, estructurado sobre bases más democráticas, que él denominaba vagamente “socialismo del siglo XXI” y que se diferenciaba del neodesarrollismo y a la vez del sistema burocrático soviético, cubano, chino, vietnamita. Por eso su desaparición se hará sentir no sólo en Venezuela sino también en toda América Latina y, en particular, en las organizaciones que él impulsó.

El Mercosur, semifrenado por los intereses rivales de un gran país –Brasil- que ve a otro mucho más débil-Argentina- como un mercado y no como un socio y también por los esfuerzos vanos de Buenos Aires por contrarrestarlo, podría salir de ese empantanamiento si Venezuela con sus excedentes petroleros desempeñase en su seno un papel importante a pesar de la reticencia brasileña ante el proyecto chavista de BancoSur que Brasilia ve como competidor de su propio Banco de Desarrollo.

Si para afianzarse en el poder el nuevo grupo, que depende del chavismo nacionalista y conservador de las fuerzas armadas, optase por reforzar el clientelismo y la dependencia total de la renta petrolera (que son lastres de la economía venezolana que Chávez combatía) para hacer una política de subsidios, asistencialismo e importaciones indiscriminadas, es posible que ese sector logre mantener una popularidad que Chávez buscaba, en cambio, en medidas renovadoras, pero fortalecerá la boliburguesía y la corrupción y pondrá sordina a los esfuerzos integradores en el plano latinoamericano.
Ese peligro amenaza también al ALBA, a las relaciones con los países caribeños, al apoyo a Cuba para que tenga combustible más barato y pueda comprar alimentos. Sobre todo porque en el ALBA ningún país está en condiciones de reemplazar a Venezuela en su papel de locomotora y ningún líder político tiene la talla o el prestigio necesarios para sustituir a Chávez como animador político de esa organización.

La Jornada. México, 10 de marzo de 2013.

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