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17 février 2017

Tensiones políticas y luchas campesinas originarias en la frontera con el capitalismo

par Julia Colla

 

En contexto de reciente avance de desarrollo capitalista en el agro chaqueño, a partir del Consenso de los Commodities, caracterizado por la incorporación de extensas zonas al mercado de tierras y la modernización concentrada y excluyente, lejos de ser un proceso pacífico, se encontró con un auge de organización y lucha por parte de quienes se resisten a desaparecer del campo : los campesinos pobres originarios qom que integran la organización Unión Campesina. Sus prácticas políticas, compartidas también por un caleidoscopio de actores, configuran la lucha etnopolítica en un espacio de unidad (identitaria y política), participación y emancipación constante y colectiva, que moldean el agro y la ruralidad. En esta ponencia se describen las acciones colectivas de los originarios qom de la localidad de Pampa del Indio en su resistencia frente a la aceleración del proceso de disolución social como campesinos que se expresa en una tensión política permanente con el Estado y los representantes del capital, y también, como respuesta al modelo extractivista que se manifiesta de manera violenta y desigual en las zonas extrapampeanas. En sentido, la lucha etnopolítica que realizan demuestra que no sólo está en disputa la propiedad de la tierra y el territorio sino también, dos cosmovisiones y mundos sociales diferentes.

Introducción :

Esta ponencia forma parte de una investigación realizada en comunidades campesinas originarias qom de la provincia de Chaco, durante los últimos dos años, en el marco de la tesina de grado en la Licenciatura en Sociología. El espacio territorial donde la misma se desarrolla son los parajes rurales de Pampa del Indio, localidad ubicada en el noreste provincial. El espacio político, se focaliza en el movimiento social y territorial « Unión Campesina » (UCC), que desde el año 2003, nuclea los reclamos y reivindicaciones de los campesinos e indígenas que viven allí. El escenario histórico son las luchas etnopolíticas y acciones colectivas de los pueblos originarios que se han desplegado desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, frente a los procesos de Formación social de fronteras [1] (Trinchero, 2007 ; Becker, Cafferata, 1988 ; Reboratti, 1989). Éstas, configuraron una matriz particular identitaria que constituyen el telón de fondo de esta investigación, ya que conforman los antecedentes de las acciones actuales llevadas a cabo por quienes integran la Unión Campesina. En línea con lo precedente, se pretende describir las acciones colectivas que despliegan los campesinos originarios qom de Pampa del Indio nucleados en la UCC frente al avance del modelo extractivista. Particularmente, su resistencia dentro del movimiento social y frente a la aceleración del proceso de disolución social como campesinos, que se expresa en una tensión política permanente con el Estado y los representantes del capital.

Algunas definiciones teóricas preliminares

Para abordar esta problemática, es necesario previamente, dilucidar las connotaciones semánticas del concepto de campesinos pobres originarios qom : Denominamos campesino a todo productor directo que utiliza su fuerza de trabajo -y la de su grupo familiar o grupo doméstico- para el cultivo de la tierra y/o la cría de ganado (Marx, 1958 ; Chayanov, 1974 ; Engels, 2012 ; Lenin, 1977 ; Llambí, 1981 ; Azcuy Ameghino, 2004), cualquiera sea su relación jurídica con el medio de producción fundamental – la tierra- que se constituye en su laboratorio natural. No se toma en cuenta aquí la producción o no de excedentes, ni su probable acumulación monetaria o trasmutada en diversas objetivaciones de la riqueza social (Llambí, 1980 ; Archetti, Stolen, 1975). Tampoco resulta un componente determinante del ser campesino el destino de su producción, que puede ser predominantemente para el consumo familiar o para el mercado (Azcuy Ameghino, 2004). Esta conceptualización, se enmarca en un debate teórico más amplio sobre las expresiones que adquiere la extensión del modo de producción capitalista en el medio rural (Kautsky, 2002 ; Marx, 1999 ; Vilar, 1999 ; Murmis, 1974 ; Lenin, 1960) y las conflictivas formas de transición, integración y resistencia que la producción campesina opone, dentro de la tendencia histórica hacia su descomposición (Azcuy Ameghino, 2007 ; Bendini, 2010 ; Cucullu y Murmis, 1980 ; Bendini y Tsakoumagkos, 1993). En esta línea de pensamiento, se sostiene que no existiría el capitalismo – una relación social, histórica, de producción, basada en la compra venta de fuerza de trabajo libre- sin la efectiva vigencia de un proceso de descampesinización suficiente, que comienza mucho antes del predominio de este modo de producción, y continúa después de que ha alcanzado el rango de dominante. Es por ello que, a pesar de la coexistencia durante un tiempo prolongado de formas no capitalistas, el carácter dominante del capitalismo tiende a desestructurar o eliminar aquellas formas ajenas a su lógica (Azcuy Ameghino, 2014). Esta dirección tendencial hacia la descomposición de los campesinos, se ha verificado de manera disímil en todas las regiones del país (Bendini, 2010 ; Colla, 2015). En este sentido, cuanto más alejado se halle la familia campesina de los centros más dinámicos del capitalismo (zona pampeana) e incluso cuanto menos proporcionalmente comercial sea su producción, en menor medida lo afectarán las tendencias que impulsan la descampesinización (Azcuy Ameghino, 2014).

Transformaciones y conflictos territoriales en la provincia de Chaco

Ahora bien, los cambios sucedidos en los últimos 20 años en la provincia de Chaco constituyen el escenario de transformaciones sociales y conflictos territoriales que pretendemos analizar.

Según Valenzuela (2003), a partir del Consenso de los Commodities, la agricultura chaqueña planteó transformaciones en cuanto a la incorporación de algunos cultivos como el girasol, el sorgo y la soja, que llegaron a ocupar una superficie similar o en algunas ocasiones mayor a la implantada con algodón. Los intentos de diversificación ocurrieron en las coyunturas en las que el algodón registraba un descenso notable de precios, o bien los granos u oleaginosas registraban cotizaciones más atractivas. Pero estas posibilidades de sustitución de cultivos según las variaciones de la demanda y de los precios relativos, dependieron, en gran medida, de las dimensiones físicas de las explotaciones. En esta situación, los menos beneficiados fueron los campesinos pobres de las comunidades originarias, quienes participaban de manera esporádica en la producción y que tradicionalmente estuvieron restringidos en sus probabilidades de innovación e intensificación por la insuficiencia de sus recursos. Sumado a su débil y fluctuante situación económica, se convirtieron en los protagonistas de un círculo productivo vicioso, fuertemente dependiente de factores extrarregionales de naturaleza coyuntural, que los condicionó en su evolución y les imposibilitó solventar intentos de cambio y progreso. La cadena de obstáculos se hizo cada vez más grande, a pesar de que el sector de pequeños productores tuvo una presencia importante en su aporte a la producción en la última década. Incluso, el Estado provincial contribuyó, en numerosas ocasiones, mediante subsidios y ayuda desde los municipios (con la provisión de semillas y las labores de siembra en 2004-2005), y reclamó un soporte a nivel nacional para este « cultivo social » generador de trabajo y base de la organización económica del territorio (el llamado « fondo de compensación » que reclamó la creación del « Grito Algodonero » en 2005).

Sin embargo, estas medidas fueron insuficientes frente al avance del desarrollo capitalista en la zona, que tuvo consecuencias notorias. En primer lugar, el monocultivo se convirtió en el factor determinante del desgaste y la erosión de los suelos, que generó cronogramas de ingresos muy concentrados, los cuales significaron, a su vez, un altísimo grado de riesgo ante las plagas y fenómenos meteorológicos desfavorables, con una notoria inferioridad de condiciones a la hora de negociar la venta del producto, obteniendo en muchos casos, precios inferiores a los vigentes. En segundo lugar, se produjo una profundización de la privatización del territorio y una regresión en cuanto al derecho de tenencia de la tierra para los pueblos originarios. De acuerdo a los datos del Instituto de Colonización, el Estado chaqueño pasó de tener 3 500 000 de hectáreas fiscales a 650 000 en diciembre de 2007. Estas extensiones territoriales que, según las legislaciones existentes vigentes [2] debían ser asignadas a ocupantes tradicionales e históricos, fueron vendidas a empresarios madereros y sojeros. Se estima que por lo menos la mitad de esas tierras se habrían malvendido y se encuentran, actualmente, en manos de Sociedades Anónimas de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe (Klipphan Andrés et al, 2006) [3]. Incluso, si se compara el peso de las tierras fiscales sobre la superficie total del Chaco, se observa que sobre un total de 10 millones de hectáreas en la provincia en el año 1994, el 35% eran tierras fiscales. En la actualidad ese porcentaje se redujo al 6,5%. Por último, esta creciente divergencia entre integrados y excluidos profundizó los problemas de pobreza y exclusión de los segmentos sociales más vulnerables. En términos cuantitativos, a nivel provincial el área algodonera (centro-sudoeste) chaqueña perdió más de 2 000 explotaciones y el área con nuevos cultivos de soja (Departamento Almirante Brown, en el oeste), recientemente desmontada incorporó 1 000 explotaciones nuevas. La superficie agropecuaria provincial se incrementó en más de 400 000 hectáreas y la extensión de la unidad agropecuaria promedio aumentó de 302,6 a 365,8 hectáreas. [4]

El Estado y la resistencia campesina originaria

En este contexto y retomando el recorte teórico, señalamos que a pesar de la existencia durante un tiempo prolongado de formas no capitalistas en el agro chaqueño (como son los campesinos pobres originarios), el carácter dominante del capitalismo tiende a desestructurar o eliminar aquellas formas ajenas a su lógica (Azcuy Ameghino, 2014). Y esta dirección tendencial hacia su descomposición como campesinos, se manifiesta de diferentes maneras en las distintas regiones del país (Bendini, 2010 ; Colla, 2015) y aún al interior de cada uno de los territorios en los que coexisten de manera contradictoria, áreas cuya producción se halla sólidamente organizada socialmente por el capital, con espacios más o menos marginales y periféricos respecto a las anteriores. En caso de la localidad de Pampa del Indio, las unidades de producción campesina fueron planteando formas dialécticas de adaptación y de resistencia a esos cambios, que trajeron aparejadas transformaciones en el espacio político rural. Según Llambí (1975), esos procesos de transformación se ven condicionados por : el papel del Estado, quien puede mediar, facilitar, proteger, fiscalizar mediante políticas sectoriales diferenciadas a pequeños productores (Tsakoumagkos et al, 2000), o fomentar programas de carácter productivo o de recuperación de la producción, de fortalecimiento de servicios en parajes de región, de desarrollo rural, de forestación, entre otros. El accionar de las organizaciones sociales que profundizan la participación y la resistencia campesina y originaria, como la Unión Campesina de Chaco. Analizaremos estas dos cuestiones a continuación.

El papel del Estado : ¿intervención o ausencia ?

En línea con lo precedente, sostenemos que, tanto la penetración del gran capital en el campo como los cambios y continuidades en los niveles de ruralidad, particularmente en los campesinos pobres, generan núcleos que redefinen el espacio rural y los horizontes de sentido de quienes viven en ellos. En la expansión y control del capital – que encuentra sus representantes en grupos inversores o grandes empresarios- se cuentan elementos que condicionan su acción y modifican sus efectos : el Estado, por un lado, y las acciones y movimientos de resistencia, por el otro, que expresan a su vez, el surgimiento de nuevas formas de organización y de liderazgo (Bendini, 2010).

En esta línea, Llambí (1975) plantea que el Estado constituye un conjunto de « agencias » que intervienen directa o indirectamente en las relaciones que ellas establecen con otras unidades o agentes económicos del sistema. Por ejemplo, con los financiamientos estatales para la producción algodonera brindados en 2005 a los campesinos de Pampa del Indio, el Estado brindaba las posibilidades de continuidad de las unidades campesinas chaqueñas a partir de mejorar relativamente [5] las condiciones de vida y el acceso a materiales y herramientas. Ahora bien, esta tendencia a la continuidad de las unidades campesinas a partir de la solidaridad e intervención estatal se presentó históricamente de manera esporádica, parcial y en muchos casos en respuesta a demandas y presiones de las comunidades. Asimismo, las políticas de mejoras públicas que registramos en los últimos años en la zona de nuestro estudio, se ubican en su mayoría en el trazado urbano del pueblo de Pampa del Indio (pavimentación o mejoramiento de parquizado público), mas no en el territorio vulnerable de los parajes rurales, donde habitan las comunidades originarias. Incluso, notas periodísticas de diarios locales que refieren a la presencia estatal en los parajes, lo hacen a partir de las demandas realizadas por la comunidad como parte de la lucha etnopolítica, como la electrificación rural, la construcción de las viviendas, centros de salud y el Complejo Cultural Bilingüe. [6].

A pesar de las acciones realizadas desde el poder ejecutivo Provincial y las Instituciones públicas, consideramos que las medidas gestionadas no han sido paliativas de las situaciones de precariedad y pobreza de las comunidades, y mucho menos, han contribuido a la (re)producción económica de los campesinos originarios. En este sentido, desde el año 2007, paralelo al proceso de privatización de las tierras y avance de capitales, no se registran medidas públicas para la producción de los originarios del Chaco en lo que refiere a entrega de semillas, insumos o mejores condiciones productivas. Incluso en ese año, en Pampa del Indio, la UCC y la CZT denunciaban que, luego de haber realizado un relevamiento y presentado los datos en septiembre en el Ministerio de Producción para implementar la asistencia a los productores algodoneros para cultivar 7 000 hectáreas al mes siguiente, habían recibido semillas vencidas provocando la pérdida total de la producción : « La asistencia en gasoil fue esporádica, irrespetuosa y subestimó la capacidad organizativa de las familias. No solo llegaron tarde, semillas y gasoil, no hubo previsión respecto de la calidad de esas semillas Sembramos, tarde ¡pero sembramos ! Pero tan grande fue nuestra sorpresa al ver que en la mayoría de los predios sólo nacían 20 de cada cien, 15 de cada cien, y en algunos casos sólo 10 semillas de cada cien. Fuimos vilmente engañados. ¡Otra vez engañados ! ¡La semilla que nos dieron no nació para producir y octubre llegó y pasó como todos los meses de nuestra triste vida de gente pobre ! (…) ». [7]

En el mismo comunicado, los campesinos pobres agrupados en la UCC hacían referencia a las características de su producción familiar (representada en el esfuerzo y la dignidad del trabajo) y llamaban a la « sociedad chaqueña » a « indignarse » por los hechos cometidos, señalando al gobierno como responsable e incluso rechazando las políticas asistencialistas, ya que sostienen que no contribuyen a mejorar las condiciones materiales de existencia :

« Nos preocupan muchas cosas, una de ellas es que pareciera no les importa cuidar los recursos del estado, pues a esa semilla obviamente la pagaron por buena ¿o no ? ; otra cosa que nos molesta mucho, la mentira. Ahora dicen que están esperando el informe del técnico autorizado por ellos para hacer los peritajes de las chacras. Técnico que obviamente duda de los esfuerzos hechos por las familias. Ya el técnico nos preguntó ¿y por qué no siembran otra cosa ?. (…) Los indígenas no queremos ser objetos de ayuda sino sujetos de cambios y transformaciones sociales pero cada quien haga lo suyo » [www.chacodiapordia.com/2007/html/no...]

Sumado a estas políticas estatales y de demandas de las organizaciones, organismos provinciales y nacionales efectuaron en 2007 un conjunto de denuncias públicas y legales alegando al abandono de los pueblos originarios de las localidades del interior chaqueño. El informe realizado por el Instituto del Aborigen Chaqueño (IDACH) y el Centro de estudios e investigación social « Nelson Mandela » denunciaba el « genocidio étnico » frente a la Corte Suprema de la Nación. El informe describía que las comunidades eran víctimas de desnutrición grado 3, Chagas, Tuberculosis y Escabiosis. En aquel momento, para hacer pública y visible la denuncia, las instituciones llevaron a Resistencia a seis adultos qom cuya salud era desesperante. Una de las mujeres fue Mabel Pino Fernández de 45 años, con 26 kilogramos de peso y residente en El Espinillo, (a 100 kilómetros de Pampa del Indio). « Lo más indignante es que los centros de salud no nos atienden porque somos indígenas y nadie llega a nuestros lugares, estamos totalmente abandonados », dijo desde la ciudad de Castelli Bashe Nuhem, comunicadora de la Red de Comunicación Indígena (RCI). Rolando Núñez, titular del Centro Mandela. [8] En consecuencia, el Defensor del Pueblo de la Nación emitió una acción de amparo contra la provincia de Chaco y el Estado Nacional. Los condenaba a adoptar medidas necesarias para modificar « las condiciones de vida de las poblaciones indígenas ubicadas en el sudeste del Departamento General Güemes y noroeste del Departamento Libertador General San Martín [zona de Pampa del Indio], a causa de las reiteradas y sistemáticas omisiones en que han incurrido los demandados en prestar la debida asistencia humanitaria y social, y se encuentran en una situación de exterminio silencioso, progresivo, sistemático e inexorable » [9].

Por último, estas demandas se amparaban en legislaciones disponibles para pueblos originarios que formaron parte de aquellas señaladas por Héctor Vázquez (2010) como apropiaciones de los marcos legales dentro de la lucha etnopolítica. Pese al avance de visibilización pública, política y el respaldo legal que generó esta medida, ni el Estado nacional ni provincial acataron las demandas, esto no sólo fue objeto de un sinfín de denuncias,sino también respaldo de acciones legales efectuadas por la Unión Campesina frente a la que denominaron « criminalización de la protesta » (pedido de amparo frente a causas judiciales ; represión en Pampa del Indio y Resistencia febrero/junio de 2014. Asimismo, a fines del 2014, frente a las iniciativas del gobierno provincial de levantar la medida cautelar por cumplimiento, representantes del Superior Tribunal de Justicia de Chaco viajaron a la comunidad de Pampa del Indio y resolvieron fallar nuevamente a favor de los pueblos originarios :

« advirtieron que el hospital de Pampa del Indio no cuenta con el personal suficiente y tampoco insumos y en todo momento dejaron claro que el panorama con la falta de agua potable hace que la salud de la población sea afectada ». [10]

Lo que acabamos de presentar en cuanto a la efectivización de las políticas públicas y el rol del Estado en el control de avance de capitales y su consecuencia en los procesos de descomposición del campesinado en el agro chaqueño, sumado a su responsabilidad – demandada legalmente por la Corte Suprema de Justicia- de mejorar las condiciones de vida de las poblaciones originarias del Impenetrable, particularmente de Pampa del Indio, nos conduce a reflexionar y presentar algunas afirmaciones conclusivas : las agencias estatales, y principalmente el Ejecutivo provincial, y las comunidades campesinas originarias, en general, mantienen una relación de tensión más que de confluencia de demandas.

Desde el punto de vista de los campesinos originarios y de las instituciones y organizaciones demandantes, el Estado no mantiene una relación de asistencia alimenticia, sanitaria y de recursos básicos necesarios para paliar las condiciones de extrema pobreza, sino una fuerte discriminación que se manifiesta es todas sus instituciones, siendo la más visible, la sanitaria.

Esto nos conduce a pensar : la intervención esporádica y relativa del Estado no puede sostener a largo plazo una tendencia a la (re)producción de las unidades campesinas, ni tampoco su integración e n otros niveles o estratos productivos por la situación de extrema pobreza y los nulos recursos económicos con los que cuentan.

En relación a la producción, el Estado se encontraría, en la actualidad y en términos específicamente productivos, en una situación a lo que LLambí (1975) denomina « laissez faire », es decir, la no intervención (insumos, herramientas, sostén mínimo de precios, entre otros), dejando que los mecanismos de mercado actúen en libertad.

Si la generación de políticas estatales a corto plazo no generan cambios sustanciales en las condiciones de vida de las poblaciones afectadas como así también mayor restricción de los capitales en territorio originario, se profundizará aún más el éxodo rural como única solución de los pobladores rurales. En conclusión, esto ubica al Estado como responsable de garantizar « la vida » (literalmente) y la permanencia de las unidades familiares campesinas originarias dentro de sus territorios. De lo contrario, el avance de los representantes del capital y las políticas públicas de abandono, profundizarán el proceso de etnocidio que atraviesan las comunidades originarias chaqueñas, que se ve representado en la muerte por desnutrición y enfermedades de la pobreza o el éxodo rural como únicas alternativas.

El accionar de la Unión Campesina : « Ni uno más se va del campo »

En un contexto de transformaciones y avance de fronteras capitalistas, la resistencia campesina originaria genera apropiaciones materiales y simbólicas del territorio por parte de quienes se resisten a abandonarlo, en nuestro caso, los campesinos pobres originarios qom reagrupados en el movimiento social « Unión Campesina » (UCC). La UCC surge en el año 2003 luego de la marcha de comunidades aborígenes y criollas denominada « La marcha del Impenetrable ».

Posteriormente, en 2009, pasó a conformar la Federación Nacional Campesina, junto con otras organizaciones de origen campesino. Sus reclamos iniciales fueron la tenencia legal de la tierra, subsidios para emprendimientos productivos, trabajo, planes sociales y vivienda. En 2004, y por necesidad de personería jurídica para incluirse en un Plan Nacional de Desarrollo local y Economía Social (« Manos a la obra »), la UCC se consolida orgánicamente como organización. En una asamblea en la zona de « Campo Medina » (localidad de Pampa del Indio), más de 400 personas de distintas zonas del interior provincial y con predominio de población qom, eligieron una comisión directiva encabezada por Mártires López (quien fuese dirigente de la UCC hasta su muerte en un dudoso accidente en junio de 2010), un cuerpo de delegados por paraje y se establecieron puntos programáticos de la organización. Entre ellos : la lucha por la recuperación de las tierras aborígenes, como reparación histórica ; el reclamo de una profunda e integral reforma agraria para que la tierra sea del que la trabaja y quiera trabajarla, terminando así con los latifundios y los grandes terratenientes ; la recuperación histórica de la producción algodonera, etc.

A su vez, desde su surgimiento, la UCC de destacó por su particular forma de organizarse, a través del ejercicio de la democracia directa en los cuerpos de delegados y asambleas. El trabajo cotidiano se realiza en torno a proyectos comunitarios, problemas cotidianos referidos a la salud, educación, etc, y su intento por planificar colectivamente la distribución de los beneficios conseguidos en los diferentes acampes y protestas

Las acciones colectivas realizadas por la organización durante estos 14 años (movilizaciones, cortes de ruta, tomas de tierra) dan cuenta de la tensión política que se manifiesta entre el Estado y la resistencia campesina manifiesta desde el movimiento, particularmente en cuanto a la regulación/control/legitimación por parte del Estado en la penetración de nuevos capitales. Estas cuestiones las analizaremos desde las representaciones que tienen los campesinos originarios qom sobre sus prácticas políticas en relación a :

  1. el gobierno, como receptor de sus demandas y
  2. a la « lucha » dentro de la UCC entendida como medio para no abandonar el campo.

En cuanto al primer punto, creemos que los campesinos originarios qom representan en la imagen de « gobierno » cualidades que se refieren más bien a una concepción más amplia de « Estado », puesto que no siempre hacen referencia solamente a los poderes políticos de turno y sus representantes, sino también a las distintas agencias e instituciones estatales. Las demandas que efectúan los campesinos originarios en las diversas entrevistas que hemos realizado, ubican al Estado como responsable de garantizar el efectivo cumplimiento de los derechos y la asignación de recursos. Para Delfino, delegado qom de Campo Medina :

« Y si, porque ellos son los que manejaron este territorio. Si él no quiere gobernar ahí, el pueblo tiene que reclamarle de fondo. » [11]

Para Sergio, delegado qom de 10 de Mayo :

« pero de igual manera nosotros siempre manifestamos al gobierno que nos escuche nuestros reclamos y hacer escuchar el reclamo todo (…) Y cuando habla el gobierno dice que, habla de una mejor calidad de vida, que por lo que yo he visto nunca, nunca se hizo cargo el gobierno, también ser gobierno es ser responsable de lo que decís, porque ¿Para qué asumimos un lugar cuando la gente da la posibilidad para que vos trabajes y no la cumplís lo que decís ? ». [12]

A su vez, conocen y demandan los recursos legales disponibles para exigir sus derechos como originarios :

« Y en este momento está parada [refiere a la producción] totalmente porque por el gobierno no entiende que le pedimos : combustible, la semilla. Es como no recuerda el gobierno cuando pedimos cosas, y lo que yo siempre pido es que se respeten nuestros derechos. Y es que el gobierno, ellos mismos inventaron las leyes, como la Constitución Nacional y el articulo 75, en sí pero hasta aún eso nunca se respetó, y la ley 3 258 también que ni siquiera se reconoce como provincia y, bueno, y lo más principal, es que yo pido siempre la tierra. » [13]

Por último, los entrevistados realizan una analogía entre las demandas, el gobierno, y la represión como forma de respuesta de parte del organismo público. Para Ramona, integrante qom del Paraje 10 de Mayo :

« Y bueno, nosotros seguimos luchando nomás porque el gobierno no quiere que nosotros marchemos, pero nosotros tenemos que seguir adelante, para que nuestros hijos más pequeños puedan tener cosas… ». Delfino insiste en que « necesitamos que él [refiere al gobierno] se entrevistar con la gente, hasta ahora nos ha dado balas de plomo. A los tiros es la respuesta ».
Asimismo, lo responsabilizan de tratar de impedir la lucha etnopolítica a partir del fallecimiento de Mártires López (dirigente de la organización que falleció en un dudoso accidente en 2011). Como comenta Betty : « (…) el gobierno pensó que matando a Mártires, nos mataba a todos ». [14]

Para finalizar, en relación a los relatos de las entrevistas, elaboramos la siguiente reflexión : El Estado es visto desde los campesinos originarios qom como el lugar donde se « gobierna », « maneja el territorio » y « ocupa » para « trabajar » y hacer efectivos sus derechos. Por el contrario, su acción se relaciona con desoír los reclamos, restringir la acción colectiva – no permitiendo que se movilicen- y respondiendo con violencia y represión. En consecuencia, las exigencias giran alrededor de ser escuchados y asumir « su lugar como gobernantes ». Esta tensión manifiesta entre ambos grupos, en definitiva, no es más que la esfera de la participación y democracia ciudadana [15] entrelazándose con la de la lucha etnopolítica, que presentan su síntesis en una misma dirección : el Estado representativo y democrático.

El segundo punto que pretendemos analizar, deviene de esta tensión política y contribuye a analizar el contenido ideológico de la resistencia campesina originaria en la zona de Pampa del Indio. Nos referimos a las percepciones que sostienen los campesinos originarios acerca de la lucha para no abandonar el territorio y que se resume en la consigna de la UCC : « Ni uno más se va del campo ».

Como referencia histórica y metodológica, recurriremos al momento de la incorporación de los sujetos a la Unión Campesina del Chaco. Esta analogía entre la incorporación a la organización y la lucha etnopolítica contra el éxodo rural nos abrirá camino a comprender ciertas dinámicas de desplazamiento territorial que tuvieron como punto de ruptura la invitación a ser parte de la organización. En esta línea, se presentaron dos situaciones en las entrevistas realizadas. Por un lado, aquellos que planeaban dejar el campo expulsados por la miseria y las condiciones de pobreza y, por otro, quienes regresaron por la falta de oportunidades en las grandes ciudades y decidieron incorporarse, al igual que los primeros, a las acciones colectivas de la Unión Campesina.

En relación a la primera situación, el relato de gran parte de los entrevistados refieren a una situación de pobreza aún mayor como justificación de incorporación a la lucha etnopolítica. Siendo que sus participaciones datan desde el surgimiento de la organización, podríamos suponer que la referencia histórica de esa situación previa refiere a la década de los noventa y posterior crisis del 2001. En este sentido, Delfino, cuestionaba mi pregunta sobre si alguien lo había invitado a participar : « No, no eso no es de invitar, a mí nadie me invitó. Me uní porque había una pobreza bastante, por eso. No es por sólo invitar. Por la pobreza que había [16] ».

Por esta situación, Patricio, pensó en trasladarse a la capital provincial : « En un momento como que casi me fui de la zona, me iba a Resistencia porque tengo parientes ahí. Entonces tuvimos un viaje con mi vieja, salíamos a la ruta y, a las 2 de la tarde, estábamos esperando el colectivo y Rodolfo y Mártires, entraron en casa y preguntaron si yo estaba y le dijeron que salíamos a la ruta. Entonces fueron hasta la ruta Rodolfo y Mártires y me dice « te venimos a buscar porque tenemos asamblea tal día, vamos a tener reunión mañana y lo que queremos es que vos integres, que estés como comisión de la asamblea (…). Y participé en la reunión, y me convencieron los compañeros. Y ahí a nosotros nos entusiasmó cuando la gente se levantó. Se levantó [17] ».

Este punto de inflexión entre el « quedarse o irse » que se plantea en la entrevista refleja no sólo la importancia de « la opción » de la acción colectiva (« levantarse ») representada en la organización Unión Campesina, sino también la importancia de Mártires López en el reagrupamiento y organización de la lucha indígena y campesina, como hemos analizado en el capítulo 3. La segunda situación que queremos presentar refiere a que, en el transcurso de nuestro trabajo, las historias de los entrevistados hacían referencia a un desplazamiento territorial por diversos motivos de ida y regreso a Pampa del Indio e incluso a especulaciones e imaginarios sobre las diferencias entre vivir en la ciudad y el campo. Víctor, integrante de la UCC relataba :

« Me gusta mucho vivir en el campo. Yo fui una vez, probé de estar en la ciudad pero no era… No era donde tenía que vivir. Fui a vivir en Rosario tres años, cuatro años más o menos y me vine de vuelta a Pampa porque no era el lugar que yo… Tenía a mis hijos, tenía un chico muy grande cuando ellos crecieron no quería vivir en la ciudad porque tomaban el mal camino, el de la droga. Cuando yo me di cuenta que era el mal camino vine a vivir de vuelta a Pampa. Te decía, quería ir a mejorar mi vida como era, para los chicos, no era mi historia. [18] »

De este relato podemos recoger, más allá de las experiencias migratorias de marginación y precariedad que atraviesan quienes se adentran en ella, ciertos rasgos que hacen a la cosmovisión qom dentro de la lucha étnica : « esa no era mi historia » refiere al valor simbólico del territorio referido a sus orígenes. Es decir, « su historia » en el caso de Víctor, integrante qom de la UCC, era el campo como lugar para « mejorar su vida » : « Por eso vengo a participar, participé muchas veces (…) Yo vi campo, tengo un lugarcito donde plantar maíz todo eso donde pueda, porque es tres hectáreas, más o menos, tengo para plantar. Unas plantitas como para comer, los frutos viste, tengo lugar, lo que me faltan son las herramientas eso es lo que no tengo [19] ».

Al igual que Víctor, Betty, al ver que sus hijos y parientes cercanos migraban a otras ciudades en busca de trabajo, también pensó en abandonar su casa. En conversaciones los días que visitamos su vivienda, nos relató que su hijo había emigrado a Buenos Aires, y su hermana, a Fontana, localidad cercana a Resistencia : « Como mi hermana, que también se nos fue. Ella vive en Fontana y a veces la visito. Pero no me gusta, no puedo dormir y me siento encerrada. Hay una casa y al lado otra. Yo acá estoy bien, soy libre en el campo ». [20]

Estas circunstancias de elección dual -quedarse o irse-, que en realidad tienen su expresión paradójica en la carencia de elecciones, nos alejan de la existencia material de los campesinos originarios qom y nos acercan al espacio simbólico. En este sentido, las diversas formas de lucha y acciones políticas que vimos tanto en el capítulo anterior como en este, demuestran la existencia de lazos sociales fuertes organizados en torno a las prácticas (y reivindicaciones) productivas que figuran discursivamente en un « nosotros » antinómico al individuo y en la figura del « vivir en mejor » y la « libertad » asociados directamente al campo como espacio simbólico. Como argumenta Patricio : « nosotros a través de la lucha conseguimos lo que tenemos ahora, es nuestro logro ». [21]

Este espacio, también se reivindica en torno a la tierra, no sólo como condición de su reproducción campesina sino también, para Víctor, como lugar donde vivir su historia, para Betty donde disfrutar su libertad y para Patricio, lugar de los jóvenes ; del futuro :

« Entonces los mismos compañeros tienen que trabajar, para que no se vayan a la ciudad. Bueno, ese es el cambio que estamos buscando. Estamos buscando de poder trabajar lo que conseguimos a través de la lucha, que sería las viviendas para que nuestros compañeros, la juventud que no vayan a la ciudad, que trabajen en su zona, tema de producción también que cuide la poquita tierra que queda. ». [22]

Reflexiones finales

Creemos que se planteará siempre en la dinámica de la afirmación campesina una tensión entre la resistencia social campesina y las tendencias destructivas del campesinado por el capital – personificado en empresarios e inversiones extranjeras-. En este sentido, la conquista de la tierra por un lado, y la regulación/intervención del Estado en el control del capital, por el otro, son claves para la afirmación campesina y para desacelerar el proceso de su descomposición. De aquí la importancia histórica de los movimientos agrarios y campesinos en sus reivindicaciones de Reforma agraria. Asimismo, los campesinos pobres originarios qom refuerzan la territorialidad campesina y el vínculo con la tierra de una manera particular. En este sentido, la reivindicación sobre la tierra no tiene un componente solamente productivo ni de supervivencia, sino también es constituyente de su ser-en-el-mundo en el espacio qom (Pablo Wright, 2008). Es decir, su contenido identitario constituye un componente clave en términos simbólicos, para conservar su condición social de productores y originarios y para resistir al desplazamiento o el éxodo rural. En esta línea, el fuerte valor emocional de la tierra constituye una forma de resistencia a la descampesinización. En definitiva, en la lógica campesina originaria, la tierra es un espacio identitario, de reproducción, de vida. No es la tierra del capital como espacio a ser conquistado, para obtener ganancia (de Moraes Silva y de Moraes, 2010). En esta dinámica, son importantes las estrategias desplegadas desde la Unión Campesina en referencia a la participación en espacios democráticos de acción, debate y de orgánica interna. Todas estas prácticas políticas tienden a la consolidación de identidades socio políticas claramente reivindicativas de intereses sectoriales (Monacci, 2009).

Julia Colla * para la :
XI Jornadas de Sociología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) del 13 al 17 de Julio de 2015 :
« Coordenadas contemporáneas de la sociología : tiempos, cuerpos, saberes ».
Tierra y territorio en el centro de la escena : transformaciones, tensiones y acción colectiva en los mundos rurales latinoamericanos

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*Julia Colla.Sociologa argentina. Becaria doctoral CONICET - Universidad Nacional del Litoral (UNL-CONICET) de Santa Fe, Argentina.

©Julia Colla

El Correo de la Diaspora. París, 17 de febrero de 2017.

Notes

[1Este concepto supone, por un lado, el proceso conectivo de espacios heterogéneos en el cual se despliegan específicas relaciones de producción capitalistas (frontier), y por el otro, la forma en que se vinculan esas relaciones de producción, en cada momento histórico, con el proceso de construcción del Estado-nación (border line). Es decir, con específicas modalidades históricas de regulación del proceso de acumulación. El eje principal de este proceso conectivo transcurre entonces por las formas y dinámicas de relación entre capital y trabajo, es decir, por las relaciones sociales de producción que pretenden garantizar una específica hegemonía del capital sobre los procesos de trabajo y reproducción de vida « preexistentes », intentando refunción alizarlos parcialmente hacia formas particulares de transferencia de valor. Un proceso que tiene un rasgo particular no menor en Argentina : la combinación paralela entre la estructuración social de las fronteras agrarias y las fronteras políticas, que tienen importantes niveles de correlación con las configuraciones específicas que adquiere la forma de Estado, con los procesos de conformación de nacionalidad y con las relaciones interétnicas que se despliegan en su construcción (Trinchero, 2007 : 163)

[2Por ejemplo, el Artículo 37 Constitución Provincial.

[3Klipphan, Andrés y Enz, Daniel (2006). « Tierras S.A. Crónicas de un país rematado ». Buenos Aires : Ediciones Aguilar.

[4La reducción de la superficie boscosa en el Chaco ha sido alarmante y se estima sólo quedan 500 000 hectáreas de tierras fiscales con « cobertura boscosa natural ». Suplemento NORTE RURAL. Resistencia, Chaco, Miércoles 2 de junio de 2004

[5La producción en algodón record para los pueblos originarios de Pampa del Indio tuvo un ingreso en el caso de 2004 de $800, que deberían hacer estirar hasta la próxima temporada. Para ese año, el INDEC marcaba en $720/x mes la línea de pobreza.

[8Entrevista a Rolando Núñez, titular del Centro Mandela. Disponible en http://argentina.indymedia.org/news...

[9Medida cautelar de la Corte Suprema de la Nación. Julio 2007. Disponible en : http://odhpi.org/wp-content/uploads...

[11Entrevista a Delfino, delegado de Campo Medina. Junio 2014

[12Entrevista a Sergio, delegado de 10 de mayo. Junio 2014

[13Entrevista a Sergio, delegado de 10 de mayo. Junio 2014

[14Notas de campo a partir de audios. Betty, dirigente de Pampa del Indio, marzo 2014

[15Gastón Gordillo realiza una lectura muy original sobre la apropiación de los derechos de ciudadanía por parte de los tobas y wichis, particularmente de su significante material, los documentos de identidad. Sostiene al respecto que, en el acceso a derechos de los históricamente excluidos, se creó una forma particular de fetichización que alude a la dinámica de poder involucrada en la adquisición de derechos y el respeto por su materialidad a través de los documentos del Estado. Ver Gordillo 2006. Pág 169-193

[16Entrevista a Delfino, delegado de Campo Medina. Junio 2014

[17Entrevista a Patricio, Dirigente de la UCC Pampa del Indio, marzo 2014

[18Entrevista a Víctor, Integrante de la UCC Pampa del Indio, junio 2014

[19Entrevista a Víctor, Integrante de la UCC Pampa del Indio, junio 2014

[20Notas de campo a partir de audios. Betty, dirigente de Pampa del Indio, marzo 2014

[21Entrevista a Patricio, dirigente de la UCC. Marzo 2014

[22Entrevista a Patricio, dirigente de la UCC. Marzo 2014

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