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29 mai 2014

Serguei Lavrov, un político de raza

par Horacio Bianchi

 

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Perfil del canciller ruso Serguei Lavrov, artífice del reposicionamiento de su país como un jugador independiente y poderoso en el tablero mundial. El canciller ruso tiene una trayectoria excepcional en sus más de cuarenta años de desarrollo en el Servicio Exterior de su país.

Los recientes acontecimientos de Ucrania y el desenlace de la crisis en la anexión de Crimea por parte de la Federación Rusa han sorprendido a los más avezados analistas de la política internacional.

La impericia diplomática de la Unión Europea y la contundente reacción de sus pares rusos crearon un escenario de desconcierto en las filas occidentales ante hechos consumados que de manera alguna habilitan un retroceso.

Si bien no se puede adjudicar este éxito diplomático ruso en forma exclusiva a una persona, es indudable que la gestión de Serguei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa, ha sido insuperable.

La prensa occidental parece querer abandonar la idea de que Lavrov es una reciente revelación en la política rusa, quizás para ocultar la intencionada invisibilización previa de la estatura política del personaje en cuestión. Lo cierto es que ahora Lavrov ha ingresado en el espacio de la curiosidad y el análisis del ciudadano común de Occidente.

En realidad, este dirigente tiene una trayectoria excepcional en sus más de cuarenta años de desarrollo en el Servicio Exterior, primero en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y ahora en la Federación Rusa.

Así, el representante del país en las Naciones Unidas durante las guerras de Kosovo e Irak debe lidiar ahora con los mismos escenarios, pero desde un lugar distinto, con mucho más poder.

Observador tenaz y exquisito negociador, hace gala de un nacionalismo a toda prueba que, con estilo totalmente diferente, recuerda a otro gran canciller de la Unión Soviética, Andrei Gromyko, el famoso Mr. Nyet, « Sr. No », por su determinación a realizar pocas o ninguna concesión en las negociaciones que llevó adelante. A Condoleezza Rice y Hillary Clinton las enfurecía tener que discutir con Lavrov. Glenn Kesser, columnista del Washington Post, afirmaba que este había perfeccionado el arte de irritar a Rice. A lo que Lavrov comentaba con una sonrisa : « Aquel que se enoja raramente tiene razón ».

Diplomático sagaz

La situación de la Federación Rusa en esta última década aparecía como muy comprometida. La debacle de la URSS había llevado las fronteras de su área de influencia desde Berlín hasta sus propios límites territoriales. Muchos de sus antiguos aliados ya pertenecían a la Unión Europea y algunos negociaban abiertamente su inclusión en la OTAN.

La situación en Medio Oriente no era mejor. Israel, aliado incondicional de EE.UU., se consolidó como potencia nuclear y hegemónica, amenazando los intereses estratégicos de Rusia en el Mediterráneo y, por supuesto, a sus aliados.

En su alocado avance militar, EE.UU. destruyó el régimen de Sadam Hussein en Irak y ocupó el país. Luego, aliados de la primera potencia mundial -con su asistencia- derrocaron y asesinaron a Muammar Kadafi en la costa africana del Mediterráneo, y también Irán es sometido a presiones que pronostican una posible guerra de conquista usamericana y de su aliado Israel.

En este momento, aparece la figura de Lavrov en toda su dimensión de diplomático sagaz. En Siria, logró detener el proyecto de derrocar el gobierno de Bashar Al Assad, sin comprometer tropas propias, defendió la entrega de armamento al Ejército sirio para frenar a la multicolor coalición de milicias financiadas por Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Turquía, EE.UU. y algunos miembros de la OTAN y de esta manera su gestión apunta a recordarle a Occidente que Rusia está ahí y que no va a permitir aventuras en sus fronteras.

Con relación a Siria asume el protagonismo en la crisis por la posesión de ese país de armamento químico en cantidades tales que alarman a Israel. Lavrov bloquea la intención de un ataque aéreo israelí y logra que, en una operación internacional, Siria entregue su arsenal químico que será destruido por una docena de países. A la vez, Rusia deja en claro que va a defender a su aliada Siria, y se asegura su permanencia en la base naval en Tartuk, ubicada en la costa siria y única instalación militar rusa en el Mediterráneo. Esta crisis amenazaba con exponer peligrosamente al presidente Barack Obama, dado que si no lograba desarmar a Siria de su arsenal químico, quedaba a merced de los halcones del Congreso usamericano, por una actitud genuflexa en la ocasión, pero si se decidía por una opción militar, debía soportar el descontento de su propia población, harta ya de costosas guerras. El proyecto de Lavrov consiguió así el apoyo entusiasta de la administración US, a la vez que reposicionó a la Federación Rusa como un protagonista de peso en el concierto de la diplomacia internacional.

En Irán, también la diplomacia rusa por él dirigida colabora en el desmantelamiento de una opción militar-propuesta insistentemente por Israel- y se logra un acuerdo creíble para Estados Unidos de América respecto al enriquecimiento del uranio iraní, que ahora bajo supervisión internacional sólo sería aplicado para fines pacíficos. Esta gestión enfurece a Israel, pero Lavrov mueve hábilmente sus hilos y logra mantener el consenso con EE.UU.

Finalmente, la Unión Europea promovió un golpe de Estado en Ucrania que provocó la caída del presidente electo, opuesto al ingreso de su país a la Comunidad Económica Europea. Es aquí donde Lavrov y Vladimir Putin lograron convertir una presunta derrota en una victoria largamente esperada por los rusos durante décadas.

Esgrimiendo el carácter de rusoparlantes de la población de la Península de Crimea y de la afinidad de los mismos con la idea de pertenecer a la Federación, Rusia muestra sus tropas, apoya a los crimeos movilizados contra su pertenencia a Ucrania y, después de un plebiscito, los Parlamentos de Rusia y Crimea confirman la anexión de esta última a la Federación. A su vez, Rusia coloca en la frontera este de Ucrania, habitada también por rusoparlantes, un ejército de más de 100 000 hombres, a modo de velada amenaza por el bienestar de la población de origen ruso que habita el este de Ucrania y también por si Occidente tuviese la idea de incluir a Ucrania en la OTAN.

La diplomacia rusa frenó así las diversas estrategias occidentales en Siria, Irán y Ucrania, recuperó para sí la Península de Crimea y aseguró su preciada base naval de Sebastopol, guardiana del Mar Negro, prácticamente sin disparar un solo tiro. Además, Lavrov consolidó su alianza con China, iniciada con la firma del tratado concretado en marzo de 2001 entre Putin y el presidente Jiang Zemin. En la actualidad China es el mejor cliente que tiene Rusia para el aprovisionamiento de material bélico, que incluye los sofisticados sistemas de misiles antiaéreos -que alejaron a la aviación occidental de los cielos sirios-, cazabombarderos de última generación y barcos de guerra. Ambos países pertenecen al grupo BRICS -junto con Brasil, India y Sudáfrica-, formidable alianza económica de innegables implicancias políticas. El grupo BRICS rechazó formalmente las sanciones económicas prometidas por EE.UU. y sus aliados contra Rusia por la cuestión de la integración de Crimea a la Federación. A su vez Lavrov, a modo de remate de sus construcciones diplomáticas, les recordó a los europeos su estratégica dependencia del gas y el petróleo ruso.

Barajar y dar de nuevo

El tema central que ocupa a Lavrov es el del posicionamiento de la Federación Rusa como un jugador independiente y poderoso en el complejo tablero mundial. Él mismo, en su artículo « Russia’s Foreing Policy Philosophy » publicado en la revista International Affairs, de marzo del 2013, afirma :

« …El principal resultado de estas discusiones es entender que un sentido moderno e independiente de la política exterior de nuestro país no tiene alternativas ; en otras palabras, nosotros no podemos considerar ni siquiera hipotéticamente una versión de Rusia como un país manejado por algún otro en la arena internacional. La independencia de la política exterior de Rusia está condicionada por sus dimensiones geográficas, su especial posición geopolítica, por su tradición histórica centenaria, por su cultura y el desarrollo de la identidad de su pueblo ».

Como hemos visto, Lavrov considera que la libertad de la política exterior rusa entra en el terreno de lo inevitable, por cuestiones que están más allá de las razones que motiven a quienes puedan llevar adelante esas políticas. Son para él cuestiones que tienen que ver con la existencia objetiva de la nación y el Estado ruso.

Sin duda, Lavrov no reúne las condiciones para pasar desapercibido. Ensimismado por la pasión que pone en su actividad diplomática, su personalidad se expande con la misma energía en otros lugares de su interés : es un ávido lector, buen músico y compositor. Asimismo, es un amante de la cocina italiana y siempre reserva un lugar para el elogio a las bellas mujeres.

En su último encuentro, y mientras el sol bajaba lentamente en Ginebra, Lavrov y su par John Kerry descansaban en la terraza del hotel donde se hospedaron, comentando de a ratos las vicisitudes del largo día. Muy lejos de allí, la población rusa se aprestaba también al merecido descanso : están tranquilos y seguros porque en la defensa de sus intereses, en el ámbito internacional, cuentan con Lavrov, un político de raza.

Trayectoria

Graduado en 1972 en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, prestigiosa institución del estilo de los viejos centros de formación profesional de la URSS, Lavrov ya dominaba el idioma inglés, el francés y el cingalés e inició de inmediato su carrera en la embajada soviética en Sri Lanka, primero como empleado interno y luego como un agregado de la embajada -tercer secretario-. Entre 1976 y 1981 se desempeñó en el Departamento de Organizaciones Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de la URSS y desde allí pasó a trabajar en la misión permanente de la Unión Soviética en las Naciones Unidas (1981-1988).

A partir de 1990, su carrera inició un camino de ascenso ininterrumpido en lugares relevantes de la diplomacia rusa. Ese año fue designado director del Departamento de Organizaciones Internacionales y Problemas Globales del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En abril de 1992 asumió como diputado-ministro de Relaciones Internaciones de la Federación, y en 1994 se convirtió en el representante permanente de Rusia ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y también en representante permanente de la Federación en el Consejo de Seguridad de la misma entidad. Desde el 9 de marzo de 2004, es el ministro de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa.

Horacio Bianchi para la revista Debate

Debate. Buenos Aires, 28 de mayo de 2014.

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