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24 mai 2015


Santa pasteurización :
Bergoglio canoniza al arzobispo Romero condenado por Guarracino

par Horacio Verbitsky *

 

Arnulfo Romero fue canonizado por disposición del Papa Francisco, luego de un proceso de pasteurización. Se ocultan su nexo con la teología de la liberación y el rol que cumplió en su muerte el cardenal Quarracino. Alberto Methol Ferré fue el nexo entre Quarracino, quien rescató a Bergoglio del exilio interior que le había impuesto la Compañía de Jesús, y el actual pontífice. Documentos secretos y el diario de Romero señalan el nefasto papel de Quarracino.

La beatificación del arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, en una ceremonia organizada ayer por el Opus Dei, forma parte de una audaz reescritura de la historia y omite por completo la intervención del cardenal Antonio Quarracino en los acontecimientos que culminaron con su asesinato, el 24 de marzo de 1980. El martirio de Romero fue reconocido por un decreto del Papa Francisco, cuya carrera eclesiástica fue impulsada por Quarracino y por el papa Juan Pablo II, quienes lo rescataron del exilio interior al que lo había condenado la Compañía de Jesús por sus posiciones contrarias a la teología de la liberación durante su desempeño como Superior Provincial y Rector del Colegio Máximo. Quarracino propuso, y el Papa Wojtyla firmó la designación de Jorge Bergoglio como obispo coadjutor de Buenos Aires con derecho a sucesión.

Romero, Yorio y Jalics

El asesinato del salvadoreño tiene ostensibles puntos de contacto con el secuestro en la Argentina de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jálics, quienes recuperaron la libertad en octubre de 1976, luego de ciento cincuenta días de privaciones y torturas, en la ESMA y en una casa operativa de la Armada. En marzo de 1977, cinco meses después de la liberación de Yorio y Jálics, los escuadrones de la muerte salvadoreños asesinaron al sacerdote jesuita Rutilio Grande y a dos campesinos que lo acompañaban. Como el gobierno no investigó el crimen, Romero se negó a oficiar en cualquier ceremonia oficial y a partir de allí asumió un compromiso con los pobres y la teología de la liberación, que además de la ira oficial provocó resistencias en el resto del Episcopado centroamericano y en la Nunciatura Apostólica. Este año, en cuanto se anunció la canonizacion de Romero, su ex secretario y biógrafo monseñor Jesús Delgado, dijo que el beato « de la Teología de la Liberación no supo nada », que esos libros quedaron sin abrir en su biblioteca porque « no quiso informarse de eso, él se fue abriendo el camino con el Evangelio a una teología de Dios presente en los pobres », dijo Delgado.

Cuando el periódico de la diócesis de San Salvador, « Orientación », criticó el asesinato de inocentes en la Argentina por las « fuerzas llamadas de seguridad », la embajada argentina reclamó ante el gobierno salvadoreño. [1] Para el embajador argentino Julio Peña, los medios críticos eran « voceros de grupos terroristas ». [2] El nuncio Emanuele Gerada le informó que sugeriría al Papa el reemplazo del arzobispo Romero, « ante su actitud hostil con autoridades y apoyo a izquierda subversiva ». Con el mismo propósito viajó a Italia el canciller salvadoreño. Ambos cuestionaron a Romero por sus « homilías incitando a la rebelión contra el gobierno », su « enfrentamiento con otros obispos » y « la colaboración de sacerdotes con grupos subversivos ». [3]

Ante la creciente hostilidad y las amenazas que recibía, Romero recurrió a Pablo VI. Lo recibió el 21 de junio de 1978, cuando la declinación del Papa Montini, quien estaba por cumplir 81 años, era evidente. Pablo VI le dijo que había que ayudar al pueblo a lograr sus reivindicaciones « pero jamás con odio ni fomentando las violencias » y que las dificultades con las fuerzas dominantes y con los propios colaboradores sólo podían superarse con el amor. Montini le tomó la mano entre las suyas, lo consoló con palabras de afecto, llamó al fotógrafo para que registrara ese momento y le indicó que tratara los problemas concretos con los distintos dicasterios de la curia romana. Esto no era muy alentador. Romero había encontrado en ellos « un criterio negativo, que coincide exactamente con las fuerzas muy poderosas que allí en mi Arquidiócesis tratan de frenar y desprestigiar mi esfuerzo apostólico ». El domingo 25 de junio, Romero analizó la situación salvadoreña y la posición vaticana con el Superior General de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe, quien « tiene mucha experiencia en las malas interpretaciones que se suelen hacer de las obras de los jesuitas » y le ofreció toda su cooperación, « como de hecho la estamos recibiendo ». [4] En 1975 el papa Pablo había fijado límites a la teología de la liberación en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, que Bergoglio cita con insistencia. Pero Montini murió un mes y medio después de la audiencia con Romero. Su sucesor, Juan Pablo II, convirtió esa crítica en una declaración de guerra a la teología de la liberación. Veía el mundo a través del cristal del anticomunismo polaco. No percibía la diferencia, o no le importaba que la hubiera, entre Mitteleuropa, donde el comunismo llegó tras las orugas de los tanques soviéticos, y Centroamérica, en cuyas luchas populares participaron sectores de la Iglesia Católica, en especial jesuitas. Coincidiría en esto con el gobierno estadounidense de Ronald Reagan, con quien celebraría una estrecha alianza. Según su biógrafo Georges Weigel, Wojtyla criticó ante la asamblea anual de presidentes de la Conferencia Jesuita la actuación de muchos de sus miembros en movimientos latinoamericanos que consideraba de izquierda y con las posiciones críticas de algunos de sus teólogos. [5] El giro que Juan Pablo II decidió imprimir a la Compañía de Jesús era el respaldo que Bergoglio necesitaba para seguir su propia línea de profilaxis ideológica en la provincia argentina de la Compañía de Jesús sin subordinarse al ya muy golpeado Arrupe.

Al mes de la coronación de Wojtyla, la XXXVIII Asamblea Plenaria del Episcopado argentino dispuso que Quarracino redactara el capítulo político del documento que se proponían difundir. El entonces secretario del departamento de laicos del CELAM argumentó que la Asamblea Episcopal nunca había condenado « la campaña exterior adversa al país » ni la « lamentable presencia » de laicos, clérigos y religiosos/as en la guerrilla, y las imprudencias de « varios venerables pastores ». [6]

Quarracino presentó un esquema interpretativo de censura a los que llamó « ataques externos a la imagen del país » y a quienes dentro de la Iglesia vieron « la violencia como solución ». [7] Esa era la línea que venía de Roma, donde nadie conocía o se preocupaba por la incongruencia de Quarracino, quien fue el obispo que con mayor insistencia predicó años antes el camino de las armas que ahora fulminaba.

Romero no volvería a escuchar palabras amables en la Santa Sede. Una de las primeras decisiones de Wojtyla fue enviar a San Salvador una misión investigativa de las denuncias contra el diocesano. Ese encargo fue asignado a Quarracino, quien luego de su visita de una semana a San Salvador, informó al Vaticano, pero también a la dictadura argentina, que las denuncias contra el arzobispo eran fundadas, que tal como decía el nuncio Gerada, Romero estaba enfrentado con el gobierno y con los demás obispos salvadoreños, que sus homilías incitaban a la rebelión y que sus sacerdotes colaboraban con grupos subversivos. Así se desprende del facsímil que ilustra esta nota, del 22 de diciembre de 1978.

El paso de Quarracino por El Salvador no fue registrado por la prensa del país, según el relevamiento que realizó a mi pedido el especialista en comunicación Oscar Pérez, quien fue colaborador de monseñor Romero. Pero sí es mencionado en el diario personal de Romero, como el hombre que predispuso al nuevo Pontífice en su contra.

Disparen contra los jesuitas

El ascenso de Quarracino se hizo irresistible durante la Conferencia del Episcopado Latinoamericano que sesionó al mes siguiente, en enero de 1979. En cuanto su avión despegó de Roma, el Papa convocó a los periodistas y se despachó contra la teología de la liberación porque distorsionaba el Evangelio. [8] Y al llegar a Puebla de los Angeles dijo que « esta concepción de Cristo como político revolucionario, como el subversivo de Nazareth, no se compagina con la catequesis de la Iglesia ». [9] También impugnó tanto la violencia como las desigualdades sociales, con ricos más ricos a expensas de pobres más pobres. Este es el discurso del populismo conservador que reaparecerá en Roma con el papa Francisco.

El diario mexicano Uno más Uno publicó en aquel momento una carta del cardenal conservador colombiano Alfonso López Trujillo al líder de la minoría conservadora del Episcopado brasileño, Luciano Cabral Duarte, muy despectiva contra Arrupe por su apoyo a la teología de la liberación. El obispo salvadoreño Pedro Arnoldo Aparicio y Quintanilla acusó de la violencia en su país a los jesuitas que habían viajado a Puebla para argumentar a favor de Romero. Arrupe se reunió una vez más con Romero para analizar los riesgos que estas acusaciones causaban a los jesuitas, [10] en una situación de inocultable parecido con la que habían enfrentado en Buenos Aires Yorio y Jalics. El 15 de febrero, el embajador Peña informó que el recibimiento apoteótico a Romero, sería utilizado « por elementos católicos tercermundistas izquierda subversiva ». [11]

Con el apoyo del prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos, cardenal Sebastiano Baggio, López Trujillo reemplazó al cardenal brasileño Aloisio Lorscheider en la presidencia del CELAM y Quarracino lo acompañó como Secretario General. Ambos se opusieron a incluir en la declaración final de Puebla la denuncia contra los gobiernos dictatoriales de El Salvador y de Nicaragua pedida por sus respectivos arzobispos. Quarracino escribió que ya no sería posible confundir el significado de « liberación, iglesia popular, evangelización e ideología, las relaciones básicas entre tarea evangelizadora y promoción humana, cristianismo y política ». [12]

El 7 de mayo de 1979 Juan Pablo II recibió en Roma al arzobispo Romero, quien le entregó pruebas de la complicidad oficial con los escuadrones de la muerte y la persecución a la Iglesia [13] y una foto tremenda del sacerdote Octavio Ortiz, con el rostro destrozado por un tanque que el Ejército hizo pasar sobre su cabeza. De regreso a San Salvador, durante una escala en Madrid, narró a una profesora de la Universidad Centroamericana el diálogo con el Papa :


–Le recomiendo mantenerse en los principios, con equilibrio y prudencia, porque es riesgoso caer en errores o equivocaciones al hacer las denuncias concretas –le dijo el Papa.

En casos como éste hay que ser muy concreto porque la injusticia, el atropello ha sido muy concreto –insistió Romero mientras señalaba la foto del sacerdote. Tan cruelmente que nos lo mataron y diciendo que era un guerrillero...

–¿Y acaso no lo era ? –contestó, frío, el Pontífice. Luego lo instó a lograr una mejor relación con el gobierno de su país porque esa armonía, « es lo más cristiano en estos momentos de crisis ».

Pero, Santo Padre, Cristo en el Evangelio nos dijo que él no había venido a traer la paz sino la espada.

¡No exagere ! [14]

El Papa le reveló que Quarracino había recomendado la intervención al Arzobispado, como Romero consignó en su diario, preocupado por advertir « que influía una información negativa acerca de mi pastoral ». [15] Luego de analizar la situación con los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, Romero objetó en una carta al cardenal Baggio « la sugerencia de monseñor Quarracino de nombrar un administrador apostólico, sede plena », porque demostraría « desconfianza acerca del propio obispo ». [16]

Por su parte, el nuncio Gerada le comentó al embajador Peña que « lamentaba que el Vaticano no hubiera tomado aún las medidas propuestas por el obispo de Avellaneda, monseñor Antonio Quarracino, en el sentido de que Romero debía ser llamado al Vaticano para alejarlo de esta arquidiócesis ». [17]

También la embajada argentina en Costa Rica seguía con interés cada paso de Romero. En octubre de 1979, el embajador Arnoldo Listre (un radical balbinista) informó que el arzobispo de San José, monseñor Román Arrieta, le dijo que su colega de San Salvador estaba « copado por elementos extremistas, dentro de los cuales se incluye un grupo de jesuitas radicalizados ». [18]

Romero volvió a Roma en 1980. El 30 de enero asistió a la audiencia general del Papa, donde antes de recibirlo en una salita que utilizaba para audiencias especiales, Wojtyla lo hizo esperar que terminara la actuación de un circo y de un coro polaco. Ya a solas le reiteró sus críticas al papel de la Iglesia salvadoreña.

–*No deben tener en cuenta sólo la defensa de la justicia social y el amor a los pobres, porque el esfuerzo reivindicativo popular de izquierda puede dar por resultado también un mal para la Iglesia –le advirtió.

De allí, Romero fue a la casa generalicia de la Compañía de Jesús, donde Arrupe le reiteró su solidaridad y el apoyo de los jesuitas. Al día siguiente, Romero fue recibido por el nuevo Secretario de Estado, cardenal Agostino Casaroli, quien le comunicó « que el embajador de Estados Unidos había venido a verlo con cierta preocupación de que yo estuviera en una línea revolucionaria popular, mientras que Estados Unidos apoya el Gobierno de la Democracia Cristiana ». También le advirtió que la defensa de los derechos humanos y las reivindicaciones del pueblo no debían « suponer una hipoteca de la Iglesia y de los sentimientos cristianos ante las ideologías ». [19]

Ya no habría paz para Romero. Listre, cuya principal tarea era presionar para que se clausurara la radio Noticias del Continente, que transmitía en onda corta informaciones sobre la situación represiva en toda la región, informó a su gobierno que monseñor Romero había anunciado que esa emisora de Montoneros transmitiría su homilía dominical en la que denunció amenazas contra su vida. [20] El informe omitió que se trataba de una solución de emergencia porque la radio del Arzobispado había sido inutilizada por un atentado explosivo.

El nuncio en Costa Rica, el húngaro Lajos Kada, le recomendó a Romero que estuviera alerta porque había sido condenado a muerte. Kada fue el emisario que Juan Pablo II escogió como nuevo visitador apostólico luego de Quarracino. Reunido con los seis obispos salvadoreños, el 12 de marzo, Kada exigió que Romero cediera en sus posiciones para facilitar la unidad episcopal. Romero aceptó un equilibrio de sectores, que incluía otorgar la presidencia al vicario castrense, José Eduardo Alvarez Ramírez, acompañado como vice por el único amigo de Romero en el Episcopado, Arturo Rivera y Damas. Pero al momento de la decisión, Rivera y Damas fue soslayado y resultó elegido Aparicio y Quintanilla, quien en una reunión previa había enrostrado a Romero que su « predicación era violenta, subversiva, que estaba dividiendo al clero y a las diócesis » y que sembraba ideas izquierdistas en el Seminario. [21]

Esta nueva humillación a Romero fue la definitiva. Abandonado por sus hermanos y por la Santa Sede, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa en la capilla del Hospitalito, un francotirador lo asesinó con un disparo al corazón. Durante su funeral en la Catedral, explosivos y disparos de metralla causaron otras decenas de muertes y centenares de heridos. No fue un hecho aislado. Dos días antes, paramilitares bolivianos secuestraron, torturaron y asesinaron en La Paz al jesuita español Luis Espinal, director de un semanario y de una radio, que la embajada argentina calificó « de extrema izquierda ». [22]

En 1993 una comisión de la verdad presidida por el ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Thomas Buergenthal, y cuya directora ejecutiva fue la experta argentina Patricia Tappatá de Valdez, esclareció que el crimen de Romero fue ejecutado por el escuadrón de la muerte que respondía al ex mayor del Ejército Roberto D’Aubuisson, líder político de la ultraderecha salvadoreña. Cinco días después se dictó una ley de amnistía, convalidada por la Corte Suprema. En 2000, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que el Estado salvadoreño había violado el derecho a la vida de Romero y había faltado a su deber de investigar y sancionar a los responsables [23] y en 2004 un juez de California, condenó al ex capitán de la Fuerza Aérea salvadoreña Álvaro Saravia a indemnizar con 10 millones de dólares a la familia del asesinado Romero. [24]

Pero los jesuitas y la teología de la liberación habían recibido un golpe demoledor. Concluido el proceso de pasteurización, Bergoglio puede elevar a Romero sin riesgo a los altares.

Entre Quarracino y Bergoglio

El historiador, filósofo y teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré fue el ariete que Quarracino utilizó desde el CELAM contra la teología de la liberación. En marzo de 1977, el CELAM auspició en Bogotá el Segundo Encuentro Latinoamericano sobre Pastoral castrense. El arzobispo Adolfo Tortolo, Vicario General Castrense, presidió la Eucaristía [25] y Methol Ferré expuso sus objeciones a la teología de la liberación. En un trabajo que el arzobispo colombiano Alfonso López Trujillo, secretario general del CELAM, distribuyó para ilustración de todos los obispos de la región, Methol llegó a referirse a los principales expositores de la teología de la liberación (el sacerdote belga Joseph Comblin, asesor del obispo brasileño Helder Cámara, el brasileño Clodovis Boff, el peruano Gustavo Gutiérrez y el argentino Enrique Dussel) como negativos e irresponsables y a la Confederación Latinoamericana de Religiosos como « una estudiantina de asnos solemnes ». [26] El mismo trabajo fue analizado dos meses después en la asamblea plenaria del Episcopado argentino de mayo de 1977, cuyo documento final, redactado por Quarracino, justificó los métodos de la represión aduciendo que no se puede pretender pureza química cuando corre sangre. [27] Methol rebatió allí un trabajo preparado para la futura Asamblea General del CELAM en Puebla por el sacerdote belga Joseph Comblin, asesor del obispo brasileño Helder Cámara. Para Comblin la Argentina era « el país de la Santa Alianza » entre la jerarquía católica y los militares. Su documento destacaba que de acuerdo con la teoría del integrismo francés sobre el frente interno la Iglesia ayudó a los militares a elevar la represión a la categoría de cruzada, suprimió la distinción entre violencia y no violencia, entre subversión, crítica, oposición política, guerrilla, terrorismo y guerra, con lo cual creó una red abstracta de relaciones que conecta esa supuesta guerra revolucionaria con cada manifestación social de descontento. Esta filosofía política contradice la concepción de la Iglesia, que promueve la libertad y considera al pueblo como superior al Estado, sostenía.

Methol Ferré replicó que esta definición no era representativa de lo que pasaba con las Fuerzas Armadas argentinas. En 2006 Bergoglio presentó en Buenos Aires el último libro de Methol Ferré, a quien describe como su mayor influencia intelectual y que fue el puente por el que llegó a Quarracino. En un artículo que Bergoglio le publicó en la revista teórica de los jesuitas en 1977, Methol sostuvo que si la independencia consistió en la ruptura de América Latina en veinte Estados y nuevas formas de dependencia de los imperios inglés y yanqui, el presente les exige recuperar en conjunto su pasado histórico, para reconstruirse como pueblo y nación común. Esto implica recuperar también los rasgos fundamentales del catolicismo popular medieval español y portugués. [28] De regreso de Puebla Methol Ferré, completó el razonamiento con una metáfora propia de la Doctrina de la Seguridad Nacional : « Es el final del foquismo eclesial », porque a diferencia de Medellín, que « confiaba más en la acción de los pequeños grupos, Puebla se preocupa por no separarse del pueblo en su conjunto. Y de ahí la revaloración de la religiosidad popular ». [29] Methol es reverenciado como el ideólogo de la Patria Grande Latinoamericana y la originalidad de su pensamiento geopolítico es indudable, aunque su uso no es unívoco pero poco se conoce sobre su cerrada defensa de la dictadura argentina en el momento culminante del terrorismo de Estado, tanto en el Episcopado argentino como ante el CELAM. Hoy estas parecen disquisiciones teóricas sobre la diferencia entre Teología de la Liberación y Teología del Pueblo, como las presenta el biógrafo mejor informado de Bergoglio, el inglés Austin Ivereigh. Pero entonces eran cuestión de vida o muerte, como bien enseña el trágico destino de Oscar Arnulfo Romero.

Horacio Verbitsky * para Página 12

Página 12. Buenos Aires, 25 de mayo de 2015.

* Horacio Verbitsky. Investigador, autor y periodista argentino. Actualmente preside el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Notes

[1Carta del embajador Julio Peña al arzobispo Romero, del 31 de agosto de 1977, y nota a la cancillería Nº 340/77 ESALV, del 7 de septiembre de 1977, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

[2Secreto. Nota 250/78 del embajador Julio Peña a la Dirección de Prensa y Difusión de la Cancillería.

[3Cable 144, Secreto, del embajador en El Salvador Julio Peña, 17 de mayo de 1977. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

[4Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 21 y 25 de junio de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL)

[5« A los 20 años del controvertido padre Arrupe », Intereconomía, España, 9 de febrero de 2011.

[6XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, carta de Quarracino, 11 de octubre de 1978, caja 26, carpeta XXI, documento 17.520, ACEA.

[7XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, esquema propuesto por Quarracino, caja 26, carpeta XXI, documento 17.612, ACEA.

[8Apuntes personales de Marco Politi, en Carl Bernstein y Marco Politi, Su Santidad. Juan Pablo II y la historia oculta de nuestro tiempo, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1996, p. 218.

[9Juan Pablo II, homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad de México durante la solemne concelebración con los participantes en la Conferencia de Puebla : Discurso en la inauguración de la IIIa Conferencia General del Episcopado latinoamericano. Puebla, México, 28 de enero de 1979

[10Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 3 de febrero de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL)

[11Secreto, San Salvador, 8610, del embajador Peña a la Cancillería, 15 de febrero de 1979. Archivo de Culto.

[12Antonio Quarracino, « Después de Puebla », Clarín, 22 de marzo de 1979.

[13Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL)

[14María López Vigil, « Piezas para un Retrato », UCA Editores, San Salvador 1993.

[15Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL)

[16Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL)

[17Secreta, 410/79, del embajador Peña al Canciller, 5 de septiembre de 1979, archivo de Culto.

[18Cable secreto 622/625 del embajador Listre, 16 de octubre de 1979, Culto.

[19Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero SICSAL, 31 de enero de 1980

[20Cable secreto N 123 del embajador Listre, 26 de febrero de 1980, Culto.

[21Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL)

[22Cable secreto 288, del 24 de marzo de 1980, DEL EMBAJADOR José María Romero, Culto.

[23Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe N 37/00, caso 11.481, Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, El Salvador, 13 de abril de 2000.

[24« Condenado en EE UU uno de los asesinos del arzobispo salvadoreño Oscar Romero », El País, Madrid, 5 de septiembre de 2004.

[25« Segundo Encuentro Latinoamericano sobre Pastoral Castrense », Vicariato Castrense, N 53, abril de 1977, p. 16.

[26Penny Lernoux, « Cry of the People  », Penguin Books, Nueva York, 1991, p.,420.

[27Carta Pastoral País y Bien Común, del 15 de mayo de 1977.

[28Alberto Methol Ferré, « Análisis de las raíces de la evangelización latinoamericana », Stromata, N 33, 1977, pp. 93-112.

[29« Después de Puebla », La Nación, 16 de febrero de 1979.

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