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28 juin 2016

Para España, el período de transición ha terminado

 

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El 26 de junio España votaba en nuevas elecciones generales. La inestabilidad política persiste, pero ha permitido superar la, mucho más peligrosa, inestabilidad social.

¿Por qué España no se incendia ? los periodistas extranjeros me planteaban esa pregunta a principios de 2014. Les costaba comprender que no se hubiera producido una explosión social y yo tampoco sabía qué contestarles. Yo también me preguntaba entre medio perplejo y – lo confieso – medio decepcionado, cómo era posible que no hubiera estallado todo. Había motivos. Para ser sinceros, tomemos la máquina del tiempo y remontémonos a la España de hace precisamente dos años y medio…

Enero de 2014. Estábamos en un país sumergido desde hacía cinco años en una profunda crisis, una crisis económica en sus comienzos y que a fuerza de recesión de salvataje de los bancos y de la austeridad, se convirtió en una gravísima crisis social : 26% de desempleo (el doble entre los más jóvenes), profundización de las desigualdades, ingresos similares a los de medio siglo atrás, baja de salarios, familias expulsadas por miles de sus viviendas…

Desde principios de 2014 no había nada en España que no estuviera en crisis : la economía, los bancos, la monarquía, los partidos, los sindicaros, la prensa, la universidad…Sin mencionar la organización territorial, Cataluña anunciando un referendo de autodeterminación. Crisis y corrupción : la sucesión de investigaciones policiales y judiciales había sacado a la luz del día la magnitud de la corrupción ligada a la burbuja inmobiliaria. Y acabábamos de descubrir que el Partido popular (PP) había mantenido durante años una contabilidad paralela.

Y sin embargo España no se incendiaba. O por lo menos no totalmente. Terminábamos un período de tres años intensos y agitados : huelgas generales, “mareas” ciudadanas, marchas por la dignidad, el Movimiento 15-M – los “indignados” – y otros tipos de acciones que terminaban a menudo en enfrentamientos violentos. Ráfagas de vapor de una gran olla a presión dispuesta a saltar un día u otro. La explosión era inminente. Y he aquí que aparece el “cisne negro”. Lo imprevisto : un nuevo partido político “Podemos” que dice representar el espíritu del 15-M y el descontento ciudadano. Se presenta en las elecciones europeas del 2014. Y ya conocemos como sigue.

Imaginemos ahora que hicimos ese viaje en el tiempo hacerlo hacia el futuro, que subimos al vehículo en el 2014 y que nos hallamos en la España del 2016. No creeríamos lo que vemos…en junio de 2016 .Un nuevo partido amenaza reemplazar al Partido socialista (PSOE) y de quitarle el poder al PP. Ya está dirigiendo junto a otras formaciones y colectivos, Madrid, Barcelona y la mayoría de las grandes ciudades. Nuestro viajero del futuro leería la prensa, escucharía los debates electorales, los sondeos sin comprender nada. ¿Qué pasó en España en estos dos años ? La paradoja de Podemos.

Lo que más sorprendería, puede ser, es ver como descendió la temperatura en las calles. En esta España de 2016 la crisis social sigue siendo tan aguda como hace dos años. Y sin embargo no hay casi manifestaciones. Ni huelgas. La mayor parte de los militantes y de los líderes de los movimientos sociales que atizaban la indignación en 2014, son actualmente diputados, consejeros municipales, consejeros electos regionales. Y los ciudadanos que salían a la calle permanecen hoy en sus casas esperando pacientemente la apertura de las mesas de votación para expresar su descontento en las urnas, Durante este lapso, Cataluña no declaró su independencia : por el contrario los partidos separatistas han sido superados por nuevas fuerzas políticas.

Es ahí donde reside la principal paradoja de Podemos : puede parecer el sepulturero de la España de la transición, pero podría haber sido su salvavidas. Porque si Podemos ha contribuido a liquidar el bipartidismo, ha desplazado también la crisis social, insoportable, hacia la crisis política, más soportable. Fue el portavoz de la indignación, es cierto pero canalizó también hacia las instituciones toda esa cólera que hervía en las calles. Puede ser que precipite el fin de un sistema en ruinas o tal vez facilite, sin quererlo, su transformación. Aspira a la ruptura, pero tal vez pueda permitir la reforma.

Lo más asombroso es la circulación de las teorías del complot. Algunos en el seno de la izquierda más crítica dicen que todo eso forma parte de una operación mediante la cual el régimen de transición evita la explosión. Otros ven en el crecimiento de Podemos una maniobra de la derecha político-mediática para eliminar al PSOE.

Pero Podemos es en primer término una consecuencia más que la causa del seísmo político. La crisis es por cierto bien europea. También es ideológica : es el fin de una época para la social-democracia que confirma que está bien muerta desde fines del siglo pasado y que se deja superar por su derecha y por su izquierda. Pero lo que más pesa en el caso español, son las situaciones locales en tal caso la decadencia de España nacida de la transición democrática. La crisis española era ineluctable.

El modelo español de la Constitución de 1978 está hoy en día agotado. No tenía fecha de caducidad pero incluía defectos originales debidos a los cuarenta años de dictadura y a las debilidades de la transición en sí misma. Y la corrupción ha acelerado su obsolescencia.
La constitución española necesita un nuevo pacto adaptado a las necesidades de las nuevas generaciones. Y es esto lo que está actualmente en juego en España : ¿quién abordará la redacción de esta nueva Constitución ? ¿Quiénes serán los actores de lo que algunos llaman ya la “segunda transición” ?

Lo que pase en España repercutirá más allá. Nuestros vecinos europeos tendrían interés en aprovechar estas lecciones. Si para España la sacudida implica una oportunidad de reformar un sistema fracasado, debería ser también para Europa la oportunidad de repensar un proyecto que se ha vuelto antipático para la mayoría de sus ciudadanos. El inmediato porvenir de España estállenlo de incertidumbre. ¿Quien gobernará en los años venideros ? ¿Deberemos volver a las urnas ? ¿Que ocurrirá en Cataluña ? Pero España no volverá a ser lo que fue. Cualesquiera sea la relación de fuerzas que surja de las urnas, para diseñar un nuevo país nos aguarda un camino largo y complicado. Pero no hay posibilidad de volver atrás : ha terminado la España de la transición.

Isaac Rosa, escritor y periodista español

Traducción del francés para El Correo de la diaspora de : Susana Merino

El Correo de la diáspora. París, 28 de junio de 2016.

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