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7 octobre 2013

Osvaldo PEREDO, 83 pirulos

El veterano cantor evoca sus años mozos y habla del tango y de los tangos.

par Carlos Zito

 

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« Me acuerdo perfectamente. Yo tenía 5 años, y estaba sentado con un amiguito en la puerta de casa, en la calle Independencia, entre Maza y Boedo. En eso llega el padre de mi amigo, que era español, con un diario bajo el brazo. Nos mostró el diario, que decía : « ¡Murió Gardel ! » Mirá si sería grande Gardel, que nos vino a anoticiar a nosotros, que teníamos 5 años. Me acuerdo de la imagen del diario. El avión parecía de papel. Muchos años después estuve en ese aeropuerto cuando vivía en Medellín. Tengo una foto.

A los 9 años ya soñaba con cantar en Carnavales con la orquesta de Ricardo Tanturi ; porque estaba de moda Castillo. Yo tenía 9 años. ¿Te das cuenta ? Salía del colegio, en tercer grado, y volvía a mi casa a escuchar a Gardel en la radio. Me escuchaba todo Gardel.

Todo viene de Gardel. Para mi Gardel es la voz de Dios en la tierra. Igual que Atahualpa. Ahora me enamoré de Atahualpa. Nunca se ponen « en cantor ». Gardel canta como si estuviera afeitándose.

Fondín de Pedro e Mendoooooza…
que sos el alma del pueeeblo.
¡Ningún esfuerzo, ninguna impostacion ! </center

En 1950, a mis veinte años, empecé con la orquesta de José Zacanino, una orquesta de Pompeya donde éramos todos laburantes, ninguno era profesional, pero teníamos 4 bandoneones, 3 violines, una viola y contrabajo. Yo era el cantor. Hacíamos todo el repertorio de Pugliese. Tocábamos en los bailes. Compartimos presentaciones con artistas importantes : una vez con Oscar Alemán, otra vez con la orquesta Savoy, en el club la estrella de Oriente, una confitería que estaba frente a la estación Lanús. Eran unos bailes divinos, había entre 2.000 y 3.000 personas. Era un gran club. Tenia un escenario de 30 metros, y afuera una estrella de luces de 5 metros de alto que yo veía desde Pompeya, desde antes de cruzar el puente, cuando me tomaba el tranvía 55 para ir a cantar.

Colombia y Venezuela

Por entonces también empecé a jugar al fútbol en San Lorenzo, en Inferiores. Y en el 53 me fui a jugar a Colombia, en primera, en el Sporting de Barranquilla. Allá jugué contra fenómenos. No llegué a jugar contra Pedernera porque él estaba suspendido. El jugaba en Millonarios con Di Stefano, Cozzi, Pini, y otros. Fue en junio del 53. Di Stefano se había ido hacia poco. Yo tenía el número 10, pero en realidad jugaba de 5. Y no era malo jugando, jugaba bien. Pero cuando llegué estaba hecho un desastre, había dejado de jugar a los 18 y entonces tenia 23. Estaba duro después de muchos años de no correr, de no entrenarme. Me hacia falta al menos uno o dos meses de entrenamiento.

De Barranquilla me fui a Medellín, por el río Magdalena. Y en Medellín volví al tango. Empecé a grabar y enseguida grabé en Ondina, acompañado por un guitarrista peruano. Después me fui a Venezuela, donde llegué a actuar junto a Ranko Fujisawa, la famosa cantante de tangos japonesa. Hasta trabajé como modelo publicitario. Para una firma de ropa, lucía remeras blancas, tenía mucha pinta. ¡Las chicas decían que me parecía a Tony Curtis ! Salía en una página entera del diario. En total estuve 3 años y medio en Colombia y 3 y medio en Venezuela

Cuando volví de Venezuela, me agarró la malaria. Me puse de novio con la hija de un albañil, y me metí a trabajar con el viejo, de albañil y de pintor. Me acuerdo que me tocó pintar toda la esquina Homero Manzi, en San Juan y Boedo, en los años 60. Otra vez fui a pintar una florería en Belgrano, y resultó que el dueño era Enrique Campos ; nos hicimos grandes amigos. Luego canté con la orquesta de Ricardo Martínez en el Bar el Español de la Avenida de Mayo.

A fines de los años 70 trabajaba en una playa de estacionamiento en Tribunales. Un día llegó un tipo y me pidió que le estacionara el auto donde pudiera porque estaba todo lleno. Era inspector de SADAIC. Cuando volvió a buscar el coche le dije que yo cantaba y me respondió : ¿Querés cantar en el Rincón de los Artistas ? Le conteste : ¿Me está cargando ? ¿Yo en el Rincón de los Artistas ? Calculá : ahí estaban Goyeneche, Moran, Florio, Godoy, Ribó… ¡Todos los leones ! Me dijo : "El sábado andá para allá". Ese día laburé en la playa, temprano me cambié, preparé el peluquín que por entonces usaba, y me fui a La Paternal. Canté ese sábado, y al final del espectáculo me dijeron : "Si quiere volver el lunes…". Ahí estuve dos años.

Al cabo de un tiempo dejé la playa de estacionamiento, y pasé a ser encargado en un edificio. A la noche me empilchaba, y me iba a cantar al Rincón de los Artistas. No me conocía nadie. Yo arrancaba primero, aunque una vez hasta me mandaron a cerrar el show ! Una vuelta estaba cantando : Yo soy como siempre… yo nunca cambié. Y justo entraba Goyeneche : me hizo un pequeño aplauso y me dijo “muy bien, muy bien”. ¡Morán estaba loco conmigo ! Durán, Luís Correa… todos me apreciaban. Después, todo se vino par abajo cuando vino la milicada, lo de Malvinas, todo eso. Y entonces me dieron el raje. Florio dijo “Justo ahora que había uno que canta bien”.

De nuevo en la huella

Después trabajé de tachero. Un día tapé la banderita y fui a buscar a mi hijo, que salía del hospital, porque se había quebrado la pierna. El estaba sentado atrás. Yo venia por Independencia, y al llegar a Perú choqué con un auto que manejaba un viejo que pasó en rojo. Mi hijo con la pierna enyesada, con el choque rompió el asiento de adelante. Y lo peor es que fue en el horario en que yo debía estar laburando con el taxi…. ¡Así fue que se acabó mi trabajo de taxista !

En el Boliche de Roberto, empecé hace más de diez años, por 1998. Antes cantaba jueves, viernes y sábado ; ahora martes y jueves a medianoche, pero siempre a la gorra. Me volví popular porque ahí iba « Luquitas », Lucas Furno, el violinista. A él le debo mucho ; venia al boliche con otros pibes, que no tenían 20 años. Después empezó con una orquesta, La Nocturna, y vinieron al Boliche y lo empezaron a hacer tanguero. También la gente del Arranque frecuentaba al Boliche ; me querían enganchar a mí, pero yo era un hombre grande para ellos, que eran todos pibes. Otro que me iba a ver al Boliche hace tiempo es José Teixido, el marplatense, guitarrista de Amores Tango. Me acuerdo, era jovencito, tenía 16 años. Últimamente me hizo una orquestación par el tango Marionetas que me queda muy cómoda para cantar, porque él conocía mi estilo. Lucas me puso en contacto con los Greco y fue quien me enganchó para la grabación con Amores Tango, como invitado. También soy muy amigo de Ariel Ardit y de los pibes de 34 puñaladas ; con ellos grabé hace cuatro o cinco años la Milonga triste.

En 2011 estuve en el Festival Mundial de tango. Me gustó mucho porque canté acompañado por una verdadera orquesta ; 4 bandoneones, violines, etc. Estaban los hermanos Greco, Boero, ¡todos esos ! También canté en la Casa del tango con la orquesta de cuerdas. Ahora canto en varios lugares : con el Trío del Piso 11, en Sanata, con Amores Tango, y sobre todo en el Boliche de Roberto. Allí nació toda la movida del tango en Almagro. ¡Qué barrio este ! Tiene todo. Gardel, Pugliese, Troilo, Rufino, Tallini, Cadícamo, Celedonio Flores, Pedro Mafia… eran todos de Almagro. Por algo el tango renació otra vez aquí. ¡Hay una energía ! Almagro desborda de tango. Pero cuando a los más jóvenes uno les dice : Ahí tienen a Gardel, el Abasto… se ponen reticentes.

Por qué canto así

Yo canto lo que escuché, muchas veces personalmente. Porque lo que ahora se conoce por disco, yo lo escuchaba en los años 50 en los boliches, en los bailes, en San Lorenzo, donde iba Troilo con Rivero, Floreal. Yo Iba a Corrientes, y por entonces a las tres o cuatro de la tarde estaba Francini Pontier…

Había tango en los cafés. Ahora ya no escucho tanto en la radio, pero sí a Gardel, como troesma. Escuché tanto tango, que cuando arranca una orquesta, ya se de que se trata.

Con todo eso que mamé, es difícil que me entre otra cosa. Todavía no pude terminar de escuchar todo el tango, no tengo tiempo para otra música. Nunca lo tuve y ahora menos.
Pero me gusta la lírica, la canzonetta italiana, Edith Piaf, Amalia Rodríguez. Me gusta el portugués, el francés, el italiano que se habla en Roma, el brasileño de Río… En Caracas canté boleros. Me gustaba mucho la Sonora Matancera. Es música para bailar, pero me gusta mucho. Lo que no me entra es el rock, el ruido.

El tango no es para cualquiera. Vos cantas unos tangos y tenés que parar. Es como una obra de teatro, te metes y no es fácil salir. Escucho tres de Gardel, y paro porque me gasta. Con un amigo nos ponemos a hablar, escuchando, buscando la expresión justa. Con el tango pasa como con las FM : movés un poquito el dial, y se te fue al demonio. Por ejemplo, Sus ojos se cerraron : algunos lo cantan enojados, y no es el tono. Más bien apesadumbrado, como meditando. Rivero decía : Cantá con los intereses, y guardate el capital. Así cantaba Rivero, así cantaba Gardel, Floreal. Para mí, después de Gardel, el mejor cantor fue Rivero con Troilo. Y también Jorge Casal, al que conocí bastante, que parecía un duro, pero era un tipazo. Un día le pregunté cómo hacía para cantar La ultima cita… ¡Una voz así, allá arriba !

Me gustan los tangos compadritos cuando hay un motivo, como en Ventaron, Mala entraña, o Margot. Porque esos tangos tienen un argot que nos era propio. Ahora no es así, la juventud habla de otra manera ; meten mucho ingles ; no puedo concebir que un locutor profesional diga off the record o bonus trac. Se llenan la boca con el bonus track, es un snobismo, y después dicen que el tango es cosa de viejos.

En fin. De los tangos reos, yo canto En un feca. En los años 50, con la orquesta, cantaba Margot y Ventanita de arrabal. El caso de Margot lo conocimos bien en mi época : es la historia de la piba de barrio que se va al trocén porque está agrandada. Yo canto Ventanita de arrabal y advierto a la gente : ¡Escuchen esto ! El tango es testimonial, aunque los conventillos ya no existan. Como en los tangos de Manzi. Fijate qué pintura :

Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,
durmiéndose al costado del terraplén.
Un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren.
Un ladrido de perros a la luna.
El amor escondido en un portón.
Y los sapos redoblando en la laguna
y a lo lejos la voz del bandoneón

¿Qué te puedo decir ? Manzi no escribía, ¡pintaba !

Preferencias

Además de Manzi, mis letristas y poetas preferidos son Discépolo, Cadícamo, José Maria Contursi y Cátulo Castillo. De las orquestas me gusta la sensibilidad de Troilo. Pero Pugliese es una maquina, una aplanadora. Me gustan las ideas de Di Sarli, y también D’Arienzo, pero con el piano de Fulvio Salamanca. ¡Qué pulsación que tenía ese piano, esos agudos grosos ! ¡Ping dong ying yong ! Por entonces tenía más protagonismo el piano en esa orquesta. Me gustaba D’Arienzo con Laborde y con Echagüe. Con Mauré era muy rápida la orquesta.
Esas eran las orquestas consagradas, pero no eran las únicas. Por entonces había fenómenos. Estaban Francini-Pontier, Salgan, Caló, Gobbi, Tanturi... Aunque, si me tuviera que ir a la Luna y pudiera llevar sólo dos discos, me llevo uno de Julio De Caro del año 52, y otro de Gardel. Ahí tengo todo el tango. Claro que después vinieron otros grandes, como Troilo y Piazzolla. De Piazzolla me gusta una parte, porque todo no lo entiendo. Hay cosas que son más música que tango. De Caro fue el primero que empezó con los yeites : sale el bandoneón, entra el violín, etcétera.

Hay miles de tangos, pero hay uno que lo siento muy especial. Esa es la palabra. Hablo de Rubí, que está en mi disco. Yo lo descubrí en el año cuarenta y pico, por Oscar Alonso, un amigo mío. Es difícil cantarlo, porque es un chamuyo, coloquial. Es una pareja que está hablando en un café ; me gusta por que me permite meterme, sacarle verdad. Porque el intérprete tiene que transmitir con sinceridad. Y fijate, lo más lindo que me dijeron, fue un día al terminar el espectáculo, no había más nadie, todos se iban, un tipo se me acercó justo cuando terminaba de cantar y me dijo : « ¡Sabe que le creo ! ». Me quedé loco. Porque yo canto para que me crean. Yo canto, cuento algo, y quiero ser creíble.

Una vez, estaba cantando en el Boliche, y había una chica que me miraba fijamente. Yo me esforcé por interpretar bien ese tango. Cuando terminé, me acerqué y le pregunté ¿Te gustó ? Ella no me contestó, y una amiga que estaba al lado, me dijo : « No te entendió nada, es turca ».

De los tangos que yo no canto, me gusta El ultimo organito, en la versión de Rivero : Las ruedas embarradas del último organito… Esa paz con que canta. Con Rivero siento lo mismo que con Gardel. Esa forma de cantar, serena, natural. Otro tango que me gusta es Sin lágrimas, es un himno al amor, y Canción de ausencia. Me gusta Sur. Antes no me gustaba pero ahora sí, porque lo empecé a cantar y cuando lo cantas, te metes en el tango. Otro es La luz de un fósforo. Después hay tangos que me gustaría cantar para poner un toque humorístico, agridulce, cómo Qué risa y Fangal : Yo la vi que se venía en falsa escuadra...

Entre los tangos instrumentales, Emancipación por Pugliese. ¡Qué tangazo ! Ya el nombre me gusta. Agregale Gallo ciego, también por Pugliese, arreglado por Lavallén ; Pablo ; Piropos ; Mato y voy. ¡Hay tantos tangos hermosos ! Tomá por ejemplo a Di Sarli, La cachila, o mejor aún, Bahía Blanca… La la la ri… la ra raira.

(Pongo una grabación de Pablo por Troilo. La cara de Peredo se ilumina. Tararea la música, imita los instrumentos). Dice : Aquí hay una parte genial de Pepe Basso. ¡Qué piano ! ……… ¡Esto es Troilo ! Después ya no fue lo mismo. Era milonguero. ………. Me pone la piel de gallina. Oí el piano, brom brom, la zurda, parapapim parapapim. Y ahí la está la atorranteada. ¡Qué grande Pichuco ! ... Oí, oí… ¡Pero por favor ! “

Carlos ZITO para TINTA ROJA - N.3 marzo-abril 2012

El Correo. París, 7 de octubre de 2013

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