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8 janvier 2016

Orgía neoliberal en Argentina : Brutal caída del poder adquisitivo y estanflación argentina

 

El gobierno Macri colocó el carro delante del caballo y antepuso los intereses de la alianza que concertó con los sectores agroexportadores, la industria concentrada, el sector financiero y el multimedio Clarín a los derechos del resto de los argentinos.

En menos de 30 días de gestión el presidente Mauricio Macri desarmó buena parte de los avances socioeconómicos alcanzados en la última década, rompió el delicado equilibrio entre capital y trabajo, frustró el intento de recuperación del tejido productivo nacional y, por si fuera poco, interrumpió la incipiente recuperación de la economía.

La población está empezando a pagar de sus bolsillos las brutales consecuencias de una política neoliberal a ultranza que se basa en una notoria transferencia de los ingresos del Estado y la sociedad a los sectores oligopólicos de la economía y el quebrantamiento de la institucionalidad que ha regido al país desde que retornó la democracia en 1983.

En los últimos 30 años jamás ha habido un gobierno con el actual nivel de autoritarismo político y tan regresivo en lo económico.

El hombre que instaló una campaña llena de globos amarillos y promesas de diálogo y amor hoy gobierna con mano de hierro y 200 DNU a una Argentina desconcertada y más cerca de una crisis social cuyas dimensiones aún resultan desconocidas.

En menos de un mes, Macri utilizó los dineros del fisco y le quitó las retenciones al campo y a la industria.

El ex director del Banco Central, Arnaldo Bocco estima que Cambiemos le transfirió al sector exportador, entre los que se incluye al agro y un segmento de la industria, el equivalente a un mes de recaudación que representa unos $ 128 162,3 millones [$ = pesos arg].

Pero a eso hay que sumarle el costo adicional de unos $ 40 mil millones que tendrán que pagar las familias y la industria/agro por los aumentos del 6% en el precio de los combustibles de esta semana y otro 6% adicional ya previstos para marzo de este año. Este dinero que pasará a manos de las petroleras forma parte del acuerdo que hizo Macri con las compañías del sector al colocar en el cargo de ministro de Energía a Juan José Aranguren, quien durante más de 12 años cumplió funciones como presidente de Shell en la Argentina.

A eso hay que sumarle una cifra imposible de calcular a los bancos por la desregulación de las tasas de interés y el negocio del dólar futuro.

Esta telaraña de negocios refleja los primeros resultados de la nueva alianza de Macri con el establishment y la avanzada sobre los sectores asalariados, de ingresos fijos y las pequeñas y medianas empresa. La devaluación de la moneda nacional, que ya alcanza desde que asumió Cambiemos más del 40%, mejoró sensiblemente los ingresos de los empresarios vinculados al sector exportador y, en paralelo, precipitó una suba de precios descomunal que los economistas estiman entre el 30 y el 54% para 2016.

Esta cifra podría ser aún superior si se traspola a fin de año la inflación del 6% prevista para enero por el consultor Orlando Ferreres. Sobre todo tomando en consideración que todavía falta un golpe de gracia : el tarifazo de entre 400 y 500% en las facturas de luz y gas que sufrirán los hogares, industrias y comercios en marzo con el servicio de febrero. Sin embargo, en paralelo, el gobierno a través de sus principales espadas económicas, el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay y el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, buscan diferir en el tiempo y limitar el impacto de las paritarias a un techo del 26%. En este contexto, se explican las declaraciones de Prat Gay extorsionando a los sindicatos bajo el lema de aumentos de salarios o empleos.

Detrás de todo el ruido que giró en torno de la devaluación, el equipo económico intenta reducir sustancialmente el salario en la estructura general de costos de las empresas y, por consiguiente, el poder de compra de los trabajadores. Por ello resulta imperioso para el gobierno y el establishment que exista una diferencia sustancial de, al menos 20 puntos, entre la inflación y el incremento que obtengan los gremios en las próximas paritarias. Es decir, que los trabajadores paguen con sus salarios el costo de la crisis que el propio gobierno generó. Bocco cree que el ajuste apunta a una baja del salario real aún mayor. En la actualidad, el precio promedio por hora trabajada de un operario argentino alcanza a los 20 dólares mientras que en Brasil orilla los 10,80 dólares y en México es de 8 dólares. Este nuevo modelo económico sólo es sustentable con una importante reducción del salario real y un aumento sustancial de la desocupación, que engrose el ejercito de reserva del empleo, genere pavor y limite aún más los reclamos salariales.

« Va a subir el desempleo y las paritarias este año van a ser muy amarretas », presagia Bocco. En este contexto, surge un nuevo dilema porque la caída del salario real, sumado a una menor cantidad de empleo (también por la apertura irrestricta de las importaciones) permite prever una caída importante del PBI en 2016 que, según los expertos rondará entre el 2 y el 3,5%. Este achicamiento de la economía aumentará aún más los niveles de desempleo, de pobreza y de exclusión. A ello habrá que sumarle la « fábrica de pobreza » que implica el aumento descontrolado del costo de vida. La estanflación, esa mezcla de inflación y estancamiento económico, aparece en el horizonte como un mecanismo de control y disciplinamiento social. Los grandes grupos económicos ganarán más dinero, en una economía reducida y con mayor exclusión social.

Esta política de Macri requiere urgente de una respuesta multisectorial que incluya a la oposición política (que hasta ahora no apareció), la unidad de las principales estructuras gremiales, las pymes y las ONG, que pongan un límite a este nuevo modelo neoliberal que amenaza con arrasar los logros de los últimos 12 años y muchos más.

Mariano Beristain par Tiempo argentino

Tiempo argentino. Buenos Aires, 8 de Enero de 2016.

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