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19 avril 2005

Los Huicholes : Costumbres, la magia y la sobrevivencia de una etnia

par Roberto Correa Wilson

 

El nombre indígena de este singular grupo étnico es Wixaricá (Wi-ra-ri-ka), que significa ’adivinos’, aunque sus integrantes son conocidos comúnmente como Huicholes.

De acuerdo con su tradición, los huicholes tuvieron su origen en el Sur, y se perdieron debajo de la tierra, resurgiendo en el Este, en el país de hi-kuri, en el altiplano central de México.

En la actualidad es probable que no haya en todo México otro grupo étnico que conserve tan profundamente sus creencias, cultos y tradiciones.

La población huichol es de aproximadamente 13.000 personas, asentadas en un territorio montañoso de difícil acceso, situado en el noroeste de Jalisco, en la gran Sierra Madre Oriental.

El territorio huichol está calculado en unos 65 kilómetros de largo por 45 de ancho, y su economía se basa en el cultivo de maíz, frijol, y calabaza. También se dedican a la cría de vacas y ovejas, de las cuales obtienen sus productos lácteos y lana.

Los huicholes están divididos en cinco comunidades, cada una regida por un gobierno tradicionalista constituido por un gobernador, un juez, un capitán y un mayor, además, algunos auxiliares.

Esta etnia habita en casas circulares, construidas con piedras y barro, y cubiertas con techo de paja. Sus templos, dedicados a varias de sus dioses, son de forma similar, pero mucho más grandes, con la entrada mirando hacia el Oriente.

El templo principal de la región se encuentra en la comunidad de Santa Catarina, cuyo nombre antiguo es Toa-pu-llí, una montaña cercana y dedicada a la deidad principal Ta-te-wa-li, Dios del fuego.

Hay muchas cuevas sagradas dedicadas a los dioses, que tienen generalmente un pequeño arroyo o un estanque, lo cual les da un carácter sagrado, se llaman Kutsalá y sus aguas se utilizan para fines religiosos.

En las proximidades de Santa Catarina hay una cueva donde cada huichol debe bañarse una vez al año. Para las fiestas, el agua de algunos kutsala se lleva en jícaras al templo.

Muchas fiestas

Los huicholes pasan gran parte de su vida en fiestas y ceremonias. En la temporada de secas y parte de la de lluvias, las ceremonias para hacer llover son frecuentes.

Si durante la temporada de lluvias deja de llover dos o tres días, los principales se reúnen en el templo y deciden sacrificar un buey, lo cual significa una fiesta que dura dos o tres días.

Luego está la festividad de las calabazas nuevas y del maíz tostado, relacionada con el culto al hi-kuri, la más grande de las celebraciones para comer los panes de maíz, venado y beber una bebida local.

El uso del peyote, un pequeño cactus que crece en abundancia en la meseta central de México, es muy importante en la vida de los huicholes, y viajan hacia el Este para recolectarlo.

En los meses de enero y febrero los representantes de las rancherías inician el viaje que dura de siete a 10 días : los buscadores de peyote permanecen tres días en el lugar.

Al regresar se dedican a cazar venados y después de cocinarlo entre piedras calientes, la carne se corta en trozos pequeños, se seca y se guarda hasta la fiesta.

Luego los buscadores de peyote preparan el campo comunal donde se sembrará el maíz en meses posteriores. Desde que se inicia la búsqueda de los peyotes, y hasta que se termina la fiesta mantienen una abstinencia de sal y de relaciones sexuales.

Tampoco se permite el baño tanto a hombres, mujeres y niños que toman parte en la danza de la fiesta. Durante la ceremonia del peyote se pintan los rostros con diseños de la simbología mística huichol.

Como todos los grupos indígenas de México, los huicholes apenas subsisten en sus refugios, y cinco siglos parecen separarlos de los frutos de la civilización y el progreso.

México, 10 abril del 2005

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