recherche

Accueil > Les Cousins > Mexique > Los 43 desaparecidos de México en Ayotzinapa

12 février 2015

México, « a la sombra de la cuerno de chivo »

Los 43 desaparecidos de México en Ayotzinapa

par Guadi Calvo *

 

A nadie puede sorprender en México la desaparición de cuarenta y tres personas. Lo sorprendente sería que aparecieran y, mucho más todavía, que lo hagan con vida. Durante los últimos diez años, en el marco de la guerra entre los diferentes cárteles de la droga, se han producido entre 85 mil y 120 mil muertes y entre 50 mil y 60 mil desapariciones. Quizás lo que llama la atención a los que no han seguido esta guerra desde un principio, ha sido la repercusión mediática de este secuestro masivo que, a primera vista, es tan igual e intrascendente como los miles que se producen con frecuencia exasperante en México.

Los sicarios en ese país son miles porque no están bien pagos respecto a los estándares internacionales. En México no alcanza a pagarse 600 dólares, mientras que en países del primer mundo pueden llegar a alcanzar los 15 mil. Entonces, los sicarios y la soldadesca de los cárteles deben trabajar a destajo o intentar progresar por la propia.

Un ejemplo de esto es lo sucedido en abril de 2011, cuando se encontró en San Fernando (remoto y sencillo pueblo del norte mexicano, del Estado Tamaulipas) una fosa clandestina con 190 cuerpos de migrantes centro y sudamericanos. Hasta aquí, tampoco nada demasiado llamativo. Sin embargo, en agosto del año 2010, en ese poblado de menos de 30 mil habitantes ubicado a 140 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, habían sido encontrados otros 72 cadáveres, igual de abandonados e ignotos.

El secuestro masivo de migrantes en tránsito hacia los Estados Unidos forma parte de las fuentes de recursos de las organizaciones delictivas mexicanas. En 2009, pocos meses después de iniciarse ese lucrativo emprendimiento, se estimaba que las bandas habían conseguido alzarse con 50 millones de dólares, una cifra insignificante para los capos de un cártel, pero llamativa, al menos, para alguno de sus capitanejos y mucho más para los policías que siempre forman parte de la empresa.

El negocio suele ser redondo : roban a la víctima lo que ella lleve encima (que nunca pasa de un par de miles de dólares). Se sabe que la inmensa mayoría de los migrantes clandestinos tienen un pariente instalado en los Estados Unidos, a quien se le reclama el rescate. A veces es un servicio “puerta a puerta”, es decir, la misma banda se encarga de cruzarle la frontera y dejar al pariente o amigo secuestrado en la casa de quienes lo esperan en Estados Unidos. Y, si algo falla, esta clase de secuestradores son de enterrar sus errores.

Los secuestros masivos forman parte de una práctica que se ha desarrollado mucho en México, pero es imposible cuantificar la cantidad de migrantes ilegales que entran al país por la frontera sur con Guatemala, en busca de alcanzar la frontera norte con los Estados Unidos. En esos casi tres mil kilómetros, los viajantes suelen verse acechados por infinidad de peligros : desde la policía corrupta que les exigen dinero para no ser deportados, hasta “coyotes” o “polleros”, baquianos de la frontera, que por un par de dólares o lo que se tenga, pueden hacerlos pasar “al otro lado” sin mayores problemas. Si son sorprendidos por las patrullas de migraciones norteamericanas o por los “minutemen”, organización paramilitar conformada por grupos de ganaderos norteamericanos dispuestos a evitar la invasión de miserables a su bendita América, los migrantes serán abandonados a su mala suerte, y si no son devorados por el desierto, serán detenidos y remitidos a sus países de origen por las autoridades. Es aquí donde surge el único dato más o menos preciso : los deportados en esa situación son alrededor de un millón al año.

Por otro lado, las mujeres corren un riesgo extra. La mayoría, sin importar la edad, serán violadas al menos una vez en algún punto del trayecto, tal es así que la policía fronteriza de Guatemala les aconseja tomar anticonceptivos. Las más jóvenes y bonitas suelen ser vendidas a los prostíbulos del sur, en Tapachula especialmente, conformando así un centro de turismo sexual a nivel mundial. Este es el estado general de la situación de violencia e inseguridad en México. Si subimos en ese espiral a las esferas de la actividad de los grandes cárteles, las cifras en dólares y muertos es astronómica.

Cárteles y cartelitos

En México están identificados nueve cárteles de la droga : Cártel del Pacífico, Los Arellano Félix, La Familia Michoacana, Carrillo Fuentes, los Beltrán Leyva, Los Zetas, del Golfo, los Caballeros Templarios y Jalisco Nueva Generación. Cada una de estas organizaciones cuenta con subgrupos, bandas operacionales o grupos de choque según como quieran llamarles. Por ejemplo, el cártel del Golfo contiene con una docena de pequeñas organizaciones tributarias, los Zetas nueve, ocho el cártel del Pacífico y los Beltrán Leyva seis. Estas organizaciones operan en 23 Estados de los 30 en que se divide el país.

En Guerrero, el Estado en que el 26 de septiembre pasado se esfumaron 43 estudiantes, operan cuatro de los anteriormente nombrados cárteles : Zetas, el del Pacífico, los Caballeros Templarios y el de los Beltrán Leyva, a los que hay que sumarles 21 de esos grupos operativos vinculados con las organizaciones mayores. El estado de Guerrero es, por otra parte, el segundo en producción de marihuana y de amapola de la que se deriva el opio y la heroína.

Es ese marco de situación en que estos jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, ubicada en el poblado guerrerense de Ayotzinapa, fueron secuestrados por una de las bandas tributarias de la Familia Michoacana : Guerreros Unidos o La Nueva Empresa. Cuando los normalistas volvían en varios ómnibus tras haber participado de un “boteo”, (escrache) contra las autoridades municipales, fueron detenidos por un retén compuesto por policías de Iguala y Cocula. El ataque de los estudiantes a los buses, tuvo como consecuencia seis estudiantes muertos, 25 heridos y la desaparición de los 43 que todavía hoy el mundo reclama frente a la pasividad del Estado Mexicano.

Las investigaciones aclararon que fueron los policías municipales quienes finalmente entregaron los estudiantes a hombres de Guerreros Unidos y, desde entonces, sólo el silencio. Apenas conocida la noticia, el alcalde de Iguala José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda, su mujer y candidata a sucederlo en el cargo, escaparon del pueblo. Tras un mes como prófugos, fueron detenidos por la policía en Cedro 50, colonia Tenorios, delegación Iztapalapa, barrio humilde de la capital mexicana.

En seguida se sabría que la aspirante a alcaldesa era nada menos que la hermana de Marco Alberto y Marco Antonio Pineda Villa, ambos muertos en 2009 en distintos enfrentamientos armados, e hija de María Leonor Villa Orduño. Toda esta parentela estaba vinculada a Arturo Beltrán Leyva, alias “Jefe de Jefes” (una rotunda mentira, sólo un capitanejo alzado) o también conocido como “La Muerte”, “El Barbas” o “El Botas Blancas”. La espectacular muerte de Arturo Beltrán Leyva en Cuernovaca, Morelos, en diciembre de 2009 lo catapultaría a la fama mundial.

El vínculo entre la familia Pineda Villa y el grupo Guerreros Unidos o Beltrán Leyva, no hace más que replicar en tamaño municipal lo que en México sucede en todos las esferas del Estado. La vinculación narcos-políticos es una realidad tan incontrastable como que México es técnicamente un estado fallido.

Con vida los llevaron, con vida los queremos

Las multitudinarias marchas que se realizan en todo México, corean indignadas el mismo slogan que se impuso en la Argentina a la hora de reclamar a sus desaparecidos : “Con vida los llevaron, con vida los queremos”. Un reclamo, un pedido, un ruego, una oración que se vinculan a un mismo deseo, que tendrá el mismo destino : prolongarse en el tiempo.

Sin duda, el presidente Enrique Peña Nieto sólo tiene una salida : apostar al olvido y a que la falta de respuesta y el conjunto de nuevas leyes que le permitirán criminalizar las protestas con penas de prisión, comience a minar el ánimo de los mexicanos. Sobre todas las cosas, las multitudinarias manifestaciones deben comenzar a espaciarse, a vaciarse hasta el ansiado “aquí no ha pasado nada” del mandatario mexicano y su gobierno.

México está lacerado por la corrupción. La masa de dinero que produce el narcotráfico hace que prácticamente no haya ningún funcionario que pueda resistirse a la oferta de un cártel y, si lo hubiera, ellos han encontrado una solución : “Plata o plomo”. Sin mucho más que eso y miles de millones de dólares, la droga tiene comprado México y con ello a todo su mobiliario. Desde simples concejales municipales a generales del Ejército, desde gobernadores a sillones de directorio en cuanta empresa les interesa, desde botas de cuero de víbora a presidentes, desde putas a ministros, desde el periodismo al armamento más sofisticado que se puede adquirir en el mercado negro. Esto último incluye sus amadas y distintivas AK 47. El mítico invento de Mijael Kalashnikov, un militar soviético, que se convirtió en el arma de fuego que mayor cantidad de personas ha matado en el mundo. Asimismo, es la única que aparece en una bandera nacional como es el caso de Mozambique, que ha estado en todos los conflictos del mundo de mitad del siglo XX hasta hoy y a la que los narcos mexicanos llaman cariñosamente “la cuerno de chivo”, por la curvatura de su cargador.

No sería extraño que, si las manifestaciones que reclaman a los estudiantes de Ayotzinapa llegaran a jaquear al gobierno hasta ponerlo al borde del nockaut, sean ellos mismos quienes salgan a terminar, de la peor manera, con los revoltosos. Se estima que el brazo armado del narcotráfico supera los 500 mil hombres, por lo tanto, no les van a faltar combatientes a la hora de terminar con las manifestaciones. A la hora de asesinar, tampoco el sicariato del narcotráfico se toma la cuestión a la ligera, lo hacen según la cantidad que tengan que matar y el tiempo que dispongan con una panoplia de posibilidades que a los muchachos del Reichsführer de las Schutzstaffel (S.S.) Heinrich Himmler los harían sentir una hermanita Ursulina.

A nadie en realidad le importa que los cárteles de la droga mexicanos dejen de funcionar más que al pueblo mexicano. Sus mejores y casi exclusivos clientes son los Estados Unidos y nada hacen por detener el ingente trafico por sus frontera, mares y cielos, ya que además de convertir en ricos a otros muchos funcionarios y allegados, la droga se ha convertido, más que en un problema, en una solución. La utilizan como un regulador social : más conflictos sociales, más droga al mercado y más barata ; una ecuación tan perfecta como perversa. El ex presidente Bill Clinton, reconoció en 2007 que Estado Unidos consume el 50% de toda la producción mundial, cuando su población sólo significa el 5%. Los números no mienten.

Los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa fueron víctimas de una trama que por mucho los excedía. Sin duda murieron sin saber por qué iban a morir, como nos pasa a los que seguimos vivos, sin saber bien tampoco por qué.

Hamartia. Buenos Aires, 11 de Febrero de 2015

Retour en haut de la page

El Correo

|

Patte blanche

|

Plan du site

| |

création réalisation : visual-id