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23 août 2010

Las nuevas identidades religiosas

par Francesc Torradeflot

 

“El desafío de este siglo 21 no será el diálogo entre religiones sino el diálogo entre personas religiosas y no religiosas”. Es una de las ideas centrales de este experto en religiones, que nos propone un breve diagnóstico de la situación de las religiones “ante la oferta y la demanda”, haciendo un repaso de las nuevas identidades religiosas que vemos surgir por todas partes.

El hecho religioso, en su vuelo libre y creativo, ha evolucionado y se ha desplazado tomando nuevas formas que suponen un auténtico desafío para unos -especialmente políticos y jerarquías religiosas-, porque temen perder un no sé qué que no tiene nada de religioso, y para otros, porque no todo lo que aparece tiene el mismo valor. Para algunos se trata de un retorno de lo religioso, rectificando los pronósticos de una secularización prevista que no llegó. Para otros se trata de la pervivencia de un hecho antropológico connatural al ser humano, que siempre ha sido un homo religiosus, según nos enseñaron Mircea Eliade y Julien Ries, entre muchos.

He intentado una clasificación de las relativamente nuevas tendencias en las que se presenta hoy el nuevo aliento religioso. De ellas se derivan diversas formas de estructuración socio-comunitaria bien concretas. Ninguna de estas actitudes o tendencias se da en estado puro, ninguna es incompatible con las otras y a menudo aparecen en el interior de las tradiciones religiosas o convicciones no religiosas más clásicas.

Religión sin el filtro de las iglesias

En primer lugar nos encontramos con el fenómeno de la no adscripción religiosa. No se trata de indiferencia religiosa ni de rechazo a la religión. Es la actitud de personas que se interesan por la religión o por la convicción religiosa, más allá de sus dimensiones tradicionales o de su función socio-cultural.

Por un lado, no quieren identificarse con las instituciones sociales que dicen representar la religión y, por otro lado, sólo se interesan por la dimensión moral o espiritual de esa tradición, a la cual consideran que pueden tener acceso sin necesidad de pasar ya por el filtro del poder institucional (jerarquías, ritos, organización, creencias), que pretende y se auto¬proclama preservador y detentador exclusivo de esa tradición ética y de esa herencia espiritual.

Una posible deriva colateral de esta actitud es lo que algunos llaman actualmente la “religión a la carta”, donde la religión se convierte en un objeto de consumo, acomodado, instrumentalizado, banalizado.

Religión como autoayuda

En segundo lugar, encontramos el fenómeno creciente del spiritual counseling -nada lejano del spiritual coaching-, donde la religión y la espiritualidad son consideradas fundamentalmente como un factor terapéutico de equilibrio emocional y salud psíquica y física.

En la radio pública catalana, la que tiene mayor audiencia en Cataluña, se apostó con riesgo por desplazar un programa deportivo para colocar un programa de espiritualidad new age conducido por un psicólogo y periodista, Gaspar Hernández, que desde entonces no hace más que aumentar audiencia, sumar premios y escribir libros que son bestsellers.

Religión como búsqueda espiritual

En tercer lugar, es necesario reconocer que una de las nuevas formas religiosas actuales es la del buscador espiritual (seeker).Toda experiencia religiosa es un camino personal que conlleva una búsqueda sincera e inacabada de la verdad, una apertura a la trascendencia. Lo que es nuevo en esta identidad es que no se trata solamente de un estado pasajero, sino de una actitud virtuosa que ensalza el valor de la libertad, la honestidad y la realización del ser humano como proceso abierto y constante, que pretende acercarse así a la infinita riqueza de la Realidad.

Para el buscador, que se inscribe dentro de una cultura de la autenticidad, la espiritualidad es distinta a la religión como moral, cuerpo de doctrinas, ritual o institución. Para Charles Taylor, el futuro de la religión depende en gran medida de las sinergias que se produzcan entre las autoridades religiosas establecidas y los seekers, a quienes él considera los “creativos de la religión”.

Religión de varias religiones

En cuarto lugar, nos encontramos con la múltiple adhesión o militancia religiosa. Muy a menudo esto se traduce simplemente en una identidad religiosa múltiple o en una simpatía amplia a diversas formas religiosas.

Se trata de identificarse a la vez con varias tradiciones religiosas, generalmente de cierta raigambre y prestigio. La misma persona las confiesa simultáneamente, no necesariamente de manera confusa. No se trata de una amalgama ecléctica, sí de un sincretismo muy relacionado con la biografía personal de cada individuo.

Es prácticamente imposible que la persona con esta identidad practique a la vez los rituales de diferentes tradiciones religiosas, pero es habitual, en estos casos, que utilice los textos sagrados, las técnicas de meditación y algunas de las doctrinas de diversas religiones para vivir más intensamente su encuentro con la Realidad.

La persona con esta actitud considera que las identidades religiosas son dinámicas y no necesariamente unívocas y que la plenitud humana no debe siempre expresarse sólo desde una única manera de formular e interpretar la Realidad. Más bien, la diversidad, vivida en armonía y sin confusión en el seno de sí mismo, ayuda a experimentar mejor la inmensidad de la Realidad y a entender mejor el mundo y a sí mismo.

Laicismo como seudo-religión

En quinto lugar, el laicismo es otra identidad, como un desplazamiento del hecho religioso. Cuando se vive como un absoluto, el laicismo tiende necesariamente al dogmatismo y al exclusivismo, tal como ha sido históricamente la tendencia del fundamentalismo religioso.

El laicismo pretende reducir la religión al ámbito de la estricta privacidad, convirtiendo la religión en uno de los últimos tabúes de las sociedades libres. Con la excusa de evitar la confusión entre el Estado y la religión propone una separación total, alejando artificiosamente a la religión del espacio público y facilitando la impunidad y el autoritarismo de las jerarquías religiosas, a cambio de que limiten su poder al ámbito de su comunidad.

Entendido así, el laicismo es una seudo-religión que da sentido a la vida de algunos. Se pretende heredero casi exclusivo de la modernidad científica y de la ilustración racionalista. Tiene como valor máximo la idea de “ciudadanía”, entendida como un molde uniforme en el cual se diluyen las identidades para que se puedan garantizar los valores de la igualdad, la libertad y la solidaridad o “fraternidad”. El laicismo se alimenta en gran medida de los confesionalismos, sean manifiestos o encubiertos y tendrá vida mientras queden resquicios de confesionalismo en los Estados.

Religión desligada de la cultura

En sexto lugar, existe también una identidad en la religión pretendidamente desligada de cualquier forma cultural.

El proceso de secularización ha alejado la religión de la cultura : la religión vive alejada de la cultura y, por eso, no tiene sentido la teoría del choque-diálogo de civilizaciones. Las conversiones son una prueba de esta desconexión entre cultura y religión. Lo religioso, especialmente el fundamentalismo religioso, vuelve hoy al espacio público, pero desprovisto de cultura.

Esta eliminación de lo cultural parece un requisito para la universalización de la religión. Y es curioso que los grupos religiosos que más crecen actualmente son los que menos requerimientos culturales exigen a sus fieles.

Religión sin creencias

Por último, existe también la “religión sin creencias”. Más allá de la distinción entre fe y creencias, muy habitual en la Filosofía de la Religión y en la Teología, existe también esta nueva identidad. A partir de aquella distinción, descubrimos una tendencia creciente, en sectores de cierto nivel social y de inquietudes culturales y artísticas. Proliferan ciertos grupos e iniciativas que se interesan por el hecho religioso y por las religiones como una experiencia humana de plenitud o como una sabiduría al margen de creencias, de doctrinas, de rituales, de la moral y de las manifestaciones institucionales en que habitualmente se traducen las religiones.

En esta identidad la experiencia religiosa se entiende como un camino y una realización personal e interior del ser humano que, por supuesto, tendrá repercusiones en su vida social. Para ello es fundamental acceder a la experiencia mística a través de textos de maestros religiosos, muchos de ellos tradicionalmente olvidados, cuando no perseguidos, por sus respectivas instituciones religiosas. El acceso a esos textos es hoy posible debido a la inmensa obra de traducción y divulgación desarrollada especialmente en la segunda mitad del siglo 20.

La hermenéutica textual que proponen quienes viven esta identidad es la simbólica y espiritual, rechazando las lecturas literales o moralizantes, no por ser falsas -lo que también podría ser-, sino por ser inútiles para facilitar una experiencia humana viable en las actuales sociedades postindustriales.

Religión sin religión :¿la única sostenible ?

Los teorizadores de esta identidad, especialmente Mariano Corbí y Amando Robles, hablan de “religión sin religión” y consideran que ésta es la única actitud religiosa que será sostenible en nuestro nuevo paradigma cultural, fundado en la libertad y en el continuo cambio. Esta opción permite el acceso a la experiencia espiritual a quienes son no teístas y ateos, a la vez que a los propios teístas. Aquí las creencias pierden su valor central y se convierten como mucho en útiles para la experiencia espiritual personal de descentración o liberación del ego personal y social. Aquí las creencias no pueden ser ya justificación para la manipulación del hecho religioso por parte de intereses no religiosos.

- Extractos de su aporte en el XVII Foro religioso de Vitoria, marzo 2009.

Envio n° 340. Nicaragua, Julio de 2010.

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