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19 mars 2011

Heroínas cubanas en la historia de la isla

 

Recordamos diferentes etapas del papel de las mujeres cubanas en la historia de la isla. Resistencia, coraje, lucha y dignidad fueron y son elementos esenciales de su espíritu.

Con la llegada de la conquista y la colonización - los últimos años del siglo XV y principios del XVI- a lo que hoy se conoce como América, los invasores europeos se encontraron con la resistencia de los pueblos originarios. En el caso cubano, el cacique Hatuey trató de levantar a los indios en la región oriental para luchar contra los españoles. Luego de pocas batallas, Hatuey cayó preso y fue condenado a morir en la hoguera. El resto de los originarios, tanto varones como mujeres, fueron obligados a trabajar sin descanso y paulatinamente murieron de cansancio o de distintos tipos de enfermedades.

Tras la desaparición, prácticamente total, de los pueblos originarios estos fueron sustituidos por esclavos negros traídos a la fuerza desde África. El 50 por ciento de las mujeres eran esclavas y concebidas para tener hijos y mantener el apellido del hombre. También fueron usadas como objetos sexuales.

La masa femenina esclava trabajaba en las plantaciones y en labores domésticas en los últimos años del siglo XV y principios del XVI. Padecían de maltratos de todo tipo y desconocían hasta las más intimas relaciones filiales y familiares. No tenían acceso a la educación ni a la salud, recibían castigos corporales y eran conducidas al tronco o llevadas a los cañaverales, donde trabajaban de sol a sol, bajo el grito y el látigo del mayoral. Ante estos y otros horrores, parte importante de los esclavos huían a cuevas y montañas para protegerse, adquiriendo el nombre de cimarrones.

Uno de los levantamientos esclavos, ocurrido el 5 de noviembre de 1843, fue en el ingenio Triunvirato. Encabezado y dirigido por una esclava de origen Lucumí, llamada Carlota, quien dirigió una rebelión que se extendió por toda la provincia de Matanzas y que incluyó cafetales y fincas ganaderas. Carlota murió en otro levantamiento cuando estaba combatiendo contra los amos y la esclavitud en el Ingenio San Rafael.

Del otro lado, las mujeres pertenecientes a las castas privilegiadas y de otros sectores sociales eran discriminadas y marginadas de la toma de decisiones económicas, políticas y familiares. La naturaleza explotadora del colonialismo se refleja en el bajo número de mujeres instruidas en la década del sesenta del siglo XIX, donde solo alrededor del 23 por ciento de la población femenina sabía leer y escribir. Este dato demuestra la inferioridad de las féminas en la vida ciudadana y sirvió como caldo de cultivo para la discriminación racial y sexista.

El grito de independencia pronunciado por Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua -cerca de Manzanillo-, tuvo dos actos de amplia trascendencia : liberó a los esclavos de su propiedad y dio a conocer un documento que ha pasado a la historia como el manifiesto del Diez de Octubre. En él se expresaban las razones que asistían a los cubanos para separarse de España, como así también otros elementos de interés.

Desde aquellos momentos las mujeres ocuparon un lugar importante en el desarrollo de la guerra. En los pueblos y ciudades sirvieron como correos, recolectaron armas, ropas, medicinas y dinero para apoyar la insurrección. En los campos de batalla colaboraron en los hospitales de sangre, en los traslados de avisos e información, como en otras importantes tareas.

El 14 de abril de 1869, en Guáimaro, Camagüey, se realizó la Asamblea Constituyente de la República en Armas. Allí se escuchó por primera vez una serie de exigencias de derechos para las mujeres cuando se leyó la carta de Ana Betancourt de Mora dirigida a los principales jefes de la guerra independentista. “Ciudadanos : la mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime en que una revolución justa rompe el yugo y le desata las alas. Aquí todo era esclavo, la cuna, el color y el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. ¡Llegó el momento de libertar a la mujer !”

En esta primera lucha contra el colonialismo español -conocida como la Guerra de los diez años porque se desarrolló entre 1868-1878- destacadas mujeres, como Mariana Grajales, la madre de la patria ; simbolizan la presencia de las cubanas en la lucha independentista. Ya anciana se alzó junto a sus numerosos hijos, tras hacerlos jurar que lucharían hasta la muerte, y sirvieron en el ejército libertador.

Tras el fracaso de la guerra de los diez años, resultó significativa la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado ya que había pocos hombres como consecuencia de la contienda bélica. De esta manera, los medios de producción comenzaron a incorporar féminas en talleres y tabaquerías, en su mayoría viudas o huérfanas. También se produjo un auge en el surgimiento y actividad de las asociaciones femeninas de carácter religioso y filantrópico, que posibilitaron a la mujer la conquista de determinados espacios públicos y un pequeño reconocimiento social en general.

En la primera etapa de la liberación están presentes las raíces de las luchas femeninas, ya sean aisladas, organizadas o espontaneas ; instituidas a través de los clubes patrióticos o asociaciones religiosas. Así, las cubanas contribuyeron al proceso de consolidación de la nacionalidad. Parieron una de las características distintivas de las luchas femeninas : la unidad y el combate por los derechos ciudadanos de la mujer y la independencia nacional.

Luego de una prolongada tregua, se dio inicio a la guerra de 1895, pensada y diseñada por José Martí. El 24 de febrero de ese año se produjo una serie de alzamientos en casi toda la isla, principalmente en la provincia de Oriente, y hubo fuertes enfrentamientos entre las tropas españolas y cubanas.

Otra vez, las mujeres fueron parte de la lucha por la libertad de Cuba del yugo español : formaron parte de los clubes patrióticos, buscaron recursos y materiales para iniciar la guerra. Luego, en el desarrollo bélico, estuvieron al frente de hospitales y en la logística o en el combate directo contra las tropas españolas.
Fiel ejemplo de aquella luchadoras fueron : Adela Ascuy, Capitana de Sanidad Militar en más de cuarenta batallas ; Isabel Rubio, conspiradora en la provincia occidental de Pinar del Río, muerta en combate ; y Mercedes Sirven Pérez, a quien le fue otorgado uno de los grados más altos dentro del ejército mambí.

Hacia el final de 1897, las tropas mambisas ocupaban gran parte del territorio cubano, mientras que el ejército español estaba en franco retroceso y la guerra parecía llegar a su fin : se lograba así la ansiada independencia de la colonia europea. Pero el gobierno de Estados Unidos, en su afán imperial, decidió enviar a La Habana una flota de buques para cuidar de sus intereses y el 15 de febrero de 1898, estalla en la bahía de la capital el buque estadounidense Maine, lo que sirvió como excusa para que este país declarase la guerra a España e interviniese en el conflicto, conocido por los anales como la Guerra hispano-cubana-americana.

Al finalizar la Guerra Necesaria en 1898, no surgió la República añorada por los cubanos. La intervención estadounidense en la gesta libertaría de los cubanos contra España frustró la victoria casi segura de los antillanos. El período 1898-1902 constituyó un momento especial para la historia de Cuba y para el calor de las luchas femeninas, signado por los resultados nefastos de la ocupación norteamericana.
Las actividades de los clubes femeninos adquirieron un carácter caritativo y sus esfuerzos son dirigidos al auxilio de mujeres viudas o niños huérfanos, a tono con las condiciones socioeconómicas reinantes.

Para está época hubo una gran incorporación de mujeres a los servicios de salud y a otras tareas que antes eran realizadas por hombres. Las patronales veían más fructuoso contratar a las trabajadoras por ser una fuerza de trabajo más barata. En esta etapa reinó, entre otras cosas, la falta de derechos para la mujer.

Tomás Estrada Palma asumió la presidencia de la República el 20 de mayo de 1902, convirtiéndose en el primer presidente de un país atado a Estados Unidos. Este se caracterizó por estar al servicio de los intereses económicos y políticos del vecino país, y por marcar la pauta de cómo actuarían todos los gobernantes de la república neocolonial.

En las primeras décadas del siglo XX el movimiento feminista desarrolla una serie de reivindicaciones como el derecho al sufragio y al divorcio. Hubo también un alto crecimiento de conciencia de igualdad y el acceso de mujeres a centros educacionales de enseñanza media y superior. El 18 de julio de 1917 se aprobó la ley de la patria potestad y el 30 de julio de 1918 la ley del divorcio.

La dictadura de Gerardo Machado (1930-1933) condicionó, de alguna manera, el desarrollo de las luchas femeninas y las mujeres tomaron parte en el proceso de lucha contra la dictadura. Se distinguieron dos corrientes básicas : la nacional-reformista, representada por asociaciones religiosas y caritativas ; y la radical, como la Unión Laborista de Mujeres, de la cuál nació la Unión Radical.

Con la caída de Machado, en agosto de 1933, el “gobierno de los cien días” designó a dos mujeres como alcaldesas de diferentes municipios : Caridad Delgado y Elena Ascuy. En 1934 el presidente del Gobierno Provisional, Grau San Martín, firmó la ley que otorgaba el derecho al voto a las mujeres.

En las elecciones de 1944 se presentaron algunas mujeres como candidatas de diferentes partidos políticos. Grau San Martín asumió la presidencia del país y defraudó al voto femenino ya que sirvió a los intereses de Estados Unidos. Su gestión estuvo marcada por la corrupción generalizada y el gangsterismo como elemento represivo oculto, entre otros. A comienzos de 1948 asumió la presidencia de Cuba Carlos Prío Socarras, del Partido Autentico, tras fraudulentas elecciones. El 10 de marzo 1952, a sólo 52 días de festejarse los próximos sufragios donde se suponía seguro ganador al Partido Ortodoxo -con un programa de reformas anti corruptas-, el general Fulgencio Batista encabezó un nuevo golpe de Estado.

Se abrió una nueva etapa de lucha para las mujeres cubanas, quienes se nuclearon en diferentes organizaciones para enfrentar a las fuerzas represivas. Surgió el Frente Cívico de Mujeres Martianas y Mujeres Oposicionistas Unidas, quienes reconocían el derrocamiento de Batista como el punto fundamental de su programa.

El 26 de julio de 1953 fueron atacados los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en la provincia de Oriente, bajo las órdenes de un joven abogado llamado Fidel Castro. En la acción participaron Haydée Santa María y Melba Hernández. Fracasada la acción, muchos de los participantes fueron capturados, torturados y luego fusilados. En su de defensa, Castro denunció la dictadura con su alegato conocido como La historia me absolverá.

Gracias al fuerte reclamo popular de liberar a los asaltantes al cuartel Moncada, la dictadura dio la amnistía a Fidel Castro y sus compañeros. Al salir de prisión se fundó el Movimiento 26 de julio, con Haydée Santamaría y María Antonia Figueroa en la dirección nacional. Desde México se organizó la expedición que diera inicio a la lucha armada, como único camino posible, para alcanzar la liberación nacional.

Celia Sánchez fue la encargada de organizar la recepción de los expedicionarios que venían desde México hacía la Sierra Maestra, en el oriente cubano. En paralelo se desarrollaba una acción armada para distraer a las fuerzas batistianas. En estas actividades, dirigidas por Frank País, se destacaron Vilma Espín, María Antonia Figueroa, Gloria Cuadros, Asela de los Santos y Haydée Santamaría.

En la lucha guerrillera la participación femenina, tanto en las ciudades como en las sierras, fue elevada y asumieron diversas responsabilidades, al igual que los varones. El pelotón de Las Marianas estaba compuesto únicamente por mujeres.

Al triunfar la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959, la dirección de ésta inició una serie de profundas transformaciones en la vida y el crecimiento político, económico, cultural, social de la sociedad cubana. Las mujeres se incorporaron a espacios públicos y de poder, siendo actores principales de los proyectos de la revolución como la Campaña de alfabetización, la reforma agraria, la nacionalización de las empresas extranjeras, entre otras.

En agosto de 1960, las organizaciones femeninas del país se juntaron para fundar la Federación de Mujeres Cubanas, con el fin de borrar la discriminación de la mujer. Entre las tareas de la organización se definió la preparación de la mujer para la participación en todas las esferas de la sociedad.

La igualdad de derechos y oportunidades obtenidas con el triunfo y el mantenimiento de la Revolución arrojan los siguientes datos que retratan la actual situación del género femenino en la vida social de Cuba : constituyen el 46,7 por ciento de los empleados del sector estatal civil ; el 67 por ciento de los graduados universitarios ; el 65,7 por ciento de técnicos y profesionales ; el 70 por ciento de los trabajadores de la salud y la educación ; el 51 por ciento de los investigadores ; 56 por ciento de los jueces ; y en el Parlamento alcanzan el 43,32 por ciento.

Por Santiago Masetti
APM. La Habana, 12 de marzo de 2011.

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