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27 juillet 2016

Exasperación
Hacia una gran parte de la élite política dirigente mundial.

par Jacques Sapir*

 

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Un sentimiento compartido en muchos países del mundo, incluida América Latina, que se traduce a través « de una mezcla de cólera, de desesperación, de frustración en lo referente a las posibles salidas de la situación, inmersa en un sentimiento de urgencia. ». También deben dar lugar a la reflexión, las consecuencias que se producen en cuanto a la vida política, al funcionamiento de las instituciones y a la democracia. EL CORREO

Un nuevo término se está incorporando al debate político, el de la exasperación. Y ciertamente una parte importante de la población francesa se halla exasperada. ¿De qué se trata ? De una mezcla de cólera, de desesperación, de frustración en lo referente a las posibles salidas de la situación, inmersa en un sentimiento de urgencia. Pero si reflexionamos, la exasperación puede ser analizada en términos políticos. Puede convertirse en un nuevo contexto susceptible de hacer cambiar las futuras decisiones políticas y en especial las referentes a la elección presidencial [en Francia] del 2017.

Definir la exasperación

Es necesario aclarar, en primer término que entendemos por « exasperación ». Todo el mundo sabe intuitivamente qué es estar exasperado. Pero políticamente tiene otro significado. Esta exasperación se halla dirigida en su mayor parte hacia la élite política dirigente. Y aún más, se traduce en una pérdida de legitimidad de las instituciones gubernamentales. Se trata de esa forma particular y aguda de la crisis de legitimidad de las instituciones conocidas de muchos países europeos, pero también del exterior del espacio europeo como actualmente es dable observar en los EEUU con el fenómeno Donald Trump (pero también con Bernie Sanders) [ni hablar de Argentina y América Latina en general]. Es una exasperación que tiene su origen en el sentimiento de alienación que están experimentando grandes grupos de población.

Este sentimiento puede originarse en la esfera económica y social y se cristaliza en el papel de la esfera financiera, en los bancos y el dinero. Pero tiene también un origen más político. En tal sentido tienen gran parte de culpa los comportamientos antidemocráticos de los dirigentes y de las instituciones europeas. Es decir que traduce la pérdida del control sobre su entorno, inmediato o distante y que deriva de la mundialización [1], pero también del papel jugado en esta última por la Unión europea como pudo verse en Francia en el primer semestre del corriente año en oportunidad del tratamiento de la « ley laboral ». Este sentimiento se vuelve mucho más fuerte cuando se producen acontecimientos trágicos, como los atentados de estos últimos dieciocho meses en Francia que muestran cruelmente a la luz la ineptitud del gobierno y del Presidente [Sapir J., «  Cinq questions sur Nice  », 22/07/2016,]] o que se conoce el ejemplo de otros países (Rusia por ejemplo) que parecen ser aún dueños de sus propios destinos. Esta exasperación tiene mucho que ver con el tema de la soberanía.

Exasperación y voto

¿Cómo se cristaliza ese sentimiento de exasperación en los votos ? Se puede a partir del principio de que se vota por la adhesión a ideas, por temor a otras ideas o por personajes políticos. El « voto protesta » del que se ha hablado mucho en Francia a propósito del PCF entre los años 1960 y 1980, luego del FN y últimamente sobre Melenchon, aunque en realidad excede esta categoría. Sin embargo los observadores políticos no tenían la sensación actual de hallarse frente a un electorado efectivamente « exasperado » Estamos evidentemente ante un fenómeno nuevo cuyas causas son múltiples : pérdida de soberanía vinculada a la orientación antidemocrática de la política de la UE, situación económica con grandes masas en paro y ataques a los derechos laborales, atentados terroristas.

De modo que se puede interpretar este fenómeno partiendo de una revolución sobre la teoría de las preferencias producido por « efecto del contexto » [2] y por el « efecto de dotación » [3]. Estos efectos permiten comprender mejor como una persona, a menudo sin proponérselo, es conducida a cambiar sus preferencias, aplicable, bien entendido a las preferencias políticas. Esos efectos han revolucionado la teoría de las preferencias individuales , lo que permite comprender cómo los elementos colectivos influyen sobre las elecciones individuales [4] en nous permettant de comprendre comment des éléments collectifs influencent les choix individuels [5]..

En el caso de la « exasperación » originada en causas múltiples pero que combinan mutuamente, esta podría generar un contexto favorable a los candidatos de ruptura que presentan opciones radicales. El mecanismo de prudencia que existía anteriormente y que inducía a los candidatos a moderar algunas de sus opciones antes de las elecciones, no funcionaría más. Por el contrario los electores se pronunciarían mayoritariamente por las opciones más radicales. El discurso sobre el « sistema » o sobre el « establecimiento » como lo llama J. P. Chevénement que tiende a incitar prudencia a los electores y a desacreditar la elección de propuestas muy radicales ya no funciona o hasta funcionaría a la inversa. Contrariamente al « voto de protesta » el voto de la exasperación es más bien un voto de adhesión, pero un voto que privilegia específicamente las ideas más radicales. De modo que la idea de un « techo de vidrio » que limitaría a los candidatos « radicales » ya no sería pertinente. He aquí un gran cambio con relación a las elecciones regionales de diciembre de 2015.

El impacto en la política francesa

Si todo esto se confirmara los candidatos más estigmatizados como « radicales »[extremistas de derecha o de izquierda] deberían acusarlo. Pero la situación es menos simple de lo que parece. ¿En qué proporción se halla la población exasperada ? Es impensable que lo esté en su totalidad. Esto le plantea un problema al candidato « radical »que deberá articular su discurso con propuestas que le otorguen seguridad a la fracción « no exasperada » del electorado y que mantengan suficientes elementos radicales para la fracción « exasperada ». Este problema evolucionará en función de la tracción que ejerza el electorado « exasperado » Si este se convierte en mayoritario el problema es menor.

En el caso de Francia, si se considera que una gran mayoría de la población está « exasperada », está implícito que los candidatos representativos del consenso en el sistema, los Juppé, Hollande y otros Bayrou comenzarán con un serio hándicap. Por el contrario los candidatos como Marine Le Pen o Jean-Luc Mélenchon y hasta Sarkozy partirán con ventajas. El tema será saber de aquí en más si las dos grandes familias políticas que han compartido el poder desde hace 40 años, y en las que se centra la « exasperada », del electorado, sabrán tenerla en cuenta. En la izquierda está claro que Jean-Luc Mélenchon es el mejor candidato. Tiene más chances que Francois Hollande de llegar a un segundo período. Pero el P « S », siendo como es, es poco probable que lo comprenda. Es muy probable, por lo tanto que Jean-Luc Mélenchon, estará en la primera vuelta en tercer lugar, lo que constituiría para Francois Hollande una amarga, aunque merecida, derrota. Mientras que en la derecha el duelo entre Juppé y Sarkozy, si bien puede ser desviado tanto por la apertura de los centristas, como por los múltiples negocios turbios (entre los que el asunto Tapie, no es solo el más notable [6]) podría hallarse mucho más limitado que lo que creen los analistas a causa del aumento de la exasperación en una amplia franja de la población.

Un día de mayo de 2017…

En este marco, es hoy en día evidente que Marine Le Pen enfrentada a un candidato de la ex UMP tiene reales posibilidades de ser elegida. Esta chance deriva de la radicalización de las opciones políticas que llevará a una parte de los electores de la izquierda a refugiarse en la abstención antes que aportar su voto al candidato de la derecha tradicional. Esa elección expresará la preferencia por el « riesgo » que representa Marine Le Pen frente a la certidumbre de enfrentar una continuidad juzgada como insoportable. No se tratará en modo alguno de una elección « de protesta » sino más bien la expresión de una preferencia aunque está última sea el producto de un efecto del contexto que traduce la creciente exasperación política y social. Del mismo modo muchos electores de derecha le fallarán a su candidato « lógico » y por las mismas razones. La probabilidad de una victoria de Marine Le Pen en la segunda vuelta es todavía débil, pero aumentará con la creciente exasperación de la población. Algo que ya señalé en un reportaje para Rusia Today el 27 de abril último [7].

Jacques Sapir* para RussEurope

Jacques Sapir* Economista francés, profesor en el EHSS-París y en el Colegio de economía de Moscú (MSE-MGU). Especialista en problemas relacionados con la transición rusa. Es también un reconocido experto en temas financieros y comerciales internacionales. Es autor de numerosos libros, el más reciente « La Démondialisation » (París, Le Seuil, 2011).

RussEurope. París, 23 de julio de 2016

Traducción del francés para El Correo de la diáspora de : Susana Merino.

El Correo. París, 27 de julio de 2016.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia Creative Commons. Atribución según los términos Sin modificación – No Comercial – Sin Derivadas 3.0 Unported. Basada en una obra de www.elcorreo.eu.org.

Notes

[1Sapir J.,«  La Démondialisation  », Le Seuil, París, 2011.

[2Tversky A., « Rational Theory and Constructive Choice », in K.J. Arrow, E. Colombatto, M. Perlman et C. Schmidt (edits.), « The Rational Foundations of Economic Behaviour, Basingstoke » – New York, Macmillan et St. Martin’s Pres, 1996, p. 185-197,

[3Kahneman D., « New Challenges to the Rationality Assumption » in K.J. Arrow, E. Colombatto, M. Perlman et C. Schmidt (edits.), The Rational Foundations of Economic Behaviour, New York, St. Martin’s Press, 1996, p. 203-219

[4Slovic P. et A. Tversky, « Who Accept’s Savage Axioms ? » in Behavioural Science, vol. 19/1974, pp. 368-373.

[5Sapir J., Quelle économie pour le XXIè siècle ?, Odile Jacob, Paris, 2005, chapitre 1 et 2.

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