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3 février 2003

En la negociación de Batlle con EE UU, el camino del FMI, pasa por Cuba e Irak

 

Las posiciones que adopte Uruguay sobre Cuba y sobre la guerra en Irak son para el presidente Jorge Batlle elementos de "reciprocidad", si el presidente Bush interviene para suavizar la postura del FMI, que retiene fondos y reclama una reprogramación de la deuda externa uruguaya.

Por Samuel Blixen

El impulsivo gesto inicial del presidente Jorge Batlle de apelar, una vez más, a su amistad personal con el padre del presidente de Estados Unidos para lograr que el Fondo Monetario Internacional (FMI) flexibilice sus demandas sobre una reprogramación de la deuda externa, tendrá un altísimo costo : el apoyo irrestricto de Uruguay a la actual política exterior estadounidense, tanto en el tema de la guerra contra Irak como en el de las iniciativas contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que se reunirá dentro de unas semanas en Ginebra.

Tales son las condiciones que se han sugerido simultáneamente en Washington, donde los representantes del equipo económico realizan gestiones, "en el más estricto hermetismo", para una intermediación de la Casa Blanca en el entredicho que Uruguay mantiene con el FMI, y en Montevideo, en ocasión de la visita "protocolar" de la subsecretaria de asuntos mundiales del Departamento de Estado, Paula Dobriansky.

Según coincidieron fuentes parlamentarias y de la cancillería consultadas por BRECHA, miembros de la delegación que acompañaron a la subsecretaria Dobriansky plantearon a funcionarios uruguayos las "necesidades" estadounidenses : por un lado, que Uruguay repita, este año, en Ginebra, la actuación cumplida en 2002 y plantee, una vez más, una condena a Cuba por supuestas violaciones a los derechos humanos. Por otro lado, se estaría sugiriendo una definición explícita de apoyo a la guerra contra Irak, para introducir una cuña en las coincidencias que se perfilan en el ámbito del Mercosur entre Brasil y Argentina, opuestos a los planes estadounidenses.

Las gestiones "discretas" de algunos de los visitantes encontraron escasa receptividad entre funcionarios de la cancillería, que preferían eludir el compromiso. Respecto de la guerra contra Irak, Uruguay aún no ha fijado posición públicamente, y aspiraba, en principio, a mantener la indefinición. Un pronunciamiento explícito a favor de la guerra colocaría a Uruguay en una posición de aislamiento, en momentos en que el presidente argentino Eduardo Duhalde descartó cualquier compromiso parecido al que llevó, hace una década, al entonces presidente Carlos Menem a secundar la agresión contra Bagdad, disponiendo incluso el envío de tropas. "No vamos a participar en nada que tenga olor a guerra", dijo Duhalde, coincidiendo con el chileno Ricardo Lagos, el colombiano Álvaro Uribe y el mexicano Vicente Fox, en el reforzamiento del papel del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ; el brasileño Lula da Silva, en una acción más decidida aun, ha promovido en su reciente gira por Europa una acción de condena a cualquier iniciativa unilateral que, dijo, "ponga en peligro la democracia en el mundo".

Una reticencia similar se exhibió, en términos discretos, respecto de la iniciativa contra Cuba. Cuando los visitantes estadounidenses explicaron que, por el momento, tanto Argentina, como Perú y Chile están reacios a asumir un protagonismo en Ginebra, los funcionarios uruguayos dijeron que, sólo si fuera absolutamente imprescindible, la delegación asumiría nuevamente la iniciativa. En 2002 Uruguay representó los intereses estadounidenses en la Comisión de Derechos Humanos de la onu y a último momento introdujo una iniciativa para que fuera discutida una eventual condena a Cuba. La moción uruguaya fue presentada por el subsecretario de Relaciones Exteriores, Guillermo Valles, quien encabezó la delegación en Ginebra.

Las presiones ejercidas por algunos de los visitantes contrastaron con los anodinos alcances de la gestión oficial de Paula Dobriansky. En las 48 horas de su visita a Montevideo, la subsecretaria completó una serie de encuentros oficiales : se entrevistó con el presidente Jorge Batlle, con el vicepresidente Luis Hierro y con los miembros de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado ; curiosamente no se reunió con el canciller Didier Opertti, aunque sí lo hizo con el subsecretario Valles.

En la reunión con los senadores, Dobriansky expuso en términos generales los contenidos de su labor en la subsecretaría, referidos a temas de derechos humanos y del ambiente. Los senadores no perdieron oportunidad de señalar ciertas inconsistencias en materia de derechos humanos : se le recordó que Estados Unidos mantiene la pena de muerte y que se opone a la instalación de la Corte Penal Internacional ; y en materia de políticas ambientales se le señaló que los principales agresores al ambiente son los países desarrollados del hemisferio norte, y que Estados Unidos se ha negado a suscribir el compromiso de Kyoto, que impone limitaciones a la acción de los estados. Ninguno de los temas candentes de la política exterior de Washington fueron abordados en la reunión de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado. En su segundo día de visita, Dobriansky se entrevistó con representantes de diversas organizaciones no gubernamentales.

Si no fuera por las gestiones paralelas desplegadas por algunos de sus colaboradores, la visita de la subsecretaria hubiera pasado completamente inadvertida. En realidad, la presencia de quien sustituyó en la subsecretaría de asuntos mundiales a Otto Reich, un "halcón" de la derecha estadounidense, indigerible aun para el Senado de Estados Unidos, se convertía en uno de los extremos de una pinza que apretaba al gobierno de Batlle. La confesión de una extrema debilidad había surgido el domingo 5, en Florida, en ocasión de la ceremonia de asunción de Jeb Bush como gobernador, cuando Jorge Batlle, por segunda vez en menos de un año, le solicitó a George Bush padre que intercediera ante su hijo, el presidente de Estados Unidos, a efectos de que éste presionara al FMI. Como ocurrió a mediados del año pasado, cuando el gobierno de Bush otorgó a Uruguay un préstamo-puente de 1.500 millones de dólares, como anticipo de lo que otorgarían los organismos internacionales, Bush padre no perdió oportunidad de señalar el aprecio que siente por Batlle."Tengo algunos años más que usted -le dijo Bush a Batlle- y en la vida he aprendido que hay dos cosas realmente importantes : la familia y los amigos. Usted es un amigo."

Con ese cheque en blanco, Batlle regresó a Uruguay anunciando que se habían resuelto los problemas con el FMI, problemas de los que hasta ese momento los uruguayos no teníamos noticias. En febrero de 2002, Batlle había confundido la amistad de los Bush con la solución automática de los problemas, y así había anunciado la superación del problema de capitalización del Banco Comercial. Ahora volvía a tropezar con la misma piedra porque, como reveló la presencia de una misión del FMI en Montevideo a comienzos de enero, la amistad con los Bush no había facilitado el acuerdo para que la institución financiera internacional desembolsara los 390 millones de dólares que retiene desde diciembre pasado. Más aun, el FMI, después de revisar las cuentas y de estudiar las proyecciones, llegó a la conclusión de que Uruguay no estaría en condiciones, teniendo en cuenta el déficit fiscal y los pronósticos de recaudación, de pagar los vencimientos de la deuda, que se estiman en 2.600 millones de dólares durante 2003.

La propuesta del FMI de acordar una reprogramación del pago de la deuda externa fue tajantemente descartada por el presidente Batlle, aunque no fueron muy explicitadas las razones de tal oposición. Mientras el ex presidente Julio María Sanguinetti, dirigentes del Partido Nacional y el presidente del Encuentro Progresista, Tabaré Vázquez, consideran inevitable una reprogramación, con estiramiento de los plazos de pago, voceros del equipo económico sostienen que una reprogramación implica una virtual declaración de default y que ello afectaría la posición de la plaza financiera por un largo tiempo.

La partida de la misión del FMI, sin que se produjera un acuerdo, impulsó a Batlle a retomar la senda de las amistades estadounidenses. En una reunión con el embajador de Estados Unidos en Montevideo, Martin Silverstein, el miércoles 15, Batlle solicitó la intermediación del gobierno de Bush para facilitar un acuerdo con el FMI. Producto de esas gestiones fue la llamada telefónica que el embajador de Uruguay en Washington, Hugo Fernández Faingold, recibió del subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales, John Taylor, quien se encontraba en Islas Mauricio.

La llamada alimentó las esperanzas del director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Ariel Davrieux, y del director de la asesoría macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas, Isaac Alfie, quienes viajaron a Washington para renegociar los términos del acuerdo con el FMI, que permitieran el automático desembolso de los 390 millones de dólares retenidos y el compromiso de otro desembolso por más de 600 millones de dólares, en el correr del año. Sin embargo, a poco de conversar, los delegados uruguayos llegaron a la conclusión de que "con el FMI está agotada la discusión a nivel técnico". Por ello, Davrieux, Alfie y Fernández Faingold se reunieron el miércoles 29 con Taylor a fin de lograr que se le otorgue a Uruguay "el beneficio de la duda", es decir, que se admita la posibilidad de que finalmente pueda pagar los vencimientos de la deuda este año, en base al "superávit primario" que ofrecerá el aumento en la recaudación por tarifas de servicios públicos.

A diferencia del año pasado, ahora el gobierno de Estados Unidos no estaría dispuesto a una nueva ayuda unilateral por la vía de préstamos-puente, en gran medida porque "el milagro" de julio de 2002 provocó malestar en el FMI, y Estados Unidos no quiere que se reitere ese malestar.

A menos que... Las conversaciones con el subsecretario del Tesoro se mantuvieron en una total reserva, pero igual trascendió que "la solución para Uruguay es de carácter político", y que "la última palabra la tiene la Casa Blanca". Parece obvio que las condiciones políticas, que a juicio de la Casa Blanca justifican una nueva presión sobre el FMI para allanar un entendimiento, tienen que ver con su política exterior, como lo fueron hace un año cuando Uruguay, en medio de sus negociaciones por la crisis bancaria, resolvió romper relaciones con Cuba.

En Montevideo, el canje que está proponiendo Estados Unidos de "ayuda por apoyo" ha generado duras reacciones en la izquierda. Al analizar las gestiones del presidente Batlle ante sus amistades en Estados Unidos, Tabaré Vázquez advirtió el miércoles 29, en su audición semanal de CX 36 Radio Centenario, que "la gauchadita no será gratis". Mientras, el general Víctor Licandro recordaba que "hay gobiernos que han vendido su alma al imperio", el senador socialista Reinaldo Gargano, presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado, reclamaba una opinión explícita de la cancillería uruguaya sobre la inminente guerra con Irak. "El Encuentro Progresista ha fijado una posición inequívoca, contraria a cualquier guerra preventiva, y nos parece imprescindible que el gobierno defina su postura". Consultado acerca de una conexión entre las posiciones uruguayas sobre Cuba e Irak y el tema de la deuda externa, Gargano dijo a BRECHA no tener elementos concretos, pero comentó : "Hay una entrega total de valores en las últimas decisiones. Los vínculos de nuestro gobierno con el gobierno de Bush se han incrementado notablemente en los últimos tiempos. Yo afirmo que el capital acumulado por Uruguay, en materia de relaciones exteriores a lo largo de su historia moderna, se ha malbaratado en un año y medio".

BRECHA no pudo obtener, en medios oficiales de la cancillería, un comentario sobre la posición uruguaya en torno a los anuncios de guerra, a los trascendidos sobre las iniciativas contra Cuba en Ginebra, o a las presiones ejercidas por funcionarios estadounidenses.

Opinión :

Aislamiento por soberbia

Sólo una obstinada soberbia puede explicar el aislamiento que día a día profundiza el presidente de la República, cuando las señales externas de una crisis imparable aconsejarían, a cualquier otro gobernante, un prudente y humilde acercamiento para sumar espaldas al hercúleo trabajo de soportar la adversidad.

El país está en bancarrota, y en primer lugar el Estado : no hay dinero para cubrir el presupuesto del Ministerio de Salud Pública ; no hay dinero para el Instituto Nacional de Alimentación y ya cerraron más de una docena de ollas populares ; no hay dinero para el Iname, no hay dinero para alimentar a los presos, y si aún se pueden pagar las jubilaciones es porque se ha obtenido dinero prestado de las AFAP, que habrá que pagar con intereses leoninos. No hay dinero en la calle, y eso porque en el sector privado no sólo no hay aumento de salarios, sino que, en promedio, se acumulan meses de atraso en el pago de jornales ya trabajados.

El incremento en las tarifas de los servicios públicos no necesariamente implicará aumento en la recaudación, bien porque habrá una merma sustancial del gasto, bien porque habrá un aumento de la morosidad en el pago. Frente al tarifazo ya ha comenzado a circular la propuesta de una resistencia ciudadana que, en principio, propone la total abstención, hoy, viernes, del consumo de nafta, de electricidad o de comunicación telefónica, entre las 20 y las 22 horas, como forma de expresar el rechazo a la política económica.

Podría decirse que la oposición de la gente no es el principal punto de preocupación del presidente. Sin embargo, no es de despreciar el desasosiego que cunde frente a las medidas recesivas que impulsa el gobierno. Frente a ello, al desasosiego, a la desesperanza y la desesperación, a Batlle no parece preocuparle la multiplicación de los frentes de lucha que día tras día va abriendo.

Sólo la fidelidad a una marcha atrás de último momento, rasgo característico del senador Carlos Julio Pereira (y al muy pragmático y ponderado sentido de responsabilidad que últimamente exhiben los senadores Alberto Couriel, Alberto Cid y Danilo Astori) impidió que el presidente Batlle se enfrentara a un serio problema político en materia de deuda agropecuaria, un problema que al decir del senador José Mujica, la coalición se resiste a resolver por más que entregue dinero a manos llenas a unos cuantos banqueros bandidos. El miércoles 29 todo estaba previsto para que una conjunción de coincidencias políticas pariera, finalmente, la suspensión de ejecuciones judiciales contra empresarios rurales endeudados con la banca privada y estatal. Parecía inexorable la sanción del proyecto de ley del senador Jorge Larrañaga, con el apoyo de Carlos Julio Pereyra y Carlos Garat, más los votos del Encuentro Progresista y del Nuevo Espacio, después de que una resolución del directorio del Banco República anunciaba el naufragio de un acuerdo entre el Herrerismo y el ministro Alejandro Atchugarry. Para evitar la aprobación parlamentaria de las suspensiones, el senador Alberto Heber y el ministro Atchugarry habían acordado una fórmula de refinanciamiento de la deuda agropecuaria, que alcanza al 95 por ciento de los productores endeudados. El directorio del brou, sin embargo, aprobó una fórmula que contemplaba sólo al 50 por ciento de los productores, limitando la solución a las deudas menores de 50 mil dólares y ello porque, según se explicó, muchos productores agropecuarios que le deben al brou, están en cambio al día con la banca privada.

Batlle se enojó muchísimo con los directores blancos, con los foristas e incluso con su correligionario, el presidente Daniel Cairo. Fue necesario que él mismo se trasladara al brou, en la noche del miércoles 29, para que el directorio aprobara la fórmula del senador Luis Alberto Heber. La medida fue aceptada a regañadientes por la vicepresidenta Milka Barbato, del Foro Batllista, que sumó el incidente a la larga lista de reproches que se acumulan entre los dos grupos colorados. Así, aunque la solución implique un serio riesgo para el brou, el proyecto de Larrañaga tuvo, cerca de la medianoche, un entierro de lujo, y el senador Reinaldo Gargano pudo confirmar su veteranía parlamentaria cuando anunciaba que los blancos estaban "actuando para la tribuna" y que no habría suspensión de ejecuciones. (Véase nota en la página 6.)

Si Batlle pudo, a último momento, eliminar ese foco de problemas, en cambio multiplicó otro, cuando aprobó, junto con su ministro de Educación y Cultura, la observación al contrato que El Correo firmó con la Asociación de Diarios. Emulando a George Bush padre, Batlle ratificó que no hay nada más importante que los amigos : Eddy Espert, presidente del Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas, es un amigo, un compinche de copas y asados, un adorador de los finales reñidos, en fin, un correligionario generoso, capaz de hacer importantes donaciones para las campañas electorales ; una amistad que, al parecer, justifica otro encontronazo con el Foro Batllista, dispuesto a respaldar en el Senado lo que votó en el directorio de El Correo Gustavo Osta, el miembro designado por ese sector, si es que no pasa, a último momento, lo que ocurrió con la suspensión de ejecuciones. El Foro Batllista y los blancos discrepan radicalmente con el presidente Batlle en su observación del contrato. (Véase nota en la página 7.)

Enfrentado con el Foro, con la Asociación de Diarios, con el brou, con el Parlamento, con los productores rurales, con las mutualistas, que no terminan de recibir el dinero prometido, con la secta Moon por la reapertura del Banco de Crédito, que no termina de concretarse, y con la Asociación de Bancarios, que se sienten desplazados después de haber contribuido generosamente a la solución de la crisis del sistema financiero, el presidente considera que puede, además, darse el lujo de confrontar con el Fondo Monetario Internacional.

Cualesquiera sean las razones que le impulsan a rechazar de manera tajante una reprogramación del pago de la deuda, resulta claro que el presidente prefiere hipotecar su política exterior, apostando a una intermediación del gobierno de Estados Unidos, que propiciar un consenso con las distintas fuerzas políticas nacionales. Su estrategia para el pago de la deuda externa se apoya en la recesión, en el sacrificio de sus conciudadanos, que deberán pagar más impuestos, más caras las tarifas, y más peajes. Es posible que la alternativa que propone el FMI, acaudillado en las relaciones con Uruguay por la llamada "mafia chilena", sea tan nefasta, o más, que su empecinamiento en rechazar una reprogramación. Si la intención del FMI es reprogramar, no los pagos de los préstamos concedidos por los organismos internacionales, sino los vencimientos de los bonos del Tesoro y otros papeles de deuda emitidos por el Banco Central, entonces el presidente podría encontrar, en la oposición y entre sus antiguos socios, un amplio abanico de apoyo, porque esa "solución" es descartada por todos los sectores ; pero su determinación de resolver el asunto apelando a sus amistades norteamericanas y despreciando a sus "conocidos" uruguayos, dice a las claras que no está dispuesto a negociar otros aspectos de la política económica, lo que sería inevitable si se admite una salida política de consenso. Dice que no está dispuesto a abandonar a los poderosos que lo rodean (los banqueros, los grandes inversionistas, los representantes de trasnacionales), para acordar salidas sociales.

Prefiere emular a aquel vicealmirante que, frente al precipicio que se abre a sus pies, decide dar un paso al frente, como corresponde a un hombre de temple y carácter. Prefiere, en fin, ahondar su aislamiento, aun a riesgo de adelantar el fin de su mandato.

S B

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